
Andina · Mestizo
La sayona del cementerio
Carlos Vicente Gómez reconoce en una aparición vestida de negro a Elvira, su amor juvenil, y la sigue hasta el cementerio.
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El relato
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Piedecuesta todavía tenía abierta la herida de la última guerra civil. Era noviembre de 1896, y el pueblo se apagaba apenas caía el sol. Los que antes se sentaban en las gradas del atrio a conversar se encerraban temprano, y las calles se quedaban en silencio.
Sólo en una tienda, La Gran Luz, seguía habiendo gente de noche. Allí se reunía un grupo de revolucionarios, fieles a sus ideas como un náufrago a la esperanza de tocar tierra. Entre ellos estaba Carlos Vicente Gómez.
Una de esas noches la puerta se abrió despacio y entró una mujer. Llevaba un sayal oscuro, tenía la cara afilada como si la hubiera tallado el viento del páramo y en los ojos una pena que no le cabía. Era la Sayona. Habló, pero ninguno de los que estaban en la tienda pudo guardar después lo que dijo.
Carlos Vicente, en cambio, entendió algo que no había ido a buscar. Aquella aparición era Elvira, su novia, la que la fiebre blanca había matado lejos, sola, en el Alto Magdalena.
Desde entonces no volvió a ser el mismo. Se hizo escultor, buscando un consuelo que no iba a encontrar, y llenó el cementerio de monumentos de mármol donde se le iban también las lágrimas. Allí, noche tras noche, Elvira volvía a parecerse a la Sayona, y él seguía esperando una despedida.
Los niños del pueblo corrían asustados entre el monte cuando creían oír a lo lejos los gritos de la Sayona, y los repetían en sus juegos sin saber que estaban cantando la historia de Carlos Vicente y de su Elvira.

La enseñanza
“El duelo que no encuentra despedida puede dar rostro de espanto a la persona amada.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.991882° · -73.051056°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 3
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 28: La Sayona
bibliofep.fundacionempresaspolar.org
Es el registro de la figura con voces identificadas: Juan Francisco Tovar la describe como una mujer muy bonita y celosa que mató a su marido por sospechas de infidelidad, llamada Sayona por la saya blanca, que asusta sólo a infieles, parranderos y enamorados; cuenta que su hermano Pedro la siguió hasta la quebrada de Araure y le vio los colmillos largos y los ojos en candela. Antonio Angulo narra la mujer que se subía a los carros en Los Palmares y que sólo él veía transformarse. Sostiene los dos primeros paralelos de similitudes.
- La leyenda de la Sayona. Leyendas y folklore venezolanos
diariodelsur.com.co
Documenta la circulación de la Sayona en Colombia: la presenta como leyenda venezolana extendida a la frontera y a los llanos, con Casilda, la mujer celosa que mató a su esposo y a su madre y fue maldecida por ésta, y con el grito lejano que eriza a quien lo oye. Es la versión que el texto publicado sobre Piedecuesta resumía y que aquí se deja fuera del relato.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Se revisó porque otras tres fichas de Piedecuesta resultaron ser láminas casi literales de este libro. Sus cincuenta láminas incluyen espantos femeninos (la Llorona, la Viudita, la Dama Verde, la Niña de la Carta), pero ninguna Sayona, y el texto no nombra a Carlos Vicente Gómez ni a Elvira: queda descartado como origen.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La sayona del cementerio» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La sayona del cementerio» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La sayona del cementerio» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








