La mujer y el oso

Andina · Chamí

La mujer y el oso

Un oso mantiene a una mujer en la montaña; el hijo nacido allí crece, la defiende y la conduce de regreso al poblado.

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El relato

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Era una mujer recién casada. El marido se fue lejos para trabajar y ella quedó cerca de la montaña. Un día, estando lavando ropa, vino un oso, la agarró, la cargó y se la llevó. Subió con ella a la montaña, muy lejos.

Allá arriba la dejó. Le hizo una cama de bejucos en un árbol alto, para que la mujer no se cayera, e hizo encima un rancho para que pudiera dormir. Pero el oso durmió solo, con los otros osos. Vivió con ella un año.

Por fin la mujer quedó embarazada. El oso le trajo ropita que robó de la gente, y también maíz y otra comida. Así vivieron un año. Por fin se crió el niño y el oso le traía pájaros, pero siempre muertos, para que no cantaran y no le encontraran su lugar. Una vez trajo un pájaro vivo y la mujer lo mantuvo con maíz.

Después de unos seis meses el niño ya andaba, y el oso le trajo muchas cosas que robó a la gente. Después de un año el niño ya trepaba hasta la mitad del árbol. De la cintura para abajo tenía mucho pelo, como un oso. Después de año y medio ya podía bajar hasta el suelo, y se ponía a jugar en el suelo y luego se subía. La madre se preocupaba de que se cayera el niño.

Después de dos años el niño ya era grande y le preguntó a su madre: de dónde vienes tú, vamos allá adonde vive gente. Un día el niño cogió a la mujer y la llevó adonde vive gente.

Al día siguiente el oso también bajó y cogió mucho maíz como comida. Por fin el oso los alcanzó, agarró al niño y le dio garrote por dos horas. Por fin el niño le pegó al oso y este se fue.

Por fin llegaron a unas casas de gente. Allá contaron todo lo que había pasado.

La mujer y el oso: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La salida de un encierro puede llegar de la mano de quien nació dentro de él.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el relato número 5 de «Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)», de Gerardo Reichel-Dolmatoff, Revista de Folklore, Bogotá, 1953, páginas 148 a 165. Viene del reconocimiento corto que el autor hizo en 1945 entre unas sesenta personas chamí de la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca. Él mismo declara que los relatos fueron narrados en castellano por los indios y que los transcribió «en su texto original, sin cambio alguno», y también que carecía de una perspectiva del contexto cultural del que forman parte y por eso se limitaba a presentar el material. Quien narró este relato quedó sin nombre, como los otros trece. Es la transcripción más escueta del conjunto y termina de golpe, en el momento en que madre e hijo llegan a las casas y cuentan lo que pasó: no se dice si el marido volvió, cómo recibieron al niño ni qué fue del oso.

Hay un detalle revelador en el aparato del propio recopilador. La única nota al pie de estas páginas glosa la palabra chichaké como «embarazada». El oso, en cambio, no lleva nota: no se identifica la especie, no se da un nombre en embera bedea, no se propone comparación alguna. El animal entra al relato sin explicación y sale igual.

Esta narración no tiene contraparte en el otro registro de 1945. Milcíades Chaves Ch., en «Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí», Boletín de Arqueología I-3, páginas 133 a 159, declara en la página 134 que de sus nueve cuentos los cuatro primeros se los narró Nicolás Henao, indio chamí de Balboa, y los cinco últimos Rafael Bailarín, indio katío. Los cuatro de Henao son Erubida y Siebida, Arrumia, Surranabe y Kurijia: ninguno es este. De modo que aquí no hay segundo testimonio chamí con el cual contrastar.

Y hay que decirlo con todas sus letras: no existe otra narración emberá documentada del rapto de una mujer por el oso. Fray Severino de Santa Teresa, en «Los indios catíos, los indios cunas» (1959), una etnografía extensa que recoge buena parte de la mitología catía, no trae nada semejante. Lo que sí está documentado es el oso como personaje de otros relatos. En el mismo artículo de 1953, el relato número 1 lo pone de compañero del tigre frente al guatín astuto. Fernando Romero Loaiza, en su ponencia de 2002 sobre oralidad y escritura entre los embera-chamí, transcribe un texto escrito por un maestro indígena en el que un hombre ve pelear toda la noche a un oso con una mujana, y al amanecer los dos quedan muertos; en la versión en embera del mismo maestro, la mujana es un aribada. En la recopilación que los maestros de Yaberaradó y Polines hicieron en 2006 con la Organización Indígena de Antioquia y WWF, el oso aparece sólo como comparación: un aribamia al que las flechas no matan «se parecía a un oso (tabudu)».

Las dos fuentes comparativas de esta lista no son emberá y no deben presentarse como respaldo. Roberto Martínez González y Francisco Lugo Silva, en Desacatos 29 (2009), estudian el cuento de Juan Oso como relato europeo que «acompañó a los europeos en la conquista del nuevo Mundo», con registros en Cuba, Colombia, Perú, Puerto Rico y Mesoamérica. Denise Y. Arnold y Ricardo López, en Revista Ciencia y Cultura 9 (2001), estudian el jukumari andino. Sirven para situar un motivo de amplia difusión; no prueban de dónde viene lo que se contó en Corozal.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más honesto no está en otro relato emberá sino en un ciclo ajeno, y por eso hay que nombrarlo con su origen. Roberto Martínez González y Francisco Lugo Silva muestran que el cuento de Juan Oso es un relato español que viajó con la conquista y quedó entre nahuas de la sierra de Puebla, tepecanos, huaves y tepehuanes, y también en Cuba, Perú, Puerto Rico y Colombia: un oso rapta a una mujer, la encierra en una cueva, nace un hijo que «logra desplazar la enorme roca que obstruye la entrada de la gruta» y en algunas versiones «mata a su padre-oso en la huida». Coinciden el rapto, el hijo de fuerza desmedida y la salida forzada. No coinciden la cueva y la roca, que aquí son un árbol alto con cama de bejucos, ni el largo segundo tramo en que Juan Oso recluta compañeros y vence al diablo, que aquí no existe.

El segundo paralelo es andino y lo estudian Denise Y. Arnold y Ricardo López: el jukumari rapta a una pastora, tienen un hijo al que «le salían pelos como a su padre oso» y que hereda fuerza e inteligencia. Los autores discuten el origen ibérico y sostienen que el relato se nutre además del encuentro real con el oso andino. La diferencia decisiva es el marco: allá el hijo queda cristianizado y enfrentado a la Iglesia, aquí no hay bautizo, ni cura, ni diablo, y la historia se detiene en cuanto madre e hijo cuentan lo sucedido.

Dentro del mundo emberá el rapto interespecífico sí está documentado, pero al revés. En el trabajo de Rosique-Gracia y otros con el Cabildo Mayor Indígena de Chigorodó se recoge, citando a Hernández, que Imamá-Pãkõré, la tigre-suegra, «rapta los cazadores para unirlos conyugalmente con una mujer Yambéra». Allí quien se lleva es una dueña de animales y quien es llevado es un hombre; aquí quien se lleva es un macho y quien es llevada es una mujer casada.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De esta historia hay un solo testimonio, y conviene decirlo con esas palabras: una transcripción en castellano, sin nombre de narrador, sin fecha de sesión y sin texto en embera bedea, recogida en 1945 en Río Frío y publicada en 1953. No hay una segunda narración emberá con la cual compararla, ni en el artículo de Chaves del mismo viaje, ni en la etnografía catía de Santa Teresa, ni en las recopilaciones comunitarias posteriores. Eso significa que aquí no se puede corregir una lectura con otra, ni reconstruir un desenlace: lo que falta, falta.

  2. Lo que sí se puede comparar es el tratamiento del oso dentro del propio repertorio emberá, y ahí el contraste es claro. Cuando el oso aparece en otros relatos lo hace como uno más entre los animales que hablan, aliado del tigre y víctima del guatín, o como término de comparación para describir a otro ser, el aribamia que las flechas no matan. En ninguno de esos casos rapta a nadie. Aquí, en cambio, es él quien se lleva a la mujer, le construye un lecho y un rancho, le roba ropa y comida a la gente, mata los pájaros para que no canten y termina peleando a garrote contra su propio hijo.

  3. Fuera del mundo emberá sí hay versiones próximas, y son de otra genealogía. En el cuento hispanoamericano de Juan Oso una mujer raptada por un oso pare un hijo que hereda la fuerza del padre, desplaza la roca que tapa la cueva y a veces mata al oso en la huida; en el repertorio andino del jukumari, el hijo «le salían pelos como a su padre oso». Arnold y López discuten si el relato es ibérico o andino y concluyen que se nutre también del encuentro con el oso andino. Martínez González y Lugo Silva lo tratan directamente como cuento español difundido con la conquista y registran su presencia en Colombia. Nada de eso permite afirmar que la narración de Corozal derive de allí, ni lo contrario: sólo señala que el episodio, único entre los emberá, es corriente en el repertorio de habla hispana con el que ese grupo llevaba décadas conviviendo.

  4. Un detalle de forma: el pelo del niño va «de la cintura para abajo», no de la cintura para arriba, y la pelea final la gana el hijo, no la madre ni la gente de las casas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Tejidos de transformación: oraliteratura y oralitegrafía en la memoria emberá chamí

    revistas.udea.edu.co

    Analiza relatos Chamí del Eje Cafetero y explica la transformación como principio relacional, además de rastrear mediaciones coloniales, cristianas y patriarcales.

  2. Algunos relatos de los embera chamí de Risaralda, contados por Clemente Nengarabe Siágama

    luguiva.net

    Relatos que Vasco recogió de Clemente Nengarabe en el Chamí y que se publicaron en 1978 sin su nombre. Al republicarlos, Vasco explica que su papel fue el de simple recolector y devuelve la autoría al narrador, porque en aquel momento fue impensable que un indígena figurara como autor.

  3. La oralidad y la escritura entre los Embera-Chamí: aspectos educativos

    equiponaya.com.ar

    Es la única fuente localizada donde el oso aparece como personaje en un texto chamí contemporáneo: dentro de un relato escrito por un maestro indígena del resguardo de Purembará (Risaralda) en los talleres etnolingüísticos de la Licenciatura Indígena de la Universidad Tecnológica de Pereira, «el oso le golpeaba muy fuerte a la mujana con un palo», en una pelea por el cuidado de un sembrado que termina con la muerte de ambos. Confirma que el oso es un antagonista físico y violento en la narración chamí —golpea con palo, como en Río Frío—, y no una figura romántica.

  4. Jukumarinti sawurinti: el oso-guerrero y la tejedora. Un repertorio literario de lo masculino y lo femenino en los Andes

    scielo.org.bo

    Trata el motivo completo —oso que rapta a una mujer, hijo híbrido de fuerza descomunal, regreso al poblado— como un repertorio con función social precisa: «Los cuentos de Juan el oso se narran en la estación lluviosa y se dirigen a los adolescentes de ambos sexos», es decir, como rito de paso y no como entretenimiento. Ofrece el contrapeso exacto a la lectura sentimental que la ficha corrige, y explica por qué el hijo, y no la madre ni el padre, es quien decide el desenlace.

  5. Juan Oso y la redención del salvaje

    scielo.org.mx

    Documenta la circulación americana del motivo —«Lo encontramos, por ejemplo en Cuba... Colombia... Perú... Puerto Rico»— y, sobre todo, advierte de su historia colonial: el cuento sirvió como figura de la domesticación del salvaje por el matrimonio cristiano y por el bautismo. Es la advertencia que la ficha necesita para no tomar la semejanza como prueba de antigüedad indígena: la versión de Río Frío puede estar en contacto con un relato de difusión europea, y hay que decirlo sin cerrarlo.

  6. «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)

    doi.org

    Muestra que entre los emberá la relación con los dueños de los animales se piensa en términos de parentesco por alianza: Imamá-Pãkõré, «tigre-suegra», madre o patrona de los animales de presa, entrega la caza siguiendo el modelo suegra-yerno. Eso da un lenguaje propio para el vínculo forzado del oso con la mujer y para el hijo que nace de él, distinto de la alegoría occidental de lo humano y lo salvaje que la ficha rechaza: lo que está en juego es una afinidad mal hecha, no una metáfora de la naturaleza.

  7. Los indios catíos, los indios cunas. Ensayo etnográfico de dos razas de indios de la América Española

    archive.org

    Sitúa al oso dentro del ritual y no sólo del cuento: en la recolección de jaguas para los baños de pubertad, quien está en el árbol va señalando ramas hacia los cuatro rumbos —«por aquí va un águila... por aquí va un mono. Y por último hacia el Sur, diciendo: por aquí va un oso»— antes de recoger las ocho frutas. El oso figura así entre los cuatro animales que orientan el mundo en un rito de paso, lo que da peso propio a su aparición como padre de un hijo que crece de manera anormal y pasa de la montaña al poblado.

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«La mujer y el oso» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La mujer y el oso» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La mujer y el oso» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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