AndinaMestizoPetra

La mula maneada

Explora la figura de Doña Petra Agudelo, bruja temida que aterrorizaba a la comarca con sus habilidades sobrenaturales y malvadas mañas.

Compartir
Ilustración de La mula maneada

En la ciudad antigua, donde las casas se apostaban como guardianas de una historia ya olvidada, el reloj de la torre anunciaba con sonoro tañido la llegada de la medianoche. A lo largo de la empedrada calle, un eco ominoso reverberaba, oriundo de un tiempo en que la magia y la realidad se entrelazaban indisolublemente. Cerradas estaban las ventanas, y el aire se extendía denso, como si las mismas sombras respiraran entre susurros.

Los habitantes, manteniendo un compás de vidas regulares y piadosas, se aferraban a la certeza de su rutina. Sin embargo, las noches no eran seguras. Una figura, envuelta en misterio y temor, recorría incansable las sendas adoquinadas. Era "la mula maneada", un espectro centenario, remanente de doña Petra Agudelo, la esposa de don Blas Plata.

Petra, cuyo nombre aún provoca un escalofrío en los corazones de los ancianos de la comarca, había sido una bruja famosa, de aquellas que se tornan leyenda y temor palpable. Se decía que sus labios susurraban maldiciones que enloquecían a los hombres jóvenes y que sus dedos, afilados por la villanía, extraían la pureza de los niños como si de un néctar vil se tratara. Trampas tendía a las novias con brebajes letales y risas ásperas, posando su sombra sobre los días de dolor que provocaba.

Convertíase en cuervo, y con cacofónica melodía revoloteaba los tejados de las casonas blancas, provocando remolinos de miedo y plegarias. Era este su juego favorito, alimentar el miedo hasta que un halo de piedad envolviera las ánimas de los moretes, y en el fervor de las plegarias a San Silvestre, las dueñas de casa recobraran su aplomo para otro día interminable.

Pero llegó el tiempo en que Petra encontró a su némesis, en don Juan Barbas, un hombre de temple firme y corazón valiente, ajeno al desasosiego que la presencia espectral infundía. Sus rezos no eran parte de su batalla; más bien, eligió tijeras y mostaza bendita para enfrentar lo oscuro. En la noche fatídica, bajo la atenta mirada de las estrellas silentes y el manto oscuro del firmamento, entró a la casa donde los lamentos de Petra resonaban como el viento a través del bosque seco.

Al alba, Petra fue encontrada en el centro de la plaza, rodeada por una muchedumbre que farfullaba entre incredulidad y miedo, emitiendo lamentos parecidos al balar de una cabra. Atravesada la tensión del crepúsculo, se la llevó ante el sacerdote, quien con una diligencia santificada vertió agua bendita sobre ella, pronunciando palabras destinadas a disolver el pacto infernal que enredaba su ser.

"Te juro y te conjuro, Petra, bruja de la plaza," entonó con voz que resonó como un trueno vestido de misericordia, "y en nombre de San Ciríaco voy a cortarte las alas."

Nadie olvidaría jamás lo que aconteció a continuación. Como si la naturaleza tomara partido en esta pugna sobrenatural, un repentino vaho inundó la estancia, el antifaz de la casa cubierta por un humo denso. Sombras emplumadas revolotearon en defensa de Petra, los pájaros negros ofrecieron su vigilia en formación de guardia. La noche se tornó un galimatías de alas y maldiciones, y el pobre don Juan de Dios, valiéndose de valor que poseía, luchó con un fervor tan feroz como la naturaleza misma.

Sin embargo, los años dejaron solo destellos de verdad y versiones que competían por prevalecer en la historia. Los rumores circundaban de boca en boca, cada vez matizando las sombras de tal trovadora diosa del caos, doña Petra. Algunos decían que los sucesos dolían como las voces del pasado, que enloquecieron a don Juan con visiones indecibles, horrores apenas hablados; otros, que vagaba aún algún retazo de nostalgia y maleficio por las calles, rasgando como hilo deshilachado la tela de la realidad. Pero lo único cierto era que en esa comarca, con el caer de la noche y la llamada de la medianoche, algo remanente de su presencia retiraba de las sombras un eco sutil de tiempos pasados, como un murmullo ocaso, testificando que el diálogo entre lo real y lo mágico nunca está totalmente concluido.

Historia

El mito se origina a partir de la figura de Doña Petra Agudelo, una mujer conocida como la bruja más temida de la comarca. Según el relato, doña Petra aterrorizaba a los habitantes del lugar con sus habilidades sobrenaturales y malvadas mañas: atacaba a los ancianos, engañaba a las novias con bebidas envenenadas y chupaba la sangre de los niños, además de volver locos a los jóvenes con palabras mágicas. Por las noches, se transformaba en un cuervo, causando alarma al silbar y arañar los tejados de las casas.

La leyenda cuenta que los habitantes solían rezar a San Silvestre para protegerse de ella, hasta que un hombre valiente, don Juan Barbas, logró confrontarla usando tijeras y mostaza bendita. Luego, llevaron a doña Petra ante un cura, quien intentó exorcizarla por medio de rituales y santas palabras, pero en el intento, la casa se llenó de humo y pájaros negros, y ocurrieron desgracias a don Juan de Dios, quien intentaba llevarla amarrada.

Este relato de eventos sobrenaturales y elementos cristianos es característico de las historias locales que surgían alrededor de figuras de brujería en épocas pasadas.

Versiones

El mito de la mula maneada que se presenta en este relato tiene varias versiones, pero centrándonos en una única versión que se proporciona aquí, se destaca una narrativa rica en detalles sobre la figura de doña Petra Agudelo y sus acciones malévolas antes de su encuentro con el valiente don Juan Barbas y su posterior destino. Una característica clave es la ambientación nocturna y la sensación de misterio y amenaza que se cierne sobre la tranquila calle, lo que sirve para establecer un fuerte contraste entre la cotidianidad del pueblo y la presencia perturbadora de la bruja. En esta versión, Petra es conocida por su malevolencia, chupando sangre a los niños y volviendo locos a los hombres jóvenes, ilustrando claramente su papel de villana temida y reprochada por la sociedad local.

En términos de variaciones entre versiones, podría haber cambios significativos en varios aspectos, como el grado de antagonismo mostrado por Petra, su capacidad para el mal y el método de su eventual captura. Las otras versiones podrían simplificar o embellecer estos detalles, omitir ciertas acciones malévolas, o alterar la figura de su captor, como presentar a don Juan Barbas bajo otra luz, quizás menos heroica o más superada por los acontecimientos sobrenaturales. Además, los elementos culturales o religiosos, como el uso de rezos y figuras santas para combatir el mal, podrían estar más o menos enfatizados en diferentes relatos, reflejando variaciones en las creencias y las prácticas locales respecto al fenómeno de las brujas.

Lección

El bien siempre debe enfrentar al mal, sin importar el costo.

Similitudes

Se asemeja a los mitos de brujas en la mitología europea, como el mito de Circe en la mitología griega, donde las transformaciones y las maldiciones son temas recurrentes.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

Ver mapa completo
Compartir

Mitos relacionados

Andina

No hay deuda que no se pague

La historia de Damián Vásquez Montiel, el perulero, revela su pacto con el Diablo y su misteriosa desaparición en la Villa de Arma.

Leer mito
Andina

La dama verde

Explora las diferencias notables en las tres versiones del mito de la Dama Verde, centradas en misterio, fortuna y advertencia moral.

Leer mito
Andina

El perro negro

Las historias del perro negro reflejan encuentros sobrenaturales y pactos oscuros, conectando generaciones a través de relatos de miedo y redención.

Leer mito

Comunidad

Comentarios

Comparte tu mirada sobre el mito. Cuidamos el espacio: solo se publican comentarios aprobados.

Cargando comentarios...

Deja un comentario

Nombre obligatorio. Email opcional (solo para contacto directo, no se publica).

Tu comentario será revisado antes de ser publicado.