AndinaMestizoEumelia

La mula del diablo

El relato de 'La Mula del Diablo' se enfoca en la historia de Eumelia y Pacho, un herrero codicioso, en el pueblo de Piedecuesta.

Compartir
Ilustración de La mula del diablo

En el pueblo de Piedecuesta, cada calle, rincón y esquina está impregnada de historias tan antiguas como el río que lo atraviesa. Don Vicente Arenas Mantilla, nacido en 1901 y fallecido en 1992, era un hombre que conocía cada sendero de su tierra natal como las líneas de su propia mano. Caminaba por el pueblo como quien recorre un atlas mágico, tropezando sin quererlo con los ecos de viejas leyendas que enredaban lo cotidiano con lo sobrenatural.

Había caminos que jamás transitaría sin dejarse llevar por el murmullo de las leyendas. Al dirigirse hacia Hoyo Chiquito, la esquina del zanjón lo llamaba con un susurro frío, como si los silbidos del viento conjuraran el misterio de "El Puente Maldito". Más allá, el Llano de Garras, con sus sabios ancianos dedicados al laborioso arte de las escobas y los garrotes cobijados de símbolos cabalísticos, revelaba "El Callejón de la Guala", cada grieta en el pavimento resonando con secretos inconfesables.

En sus paseos, Don Vicente no podía evitar que sus pensamientos resucitaran las sombras de un pasado turbulento. En San Antonio, las esquinas parecían marcadas como las páginas de un libro oculto. "Aquí vivió La Tigra", narraba a las calles, recordando no solo una noche callada de octubre del 99, sino también la revolución y la piedra en que "El Corcovado" había derramado sus plegarias. "La Ventana de los Milagros" se alzaba a la distancia, su nombre arrastrado por vientos de rumores tan viejos como desconcertantes, portadores de los primeros golpes sangrientos que hicieron de Piedecuestanos sinónimos de leyendas.

Las tiendas, los pasajes vibraban con historias semiolvidadas. La tienda de la "Piquituerta", "El Circo Santander", el zaguán de "Los Túnganos", las cigarreras de "La Cucuteña" y el escarabajo de la capilla eran más que meros lugares; eran capítulos en la crónica del pueblo. Ninguna historia, sin embargo, era más sombría ni más extraordinaria que la de "La Mula del Diablo".

Eumelia, con su belleza comparada con las estrellas del cielo despejado, vivía junto a Pacho, el herrero Villamizar. Su taller se hallaba al borde de la bocatoma de agua, y, como dicta el destino de los hombres ambiciosos, Pacho trabajaba con la misma urgencia los domingos que un martes cualquiera, hambriento como estaba del brillo irresistible que el oro derrama sobre las almas.

El amor de Eumelia provocaba disputas ruidosas, donde los hombres se hundían en duelos por puñetazos y honor, dejando bajo el cielo de fiesta a uno que otro tendido eternamente en las calles. Pero llegó un mes de agosto en el que el aliento del infierno vino a buscar a Pacho mientras dormía, tejiendo la fatalidad en sus sueños. El llamado insistente a la puerta de su modesto rancho de Reyes rompió su descanso, y ante él apareció un hombre alto y sombrío, acompañado de una mula, pidiendo ser herrada con la urgencia de quien se escapa de los tiempos.

Pacho, aún atrapado entre el mundo de los sueños y la despiadada realidad, vaciló en negar su ayuda a tan altas horas, hasta que el forastero desplegó una corona de monedas que tintineó como una promesa en el tosco mesón. El fuego cobró vida, y el herrero maldijo su suerte mientras martillaba las herraduras en la bestia, cada golpe resonando un lamento, como si la mula quisiera conversar sobre su imprevista suerte.

El trabajo terminado, Pacho regresó a su lecho ansioso de compartir su noche rara con Eumelia, pero encontró el lugar marcado no por la paz del sueño, sino por un charco de sangre. Eumelia yacía muerta, con cada clavo brutalmente incrustado en sus pies y manos, un reflejo espantoso de lo que Pacho había hecho a la mula. El horror de aquel amanecer sobrecogió al pueblo, petrificados todos ante la confesión de Villamizar, el hombre que había cargado con su avaricia el destino de su amor.

Desde entonces, durante septiembre en las horas antes del alba, el pueblo despertaba al eco de cascos resonantes: Eumelia, ahora "La Mula del Diablo", arrastraba su penitencia y el amor fallido a lo largo de la calzada interminable. Contaban que tras ella venía un espanto de cabello blanco, entre gritos metálicos de latas y tapas, un verdugo de sombras.

Pero con los años, cuando la noche fue ahogada de luz eléctrica, el rastro de Eumelia se desvaneció y el oficio de los herreros quedó relegado al colorido de los montallantas y su repiqueteo oscilante. Aún así, en el susurro del viento y la vibración del empedrado, donde las chispas de infierno de Umpalá aún brillan bajo las lunas silenciosas, persiste la promesa de leyendas por venir, en un ciclo eterno donde Piedecuesta respira con el aliento de sus mitos.

Historia

El origen del mito de "La Mula del Diablo" se centra en la historia de Eumelia, una hermosa mujer que vivía con un herrero codicioso llamado Pacho en el pueblo de Piedecuesta. La belleza de Eumelia causaba frecuentes peleas entre los hombres del pueblo. Una noche, mientras dormía, Pacho fue despertado por un misterioso hombre enlutado que le pidió herrar una mula urgente. A pesar de su enojo, Pacho accedió debido a la paga generosa en monedas que el hombre le ofreció.

Tras completar el trabajo, Pacho retornó a su cama para descubrir horrorizado que Eumelia yacía muerta, con sus manos y pies sangrando por los mismos clavos que había usado para herrar brutalmente a la mula. Desde entonces, el espíritu de Eumelia, transformada en "La Mula del Diablo", comenzó a rondar el barrio, especialmente en septiembre, con un caminar doloroso, acompañada de la siniestra figura negra que arrastraba ruidosos objetos metálicos. Se decía que esta aparición continuaba hasta el amanecer, llevando consigo el alma de su ambicioso compañero.

El mito refleja no solo la tragedia personal de Eumelia y Pacho, sino también los temores y supersticiones de la gente del pueblo respecto a la relación entre las mulas y el diablo, alimentadas por leyendas sobre hombres temidos que montaban mulas en Umpalá. Con el avance de la tecnología, como la instalación de alumbrado público y el reemplazo del herrero por talleres para automóviles, el mito ha perdido vigencia y visibilidad.

Versiones

El relato de "La Mula del Diablo" en cuestión presenta una única versión completa, estableciendo un contexto detallado en el cual Don Vicente Arenas Mantilla recorre un pueblo inundado de misterios y leyendas locales. La narrativa se centra en Pacho, un herrero codicioso relacionado con la trágica muerte de su pareja Eumelia, quien se convierte en un espectro conocido como "La Mula del Diablo", como castigo por los actos crueles del propio herrero durante un encuentro nocturno con un misterioso jinete y su mula. Este relato sitúa el origen de la leyenda en las acciones del herrero, subrayando temas de ambición, justicia poética y una conexión directa entre el mundo de los vivos y el más allá.

La mención final a otra versión legendaria alude brevemente a los hombres de Umpalá, quienes cabalgaban mulas enigmáticas generando "chispas infernales", aunque este es poco más que un guiño a un mito paralelo que no se desarrolla plenamente en el texto. La comparación entre las dos versiones implica concepciones distintas sobre el nexo entre las mulas y el diablo: una transformativa, centrada en el castigo personal de Eumelia, y otra más críptica que presenta a las mulas como elementos sobrenaturales independientes usados por los temidos hombres de Umpalá. La presente versión se enfoca principalmente en la narrativa individual y el ciclo de pecado y expiación, mientras que sólo menciona otra interpretación más amplia acerca de las mulas y el diablo sin detallarla.

Lección

La ambición desmedida puede llevar a consecuencias trágicas.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Midas, donde la codicia lleva a resultados desastrosos, y al mito japonés de Oiwa, donde el engaño y el castigo sobrenatural son temas centrales.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

Ver mapa completo
Compartir

Mitos relacionados

Andina

No hay deuda que no se pague

La historia de Damián Vásquez Montiel, el perulero, revela su pacto con el Diablo y su misteriosa desaparición en la Villa de Arma.

Leer mito
Andina

La dama verde

Explora las diferencias notables en las tres versiones del mito de la Dama Verde, centradas en misterio, fortuna y advertencia moral.

Leer mito
Andina

El perro negro

Las historias del perro negro reflejan encuentros sobrenaturales y pactos oscuros, conectando generaciones a través de relatos de miedo y redención.

Leer mito

Comunidad

Comentarios

Comparte tu mirada sobre el mito. Cuidamos el espacio: solo se publican comentarios aprobados.

Cargando comentarios...

Deja un comentario

Nombre obligatorio. Email opcional (solo para contacto directo, no se publica).

Tu comentario será revisado antes de ser publicado.