AndinaMuiscasBachué

La aparición del hombre

Descubre cómo Bachué y su hijo emergen de la laguna en un relato sobre el origen de la humanidad en las regiones boyacenses de Colombia.

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Ilustración de La aparición del hombre

En un tiempo inmemorial, antes del nacimiento del hombre, el mundo florecía en una riqueza desbordante de vida y misterio. Había bosques que cantaban con el viento, ríos que recorrían las entrañas de las montañas como venas de la Tierra, y llanuras que se extendían hasta donde la vista podía alcanzar, teñidas de un verde esmeralda que reflejaba la luz de un sol dorado. En este mundo prolífico, los animales convivían en una armonía instituida por el susurro del aire, mientras los insectos tejían una orquestación de zumbidos, tejiendo alfombras sonoras entre las hojas y las piedras.

Pero pese a la exuberante sinfonía de la naturaleza, un vacío perduraba; la Tierra esperaba a sus guardianes, a las criaturas que completarían su abrazo vital. Dice la leyenda que sobre el gran lago de Iguaque, dormido en el corazón de una imponente montaña, ocurrió algo extraordinario cuando el firmamento aún era joven y la creación incipiente.

Era el amanecer de un día en el que el viento traía consigo un mensaje que revoloteaba entre el júbilo y el presagio, hiriendo el aire con una entonación melodiosa, pero que guardaba en su seno la augura de un suceso formidable. Las bestias de los campos y las aves del cielo volvieron sus atentas miradas hacia el lago, cuyas aguas temblaban bajo una luz que parecía brotar de su profundidad, una luz viva, Chiminigagua, el origen y creador de todo lo que existe.

Bajo esta luminiscencia, el lago se agitó hasta que su superficie comenzó a arremolinarse. Y de esa profusión de reflejos y espuma emergió una forma, primero vagamente, después nítidamente, hasta verter en la realidad a una majestuosa mujer de piel morena, coronada de cabellos ondeantes como el río, llevando de su mano a un niño cuyo cabello liso y ojos negros miraban asombrados un mundo desconocido. Su nombre era Bachué.

Bachué y aquel niño, en el misterio de su idilio, comenzaron a descender de la montaña hacia donde hoy se encuentra el pueblo de Iguaque, guiados por aquel paisaje de colinas y mesetas salpicado de vida en todas sus formas. Construyeron una morada de paja y lianas, un refugio efímero que daba cobijo a la paz de los días y los sueños de un futuro floreciente. La infancia de aquel niño se deshizo suavemente en la juventud, y al llegar este tiempo, él y Bachué unieron sus vidas en sagrado enlace, un amor antiguo como el destino, entrelazado en la urdimbre del universo.

De su unión brotó la vida que antes faltara, engendrando una descendencia que se esparció por las tierras. Cada hijo fue un nuevo brote en el vasto jardín de la humanidad, y Bachué, junto con su compañero, se encargó de poblar el mundo, alumbrando nuevas generaciones que se dispersaron como semillas en el viento, fundando aldeas y ciudades que saludaban al cielo con su existencia palpitante.

Pasaron los años, y los pueblos en las barrigas de las colinas, en las suaves ondulaciones de las llanuras, comenzaron a resonar con la fuerza del legado de Bachué y su esposo. Sin embargo, al llegar al cenit de su labor, la primera pareja sintió que sus espíritu había completado su mandato encomendado por Chiminigagua. Y su sabiduría, como debía ser, se esparció en consejos sobre la paz y el amor, que calaron hondo en las almas que escuchaban con el corazón abierto al futuro.

Así, Bachué y su esposo, ancianos pero llenos de la juventud de aquel propósito cumplido, regresaron a las orillas del lago de Iguaque. Sus cuerpos, que habían sido tan humanos como cualquier otro, se transformaron bajo el asombro y la tristeza de sus hijos, en dos grandes serpientes, guardianas de las aguas y del tiempo que ahora se disolvían en sus misteriosas profundidades.

El mundo, desde entonces, guardó siempre en su memoria este ciclo de creación y retorno, una danza de vida y transmutación que sigue resonando en el cauce de las leyendas y en el murmullo de las montañas. Aunque Bachué y quienes la acompañaron en su viaje se retiraran a los misterios insondables, su espíritu reside todavía en cada rincón verde de la Tierra, una eterna promesa resguardada en el aliento del viento y el reflejo plata de las aguas.

Historia

El mito tiene su origen en la creación de la humanidad por la figura femenina de Bachué y un niño que emergen de una laguna en lo que ahora son regiones boyacenses de Colombia. Según ambas versiones proporcionadas, un dios o entidad creadora, Chiminiguagua, es responsable de preparar el mundo y es quien hace surgir a esta mujer y al niño de una laguna. En la primera versión, esto ocurre en una laguna cercana al pueblo boyacense de Villa de Leiva, mientras que en la segunda versión, sucede en la laguna de Iguaque, ubicada en una montaña alta. Bachué y el niño, que después se convierte en su esposo, son los progenitores de la humanidad, poblando la Tierra con sus descendientes. Al cumplir su misión, ellos regresan a la laguna transformándose en serpientes y desaparecen en sus aguas.

Versiones

Las dos versiones del mito sobre el origen de la humanidad involucran figuras similares, Bachué y su hijo, así como la intervención del dios Chiminiguagua, pero hay diferencias significativas en la narrativa y los elementos de la creación. En la primera versión, el mundo ya existe y está lleno de naturaleza antes de la aparición de la humanidad. Bachué y su hijo emergen de una laguna cerca de la actual Villa de Leyva, y la narración describe un proceso donde recorren las sabanas y sierras, observando una relación armónica y amigable con el entorno, específicamente con las aves. El foco está sobre el desarrollo de sus progenies en varias regiones, poniendo énfasis en la dispersión gradual de su descendencia, culminando con su transformación en serpientes cuando regresan a la laguna, sugiriendo un ciclo completo de vida y creación.

La segunda versión presenta un inicio cosmogónico donde inicialmente no hay nada salvo una luz, identificada como Chiminiguagua, que lentamente introduce el acto de creación, comenzando desde la formación del aire y las plantas a través de cuatro aves. Bachué y su hijo surgen de la laguna de Iguaque en una narración que carece del dramatismo ambiental presente en la primera versión. El proceso de poblar la tierra es más lineal y directo, sin el enfoque en las interacciones con el entorno. Al final, la transformación de la pareja en grandes serpientes sigue un patrón similar, pero ocurre ante una multitud, enfatizando su rol de líderes espirituales y subrayando una continuidad de enseñanza de valores como la paz y el amor. Así, esta versión recalca más la intervención divina desde la luz y el papel de los ancianos como sabios guías, en lugar de simples progenitores.

Lección

La humanidad nace del amor y debe vivir en armonía con la naturaleza.

Similitudes

Se asemeja al mito de Gaia en la mitología griega y al mito de Pangu en la mitología china, donde la creación del mundo y la humanidad surgen de una figura primordial.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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