
Andina · Mestizo
La Bruja del Tranvía
Una carta ficticia cuenta que Ezequiel subió a un tranvía blanco, encontró a una mujer misteriosa y desapareció de la ciudad.
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El relato
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Escribió la despedida a máquina. Lo explicó en la primera línea, casi pidiendo disculpas: que su letra parecía caligrafía de médico y que ella se lo había dicho en repetidas ocasiones, de modo que más valía el tecleo lento y las teclas duras. Se iba para siempre. De la ciudad. Del tráfico. De las mentiras vestidas con corbata y traje sastre de seis salarios mínimos mensuales. Llevaba años redactando contratos ajenos y se despedía redactando el suyo.
No había dormido en casa esa noche, y lo puso por escrito sin adornarlo.
El encuentro fue en la madrugada, y empezó por el vehículo. Primero vio el tranvía, blanco como la ballena de la historia de Moby Dick, parado en una calle que a esa hora no llevaba a ninguna parte. Después la vio a ella. La mujer le sonrió y él subió al viejo vehículo sin preguntar nada, que es lo que se hace a esa hora y con esa clase de sonrisa.
No supo cuánto tiempo estuvo recorriendo el infinito o la nada.
Ella le contó quién había sido: una mujer de sociedad que sabía de química y de botánica, y a la que mataron acusada de brujería en el que fue, posiblemente, el último y más secreto juicio que hizo la iglesia, en 1948. Lo dijo sin rencor, como quien da una dirección antigua.
Después le explicó por qué lo había escogido a él y no a otro de los que iban por la calle a esa hora: por lo que ella llamaba un brillo luminoso en los ojos y en el pecho. No le ofreció ninguna poción. Le dio otra cosa: que pudiera recordar la felicidad cada vez que quisiera, y que su alma no tuviera tristeza. Eso fue todo el trato, y no hubo firma ni precio.
En la ciudad se cuenta que hace esto con cierta gente, escogida por tener buen corazón: los sube a su tranvía blanco, los lleva a dar una vuelta y no los rapta, los devuelve a la calle con una sonrisa bellísima y una paz que ya no los abandona nunca. Se le atribuyen además dos frascos que parecen de otro repertorio: uno con un líquido verdoso para recuperar relojes de pulso robados, y otro con cerveza que se renueva sola y no se acaba, dedicada a los borrachos que la saludan con fina cortesía.
El hombre terminó su carta, la dejó sobre el escritorio y escribió al final lo que pensaba hacer enseguida: caminar hacia el norte y no volver jamás a esta ciudad. No hay testigo del resto. La carta se acaba justo donde empieza la ausencia.

La enseñanza
“Un don que sólo sirve para recordar la felicidad basta para dejarlo todo atrás.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.5981° · -74.0758°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
- Referencias
- 8
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «La Bruja del Tranvía», pp. 41-42
archive.org
Es el registro de esta ficha y, al mismo tiempo, la prueba de que no hay tradición detrás. El capítulo no narra: presenta una carta mecanografiada hallada sobre el escritorio de un abogado el mismo día en que desaparece, con una cabecera en cursiva impresa encima del documento que fija fecha —4 de octubre de 2002—, ciudad y nombre. Quien escribe explica por qué usa máquina y no pantalla: es una despedida y el gesto anticuado forma parte de ella. La carta es antes una ruptura conyugal y de clase que un relato de espantos: el remitente abandona a su pareja, la ciudad y su oficio de abogado de contratos. El encuentro ocurre de madrugada y empieza por el vehículo, no por la mujer —primero el tranvía blanco, después ella—. La biografía de la aparición la cuenta ella misma: mujer de sociedad, química y botánica, ejecutada por brujería en un juicio eclesiástico fechado en 1948. Y el don no es pócima ni maldición sino la facultad de recordar la felicidad a voluntad, concedida a quien tenga «un brillo en los ojos y en el pecho». El texto se cierra con la desaparición anunciada y firmada, sin desenlace ni testigo. Dos fichas marginales manuscritas, que son voz del libro y no de la carta, añaden el modo de operar de la aparición y dos frascos con brebajes cómicos: es la única parte del capítulo que la convierte en personaje de repertorio. Y la introducción del propio volumen, en las pp. VI-VII, declara que se sitúa entre lo real y lo imaginario y que no pertenece al terreno de lo histórico.
- Tranvía municipal de Bogotá. Desarrollo y transición al sistema de buses municipal, 1884-1951
bffrepositorio.unal.edu.co
Es lo que hace visible el anacronismo sobre el que descansa la pieza, y de paso la explica. Documenta el sistema entero —el tranvía de mulas desde 1884, la electrificación, las rutas del centro y de Chapinero, los planos de 1940 a abril de 1948, la quema de vehículos del 9 de abril de 1948 y el desmonte hasta 1951— y con eso fija el dato decisivo: en 2002, fecha interna de la carta, en Bogotá no circulaba ningún tranvía, y no circulaba desde hacía medio siglo. La aparición no viaja en un vehículo antiguo sino en uno que ya no existe, y esa es la condición del relato: un tranvía blanco de madrugada sólo puede ser una aparición porque el sistema está muerto. La tesis documenta además cuándo y cómo murió.
- El tranvía de Bogotá, 1882-1951
scielo.org.co
Sostiene el segundo paralelo de la ficha, que es de infraestructura y no de literatura. Sigue el negocio del tranvía desde la concesión hasta su liquidación en 1951: la propiedad, las tarifas, las líneas, los conflictos con el Concejo y el reemplazo por buses. Lo que la ficha usa de aquí es el final: un sistema de transporte que se desmonta no se va del todo, se queda como escenario disponible, y la ciudad le sigue colgando personajes. El mismo vehículo desaparecido sostiene otra figura del repertorio bogotano, el llamado bobo del tranvía, y la coincidencia no es casual: el tranvía es el único medio de transporte de la ciudad que existe sólo en la memoria, y por eso es el lugar donde caben los que ya no están.
Contraste y contexto · 5 referencias
- Fantasmas de ciudad: fantasmas en La Candelaria (colección «Memorias de la Ciudad», n.º 1)
repositorio.biblored.gov.co
Sirve de contraste y de corrección. Contraste, porque es lo que la pieza de 2004 imita y no es: aquí hay una vecina que narra, direcciones impresas, informantes con nombre —doña Carmen Domínguez— y un archivo público que declara transcribir literalmente; frente a eso, la carta de un abogado inexistente muestra por oposición lo que le falta. Y corrección, porque contiene el único relato bogotano de condena por brujería que el repertorio conserva con fecha creíble: el de Baltazar (p. 24), que nace de una condena del Santo Oficio contra una sirvienta y sitúa la hoguera en la Calle del Divorcio, es decir, en el orden colonial y no en 1948. Con esa página al lado se ve que el juicio eclesiástico que la carta fecha en pleno siglo XX no pertenece a ninguna tradición, sino al artificio del volumen de 2004.
- Fantasmagorías bogotanas: invención y producción de fantasmas en la Candelaria
colombianistas.org
Es el marco que permite tratar esta ficha sin fingir que hay tradición donde hay autoría. Estudia el repertorio fantasmal bogotano como una producción —inclusiones, exclusiones, objetos instalados, relatos recortados para que funcionen en un circuito— y no como una supervivencia. Aplicado aquí, explica por qué una pieza escrita en 2004 por un equipo editorial pudo entrar en veinte años al corpus de leyendas de la ciudad y circular como testimonio: el circuito no exige procedencia, exige que el relato funcione. Y da la herramienta para decir qué se perdió en el camino, que es precisamente la firma: lo que el libro presentaba como artificio declarado, la circulación lo devolvió como creencia anónima.
- «Con notable daño del buen servicio»: sobre la locura femenina en la primera mitad del siglo XX en Bogotá
scielo.org.co
Documenta qué le pasaba de verdad, en la Bogotá que la carta evoca, a una mujer señalada por saber demasiado o por comportarse fuera de norma. Sobre documentos institucionales e informes médicos del Asilo de Locas, muestra que en la primera mitad del siglo XX la ciudad no quemaba brujas: internaba mujeres, por vía administrativa y con criterios sociales antes que clínicos, en establecimientos de la Junta General de la Beneficencia de Cundinamarca. Esa es la corrección exacta que la ficha necesita frente al juicio eclesiástico de 1948 que la pieza inventa: el aparato que castigaba a la mujer sabia en esa década existía, tenía nombre y no era un tribunal de fe. La sustitución de uno por otro es lo que delata la mano del autor.
- Calles de Santafé de Bogotá: homenaje en su IV centenario, 1938
babel.banrepcultural.org
Se cita por lo que hace evidente al ponerse al lado de la carta: que esta pieza no tiene lugar. La obra recorre la ciudad calle por calle y barrio por barrio, con los nombres viejos, las esquinas y los recorridos que sostienen todos los demás relatos del ciclo —la Calle de Russi, la calle de Piedra Ancha, el atrio de La Veracruz, la Calle del Divorcio—, y demuestra hasta qué punto una leyenda bogotana se reconoce por su dirección. La carta de 2004 no da ninguna: sólo «la ciudad de Bogotá» y, al final, una dirección de fuga, «caminaré hacia el norte». En un corpus donde el lugar es la prueba, la ausencia de lugar es el dato.
- La Candelaria: el centro histórico de Santafé de Bogotá
idpc.gov.co
Da la ciudad de madrugada que la pieza necesita y no describe. Reconstruye el tejido urbano del centro histórico, sus calles y sus espacios públicos, y documenta el despoblamiento que dejó ese casco vacío por las noches: la moda que se va a San Victorino, después a La Merced, a Teusaquillo y a Chapinero, hasta dejar un centro de casas viejas por el que a las tres de la mañana no pasa nadie. Esa ciudad desocupada es la condición de todo el repertorio nocturno bogotano y también de esta carta, donde un hombre camina solo de madrugada y encuentra un vehículo imposible sin que haya un solo testigo. La obra documenta además el corredor de la carrera séptima por donde el tranvía circulaba y que el relato da por escenario sin nombrarlo.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La Bruja del Tranvía» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La Bruja del Tranvía» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La Bruja del Tranvía» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








