La escalera del cielo

Andina · Katíos

La escalera del cielo

Una escalera transparente apoyada en flores unía tierra y cielo hasta que un niño tocó su base y el paso se rompió.

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El relato

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Los habitantes de la tierra tenían trato frecuente con el cielo, que era morada de Caragabí y de otros dioses. En aquel tiempo el cielo no estaba tan lejos: desde abajo se alcanzaban a ver las cosas de allá y se oían muy bien sus cantos y sus músicas.

Los unía una escalera. Estaba formada por dos tallos de una planta bellísima, y sus peldaños eran botones, tallos y flores de la misma planta; era transparente como el cristal y llevaba en los flancos unas planchas de metal bruñido que brillaban, para que nadie se desmayara al subir y al bajar. Se apoyaba de un extremo en el cielo y del otro en la tierra, sobre dos hermosísimas flores. Unos dicen que la escalera era de Caragabí; otros, que la construyó un indio de la aristocracia de los Domicós, nacido de la pantorrilla de una mujer, llamado Heroputoharra.

Por ella subían y bajaban sin descanso, visitando el cielo como quien visita la casa de su padre. Había una sola condición, y era indispensable: no tocar las flores de la escalera.

Un día, entre los muchos que iban y venían, subía una india con un niño de brazos cargado a la espalda, como acostumbran cargarlos. En un momento de distracción de ella, el niño echó mano de una flor y la arrancó de su tallo. Inmediatamente la escalera se hizo trizas. Los que iban de la mitad para arriba treparon hasta el cielo; los que estaban de la mitad para abajo cayeron bruscamente a la tierra. Y se acabó el paso.

Esto sucedió en Gioró, tierra de Quibdó, que es tierra sagrada. Allí Caragabí hizo muchas de sus hazañas: allí convirtió en baracoco a su mujer y allí subió al cielo con su cuñada. Todavía se ven en Gioró restos de la escalera, o al menos sus bases, porque estaba puesta sobre una gran piedra lisa que aún se ve.

De la comunicación con el cielo quedó poco. Por causa de varios crímenes de las gentes, Caragabí les pasó por los ojos como un velo engañoso, para que vieran el cielo muy lejos y no se comunicaran con él ni vieran lo que allá pasaba. La música se sigue recordando, pero la subida ya no está.

La escalera del cielo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un camino que todos usaban se rompe por una mano pequeña y no vuelve a levantarse.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

La escalera aparece en las dos fuentes antiguas, y no dicen lo mismo. Severino de Santa Teresa la trae en la página 42 de la edición de 1959 —la de 1924 no es consultable—, dentro de un capítulo sobre la religión donde la usa como prueba de que los indios conservaban «vestigios muy claros» de la justicia original: ahí la escalera es toda de finísimo cristal, con planchas de metal bruñido en los flancos y apoyada en dos flores, y Caragabí la quita «cuando pecaron los indios». Severino precisa que la falta fue de fornicación. Pardo Rojas, al resumirlo, escribe que fue «en castigo por el incesto»: la glosa es de Pardo, no del texto que cita.

Las notas de 1929, publicadas en el «Journal de la Société des Américanistes», tomo 21, pp. 93-94, describen la escalera de otro modo: dos tallos de una planta bellísima, con botones, tallos y flores por peldaños, transparente como el cristal, y una prohibición explícita de tocar las flores. Ahí la mujer lleva al niño a la espalda, no en los brazos. Esas notas las recogieron las Hermanas misioneras de la Inmaculada Concepción y Santa Catalina de Sena; Rochereau las remitió y Rivet las editó, y Rivet advierte que ya se habían usado en parte para el libro de 1924, de modo que coincidir con Severino no las corrobora. Ninguno de los dos textos nombra a quien narró.

El lugar tiene nombre en el mapa. El impreso de 1929 titula esa sección «Lloró o Gioró» —el reconocimiento óptico del ejemplar digitalizado la destroza como «Lord o Gioro»— y en el cuerpo sitúa la escalera en «Gioró, tierra de Quibdó». Pardo lo confirma desde la lengua: registra el lugar de origen o de contacto con el cielo como /jioró/ en el Baudó y anota que «Lloró es el topónimo en castellano traído por los distintos compiladores». Advierte además que tierra se dice /egoró/, /jioró/ o /yoró/ según la zona dialectal, y la propia Organización Nacional Indígena de Colombia llama egoró al mundo de los humanos: topónimo y nombre común se confunden con facilidad. Lloró queda un poco más abajo de la confluencia del Andágueda y el Atrato.

Sobre la piedra hay que ser exacto. En el impreso de 1929 hay dos, en dos pasajes distintos: la escalera «estaba puesta sobre una gran piedra lisa que aún se ve», y en la sección de Lloró o Gioró Caragabí pone «una piedra enorme» como seña del lugar donde castigó a un hermano y una hermana que vivían como matrimonio, dejándolos pegados, y de ahí vienen los eclipses cuando logran apartarse un poco. El texto no dice que sean la misma. Quien las junta en un solo hito visible es María de Betania, que recogió en 1918 en la zona de Dabeiba que la escalera se destruyó «quedando en el lugar de su base una gran piedra que aún hoy se puede observar en las inmediaciones de Lloró», y Pardo, que la reproduce y al mismo tiempo la relativiza porque se recogió donde la gente no tenía idea clara del territorio chocoano.

Vasco Uribe (1985) no transcribe ninguna narración katía de esta escalera: la usa como concepto, y hace de su caída la bisagra del oficio del jaibaná, que es quien vuelve a pasar «ese velo engañoso que Carabí puso ante los ojos de los hombres».

Resonancias con otros mitos

Hay otra escalera emberá, y sirve justamente para medir la diferencia. Entre los chamí de la vereda de Corozal, en Río Frío, Reichel-Dolmatoff transcribió en 1945 sin retocar las palabras del narrador: «Se puso a cortar guadua en el monte. Se fue amarrando las guaduas y se fue para arriba como en una escalera. Cuando llegó al camino de la luna, se quedó allá esperándola. Pero entonces vino el pájaro carpintero y casi le trozó la escalera. El hombre se cayó». Aquí la escalera la hace un hombre, no un dios; la corta un pájaro, no una flor; y la caída no rompe la comunicación entre mundos sino que descubre uno: cae entre los indios muy bajitos que sólo comen humo «porque nosotros no tenemos ano».

La misma escalera sigue viva. En Yucal, río Panguí, Graciliano la narró en 2022: sembró una guadua y subió por ella para tumbar la luna, y el carpintero pequeño la trozó a picotazos. La consecuencia es la contraria de la de Gioró: «si lo fueran dejado de pronto no habría luna en este mundo». Ahí la escalera que se rompe salva el orden del cielo en vez de perderlo.

Y hay una subida katía que ocurre cuando la escalera ya no está. En el relato que Rafael Bailarín narró a Milcíades Chaves en 1945, dos mujeres que lloran a una muerta suben al Bajía en las alas de Ancastor, ave blanca que se vuelve hombre, con dos condiciones: no abrir los ojos y no bajar fruta. Una esconde en la boca un grano de maíz y la otra una fruta de chontaduro, y de esa desobediencia salen el maíz y el chontaduro. La estructura es la misma —un paso al cielo con una prohibición, y una mano que la rompe—, pero el resultado se invierte: allí la falta trae alimento en vez de cerrar el camino.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Severino guarda tres formas del mismo asunto y las presenta en escala. La primera y más general: Caragabí tenía una gran escalera para que los indios subieran a conversar con él cuando quisieran, y cuando pecaron se la quitó; además les pasó la mano por los ojos como sobándolos, y desde entonces ven menos, y les echó agua de coco en las cabezas para que envejecieran. La segunda, que introduce con un «algunos varían la historia», es la del niño que arranca la flor y la escalera que se parte en dos mitades. La tercera se la contó «uno de los indios que se tienen por más ilustrados a su manera», y es otra cosa: los primitivos oían las músicas del cielo, se engolosinaron y proyectaron construir una escalera propia; Caragabí se opuso, ellos insistieron, y él los derribó y llevó el cielo más lejos. Severino comenta que ahí ve «una sombra de la torre de Babel», y ese comentario es suyo.

  2. Cambia también quién la hizo. En la variante que Severino anota, la escalera no es de Caragabí sino obra de un Domicó nacido de la pantorrilla de una mujer, Heroputoharra. Ese personaje es el mismo que en otras tradiciones emberá levanta una escalera de guadua para llegar a la luna, y su nombre se escribe Heroputoharra, Gerú-poté-uarra, híno-pota uára o Jinu Potó según quién transcriba. Conviene no confundir las dos escaleras: la de cristal se rompe por una flor tocada y corta el paso entre los mundos; la de guadua la troza un pájaro carpintero y hace caer al héroe al mundo de abajo. Son relatos distintos con un constructor de nombre compartido.

  3. Difieren, por último, los detalles menores que suelen decidir una imagen: escalera de cristal o de tallos de planta con flores por peldaños; niño en brazos o niño a la espalda; escalera quitada por el dios o derribada por accidente; y un cielo que se aleja antes de la caída, por los crímenes de la gente, o después de ella, para impedir que la reconstruyan.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Embera Katío

    onic.org.co

    Ofrece contexto contemporáneo sobre pueblos, territorios y diversidad Emberá sin reducirlos a una sola tradición.

  2. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    El artículo se llama como el mito y lo pone en el centro. Resume la versión de Severino —'en tiempos primordiales los emberá podían subir por una escalera como de cristal pero en castigo por el incesto, Karagabí les cortó esa comunicación'— y añade una variante geográfica que la ficha no tiene: María de Betania recogió en la zona de Dabeiba, en 1918, que la escalera se destruyó 'quedando en el lugar de su base una gran piedra que aún hoy se puede observar en las inmediaciones de Lloró'. Pardo apunta además que tierra se dice /egoró/, /jioró/ o /yoró/ según el dialecto y que los datos míticos convergen en señalar a Lloró como lugar de origen emberá. Y ofrece la lectura estructural: 'los hombres quedan desligados para siempre de los entes creadores al interrumpirse la comunicación con el mundo de Karagabí, al destruirse la escalera que comunicaba ambos niveles', con un diagrama de la escalera rota.

  3. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Hace de la escalera rota la bisagra de todo el sistema: 'el mito habla de la escalera que comunicaba los mundos y que los hombres subían y bajaban con libertad; un día, la escala cayó y los mundos quedaron incomunicados; el Jaibaná restablece la comunicación y nuevamente puede ver aquel cielo', pasando 'ese velo engañoso que Carabí puso ante los ojos de los hombres para ocultarles el cielo'. La caída no queda entonces como una pérdida sin remedio sino como la condición del oficio del jaibaná. En paralelo, compara las versiones de la otra escalera, la que Jinú Potó levanta para llegar a la luna: 'el pájaro truenené trozó su soporte (escalera, sauce, guadua, ciprés, etc.) y él cayó en el mundo de abajo... Se le denomina el reino de Tutruicá, de nombre Armucurá', y anota que en varias versiones la salida se hace por el mismo árbol o escalera.

  4. Jinu Potó, ¿mito o historia? Desplazamientos del saber y cuestionamientos epistémicos en la narración oral del pueblo Embera Dóbida

    editorial.ucatolica.edu.co

    Transcribe dos narraciones grabadas en 2022 con el episodio de la escalera dicho palabra por palabra por los narradores. La de Yucal: 'se fue a cortar varios palos de la guadua, larga que crece. Cortó varios palos de esos y empezó a hacerse la escalera. Se hizo una escalera... y en un momento se vino el señor carpintero, que es un ave de pico largo y de pelo rojo... ahí en la mitad de la guadua empezó a hacer una cueva. Iba a caerse'. La de Boca de Jagua conserva la conciencia del riesgo cósmico: 'si lo fueran dejado de pronto no habría luna en este mundo'. Aporta a esta ficha una escalera al cielo vigente, narrada hoy, con el motivo del soporte cortado y la caída a otro mundo, y con narradores identificados.

  5. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Conserva el episodio de la escalera en una transcripción hecha sin retocar las palabras del narrador: 'se puso a cortar guadua en el monte. Se fue amarrando las guaduas y se fue para arriba como en una escalera. Cuando llegó al camino de la luna, se quedó allá esperándola. Pero entonces vino el pájaro carpintero y casi le trozó la escalera. El hombre se cayó'. Y la caída desemboca en el mundo de abajo: 'cayó en otro mundo, bajo la tierra. Allí hubo indios muy bajitos que solo comían humo de su comida... No podemos comer sino humo, porque nosotros no tenemos ano'. Es la prueba de que el descenso a Armucurá, el mundo de los inmortales sin ano, está encadenado a la escalera rota y no es una escena aparte.

  6. «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)

    revistatabularasa.org

    Documenta, entre katíos de Urabá, qué ocupó el lugar de la escalera después de la ruptura. En los parajes de drua wãndra 'hay puntos liminales por considerarse pasajes entre los mundos de arriba, del medio y de abajo: cuevas, rocas, pozas, cabeceras, cascadas, etc.; esos lugares permiten el ingreso espiritual de los jaibanás'. La comunicación entre pisos no desapareció: se volvió puntual, localizada en una geografía concreta del resguardo y reservada a quien sabe pasar. Uno de los testimonios recogidos describe incluso una abertura que 'no parecía una puerta hacia el mundo de arriba, sino más bien hacia el mundo de abajo'.

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«La escalera del cielo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La escalera del cielo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La escalera del cielo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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