La cacica de Guatavita

Andina · Muiscas

La cacica de Guatavita

La cacica de Guatavita entra a la laguna con su hija y vive en el fondo junto al dragón; por ella crecen las ofrendas y nace la ceremonia de El Dorado.

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La cacica de Guatavita: la entrada del relato

El relato

En lo alto de los cerros, donde el páramo guarda su aliento, está la laguna. Sus aguas son frías y hondas; no se llenan con la lluvia de una temporada ni se vacían con la sed de una sequía. En el fondo, desde antes de que hubiera nombre para los cerros, vive el dragón de la laguna.

Es una culebra grande, verde como el agua profunda. Los jeques velaban en chozas a la orilla; cuando la veían salir a la superficie, sabían que era el momento de ofrendar. Le arrojaban oro y esmeraldas para que el agua conservara su claridad verde y no se apagara.

La mujer del cacique de Guatavita era la más estimada de su casa, por su sangre y por su hermosura. Cuando parió una niña, el cacique no cabía de alegría. Pero la mujer no supo medir su corazón: se lo entregó a otro hombre de la corte. El cacique lo supo, y con la verdad llegó la desgracia.

Su falta se cantó en las fiestas, delante de ella y de todos. La vergüenza le creció por dentro, noche a noche, como crece el agua en un manantial que nadie cierra. No pudo más.

Una madrugada salió del cercado sin que la sintieran. Llevaba en brazos a la niña recién nacida. Caminó hacia la laguna y, cuando llegó a la orilla, entró. No luchó contra el agua: la laguna la recibió como recibe a lo suyo. Madre e hija se hundieron en silencio.

El cacique mandó al mayor de los jeques a buscarla. El jeque encendió fuego en la lengua del agua, puso piedras hasta volverlas brasas y se zambulló. Cuando salió, dijo: la cacica está viva, abajo. Vive en un cercado más hermoso que el de Guatavita y tiene al dragón dormido en las faldas. No quiere volver: allí encontró descanso, y criará a su hija para que le haga compañía.

El cacique quiso recuperar al menos a la niña. Pero el dragón no la soltaba: la tenía junto a la madre, y quien vio el fondo supo que a la hija del agua no se la saca a la tierra.

Desde aquel día la laguna se llenó de ofrendas. Cada pueblo abrió su camino hasta la orilla y trajo oro, esmeraldas y comida, para que la señora del fondo apartara las plagas. A veces se aparecía sobre el agua, con una manta roja ceñida, anunciando secas y hambres antes de que llegaran.

Y el cacique, para honrarla y honrar a la laguna, se untó el cuerpo con resina y se cubrió de polvo de oro. En una balsa de juncos llegó al centro del agua, ofreció oro y esmeraldas y se lavó donde ella pudiera verlo. El sol lo encendió sobre la superficie.

Hombres llegados de otros mares oyeron hablar de aquel cuerpo dorado y llamaron a la tierra entera con ese nombre. Pero abajo, sin ruido, la cacica sigue criando a su hija, el dragón duerme con la cabeza en su regazo y las ofrendas caen sobre ellos como una lluvia que nunca se acaba.

La cacica de Guatavita: lo que quedó del relato

La enseñanza

El agua guarda a quien se atreve a entregarlo todo, y de esa entrega nace la luz que otros persiguen.

Territorio

Andina · Muiscas

Andina · Muiscas

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Muiscas
Referencia
4.978722° · -73.774614°

Contexto histórico

La primera noticia escrita del relato está en las Noticias historiales de fray Pedro Simón, redactadas hacia 1627. Simón presenta a Guatavita como el adoratorio más frecuentado de los muiscas: una laguna alta, rodeada de cerros y páramo, donde se ofrecían oro y esmeraldas a una divinidad que se manifestaba como culebra o 'dragoncillo'. Dentro de ese marco inserta la historia de la cacica: la mujer más estimada del cacique, la infidelidad con un hombre de la corte, el castigo público del adúltero y la humillación de la esposa, que huye con la hija recién nacida y se ahoga en la laguna. Un jeque afirma haberla encontrado viva bajo el agua, en un cercado, con el dragón; desde entonces crecen las ofrendas y la cacica aparece sobre las aguas anunciando sequías y hambres.

La crónica es una voz colonial y evangelizadora: interpreta el episodio como obra del demonio y lo llama superstición. Eso exige cautela. El texto documenta cómo la sociedad muisca leía la infidelidad —como una falta que alcanzaba el orden doméstico y político— y cómo las lagunas funcionaban como lugares de paso entre mundos, pero no autoriza a repetir la violencia narrada ni a celebrarla. Aquí el desenlace se cuenta con sobriedad y la parte dura del testimonio queda registrada en las versiones.

La relación con El Dorado es directa y documentada: el cacique que se untaba resina y polvo de oro en una balsa, en la misma laguna, dio nombre a la provincia que los españoles llamaron 'El Dorado'. La cacica hundida y el cuerpo dorado son dos caras del mismo santuario: la entrega al agua como forma de equilibrio.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Muiscas, Andina · Andina > Varios > Muiscas.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Última revisión: 19 de agosto de 2026Aportar o corregir una fuente

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