
Andina · Mestizo
La hilandera
En un taller de fique, la historia de Oliva deja un torno que vuelve a sonar junto al llanto de una criatura cuando cae la noche.
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El relato
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Oliva era hilandera en Piedecuesta, en los años en que el pueblo vivía del fique y del tabaco. Las mujeres pasaban el día junto a los tornos, torciendo la fibra hasta volverla chuyas, esos hilos largos que parecían no acabarse nunca. Mientras trabajaban, un viejo radio Philips llenaba el cuarto de boleros, de rancheras y de radionovelas, y las hilanderas seguían las tramas sin soltar el hilo.
Oliva vivía en la parte baja del pueblo, en una casa que compartía con otras personas. Era blanca, de ojos color miel, y en el trabajo la tenían por juiciosa y tranquila. Un día se supo que estaba embarazada. Empezaron los rumores, pero nadie supo de quién era la criatura, y nadie lo preguntó: en ese tiempo el silencio servía de refugio, lo mismo que el miedo.
Una mañana Oliva no llegó a los tornos, y en el taller se notó el vacío. En la casa, una abuela que vivía con ella empezó a sospechar que algo extraño estaba pasando.
A eso de las diez, Oliva salió envuelta en una cobija blanca de lana. No miró ni saludó a nadie. Caminó despacio hasta el baño comunal y allí, sola, arrojó al hoyo a la criatura que acababa de parir. No alcanzó a esconderla del todo: las extremidades pequeñas quedaron a la vista.
Fue la abuela la que sacó el cuerpo, con un azadón. Las hilanderas dejaron los tornos, se juntaron a llorar y a rezar entre dientes, sin acabar de creer lo que había pasado. La noticia corrió por todo Piedecuesta, y desde entonces la historia de Oliva es una de las que el pueblo cuenta cuando se habla de los años del fique.

La enseñanza
“Un silencio que protege a todos puede dejar sola a quien más necesita que alguien pregunte.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.991882° · -73.051056°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Leyendas y cuentos de Santander (fragmento de cubiertas publicado por el autor)
drive.google.com
Es el único registro que nombra este relato. La contraportada presenta el libro como una colección de «cuarenta y seis sagas», fija editorial (Sic, Bucaramanga) e ISBN 978-958-708-437-5, y resume La Hilandera como la mujer «que se convierte en bruja al arrojar a su hijo recién nacido a un pozo séptico». Confirma el núcleo del relato y a la vez lo contradice: en la forma publicada no hay conversión en bruja.
- Biografía (sitio de Germán Valenzuela Sánchez, «PicaPica»)
germanvalenzuelasanchez.wordpress.com
Sitúa al recopilador: nacido en Piedecuesta el 27 de diciembre de 1946 y muerto el 1 de julio de 2021, periodista, difusor del folclor piedecuestano y santandereano «basado en el rescate oral», con apoyo de la alcaldía municipal. Explica de dónde sale una historia de taller y vecindario como la de Oliva.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), notas a «La Mancarita», nota 5, folio 142
flacso.edu.ec
Da la forma santandereana documentada del motivo de la madre que mata a su hijo: Arias anota que en algunas comarcas del departamento el grito del mochuelo se atribuye a la Llorona, «mujer salvaje que recorre de noche las quebradas y riachuelos en busca de un hijo que ella misma ahogó». Es el paralelo regional más antiguo y cercano de la Hilandera.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «La Llorona», pp. 3-4
archive.org
La ficha técnica de la Llorona la describe como figura de mujer de cabellera larga y desordenada, vestido largo, sucio y deshilachado y rostro de calavera; dice que espanta a los padres irresponsables, los borrachos y los infieles, y que su llanto y sus gritos auguran desgracias. Sirve para contrastar la Llorona castigadora con la Hilandera, que no vuelve como espanto.
- Empresas y empresarios en Bucaramanga, 1930-1950 (tesis de maestría en Historia), pp. 40-41
noesis.uis.edu.co
Documenta el trabajo que rodea el relato: hacia 1930 la industria santandereana del fique ocupaba a más de tres mil personas, «en su mayoría ancianos, mujeres y niños», y mil quinientas de ellas trabajaban sólo en los empaques. Da contexto real a las hilanderas y torcedoras de fique del relato.
- Piedecuesta (historia, economía y división territorial)
amb.gov.co
Enumera la industria del fique entre las del municipio, junto a los cigarros, la panela y la alfarería, y habla de las mujeres cigarreras de los barrios populares y de su trabajo en fabriquines y fábricas de empaque. Sitúa en Piedecuesta el oficio de la protagonista.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La hilandera» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La hilandera» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La hilandera» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








