
Andina · Mestizo
La cueva del diablo
Mateo ve una figura bajar entre árboles quebrados y humo, pero al mirar de nuevo encuentra intacta la ladera.
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Mateo era arriero, y de la arriería vivía toda su familia. Tenían mulas con nombre propio: la Ojigacha, la Chenga y otras. En La Hacienda, donde vivían, la tierra daba yuca, millo, legumbres, tabaco y pepa de tártago.
Hacia 1850 Mateo cargaba las mulas con esos frutos y los llevaba de San Rafael a Piedecuesta. El camino era largo y tenía sus marcas. Antes de llegar a la Piedra del Catón se pasaba por La Curtida, y más allá se alcanzaban las Lomas del Ventorrillo, que son como un balcón natural. Mateo conocía el ruido de cada quebrada y los pasos de Pata de Peña.
El lugar temido era la Quebrada Salvavidas, donde el Chicamocha toca Chamarral o Bejucadas. Allí aparecía el diablo. Se mecía y se reía, y sus carcajadas llenaban el aire.
Unos cien metros antes del encuentro, el que bajaba empezaba a sentir un olor de azufre mezclado con incienso. Mateo lo contaba en voz baja, y decía que hasta a un arriero curtido como él se le erizaba la piel en ese tramo. Luego venía lo peor. El diablo pasaba rápido entre el monte y los árboles se desgajaban y caían uno tras otro, mientras subían el polvo y el humo.
Pero bastaba con devolverse unos trescientos metros, loma arriba, para que todo se deshiciera. Desde allí el bosque se veía entero, quieto, sin un árbol caído, como si nada hubiera pasado.
Los caminantes asustados dejaban al diablo en su sitio. Salían al Alto de Arenas y seguían hacia Piedecuesta, o tomaban el camino de las Peñas de Salvavidas para subir a la Mesa de Los Santos.
Y así se repetía, viaje tras viaje, en los límites de Los Santos y Piedecuesta, por las caídas de Pescadero. El camino empezaba siempre en El Granero, hacia el Alto de Arenas, y bajaba hasta la quebrada donde el diablo se reía.

La enseñanza
“El arriero que conoce su camino también aprende a rodear los tramos donde el miedo manda.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.98789° · -73.04953°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Tres leyendas ganadoras y algo más… (fragmento publicado por el autor: portada, prólogo «Los senderos de Germán» y primera página de «La locura de Milandro Tejas»)
drive.google.com
Es la única obra donde consta el título «La cueva del diablo»: el prólogo de Niño Orozco lo nombra entre las piezas de la cartilla piedecuestana de 2004, y cuenta que el autor recorrió a pie las veredas del municipio anotando lo que le contaban.
- Libros (página de publicaciones de Germán Valenzuela Sánchez, «PicaPica»)
germanvalenzuelasanchez.wordpress.com
Es el lugar desde donde el autor ofrece los fragmentos de sus cartillas de leyendas de Piedecuesta, entre ellos el de 2004 que nombra «La cueva del diablo». Permite fechar la obra y ver que el resto del libro no está publicado en abierto.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas» y «Lo que enseñan las cuevas», pp. 137-141
flacso.edu.ec
Documenta el diablo de lugar en la misma comarca del relato: el diálogo de Ancízar en Los Santos sobre la laguna del monte de la Mesa, que nadie se arrima a pasar hasta que un sacerdote la conjure, con el comentario de que todos esos prodigios se achacan al diablo; y la leyenda del Colmenero de San Gil, una hendedura ligada a Satanás donde de noche se oyen ruidos y llueven pedradas sobre quien se acerca. Arias afirma que todas las cuevas de Santander tienen su leyenda.
Contraste y contexto · 2 referencias
- Peregrinación de Alpha (exposición documental de la Biblioteca Virtual Colombiana)
humanas.unal.edu.co
Fecha el paso de Ancízar por la Mesa de Los Santos: la Peregrinación se publicó por entregas en El Neo-Granadino entre 1850 y 1851, escrita sobre la marcha de la Comisión Corográfica. Es la misma época en que el relato pone a Mateo arriando por esos caminos, y el registro más antiguo del diablo como dueño de un lugar en esa meseta.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «Francisco el Hombre», pp. 29-30
archive.org
Trae el olor de azufre como anuncio del diablo en un camino: un viajero, en una trocha de La Guajira, siente el aire cargado de un insoportable olor a azufre justo antes de encontrar a Satanás. Es el mismo aviso que en el relato de Mateo precede en cien metros a la aparición.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La cueva del diablo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La cueva del diablo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La cueva del diablo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








