La puerta del perdón

Andina · Mestizo

La puerta del perdón

Una puerta lateral de la parroquia San Francisco Javier reúne memorias de respeto, coerción, curaciones y milagros atribuidos.

Leer el relato
La puerta del perdón: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 2 min

Tenía un arco de piedra labrada y un portón de madera pintado de azul, y la llamaban la Puerta del Perdón. El camino que iba hacia la cabecera del llano pasaba por debajo de ella. Al amanecer, con el canto de los pájaros, llegaban los que buscaban consuelo, y las bisagras crujían con el paso de cada uno. Se decía que el alma atormentada que la cruzaba encontraba paz, siempre que su oración fuera sincera.

Los piedecuestanos la respetaban desde niños. Ningún muchacho pasaba frente a ella sin descubrirse la cabeza. Los mayores iban a buscarle alivio a los males del cuerpo y a los del alma, y cada quien tenía su caso.

Don Vicente, un viejo de cara arrugada, juraba que se le había quitado el dolor de muelas frotándose las mejillas contra las piedras lisas del arco. Efraín Gutiérrez, que sufría de unos mezquinos que no se le iban con nada, se curó metiendo los dedos en la cerradura. Una mujer de Tona, que cargaba con dolencias hondas y oscuras, recogió un día una astilla del quicio de la puerta, se la echó a la boca y la masticó. Quedó sana.

La puerta también cambiaba a la gente. El Chato Pascasio, que se había pasado la vida en parrandas, dejó de volver borracho a la casa y se volvió manso como un cordero. Se contaba además que a los que tenían las piernas tiesas por sus pecados les volvía el movimiento, pero sólo cuando el arrepentimiento era verdadero.

No todos creían. Para algunos, aquello no era más que madera y piedra, incapaz de cambiar a nadie. Pero con los años la puerta se volvió casi una persona del pueblo, una más en las historias de todos los días. El que pasaba bajo el arco dejaba ahí algo de lo que quería y algo de lo que le dolía, y la puerta seguía abierta, esperando al siguiente.

La puerta del perdón: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un lugar se vuelve sagrado cuando la gente le confía sus dolores y vuelve a él con fe.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
7° · -73°

Ficha del relato

Contexto histórico

De la puerta de madera azul que curaba el dolor de muelas y los mezquinos no se ha encontrado ningún texto impreso que se pueda leer. Ni los cronistas de Piedecuesta, ni el volumen de Valenzuela Sánchez sobre Santander, ni la antología de Villa Posse, ni las revistas de historia o la prensa del municipio la mencionan. Tampoco figura en el índice de Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (2004). No se sabe, por eso, a qué edificio perteneció la puerta ni quiénes fueron don Vicente, Efraín Gutiérrez o el Chato Pascasio.

El nombre, en cambio, tiene una historia larga. En España se llama Puerta del Perdón a uno de los accesos de muchas catedrales e iglesias, ligado a las indulgencias que se ganaban en peregrinaciones y romerías; la de Santiago de Compostela sólo se abre en los años jacobeos, y la de la mezquita-catedral de Córdoba lleva una inscripción que la fecha en marzo de 1377, bajo Enrique II de Castilla. En América, la catedral de Puebla tiene la suya. La costumbre sigue viva en Colombia: en el Jubileo de 2025 la Catedral Primada, en Bogotá, abrió su puerta santa, y los franciscanos celebran cada 2 de agosto el Perdón de Asís, que Honorio III concedió en 1216 a quien visitara la Porciúncula.

La otra mitad del relato, las curaciones por contacto con un objeto sagrado, también está documentada en la región. Javier Ocampo López cuenta en El pueblo boyacense y su folclor (1977) que, según contaban los españoles, en Onzaga, población santandereana vecina de Boyacá, los campesinos adoraban un hueso de mohán colocado bajo un crucifijo, convencidos de que así tendrían salud y buena cosecha. En la Piedecuesta del relato la reliquia es más humilde: una astilla del quicio, la piedra del arco, el hueco de la cerradura.

Resonancias con otros mitos

El paralelo evidente son las puertas del perdón de las catedrales españolas, como la de Córdoba, levantada en 1377 por orden de Enrique II, o la de Santiago de Compostela, que sólo se abre en año santo. En ellas, como en la de Piedecuesta, cruzar el umbral limpia algo del que pasa. La diferencia es que allí el perdón lo administra la Iglesia en fechas fijas, y aquí lo da la puerta todos los días a quien reza con sinceridad.

El segundo es el hueso de mohán de Onzaga que registra Ocampo López: un objeto que los campesinos veneraban junto al crucifijo para tener salud. La puerta azul y el hueso comparten la idea de que la santidad se transmite por contacto y de que una cosa vieja, puesta en el lugar justo, cura. En Onzaga lo que se adora es un resto indígena bajo una imagen cristiana; en Piedecuesta, la madera y la piedra de una construcción del pueblo.

El tercero es el Perdón de Asís, que El Tiempo explicaba a sus lectores en agosto de 2024: una capilla pequeña, la Porciúncula, sobre cuya puerta se lee que es «la puerta de la vida eterna». Allí también el perdón está atado a un umbral concreto. La puerta piedecuestana lo lleva a lo doméstico: nadie va a Asís, basta con pasar camino del llano.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No se conocen otras versiones de esta puerta piedecuestana. Lo que sí puede compararse es el sentido que el nombre tiene en cada tradición.

  2. En las catedrales españolas la Puerta del Perdón es una entrada de peregrinos. El perdón que da es una indulgencia: la remisión de la pena de los pecados ya confesados, que la Iglesia concede a quien llega al final de un camino y cruza el umbral en las fechas señaladas. En Santiago y en Santo Toribio de Liébana la puerta permanece cerrada fuera de los años santos. Como recuerda la nota de El Tiempo de enero de 2025 sobre el Jubileo, la Iglesia exige para ese perdón arrepentimiento, confesión, comunión y oración por el papa.

  3. La puerta de Piedecuesta invierte casi todo. Está siempre abierta y pertenece al camino. Nadie cuenta que se confiese o comulgue quien la cruza: el perdón se gana con una oración sincera, y en la práctica lo que la gente busca en ella son curaciones del cuerpo. El dolor de muelas, los mezquinos, las dolencias de la mujer de Tona se tratan tocando, frotando o masticando la puerta misma, como se hace con una reliquia. Sólo el Chato Pascasio y los de las piernas tiesas reciben lo que el nombre promete, un cambio del alma, y en su caso el milagro depende del arrepentimiento, igual que en la doctrina de las indulgencias.

  4. El relato deja además un lugar a los incrédulos, que ven en ella madera y piedra y siguen de largo. En la doctrina de las indulgencias esa figura no tiene papel: el perdón sólo alcanza a quien lo pide.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Puerta del Perdón

    es.wikipedia.org

    Define el nombre que lleva la puerta piedecuestana: en España es uno de los accesos de catedrales e iglesias ligado a devociones que conceden indulgencias en peregrinaciones y romerías. Enumera ejemplos (Santiago de Compostela, que sólo se abre en año jacobeo; Santo Toribio de Liébana; Burgos, Sevilla, Córdoba, León) y uno americano, la catedral de Puebla.

  2. The Door of Forgiveness (Puerta del Perdón), Mosque-Cathedral of Córdoba

    artencordoba.com

    Da el ejemplo fechado del paralelo: la Puerta del Perdón de Córdoba se construyó en marzo de 1377 por orden de Enrique II de Castilla, según la inscripción del arco, con dos arcos de herradura y hojas de casi diez metros; se reformó en el siglo XVII. Sirve para contrastar la puerta monumental con el portón de madera azul del relato.

  3. ¿Cómo obtener el perdón de los pecados en el Jubileo? Conozca las condiciones de la Iglesia

    eltiempo.com

    Muestra que el perdón ligado a una puerta sigue vigente en Colombia: en el Jubileo de 2025 se abrieron puertas santas en templos del mundo, entre ellos la Catedral Primada de Bogotá. Enumera las condiciones de la indulgencia (arrepentimiento verdadero, confesión, comunión, oración por el papa), que permiten comparar con el perdón que la puerta de Piedecuesta da a la oración sincera.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Lo que debe saber sobre la Capilla de la Porciúncula, lugar donde se encuentra ‘la puerta de la vida eterna’

    eltiempo.com

    Explica el Perdón de Asís, que los franciscanos de Colombia celebran cada 2 de agosto: la indulgencia que Honorio III concedió en 1216 a quien visitara la Porciúncula, en cuya puerta se lee «Haec est porta vitae aeternae». Es el tercer paralelo de un perdón atado a un umbral concreto.

  2. El pueblo boyacense y su folclor, cap. 8 «Mitos, leyendas y creencias populares en Boyacá», p. 126

    babel.banrepcultural.org

    Documenta la curación por contacto con un objeto venerado en la región vecina: en Onzaga, según contaban los españoles, los campesinos adoraban un hueso de mohán colocado bajo un santo crucifijo y creían que así tendrían salud y buena cosecha. Es el paralelo más cercano a la astilla, la piedra y la cerradura que curan en Piedecuesta.

  3. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Se revisó porque otras fichas del ciclo resultaron ser láminas de este libro. Su índice de cincuenta entradas no incluye ninguna puerta, y el texto completo no nombra a don Vicente, a Efraín Gutiérrez, al Chato Pascasio ni a la mujer de Tona: queda descartado como origen del relato.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«La puerta del perdón» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La puerta del perdón» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La puerta del perdón» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.