En la Vereda de El Carmen, un lugar donde el tiempo y la realidad coexisten en un abrazo inexplicable, cuenta el pueblo que hay una mujer que, en noches de lluvia y destino, aparece vestida de elegancia y misterio. Así la vi yo, una noche de noviembre, cuando el país se desgarraba bajo el cielo encapotado de 1985. Aquel día, una monarquía civil se estableció sobre las cenizas de una justicia evaporada, y mientras el país gemía, yo subía por el camino tortuoso en mi viejo campero "Viasa".
La vi caminando con una seguridad que desafiaba a los elementos. Sus tacones no trastabillaban sobre las piedras del sendero embarrado, y su cabello, de color trigo, permanecía seco y reluciente bajo el impetuoso aguacero. Parecía una aparición de otro mundo, un destello de la eterna capital trasladado a los recovecos de las montañas.
Me acerqué en el vehículo, las luces revelando unos torneados y morados pantorrillas, y la invité a subir. Al hacerlo, el campero se inclinó peligrosamente, como si hubiera recibido el peso de un destino entero. No vi su cara, su voz era una caricia del viento, y su presencia era el eco de secretos ancestrales.
Cuando llegamos al borde de un profundo abismo, me pide detenerme. No había camino, solo el vacío, y su despedida fue una promesa de esperar siempre. Con ojos del color de la miel, una lágrima suya cayó al río, resonando como una gran catarata. Así cómo el amor en el despertar, me encendió unas heridas que no sabía que tenía, y desde entonces, una obsesión por aquel misterio se instauró en mi ser.
Desde aquel evento, mi vida se convirtió en una búsqueda. Noche tras noche de lluvia, volvía al mismo lugar, en la esperanza de hallar de nuevo esos ojos de miel. Mis ansias se tornaron en una angustia que otros llamarían locura, hasta que una noche Pascual, un conocedor de historias y de los ancestrales susurros de la selva, me encontró en medio de mi obsesión.
Aquella noche me contó de la Bruja de los Ojos de Miel, una leyenda que se entretejía como una telaraña con el tiempo y los lugares. Nació en 1856, en Santa Fé, con un don que era a la vez un castigo: sus ojos inspiraban amor eterno pero también desesperación. En sus andanzas, un viajero de nombre Miguel fue el único inmune a su mirada, lo cual solo incrementó su penosa odisea de buscar reciprocidad.
Anhelando paz, llegó a estas tierras desconocidas, buscando un alivio para su corazón cansado. Aquí, encontró a "Amanecer", un ser que encendió su leña dormida y juntos, entre el fuego de sus corazones, vivieron un amor breve pero consumado. Cuando "Amanecer" desapareció, probablemente devorado por la manigua del destino inexorable, "Ojos de Miel" comenzó a vagar de nuevo, convertida ahora en el reflejo de un deseo y un hechizo inacabable, apareciendo solo a aquellos que, como yo, estaban preparados para ser tocados por su amor desbordante y atormentado.
Con el relato de Pascual llegué a comprender que mi encuentro no había sido casualidad. Era un puente, una grieta entre lo tangible y lo ilusorio, donde la pasión se vuelve tangible solo en el resplandor ambiente de un abismo. Desde entonces, la ansiedad se disipó y mis noches de espera se transformaron en resignación serena, mientras la melodía de la historia –de sus ojos de miel y mi alma– continuaba resonando, como lo hace una canción eterna en los recovecos de un corazón hambriento.
Historia
El mito del "Bruja de los Ojos de Miel" tiene su origen en la historia de una mujer nacida el 27 de enero de 1856 en Santa Fé. Esta mujer, conocida por tener los ojos más hermosos y atrayentes de la tierra, provocaba una pasión desenfrenada en todos los hombres que cruzaban su mirada. Para evitar los disturbios causados por su belleza, sus padres viajaron a través de diversos lugares, pero los problemas persistieron.
La familia eventualmente se estableció en una hacienda llamada "El Zacatón" en los llanos, en tierras que pertenecían a la región de Villavicencio, fundada en 1840. En el año 1874, esta mujer, conocida como "Ojos de Miel", encontró su primer amor con un hombre llamado Miguel, que era inmunemente a su encanto. Sin embargo, después de 12 años, Miguel la abandonó, buscando a "Ojos de Miel" no por amor, sino por el ego de sentirse amado por una mujer tan deseada.
En medio de su dolor y deseo de escapar de los problemas provocados por su belleza, "Ojos de Miel" partió sola una noche de lluvia en 1884, vagando por las montañas hasta llegar a un lugar en lo que hoy se conoce como la Vereda El Carmen. Allí, ella encontró a un ser que entendió su soledad y temor, conocido como "Amanecer". Se amaron locamente, pero años más tarde, en 1906, "Amanecer" desapareció misteriosamente.
Desde entonces, "Ojos de Miel" se convirtió en un espíritu que aparece en noches de lluvia a quienes sufren de amor en esa región. La leyenda concluye que quienes ven a "Ojos de Miel" y escuchan su historia pueden liberarse de su encuentro siguiendo un ritual especial, como el que Pascual relata a Sanín en la historia.
Esta leyenda mezcla elementos del amor no correspondido, la belleza trágica, y la naturaleza envolvente, dando lugar al mito que aún asombra y cautiva a aquellos que se encuentran con este misterioso espíritu en las noches lluviosas.
Versiones
Este texto complejo, rico en simbolismo y narración, presenta una leyenda envolvente que combina elementos históricos, mágicos y psicológicos, centrada en la figura misteriosa de la mujer "Ojos de Miel". Una versión del mito se centra en la experiencia personal del narrador, quien se encuentra con esta figura en un día lluvioso mientras conduce, destacando el impacto emocional y físico que ella produce. La figura de la mujer es cargada de simbolismo; su extraordinaria presencia desafía las leyes de la física, representando tanto una carga emocional como un enigma que despierta obsesiones y deseos profundos en el narrador. El peso metafórico que se traduce en el vehículo inclinándose al costado de la mujer sugiere un peso emocional y espiritual significativo, evocando una dimensión sobrenatural de la experiencia.
La otra versión amplía la narración al incluir el contexto histórico y social, brindando antecedentes sobre "Ojos de Miel" y su vida en el siglo XIX. Introduce un trasfondo detallado sobre la vida y los amores no correspondidos de este personaje, acentuando las trágicas consecuencias de su apariencia encantadora en su entorno. Relata cómo su destino la lleva a vagar sin rumbo, cargada de un amor no correspondido que se refleja en las interacciones sobrenaturales del presente. Esta versión conecta su historia de amor con un contexto más amplio, como el desarrollo de Villavicencio, y ofrece una explicación sobrenatural para su aparición en noches lluviosas, vinculado con rituales y connotaciones esotéricas (como el "contra"). Ambas versiones, aunque interconectadas, presentan diferentes perspectivas del mito: una desde la experiencia vivencial y casi alucinatoria del encuentro, y otra desde una narrativa histórica que construye un entorno para el fenómeno inexplicable que "Ojos de Miel" representa.
Lección
El amor puede ser tanto una bendición como una maldición.
Similitudes
Se asemeja al mito griego de las sirenas, que atraen a los hombres con su belleza, y al mito japonés de Yuki-onna, que aparece en noches nevadas.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



