Margarita, la Loca Margarita

Andina · Mestizo

Margarita, la Loca Margarita

Vestida de rojo y fiel a su voz liberal, Margarita recorrió el centro de Bogotá y siguió hablando incluso cuando la encerraron.

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Margarita, la Loca Margarita: la entrada del relato

El relato

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Llevaba quince días desaparecida de las calles del centro cuando el periodista salió a buscarla. Hasta entonces era imposible no verla: la viejita de vestimenta roja que ponía en el trajín de las calles céntricas una nota chirriada, con sus entusiasmos verbales en pro del gran partido. Los chinos no daban razón de su paradero. Lo único que sabían era que dos semanas atrás unas beatas la habían sacado a empellones de San Ignacio, diz que por blasfema, y que a la salida un policía la había tomado del brazo.

El periodista fue primero al asilo de locas. En la puerta, la madre directora no lo dejó entrar: hombres, de ninguna manera, que las locas apenas ven pantalones se ponen espantosas. Unas horas después el fotógrafo del periódico, más afortunado, le dio la dirección buena, que era el asilo de mujeres desamparadas, y allá fueron los dos.

La encontró en el patio de atrás, con un hábito gris de capucha en lugar de su uniforme rojo. Lo primero que hizo ella fue saludar. ¡Al fin vinieron los míos! ¡Viva el partido liberal de Europa! ¡Viva el matrimonio del señor arzobispo! ¡Abajo los godos! ¡Mueran los chapoles! ¡Viva Jesucristo el liberalito!

Le preguntó el nombre. Yo soy del valle de Europa liberal y me llamo María Margarita Josefa Mogollón Leiva del Carmen y Santander, reina de Colombia, pa servirle.

Le preguntó quién la había encerrado. Fue por orden del alcalde mayor, le dijeron, don Ernesto S. de Santamaría, y ella quiso saber cómo se llamaba ese judío.

De la ropa roja no le habían dejado sino la cinta de la cabeza; se la quitó adentro una mujer a la que describía sin ahorrarse nada, sapa, bandida, judía, godísima, ladrona. Y sin embargo, de una manga del hábito sacó un pétalo de rosa roja: aquí guardo mi bandera liberal. La religiosa contó que desde que la desvistieron no lo soltaba un instante y que le rezaba todas las noches.

Entonces el periodista le propuso el negocio: que gritara que vivan los godos y la dejaba salir a la calle. Margarita se puso roja de ira. Le tiró a los pies la moneda que le había regalado y se retiró gritando que ella no era tan puerca, porque era liberala. Que no era voltiarepas, que los liberales son del cielo y no se echan para atrás. Que prefería estarse ahí sobada.

Luego se calmó, volvió hacia él y le dijo: sáqueme de aquí, su mercé.

Y mientras el periodista se iba, la fue oyendo de lejos, cada vez más corta. Me como al papa. Abajo los godos. Bajo los godos. Godos. Dos.

Margarita, la Loca Margarita: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Llamar loca a una mujer sale más barato que discutir lo que grita en la calle.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.570868° · -74.297333°

Ficha del relato

Contexto histórico

De esta mujer existe un registro de época con todo lo que un registro debe tener: fecha, lugar, narrador y voz propia. Es una crónica del Magazín dominical de El Espectador del domingo 20 de julio de 1924, firmada con el seudónimo Mario Ibero, de unas dos mil ciento setenta palabras, con fotografía del periódico y con la protagonista hablando en primera persona a lo largo de casi todo el texto. El periódico la reeditó en línea en 2024, y esa reedición es hoy la que se consulta.

El cronista escribe a los quince días de su desaparición de las calles y a ocho o más de su reclusión. Cuenta que unas beatas la sacaron de la iglesia de San Ignacio y que un policía se la llevó; que la orden vino del alcalde mayor, don Ernesto S. de Santamaría; que en el asilo de locas de El Aserrío le negaron la entrada por ser hombre, y que la encontró, por indicación del fotógrafo, en el asilo de mujeres desamparadas. También toma partido: pregunta si es justo encerrarla por gritar vivas a un partido medio muerto mientras otros preparan sus mueras al mismo partido desde la política profesional. Y se abstiene de diagnosticarla: la última línea de la crónica es una pregunta sobre si estará loca.

El único nombre que la crónica contiene es el que ella misma da al preguntárselo: María Margarita Josefa Mogollón Leiva del Carmen y Santander, reina de Colombia. Lo dice dentro de un discurso que mezcla geografía y realeza, de modo que funciona como declaración de identidad y no como dato civil, y no hay en el texto partida, edad ni lugar de origen que lo respalden. El apellido Villaquirá, con el que hoy suele nombrársela, no aparece en ninguna de esas dos mil ciento setenta palabras: lo puso el periódico en el titular de la reedición de 2024, y de ahí pasó a la memoria que circula.

Resonancias con otros mitos

El encierro de una mujer bajo la etiqueta de la locura, con beneficio político para quien firma la orden, tiene un caso mayor y bien documentado en Tordesillas. Juana I de Castilla, reina propietaria, pasó cuarenta y seis años recluida por decisión de su padre primero y de su hijo después, y la palabra loca quedó pegada a su nombre en los manuales hasta hoy, mientras la historiografía reciente discute cuánto hubo de enfermedad y cuánto de conveniencia dinástica. La coincidencia no está en el rango, que es opuesto, sino en el mecanismo: alguien con autoridad decide que la mujer que estorba no debe ser refutada sino guardada, y el mote se encarga del resto.

El segundo paralelo está más cerca en el tiempo y también fue registrado por la prensa. En Buenos Aires, a partir de 1977, las mujeres que daban vueltas frente a la Casa Rosada reclamando por sus hijos fueron llamadas locas por los funcionarios y por buena parte de los periódicos, y ese apodo, pensado para desactivarlas, terminó adoptado por ellas y convertido en emblema. La forma es la misma que en la calle bogotana: una mujer sola, una consigna repetida a diario en un espacio público, y un epíteto que intenta convertir la insistencia política en síntoma. La diferencia está en el desenlace, porque allá el grupo sobrevivió al apodo y aquí el apodo sobrevivió a la mujer.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay tres capas encima de la crónica de 1924 y cada una añade algo distinto. La primera es una versión que difunde la Secretaría de Cultura acreditando en cabecera que la toma de Asdrúbal López Orozco: de ahí salen la biografía de maestra en Fusagasugá y un hijo al que unos conservadores le quitaron la vida, y también un periodo de circulación callejera, de 1930 a 1942, por La Candelaria, Las Cruces y San Victorino, con un retrato físico detallado. La misma versión le atribuye haber inspirado al maestro Milciades Garavito una canción compuesta en su honor.

  2. La segunda capa es audiovisual. Una miniserie de televisión, reseñada por Radio Nacional, agrega el esposo muerto en la guerra, la casa incendiada y la llegada a Bogotá como desplazada. Esos tres episodios no están en la versión anterior ni en la crónica, y aparecen por primera vez en la ficción.

  3. La tercera es de titular. Cuando el periódico reeditó la crónica en 2024, la tituló situando a la protagonista en el Asilo de Locas. El cuerpo del texto dice otra cosa: allí le niegan la entrada al cronista y la mujer está en el asilo de mujeres desamparadas. Del mismo titular procede el apellido con que suele nombrársela, que en el cuerpo de la crónica no aparece.

  4. Circulan además unas fechas de vida —nacimiento en Fusagasugá en 1860 y muerte en Bogotá en enero de 1942— cuya comprobación depende de una esquela que sigue sin localizarse en la hemeroteca.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Crónica del Magazín dominical de El Espectador del domingo 20 de julio de 1924 (reeditada el 26 de julio de 2024)

    elespectador.com

    Es el único registro de época de esta ficha y el mejor testimonio de todo el ciclo bogotano, porque trae narrador, lugar, fecha y la voz de la protagonista en primera persona. Sus dos mil ciento setenta palabras cuentan que Margarita desapareció de las calles quince días antes, después de que unas beatas la sacaran de San Ignacio y un policía se la llevara por orden del alcalde mayor; que el cronista fue a buscarla al asilo de locas de El Aserrío y le negaron la entrada por ser hombre; que no estaba allí, sino en el asilo de mujeres desamparadas, donde el fotógrafo del periódico le indicó la dirección; que dentro le habían quitado el rojo y le habían puesto un hábito gris con capucha, y que de la ropa roja sólo le quedaba la cinta de la cabeza. Guarda en la manga un pétalo de rosa roja al que llama su bandera y al que le reza de noche. Preguntada por su nombre responde «yo soy María Margarita Josefa Mogollón Leiva del Carmen y Santander, reina de Colombia, pa servirle». Y cuando el cronista le ofrece la libertad a cambio de gritar por el partido contrario, se niega, le devuelve la moneda y se retira indignada, aunque siga pidiendo salir. La crónica se cierra con una pregunta que el propio cronista deja abierta, sin diagnosticarla.

  2. La Loca Margarita (Bogotanitos · Cuenta la leyenda)

    culturarecreacionydeporte.gov.co

    Es la fuente de la biografía que todo el mundo repite y la única que dice de dónde viene. Aquí está la maestra de Fusagasugá, el hijo asesinado por conservadores, el periodo de circulación callejera, el retrato físico detallado y la atribución de la rumba criolla a su figura con el nombre del compositor. Y aquí está, en cabecera, el crédito que convierte esas afirmaciones en una cadena y no en una convergencia de fuentes: «versión tomada de Asdrúbal López Orozco», es decir, del libro de 2008 del que no hay ejemplar consultable. Sirve, por tanto, para dos cosas: fijar la versión que el Estado difunde hoy, y demostrar que lo que parecían dos testimonios independientes —el del Distrito y el del recopilador— son una sola mano contada dos veces.

  3. «Con notable daño del buen servicio»: sobre la locura femenina en la primera mitad del siglo XX en Bogotá

    scielo.org.co

    Es lo que convierte el encierro de 1924 de una anécdota en un procedimiento. Trabaja sobre documentos institucionales e informes médicos del Asilo de Locas de Bogotá y traza las relaciones entre las concepciones sociales de la locura femenina y los diagnósticos y tratamientos que se aplicaban en las décadas de 1930 y 1940. Documenta el armazón: los asilos para enfermos mentales aparecen en 1870 con la Junta General de la Beneficencia de Cundinamarca, entidad estatal creada para administrar el sistema asilar del centro del país, y en 1874 se abre el primer asilo exclusivamente femenino, que sirvió durante casi un siglo a la formación de psiquiatras. Es decir: la institución a cuya puerta llega el cronista existía, dependía de una junta de beneficencia y no de un juez, y admitía mujeres por decisión administrativa. Eso es exactamente lo que le pasó a Margarita, y esta fuente lo describe como norma y no como abuso aislado.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. La Loca Margarita (Orquesta Garavito, con Gabriel Viña G. y María del C. Garavito W.), disco Victor 83275-B

    frontera.library.ucla.edu

    Es el objeto material que prueba que el personaje pasó de la calle a la industria mientras aún vivía. El archivo cataloga el disco con su sello y su número —Victor 83275-B—, su formato de 78 revoluciones, su género, rumba criolla, su compositor, Milcíades Garavito, y sus voces, y da el audio completo en línea. Los temas con que la colección indexa la pieza son «queja» y «mujer», que es una descripción exacta de lo que la canción hace con ella. Sirve para lo que ninguna fuente escrita da: que la figura circulaba fuera de Bogotá, prensada y vendida, y que el apodo con que hoy la nombramos es el título comercial de una rumba, no el nombre de una persona.

  2. Madres de Plaza de Mayo

    storicamente.org

    Documenta el segundo paralelo con la palabra exacta. Reconstruye la formación del grupo —las mujeres que se buscaban en los pasillos del Ministerio del Interior y en la capilla Stella Maris, la propuesta de Azucena Villaflor de ir a la plaza, las catorce madres del 30 de abril de 1977 con una carta para Videla, el cambio del sábado al viernes y luego al jueves— y consigna el epíteto con el que el régimen intentó desactivarlas: «divennero l'incubo del regime, che le chiamò las locas de Plaza de Mayo». Es la misma operación que en la calle bogotana: una mujer o un grupo de mujeres, una consigna repetida a diario en un espacio público, y un mote que convierte la insistencia política en síntoma. Y registra el desenlace que marca la diferencia: allá el grupo sobrevivió al apodo y lo hizo suyo.

  3. ¿Quién fue la «Loca Margarita»?

    bogota.gov.co

    Reúne la biografía consolidada que circula hoy y permite fecharla y atribuirla sin suscribirla: Margarita Villaquirá Aya, nacida en Fusagasugá en 1860 y muerta en Bogotá en enero de 1942, a los ochenta y dos años, de neumonía; la Dirección Nacional Liberal, agradecida por su apoyo incondicional, le pagó los gastos del entierro, que se hizo en el Cementerio Central; y los periódicos cubrieron su muerte como si hubiera sido la de un dirigente nacional. Es también donde consta la clasificación que el ciclo bogotano hereda —Margarita como una de los cuatro «locos» que recorrieron la ciudad entre los años veinte y los cuarenta—, y por tanto la fuente de que esta ficha comparta cajón con las de los otros tres.

  4. Calles de Santafé de Bogotá: homenaje en su IV centenario, 1938

    babel.banrepcultural.org

    Es el plano de la ciudad que Margarita recorría, levantado por el Concejo a mitad de su vida pública. Va barrio por barrio por el casco donde ocurre todo —Catedral en la p. 33, Palacio en la 137, Las Nieves oriental en la 163 y occidental en la 211, San Victorino en la 245— y da los nombres viejos de las calles del centro, que son las que la crónica de 1924 nombra sin numerar. Permite situar la iglesia de San Ignacio de la que unas beatas la sacaron, el trayecto entre las calles céntricas y los asilos, y la escala real de un centro que se podía caminar entero a diario gritando consignas. Es, en un ciclo sin registro, la única manera de comprobar que el escenario existió como la crónica lo describe.

  5. Tranvía municipal de Bogotá. Desarrollo y transición al sistema de buses municipal, 1884-1951

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Reconstruye la ciudad en movimiento por la que Margarita caminaba, y es la única fuente que la cartografía. Documenta el sistema que organizaba la circulación del centro entre 1884 y 1951 —el tranvía de mulas, la electrificación, el crecimiento hacia Chapinero— y trae los planos de las rutas de 1940 a abril de 1948 y la superposición de tranvías y buses de 1948, con los rieles de la carrera 7.ª con calle 13 todavía visibles. Eso da la escala exacta de un personaje de calle en esas décadas: un centro estrecho, recorrido a diario por vehículos lentos y llenos, donde una mujer vestida de rojo gritando consignas era vista por la misma gente todos los días. Y fija el final del escenario: la quema de tranvías del 9 de abril de 1948 y el desmonte hasta 1951, seis años después de la muerte de Margarita.

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«Margarita, la Loca Margarita» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Margarita, la Loca Margarita» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Margarita, la Loca Margarita» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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