La barbacoa del muerto

Andina · Mestizo

La barbacoa del muerto

Una camilla de guadua cruza caminos nocturnos; tres versiones explican la carga mediante avaricia, promesas incumplidas o falta de solidaridad.

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El relato

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Una noche en El Calzo, después de la cena, don Vicente dijo que ya debía ser tiempo de la barbacoa, y la abuela le dio la razón. Doña Pura contó que su papá se la había encontrado una noche, volviendo del pueblo. Los niños pidieron que se la contaran.

—Voy a contarles —dijo la abuela—, pero no se asusten, niños, porque la barbacoa no entra a las casas.

Hace ya mucho tiempo, un señor muy enfermo hizo la promesa de ir a visitar a la Virgen de Chiquinquirá para que lo curara. Se hizo llevar en guando, una camilla que cargaban varios peones. Al llegar a una lomita desde donde se divisaba el santuario, se sintió curado de golpe. Se levantó y les dijo a sus hombres que ya no había para qué seguir. Y a pesar de los ruegos de los peones, se volvió a su tierra sin darle las gracias a la Virgen. Poco tiempo después se murió, casi de repente.

Desde entonces, cuando llegan las romerías a Chiquinquirá, sale la barbacoa por los caminos. La barbacoa es un cañizo angosto, hecho de varas delgadas amarradas con bejucos, en el que la gente del campo lleva a sus muertos al pueblo para enterrarlos en sagrado. Los que se la han encontrado dicen que ven a cuatro hombres sin cabeza que cargan a un muerto cubierto; que caminan muy aprisa, casi por el aire, y que se oye chirriar el cañizo.

—Y es que toda promesa hay que cumplirla —dijo la abuela—, porque con Dios y la Virgen no se juega.

Don Vicente dijo que, con todo lo que había caminado de noche, nunca se había encontrado con ese espanto. La abuela contó entonces que, cuando era muchacha, estando en casa de unos parientes, su tío la vio venir desde la ventana y la llamó: «Nativa, venga a ver la barbacoa». Ella no quiso levantarse, pero oyó los chirridos al pasar el muerto frente a la ventana.

También pasa por los pueblos, por todos los lugares por donde transitan los romeros. En el pueblo de la abuela, una noche de baile, del lado de El Chorro, uno de los señores salió hasta la esquina a buscar una tienda abierta para comprar tabacos, y vio venir la barbacoa. Volvió corriendo, abrió la puerta de un empellón y cayó privado del susto en la sala. En ese momento la barbacoa pasó frente a la casa; todos la vieron, y desapareció al final de la calle. Ahí se acabó la fiesta.

La abuela se santiguó, pidió que Dios los favoreciera y mandó a todos a acostarse. Esa noche los niños durmieron inquietos.

La barbacoa del muerto: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una promesa que se olvida cuando pasa el apuro puede seguir caminando mucho después de uno.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.75° · -74.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato está en «Veladas campesinas. La Barbacoa — El Trapiche Ardiendo», un capítulo de Folclor santandereano de Juan de Dios Arias, publicado en 1954 en la Biblioteca Santander (vol. XXIV, t. II, Bucaramanga). Eugenia Villa Posse lo reprodujo en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito, 1993), sección 19, «Narraciones del folclor · Santander», pp. 131-134.

Arias lo cuenta como recuerdo de infancia. La escena es una velada en la finca El Calzo, en la provincia de Guanentá, después de la cena, y la narradora es su abuela materna, a la que su tío llamaba Nativa; conversan don Vicente, «el compadre», y doña Pura, que cuenta que su padre se encontró la barbacoa volviendo del pueblo. La abuela la oyó pasar de muchacha, en casa de unos parientes, y cuenta además lo que pasó en su pueblo, del lado de El Chorro, una noche de baile.

El relato gira en torno a la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia, y a las romerías que cada año llegan a su santuario en Boyacá desde Santander y el resto del país. La barbacoa del título es una camilla fúnebre campesina, y el espanto aparece en los caminos de los romeros. Por eso el espanto pertenece a los caminos que unen Santander con Boyacá, más que a un solo pueblo.

Resonancias con otros mitos

El pariente más cercano es el Guango del Tolima, que Misael Devia registró en su Folclor tolimense: un guando fúnebre que se ve por los caminos, cargado por muertos, que castiga a los vivos que no quisieron cargar a sus difuntos. Las dos historias usan el mismo instrumento del entierro campesino, la camilla de varas, y la vuelven espanto. En Santander la falta es con la Virgen; en el Tolima, con los muertos.

La promesa incumplida a un santuario es un motivo muy común en la religiosidad popular colombiana. La Virgen de Chiquinquirá, a la que el señor del relato no da las gracias, es la misma a la que llegan cada año las romerías de Santander y Boyacá por los caminos donde sale la barbacoa. El castigo sigue la ruta de la devoción.

Y los cuatro cargadores sin cabeza pertenecen a la familia de los espantos acéfalos del mundo hispánico, como el fraile sin cabeza que el libro de Baquero Nariño cuenta entre los mitos andinos llevados al piedemonte llanero. En los dos casos, la falta de cabeza marca a los que ya no son de este mundo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto de Arias es el único con narradores y lugares. En él la barbacoa es un castigo concreto: el señor que no le agradeció a la Virgen su curación, y desde entonces el cortejo de cuatro hombres sin cabeza que sale en tiempo de romerías.

  2. El libro de 2004 Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, que se declara «recopilación de documentos imaginarios», trae una «Barbacoa del Muerto» en sus pp. 77-78, en la que un tal Anselmo Santamaría y una médium, Sara Tustra, la encuentran en el camino de Santa Rita. Los personajes y la escena son composición del libro; lo que conserva de la tradición es la camilla fúnebre que pasa sola por el camino.

  3. En el Tolima, Misael Devia recogió en 1962 un espanto con el mismo vehículo: el Guango, o guando, el cortejo fúnebre que cargan los muertos por los caminos y que castiga a quien se niega a cargar a sus difuntos. Allí la falta es otra, pero el guando, los cargadores y el camino de noche son los mismos.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Andina
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II (sección 20, Mitos del Tolima: Misael Devia, «Folclor tolimense», 1962)

    flacso.edu.ec

    Texto de Juan de Dios Arias, «Veladas campesinas. La Barbacoa», de Folclor santandereano (1954), en la sección 19, pp. 131-134: la velada de El Calzo, la abuela Nativa, el señor que no agradeció a la Virgen de Chiquinquirá y los cuatro hombres sin cabeza.

  2. Folclor santandereano

    ellibrototal.com

    Edición digital de Folclor santandereano de Juan de Dios Arias, la obra de donde sale el relato.

  3. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Trae una «Barbacoa del Muerto» en sus pp. 77-78, con personajes inventados en el camino de Santa Rita.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Registra el Guango o guando del Tolima (pp. 75-77), el cortejo fúnebre que castiga a quien no carga a sus muertos, el paralelo de Similitudes.

  2. Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero

    babel.banrepcultural.org

    Nombra al Fraile sin cabeza entre los mitos andinos llevados al piedemonte llanero, el espanto acéfalo que compara Similitudes.

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«La barbacoa del muerto» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La barbacoa del muerto» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La barbacoa del muerto» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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