La aparición de los primeros seres humanos

Andina · Muiscas

La aparición de los primeros seres humanos

En un mundo todavía oscuro, Sogamoso y Ramiriquí modelaron seres de tierra amarilla y tallos huecos; la humanidad empezó a buscarse con las manos y la voz.

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El relato

Cuando la tierra todavía estaba a oscuras, dos caciques la recorrían sin apurarse: Sogamoso y su sobrino Ramiriquí. El suelo, las aguas y las plantas ya existían, pero no había nadie más con quien compartirlos.

Los dos decidieron que debía haber otras personas.

Buscaron una tierra amarilla que pudiera sostenerse entre los dedos. La humedecieron y empezaron a modelarla. Fueron formando piernas capaces de subir lomas, manos para el trabajo y rostros que algún día podrían mirarse. Como no había luz, reconocían cada figura por el tacto: el hombro, la nuca, los dedos recién hechos.

Para hacer otros cuerpos cortaron tallos altos y huecos. Los doblaron con cuidado y entrelazaron sus fibras. Eran ligeros, pero se mantenían en pie. El aire atravesaba su interior y producía un sonido suave, parecido a un suspiro.

Las figuras esperaron inmóviles en la oscuridad.

Entonces recibieron aliento.

Primero se movió una mano de barro. Después un pie dejó una huella húmeda. Los cuerpos de tallos se inclinaron con el viento y volvieron a enderezarse. Uno a uno, todos comenzaron a respirar.

No podían verse, pero se escuchaban.

—¿Dónde estás? —preguntó una voz.

Otra respondió desde muy cerca. Las personas extendieron los brazos hasta encontrarse. Aprendieron los contornos de los demás con las manos y supieron distinguir el barro tibio de las fibras flexibles.

Caminaron por el territorio. Algunas siguieron el rumor del agua. Otras encontraron las montañas al tocar sus pendientes. Cuando alguien se alejaba demasiado, llamaba, y las voces de las demás le indicaban el regreso.

Sogamoso y Ramiriquí oyeron cómo la soledad desaparecía. Ya no había solo dos pasos: había muchos. Ya no hablaban únicamente tío y sobrino: las preguntas y las risas viajaban por la noche.

Faltaba algo, sin embargo. Los nuevos seres conocían el mundo por su temperatura, por sus sonidos y por la forma de las cosas bajo los dedos, pero no sabían cómo eran los rostros que tocaban.

Ramiriquí levantó la cabeza hacia la oscuridad. Sogamoso comprendió lo mismo.

Pero esa noche aún no terminaba. Bajo el cielo sin astros, las figuras seguían buscándose, llamándose, aprendiendo a ser muchos. La tierra amarilla guardaba las huellas húmedas de sus primeros pasos, y los tallos huecos, que ya no eran tallos sino personas, se mecían con la respiración de los que dormían.

La aparición de los primeros seres humanos: lo que quedó del relato

La enseñanza

Toda humanidad comienza no al ser formada, sino al escuchar y responder a otra voz.

Territorio

Andina · Muiscas

Andina · Muiscas

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Muiscas
Referencia
5.7143° · -72.927°

Contexto histórico

La noticia más antigua de este episodio está en las Noticias historiales de Fray Pedro Simón (1627). Dentro de la provincia de Tunja, el cronista registra que cuando «amaneció» ya existían cielos, tierra y todo lo demás, salvo el sol y la luna; todo estaba en oscuridades y solo vivían el cacique de Sogamoso y el de Ramiriquí o Tunja. Esos dos caciques, dice Simón, «hicieron todas las personas: a los hombres de tierra amarilla y a las mujeres de una yerba alta que tiene el tronco hueco». La compilación de Eugenia Villa Posse (1993) reproduce el pasaje y lo distingue con claridad del mito de Bachué: aquí la humanidad no nace de una laguna ni desciende de una pareja acuática, sino que es modelada por dos varones emparentados sobre la superficie de la tierra.

Dentro del corpus muisca es la respuesta más artesanal al origen humano: los cuerpos se fabrican con dos materias del altiplano, mineral y vegetal, en la penumbra previa a los astros. La escena continúa con la subida de los caciques al cielo como sol y luna, motivo que esta página deja para El Sol y la Luna. La antropogonía muisca no es única: convive con la salida de Bachué de Iguaque, con relatos de aguas y con otras tradiciones del Nuevo Reino. Esa pluralidad advierte contra leer este fragmento como doctrina uniforme de todas las comunidades.

El pasaje llega doblado por la pluma de un fraile evangelizador y por ediciones republicanas. No se conserva una versión en muysccubun ni el nombre de sus narradores. La lectura editorial lo trata como un relato de compañía: la humanidad aparece cuando la soledad deja de ser absoluta y las voces empiezan a responderse en la oscuridad.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Muiscas, Andina · Andina > Varios > Muiscas.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Última revisión: 19 de agosto de 2026Aportar o corregir una fuente

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