La culebra de siete cabezas de El Salado

Andina · Chamí

La culebra de siete cabezas de El Salado

Una culebra de siete cabezas sale de la laguna de El Salado, quiebra la tierra y lleva sus aguas hasta los ríos Supía y Cauca.

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El relato

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En las altas cumbres que delimitan El Salado existió en tiempos antiguos un lago. De allí salió una monstruosa serpiente de siete cabezas.

Se vino culebreando lomas abajo, cuarteando toda la tierra, rajándola y resquebrajándola, aflojándola y dejándola a merced de los hundimientos.

Abajo, la gran culebra cogió el río Supía y se embarcó hacia el Cauca. Sus huesos han sido hallados cerca de estos dos ríos.

Desde aquel entonces los predios de El Salado han sido víctimas de peligrosa erosión, caracterizada por derrumbes y hundimientos.

La culebra de siete cabezas de El Salado: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El suelo que se desmorona guarda la forma de algo que pasó por allí antes.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
5.45389° · -75.7419°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto completo de esta leyenda cabe en un párrafo y llega por una cadena de tres manos. Lo publicó en 2015 el artículo «De la conservación del suelo al cuidado de la tierra: una propuesta ético-afectiva», de Isaías Tobasura Acuña, Franco Humberto Obando Moncayo, Fred Alberto Moreno Chávez, Carmen Soledad Morales Londoño y Angélica María Henao Castaño, en la revista brasileña Ambiente & Sociedade. Allí se presenta como «la Leyenda de la serpiente de las siete cabezas, mito de la erosión, que conservan los indígenas Embera Chamí de la parcialidad de La Montaña en el departamento de Caldas», y se cita como fuente a Bueno R., J., «La culebra de las siete cabezas», en Creencias del occidente caldense, Universidad de Caldas, Manizales, 1988. Los autores son profesores de agronomía y desarrollo rural de la Universidad de Caldas, no etnógrafos, y usan la leyenda para argumentar que también las comunidades ancestrales pueden poner en riesgo la calidad de sus tierras. Esa lectura es suya. El nombre de quien narró la leyenda no aparece en ninguna parte.

Aquí empieza el problema serio de esta ficha, y hay que decirlo con todas sus letras: no hay evidencia de que sea un mito emberá chamí. El registro emberá más antiguo del motivo es katío y de 1924. Lo recogió el padre Severino de Santa Teresa de boca de Donungubí Domicó, bautizado Severiano, en el capítulo sobre el origen del jaibanismo: dos niños criados por una diabla la matan, sacan de su vientre al perro Toma y «llegaron a una caverna donde había tres hijas de un rey, bajo la tutela de una culebra de siete cabezas». Toma mata al monstruo, el muchacho concierta boda con una de las tres, su propia hermana lo mata clavándole un hueso de la sierpe en la cama y el perro lo resucita lamiéndolo. Tres hijas de un rey, sierpe de siete cabezas, animal auxiliar, muerte y resurrección: es el cuento europeo del matador de dragones, injertado entero en un mito de origen del jaibanismo.

La serpiente chamí documentada es otra. Se llama jepá, tiene una cabeza, vive en el agua y se relaciona con el jaibaná que la alimenta. Así la cuenta Clemente Nengarabe Siágama, jaibaná chamí de Risaralda, en la «Historia de la culebra Jepá» que recogió Luis Guillermo Vasco, y así la recogió Víctor Zuluaga de Jaime Wasoma en 1991. Ni Vasco en Jaibanás. Los verdaderos hombres, ni Zuluaga en sus tres libros chamí, conocen El Salado, ni el resguardo La Montaña, ni versión alguna chamí con siete cabezas.

Resonancias con otros mitos

La comparación decisiva es interna al mundo emberá y separa dos serpientes que suelen confundirse. La de siete cabezas, en el único registro emberá que existe, es la que custodia a tres hijas de un rey en una caverna, y la mata un perro: la narró Donungubí Domicó, katío de Urabá, y es el cuento europeo del matador de dragones. La jepá chamí, en cambio, no tiene número de cabezas ni caverna ni princesas: es dueña del agua. Luis Guillermo Vasco lo formula así al estudiar los chamí de Risaralda: «En toda la mitología la serpiente jepá y otras aparecen ligadas a la producción o abundancia del agua, sea esta de lagunas o ríos», y pone el caso de la jepá de Jeguadas, que al crecer va produciendo agua hasta formar una gran laguna y, al ser expulsada, da origen al río San Juan. La culebra de El Salado hace exactamente eso, hacer y mover agua, sin necesitar el siete.

El segundo paralelo viene de otro continente lingüístico y sirve de método, no de parentesco. En San Bernardo, Oaxaca, Carlos Gerardo Hernández Paulino recogió en 2017 siete relatos de culebras de agua y transcribe uno donde un arriero abre sus canastos y «vio salir tres culebras. Esas culebras tenían siete cabezas», y desde entonces hubo agua en el pueblo. El autor muestra que allí conviven un sustrato mítico zapoteco y «relatos de estrato cultural panhispánico e incluso europeo» sin que uno anule al otro. Es la manera correcta de decir lo de El Salado: la serpiente que hace el paisaje puede ser sustrato local, el número siete es capa hispana, y la leyenda es las dos cosas a la vez. La diferencia con Oaxaca es que allí las culebras traen el agua y aquí se la llevan.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay un solo testimonio impreso, sin narrador acreditado, y llega por una obra secundaria de 2015 que cita a otra de 1988 que ya no se consulta directamente. No hay variante, no hay segunda recolección y no hay nada que autorice a repartir funciones entre las siete cabezas, a convertirlas en siete guardianes o a narrar un combate.

  2. Lo que sí se puede contrastar es el motivo, y el contraste cambia la lectura. La culebra de siete cabezas emberá está documentada una sola vez, en 1924, en Urabá, y es katío: la que Donungubí Domicó le contó al padre Severino de Santa Teresa, con la caverna, las tres hijas del rey y el perro Toma. Luis Guillermo Vasco la reproduce citando esa fuente en 1985 y la trata como mito de origen del jaibanismo, no como figura del agua. En cambio, la serpiente del agua chamí no lleva ese número: en la versión de Clemente Nengarabe Siágama la jepá nace de un gusanito pintado, crece en un cántaro, llena de agua toda una hondonada en Jeguadas y termina llevada al río, y en la de Jaime Wasoma, en Similitó, los gusanitos crecen hasta volverse jepás y «toda La Batea quedó como una laguna grande».

  3. Hay además una ausencia que pesa. El inventario oficial de mitos y leyendas del municipio de Riosucio, publicado por la Gobernación de Caldas, no incluye la culebra de siete cabezas: lista Duende, Patasola, Mohán, Llorona, Piedra Herrada, la Mula de Quiebralomo y las minas de Gavia y Vendecabezas, todo repertorio hispano-mestizo minero. El mismo documento certifica que El Salado es la sede del resguardo de Nuestra Señora Candelaria de La Montaña y que ese resguardo se constituyó a finales del siglo XVI con familias Ipá y Turzaga. Que no figure en el registro municipal no prueba que no exista en la tradición local, pero sí que la zona es de mestizaje minero colonial y que su folclor escrito lo refleja.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Caldas · Andina
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. De la conservación del suelo al cuidado de la tierra: una propuesta ético-afectiva

    doi.org

    Publica la leyenda de la serpiente de siete cabezas conservada por Emberá Chamí de La Montaña, Caldas, y la relaciona con la erosión de El Salado.

  2. Occidente de Caldas: su composición étnica y su presencia en la formación de la República

    filedn.com

    Reproduce desde Bueno Rodríguez (1988) la leyenda de Lomaprieta en la que gotas de las manos de Dios se vuelven ángeles y espíritus terrestres, acuáticos, aéreos y selváticos. Presenta el pasaje diciendo que cuenta «cómo surgieron las deidades tutelares o los guardianes tutelares de la naturaleza»: ahí está la palabra guardianes, y no está la palabra vengadores.

  3. Los indios catíos, los indios cunas. Ensayo etnográfico de dos razas de indios de la América Española

    archive.org

    Es la respuesta a la pregunta de si la culebra de siete cabezas es emberá. En el capítulo V, «Del jaibanismo. I. Su origen», el misionero transcribe lo que le narró Donungubí Domicó (bautizado Severiano): tras matar a la diabla que los crió, los dos hermanos «llegaron a una caverna donde había tres hijas de un rey, bajo la tutela de una culebra de siete cabezas»; el perro Toma, sacado del vientre de la diabla, mata al monstruo, el indio concierta boda con una de las tres, una hermana traidora lo mata clavándole un hueso de la sierpe y el perro lo resucita lamiéndolo. Es el esquema completo del cuento europeo del matador de dragones (tres hijas del rey, sierpe de siete cabezas, animal auxiliar, muerte y resurrección), injertado en un mito de origen del jaibanismo. El registro es de 1924 y KATÍO, no chamí.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Reproduce el mito de Donungubí Domicó (citando Santa Teresa 1924: 28-30) dentro del corpus de origen del jaibanismo y, sobre todo, ofrece el único análisis publicado de la serpiente emberá y el agua: «En toda la mitología la serpiente jepá y otras aparecen ligadas a la producción o abundancia del agua, sea esta de lagunas o ríos», con el inventario de casos (la jepá de Jeguadas que va produciendo agua hasta formar una gran laguna y que al ser expulsada da origen al río San Juan; los mellizos que secan una laguna tirando sus bastones). Es el marco exacto para leer una culebra que sale de una laguna, quiebra la tierra y lleva el agua hasta el Supía y el Cauca: la ecuación serpiente = dueña del agua = curso de los ríos está documentada, y no hace falta el número siete para sostenerla.

  2. Algunos relatos de los embera chamí de Risaralda, contados por Clemente Nengarabe Siágama

    luguiva.net

    Abre con la «Historia de la culebra Jepá» contada por un jaibaná chamí nombrado. Es la culebra chamí por antonomasia: boa gigante ligada al charco y al agua. Sirve para el contraste que la ficha necesita: la serpiente de la tradición chamí documentada con narrador tiene una cabeza, vive en el agua y se relaciona con el jaibaná que la alimenta; la de siete cabezas no aparece en este corpus.

  3. Mitos y leyendas de los Embera-chamí

    repositorio.utp.edu.co

    Trae la versión más cercana estructuralmente a la leyenda de El Salado: la «Culebra Jepá» recogida en 1991 de boca de Jaime Wasoma, de la vereda Similitó. En ella el cacique siembra unos gusanitos pintados en una totuma, cada recipiente amanece lleno de agua, los gusanos crecen hasta volverse jepás tragonas «y entonces toda La Batea quedó como una laguna grande»; cuando los hijos tocan el tambor sin permiso, las culebras se enfurecen y el agua se va. Misma gramática que en El Salado: un ser serpentino hace y deshace una laguna y deja la marca en el terreno; aquí, además, el lugar se nombra (La Batea, vereda de Jeguadas) y se puede señalar.

  4. Historia de la comunidad indígena Chamí

    drive.google.com

    Ancla la leyenda de la culebra en un sitio real y verificable: al describir un hallazgo arqueológico el autor escribe que encontró «una tumba en la vereda de Jeguadas, cerca de La Batea (sitio en donde según una leyenda, existió una laguna y vivía una gran culebra, llamada Jepa)», con nariguera de oro, ollas, alcarrazas y hachas de piedra. Es el modelo de lo que la ficha de El Salado hace con los huesos de la culebra: una memoria serpentina que la comunidad amarra a un punto del terreno y a restos materiales.

  5. Información básica del municipio de Riosucio (Caldas)

    caldas.gov.co

    Sirve para dos cosas concretas. Primera, sitúa el lugar: certifica que El Salado es la sede del resguardo indígena Nuestra Señora Candelaria de La Montaña, uno de los cuatro de Riosucio, y que el territorio prehispánico lo ocuparon turzagas, chamíes y pirzas. Segunda, y más útil para la duda sobre el préstamo: su inventario oficial de «Mitos, leyendas y/o tradición oral» del municipio (apartado 1.4) lista Duende, Patasola, Mohán, Llorona, Piedra Herrada y la Mula de Quiebralomo, todas figuras del repertorio hispano-mestizo minero, y no incluye la culebra de siete cabezas. Riosucio es zona de mestizaje minero colonial y su folclor registrado lo refleja.

  6. La leyenda de la culebra de agua protectora del pueblo de San Bernardo (Oaxaca, México): sustrato mítico zapoteco y dispersión pluricultural

    revistaselectronicas.ujaen.es

    Boletín de Literatura Oral 8, pp. 165-176 (DOI 10.17561/blo.v8.9). Es el método aplicado al mismo problema: transcribe siete relatos de serpientes de agua recogidos en campo en 2017, uno de los cuales dice literalmente «cuando revisó los canastos vio salir tres culebras. Esas culebras tenían siete cabezas», y muestra cómo un sustrato mítico indígena convive con «relatos de estrato cultural panhispánico e incluso europeo» sin que uno anule al otro. Da a la ficha la manera correcta de decirlo: el número siete es capa hispana, la culebra que hace el paisaje es sustrato local, y la leyenda es las dos cosas a la vez.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La culebra de siete cabezas de El Salado» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La culebra de siete cabezas de El Salado» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La culebra de siete cabezas de El Salado» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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