La diabla castigadora

Andina · Mestizo

La diabla castigadora

Rebeca se disfraza de su esposo para sorprender a Maribella, y el barrio convierte una agresión humana en el rumor de una diabla.

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El relato

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Villanueva era entonces un barrio nuevo de Piedecuesta, levantado sobre tierras que se vendían por lotes. Las calles eran de tierra suelta, y cuando soplaba el viento del norte el polvo se alzaba en remolinos. Las casas eran de barro y cañabrava, con techos de zinc que sonaban con la lluvia. La gente que las habitaba tenía la cara amarillenta de las fiebres, y las mujeres bajaban la ropa a lavar a la quebrada.

Allí vivía Tenorio, un muchacho hábil con las manos, que hacía lazos y crinejas. Tenía esposa, Rebeca, y tenía hijos. Pero andaba en amores con otra mujer, Maribella. Se veían de noche, a escondidas, entre los guarumos y los matarratones de los caminos.

El chisme del barrio, lo que allí llamaban el correo de las brujas, llevó el secreto a oídos de Rebeca. La noticia le dolió hondo, pero no hizo escándalo. Pensó despacio lo que iba a hacer y decidió ocupar el lugar de su marido.

Una noche de luna le dio a Tenorio trago hasta que se quedó profundamente dormido. Entonces se puso la ropa de él y sus botas oscuras, y caminó hasta el lugar donde los amantes se encontraban. Esperó en la sombra.

Maribella llegó confiada. En la oscuridad vio la figura que conocía, se le acercó y la abrazó. Ahí Rebeca se dio a conocer. La empujó, la tiró al suelo y la golpeó con toda la rabia que traía. Maribella, molida, se arrastró como pudo hasta una esquina donde llegaba un poco de luz.

A la mañana siguiente, Villanueva amaneció con un rumor que nadie decía en voz alta: una diabla había salido de noche a castigar. Maribella se encerró con sus heridas y durante mucho tiempo no habló de lo ocurrido; al final se fue del barrio, con las marcas como única prueba. Rebeca recuperó a su marido y su casa.

El barrio siguió creciendo, lote a lote, y la historia creció con él. Entre las mujeres se contaba en susurros, junto a la quebrada o en las esquinas, la de la diabla castigadora, que era una esposa con la ropa de su marido.

La diabla castigadora: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Cuando un barrio llama diablo a una agresión, la mano que golpeó queda escondida detrás del rumor.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.67417° · -73.1778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. La obra de la que probablemente procede es «Leyendas y cuentos de Santander», de Germán Valenzuela Sánchez, publicada por Sic Editorial en Bucaramanga en 2009 (ISBN 978-958-708-437-5). De ese libro sólo están abiertas la portada y la contraportada, que el propio autor enlazó en su página: la contraportada dice que reúne cuarenta y seis «sagas» y nombra cuatro, entre las que no está ésta. El índice y el cuerpo no se pueden leer. La otra copia que circula del corpus piedecuestano, la «Literatura folclórica» de Luis Rubén Pérez Pinzón (UNAB, 2016), sólo está en repositorios de subida libre, sin editor. Valenzuela Sánchez (Piedecuesta, 1946-2021), periodista y fundador del periódico El PicaPica, se presentaba como difusor del folclor piedecuestano «basado en el rescate oral».

Lo que sí está documentado en la región es el motivo del espanto que castiga los amores torcidos. Misael Devia Morales, en «Folclor tolimense» (1962), dice que la Candileja persigue a los borrachos, a los malos padres, a «los enamorados banales» y a los que andan en malos pasos. Cesáreo Rocha Castilla, en «Prehistoria y folclor del Tolima», escribe que la Candileja no persigue sino a los que andan en malos pasos o son «enamorados de mala fe». Los dos textos están reproducidos en el segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia» de Eugenia Villa Posse (IADAP, Quito, 1993).

Y está documentada, en la misma comarca santandereana, la sospecha de que detrás del diablo hay una persona. Juan de Dios Arias copia en «Folclor santandereano» (1954) el comentario de Manuel Ancízar al pasar por Los Santos hacia 1850: los prodigios de las lagunas se achacan al diablo, «que en nada de eso se mete, salvo en figura de ciertos hombres interesados en propagar semejantes consejas». En Villanueva la figura fue una mujer.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano es la Candileja que registran Devia (1962) y Rocha (1968) en el Tolima. Es un espanto que sale de noche a castigar a los enamorados de mala fe y a los que andan en malos pasos, justo el territorio de la diabla de Villanueva. La diferencia es de dirección: la Candileja persigue al que anda en amores torcidos, y la diabla persigue a la amante, no al marido.

El segundo paralelo es la Bola de Fuego de «Cuentos de espantos» (2004): un fuego que gira en el aire y se transforma en mujer bella para atacar a los esposos infieles. Comparte con la diabla el disfraz, pero al revés. La Bola de Fuego se disfraza de mujer para atraer al hombre; Rebeca se disfraza de hombre para atraer a la mujer.

El tercero no es un espanto sino un comentario. Manuel Ancízar, citado por Juan de Dios Arias (1954), sospechaba que el diablo de los campesinos santandereanos andaba en figura de ciertos hombres interesados en propagar sus historias. La diabla castigadora es ese caso llevado al extremo: el espanto existe sólo porque una persona se puso una ropa ajena y el barrio prefirió contar lo que pasó como cosa del diablo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El castigo nocturno de los infieles tiene en la tradición registrada varias formas, y la de Villanueva es la única en que el espanto es una persona.

  2. En el Tolima de Devia, la Candileja es una anciana condenada a vagar con un hachón encendido por haber sido demasiado indulgente con sus nietos; se aparece a los viajeros, se les monta en la grupa, los araña y los priva del sentido, y persigue, entre otros, a los enamorados banales. Para ahuyentarla hay que insultarla. En Rocha es una luz en llama que sale de la orilla de los pantanos y persigue a los caminantes solos, pero sólo a los que tienen algún motivo de remordimiento.

  3. En «Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano» (2004), un libro de ficción de autor, la Bola de Fuego de los Llanos se transforma en una mujer bella y seductora para atacar a los borrachos, a los caminantes solitarios, a «los esposos infieles» y a los enamorados que andan en malos pasos. Su testigo la ahuyenta arrastrando el machete por la tierra y diciendo groserías.

  4. En todas esas formas el castigo cae sobre el que anda de noche en amores ajenos, y quien castiga es un ser del otro lado. En Villanueva cambia todo: el golpe no cae sobre el marido infiel, que duerme borracho en su casa, sino sobre la otra mujer; y quien castiga no es una aparición sino la esposa, vestida con la ropa del marido. El nombre de diabla lo pone después el barrio.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Leyendas y cuentos de Santander (fragmento de cubiertas publicado por el autor)

    drive.google.com

    Es la obra de la que con más probabilidad sale la Diabla castigadora: la contraportada presenta cuarenta y seis «sagas» de Santander, entre ellas casos de barrio como El Perro que se Parrandió al Pollo, «caso real que motivó serias discusiones entre barrios populares», el mismo registro de rencilla vecinal de Villanueva. Fija editorial (Sic, Bucaramanga) e ISBN 978-958-708-437-5.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 20: Misael Devia Morales, «Folclor tolimense» (1962), «La Candileja», folio 151

    flacso.edu.ec

    Documenta el espanto que castiga los amores torcidos: la Candileja, anciana condenada a vagar con un hachón encendido, persigue a los borrachos, a los malos padres, a «los enamorados banales» y a los que andan en malos pasos, y se ahuyenta con insultos. Es el castigo nocturno de la infidelidad que el barrio de Villanueva atribuye a una diabla.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 21: Cesáreo Rocha Castilla, «Prehistoria y folclor del Tolima», «La Candileja», folio 180

    flacso.edu.ec

    Segunda forma del mismo espanto: una luz en llama que sale de la orilla de los pantanos y persigue a los caminantes solos, pero sólo a los que andan en malos pasos, son «enamorados de mala fe» o tienen algún motivo de remordimiento. Confirma que el castigo nocturno del amor clandestino es un motivo registrado en la tradición andina.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas», con el diálogo de Manuel Ancízar en Los Santos, folio 138

    flacso.edu.ec

    Da la lectura santandereana más antigua del diablo con cara humana: Ancízar, de paso por Los Santos con la Comisión Corográfica, comenta que los prodigios se achacan al diablo, «que en nada de eso se mete, salvo en figura de ciertos hombres interesados en propagar semejantes consejas». Es el mecanismo del relato de Villanueva, donde la diabla es una esposa disfrazada.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «La Bola de Fuego», pp. 13-14

    archive.org

    La ficha técnica dice que la Bola de Fuego, de los Llanos Orientales y el Tolima, se transforma en una mujer bella y seductora para atacar a los borrachos, los caminantes solitarios, «los esposos infieles» y los enamorados que andan en malos pasos. Es un disfraz al servicio del castigo de la infidelidad, invertido respecto al de Rebeca.

  3. Biografía (sitio de Germán Valenzuela Sánchez, «PicaPica»)

    germanvalenzuelasanchez.wordpress.com

    Sitúa al probable recopilador: nacido en Piedecuesta en 1946 y muerto en 2021, periodista, difusor del folclor piedecuestano y santandereano «basado en el rescate oral», con apoyo de la alcaldía municipal. Explica por qué una historia de barrio con nombres propios entra en una colección de leyendas.

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«La diabla castigadora» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La diabla castigadora» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La diabla castigadora» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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