
Caribe · Mestizo
La Bruja del Trinche
Una burla cantada en Los Venados desencadena el brebaje y el final sobrenatural que la tradición vallenata atribuye a Dolores Escalona.
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El relato
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Andrés Montúfar tocaba el acordeón por todo el valle y desafiaba a los de su época. Unos dicen que nació en Pueblo Nuevo de Valencia de Jesús y otros que en Rincón Hondo. Improvisaba: podía poner en verso lo que sentía en el instante en que lo sentía, y ese don fue el que lo perdió.
Una noche animaba una colita en Los Venados. Unos días antes, en ese mismo pueblo, una mujer lo había despechado. Alterado, interrumpió el baile y soltó una copla de cuatro versos que no hablaba de ella, sino de todas las mujeres de Los Venados a la vez. La rabia le salió por donde le salía todo: por la boca.
Entre la gente estaba Dolores Escalona, la bruja de mayor resonancia en la región. Tenía autoridad otorgada por Satanás para volar de noche. Podía convertirse en simio y podía convertirse en mujer hermosa. Mataba una culebra escupiéndole encima y mataba las langostas en el aire con un conjuro.
Esperó a que el acordeonero terminara de tocar. Entonces se levantó, caminó despacio hasta ponerse delante de él, lo señaló con el dedo y gritó de modo que la oyeran todos los que estaban allí:
—No toques más, Montúfar.
Se fue a su casa y preparó un brebaje. El trago le llegó al músico de manos de una mujer que nadie en la fiesta conocía y que a todos les pareció hermosa. Él lo recibió y lo bebió.
Amaneció botando espumarajos por la boca. Lo cargaron hasta Pueblo Nuevo de Valencia de Jesús y lo pusieron en manos de Quin Vásquez, que era brujo y también músico. Quin Vásquez empleó todos sus poderes y no pudo hacer nada por él.
Hacía mucho calor esa noche, así que sacaron al enfermo al patio y lo acostaron en una cama de tijera. Se quejaba. Por encima del patio pasó volando un búho gigante, y al pasar dejó caer sobre el cuerpo una culebra mapaná. La culebra le mordió en la boca. Murió en el acto.
El ave se perdió en la oscuridad. Antes de perderse soltó una carcajada, y con la voz de Dolores Escalona repitió lo que ya había dicho en la fiesta:
—No toques más, Montúfar.
Los ancianos de la oralidad ponen esta muerte al lado de otra historia. Un acordeonero llamado Francisco volvía de parranda por un camino de noche, se topó con el diablo, le tocó el credo al revés y lo hizo huir dando alaridos. El uno venció al diablo con el acordeón. Al otro lo venció el diablo en forma de mujer, por altanero con las damas de Los Venados.

La enseñanza
“Quien convierte su don en arma contra un pueblo entero suele terminar perdiendo el don.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 10.33° · -73.25°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Cesar · Caribe
- Referencias
- 12
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- El acordeonero Andrés Montufar sí fue vencido por Satanás
panoramacultural.com.co
Es el único texto consultable que cuenta el relato entero y de él sale todo lo que la ficha afirma: el origen disputado entre Pueblo Nuevo de Valencia de Jesús y Rincón Hondo, la colita de Los Venados, la mujer que lo había despechado días antes, la copla de cuatro versos contra las mujeres del pueblo, el retrato de Dolores Escalona como «la bruja de mayor resonancia en la región» con autoridad otorgada por Satanás para volar de noche y poder de convertirse en simio o en mujer hermosa, la amenaza gritada delante de todos, el brebaje llevado por una desconocida hermosa, el traslado del moribundo, Quin Vásquez como el brujo y músico que lo atiende y fracasa, la cama de tijera en el patio, el búho gigante, la culebra mapaná que muerde en la boca, la carcajada del ave repitiendo la frase con la voz de la bruja y el remate que empareja a Montúfar con Francisco el Hombre.
- Cambios en las representaciones sociales sobre la creatividad de los compositores de música de acordeón del Caribe colombiano: un enfoque cualitativo
manglar.uninorte.edu.co
Separa al hombre de su leyenda, que es lo que esta ficha necesitaba. En la página 96 levanta la nómina de juglares de la primera generación «cuya existencia y reconocimiento fueron verificados mediante un meticuloso trabajo de campo realizado por Tomás Gutiérrez (1992)», y allí está Andrés Montúfar, de la Escuela Central o de Valledupar, junto a José León Carrillo Mindiola, Abraham Maestre, Rosendo Romero, Efraín Hernández, Fortunato Fernández, Juancito Granados y Silvestre Herrera. La tabla que sigue le da ficha propia: viajó por todo el valle, desafió a los de su época, fue «un reconocido adversario de Luis Pitre», compuso puyas, merengues y sones de corte romántico, y es el autor de «Juana Bautista», canción «atribuida erróneamente hoy a Tobías Enrique Pumarejo». Ese Luis Pitre es la puerta al segundo paralelo de Similitudes.
- ¿Qué es el vallenato? Una aproximación musicológica, en «Ensayos: Historia y Teoría del Arte», vol. IX, n.º 9, pp. 9-62
revistas.unal.edu.co
Dice de qué está hecha la biblioteca a la que pertenece la fuente escrita de este relato, y por qué hay que leerla con cuidado. Su nota 3 enumera el canon entero: Araújonoguera, «Vallenatología» (Tercer Mundo, 1973); Quiroz Otero, «Vallenato: hombre y canto» (Ícaro, 1982); González, «Los últimos juglares» (1984); Llerena Villalobos, «Memoria cultural en el vallenato» (Universidad de Antioquia, 1985); Posada, «Canción vallenata y tradición oral» (1986); y Gutiérrez, «Cultura vallenata: origen, teoría y pruebas» (Plaza y Janés, 1992), que es donde está registrada la copla de Montúfar. Y advierte que la terminología y las clasificaciones que ese canon fijó a comienzos de los setenta se vienen «reproduciendo desde entonces sin mayores cuestionamientos», con una sola excepción. Explica así por qué todos los textos posteriores sobre Montúfar cuentan lo mismo: vienen del mismo sitio.
Contraste y contexto · 9 referencias
- ¿Crescencio o don Toba? Falsos interrogantes y verdaderas respuestas sobre el vallenato (BDC296), Biblioteca Digital del Caribe, Universidad del Norte
manglar.uninorte.edu.co
Es el contrapeso que impide tratar como documento lo que es construcción. Gilard demuestra, canción por canción, que buena parte de lo que se da por vallenato tradicional se fijó tardíamente y se atribuyó mal, y trabaja explícitamente sobre las transcripciones de Consuelo Araújo Noguera en «Vallenatología» —de donde, por ejemplo, toma la letra de «El alazán»— señalando cómo el aparato regionalista escogió a sus figuras. Aplicado a Montúfar, explica el mecanismo que esta ficha encuentra: un juglar real, con obra y rival documentados, al que la escritura folclórica de los años setenta y noventa asignó también una biografía legendaria, y una canción, «Juana Bautista», que cambió de autor por el camino.
- Cuando las brujas vuelan y hacen daño. Esquemas culturales sobre la brujería del campesinado en Colombia, en «LiminaR», vol. 20, n.º 1
scielo.org.mx
Demuestra que la palabra clave del relato no es un adorno del narrador sino una categoría del campo. Sobre los materiales sonoros y los mapas del Atlas lingüístico-etnográfico de Colombia, levantado entre 1954 y 1983, registra «bruja volantona» como forma propia de Antioquia, Córdoba y Cesar —el departamento donde ocurre esta historia—, frente a «bruja voladora» y «voladora» de otras regiones. Y ordena el esquema: las voladoras se dividen en volantonas o burleteras, que se hacen notar por sus sonidos y no embrujan, y dañinas, que sí entran a las casas y hacen daño. Dolores Escalona, a la que la fuente llama volantona y que mata, cruza las dos casillas. El mismo trabajo fija las dos habilidades que la definen, el vuelo y la metamorfosis, que son exactamente las que el relato le atribuye.
- De brujas, talismanes y otras «hechicerías». Las aves y lo sobrenatural en las comunidades campesinas del río Sinú, en «Tabula Rasa», n.º 56, pp. 123-141
redalyc.org
Sostiene el animal que ejecuta la sentencia. Con treinta y siete entrevistas en profundidad en seis municipios de Córdoba, reconstruye el papel de las aves en la definición de brujas, zánganos y diablos del Caribe colombiano, y documenta que las plumas de lechuza rezada, Tyto alba, se usan como aseguranza: en San Antero se le atribuían a una bruja famosa en toda la región, escondidas en sus ropas, el poder de esquivar los disparos y de volverse invisible. El búho gigante que suelta la culebra sobre el cuerpo de Montúfar no es entonces una imagen suelta del narrador sino la forma en que esta zona del Caribe piensa la relación entre la bruja y el ave nocturna. El artículo atribuye además ese legado al mestizaje colonial entre indígenas, españoles y afrodescendientes, que es la capa donde este relato vive.
- Análisis retórico de las composiciones del género musical vallenato originario o juglar, en «Correspondencias & análisis», n.º 19
scielo.org.pe
Da el marco que convierte esta muerte en algo más que una anécdota de brujería. En su apartado «De juglares y leyendas» establece que el género se piensa a sí mismo a partir de un duelo ganado contra el mal: «Francisco Moscote (1850-1853), llamado popularmente Francisco el Hombre, un campesino que en medio de la noche regresaba a su pueblo, se enfrentó al ángel del mal en un duelo de acordeones y venció». Describe además al juglar como campesino humilde, defensor de lo local y portador de las creencias de su región. Montúfar es la pieza que falta en ese esquema: el mismo oficio, el mismo adversario y el resultado contrario, y por eso su relato sólo se entiende al lado del otro.
- Mitos y Leyendas, página institucional de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata
festivalvallenato.com
Trae la versión oficial del relato con el que esta historia forma pareja, y hay que leerla completa para medir la distancia. En su «Leyenda Francisco El Hombre» el juglar vuelve de una parranda de varios días montado en su burro, otro acordeón lo desafía, el rival resulta ser Satanás, se sienta sobre las raíces de un árbol y con sus notas «hizo apagar la luna y todas las estrellas»; Francisco devuelve la luz tocando, clama a Dios, entona el credo al revés y el demonio huye «con su acordeón a rastras». La misma página inventaria los seres del valle —ánimas, doroy, llorona, monitos, gallina con pollitos— y recoge la creencia de que hay quienes celebran pactos con el diablo a medianoche en jueves o viernes santo. Es el repertorio dentro del cual el castigo de Montúfar resulta legible.
- Personajes míticos del folclor vallenato
panoramacultural.com.co
Es la variante que más se aparta y sirve para ver qué se pierde al resumir. Presenta a Montúfar como «el ejemplo contrario a Francisco el hombre: el del músico batido por el diablo», acepta la duda entre Pueblo Nuevo de Valencia de Jesús y Rincón de Oro, y describe a Dolores Escalona como «una mujer que repartía brebajes mágicos como si de cartas se tratara», sin llamarla bruja, sin atribuirle autoridad de Satanás y sin la escena de la amenaza pública. Y separa explícitamente a Quin Vásquez, «nacido en Valencia de Jesús, mensajero y hechicero en su tiempo libre», con su cajero desconocido, en un caso aparte. Declara además de dónde saca el material: de la columna «La narrativa de Nondo».
- Música, cultura y tradición: el esplendoroso folclor de Valledupar
panoramacultural.com.co
Registra una tercera manera de repartir los papeles: escribe que Montúfar «perdió la vida frente al mismo diablo convertido en mujer, por denigrar con uno de sus cantos a las mujeres de la localidad de los Venados, en presencia de la bruja Dolores Escalona». El diablo y la bruja quedan aquí como dos figuras distintas, y ella pasa de ejecutora a testigo. Es también el único de los textos consultables que declara sus fuentes: Gutiérrez Hinojosa (1992), Quiroz Otero (1983), Bermúdez (2004) y Martín Barbero (1998), lo que permite rastrear de dónde viene la versión que circula.
- Relatos de juglares vallenatos que enfrentaron al diablo
contextomedia.com
Documenta el segundo paralelo de Similitudes, que es el adversario de piquería del propio Montúfar. Reúne cuatro juglares con historia de diablo —Francisco el Hombre, Luis Pitre, Pedro Nolasco Martínez Muñoz y Pacho Rada— y muestra que sobre Luis Pitre (1868-1948), nacido en Fonseca, la tradición oral no se pone de acuerdo: unos lo hacen vencedor del duelo nocturno y otros lo llaman «el diablo» por su color y su manera de tocar. El rival que la tesis de la Universidad del Norte registra para Montúfar aparece así dentro de la misma familia de relatos, y en una posición ambigua que ninguna de las otras figuras tiene. Aporta además el caso de Pedro Nolasco, cuya historia pasó a la prensa en 1940 por la pluma de Antonio Brugés Carmona.
- Cultura vallenata, origen, teoría, pruebas (reseña del libro de Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa), El Tiempo, 23 de mayo de 1992
eltiempo.com
Es lo único consultable que describe por dentro el libro donde está registrada la copla de Montúfar y que no se pudo abrir. Fechada el mismo año de su publicación, consigna que son 608 páginas de Plaza y Janés, que el autor trabaja con «elementos de etnología, historia, sociología y antropología del folclor», que recorre épocas y figuras de la música vallenata con semblanzas de compositores e intérpretes —entre ellos Francisco el Hombre, José León Carrillo Mindiola y Abraham Maestre, los mismos nombres de la nómina de primera generación que reproduce la tesis de la Universidad del Norte— y que su materia declarada es la recuperación de la cultura oral. Permite decir qué clase de libro es sin fingir que se leyó.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La Bruja del Trinche» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La Bruja del Trinche» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La Bruja del Trinche» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








