Konago y la derrota de la gente jaguar

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Konago y la derrota de la gente jaguar

Konago engaña a sus perseguidores y una cadena de animales pequeños termina derrotando a los jaguares uno por uno.

Leer el relato
Konago y la derrota de la gente jaguar: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

Konago estaba escondido en el hueco de un palo, porque la gente tigre se lo quería comer. Como no podían sacarlo, los tigres empezaron a engañarlo:

—Konago, ¡sal de ahí! Ven a mirar cómo están saliendo dos soles.

Él se asomaba y les contestaba:

—Cuando mi papá vivía sobre la tierra no salían dos soles. ¿Por qué ahora van a salir dos?

Como no lo pudieron sacar con mentiras, se pusieron a hurgar el hueco con una vena de palma milpés. Él estaba parado con las piernas abiertas y la vara pasaba de largo. Konago defecó, y al retirar la vara los tigres la olieron y pensaron que ya se había muerto y podrido. «Tan buena nuestra cacería, pero ya se murió», dijeron, y ahí lo dejaron.

Se vinieron y encontraron en el camino a Jicoizoroma, la lagartija pequeña, y le preguntaron si no había pasado alguien por ahí. Nadie, dijo ella. ¿Y de quién es este rastro? Pues mío. El reptil se acostó en el rastro y su cuerpo estirado daba la medida de la huella. Así los engañó. Siguieron y llegaron donde Yoberoma, el grillo que tiene copete, que estaba a la orilla del camino y contestó que sí, que por ahí habían pasado y lo habían tumbado, y que apenas se estaba levantando.

Siguieron y llegaron donde los micos chichicos. Estaban pelando un palo de chirimoya y, como había quedado liso, jugaban subiendo y bajando por él.

—Sobrinos, ustedes sí que juegan bonito.

—Sí. Nosotros siempre jugamos así. Si quieren pueden jugar también.

Se subió un tigre a rodarse, creyendo que era fácil, y se vino desde allá y se estrelló contra un palo duro y se murió.

Siguieron los demás y llegaron donde Nonocueño, el perico ligero pequeño, que se rodaba por el canal de una palma. Le dijeron que jugaba bonito y que ellos también querían. Como el tigre es muy grande, se atravesó sobre los bordes del canal y rodó por encima; y como esa hoja tiene los bordes cortantes y el tigre era muy pesado, se trozó el cuerpo. Así murió otro.

Siguieron hasta que se encontraron con el venado colorado, que al verlos se convirtió en carroña. ¡Qué buena cacería, y se pudrió aquí!, dijeron. Cogieron la cabeza y se pusieron a ensayar los cachos en su propio cuerpo, chuzándose, y cuando uno se los puso en los ojos el animal revivió, se los espichó y escapó. Ahí quedó otro tigre.

Sólo quedaba uno. Siguió el camino y se encontró con una tortuga que estaba bajando castañas. Ella se ponía patas arriba y pedía: «Fruta de los churucos, ¡cae sobre mí!». Apenas lo decía se hacía a un lado, y la castaña caía sobre un palo de corazón, se reventaba y botaba los frutos. Ese era su alimento.

—¡Qué bonito juegas tú! Yo también voy a pedir a ver si me cae una para comer.

Se puso patas arriba y pidió lo mismo. Desde la copa de aquel árbol altísimo se vino el gran coco repleto de castañas y le cayó en el corazón. De esa manera murió el último tigre. Y dijo la tortuga:

—Bien hecho, así es como terminarán todos los malos que persigan a los demás creyéndose muy poderosos.

Konago y la derrota de la gente jaguar: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien confía sólo en su fuerza termina imitando juegos que no sabe jugar.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo contó la Abuela Filomena Tejada en el río Uyukoe, en diciembre de 1979, y lo tradujeron Rosa Amelia Tejada y el Abuelo Jitoma Zafiama. Es el decimosexto y último capítulo de Las palabras del origen, el compendio que Fernando Urbina Rangel publicó en 2010. Filomena Tejada es la única mujer entre los diez relatores del libro, es la madre de Rosa Amelia y suegra de Jitoma Zafiama, y Urbina la conoció durante su estadía en El Encanto, en el río Caraparaná, en 1979; era tan respetada por su sabiduría que dos años después fue la encargada de pronunciar la endecha ritual en los funerales del Abuelo Belisario. Del repertorio de ella el libro trae dos relatos, éste y el de Guyataiba.

Urbina llama a estas narraciones «relatos de chagra»: lo que las abuelas cuentan a los niños en la chagra o en las horas apacibles después del trabajo, mientras se trenzan pulseras. En su introito discute que a eso haya que llamarlo etnoliteratura u oralitura en lugar de literatura a secas, y lo compara con los cuentos de Tío Conejo y el Tigre que su abuela Dolores y su madre Antonia contaban en Pamplona. Añade una nota sobre el protagonista: konago es una lagartija muy apreciada en las malocas, porque es excelente para controlar las plagas, sobre todo las cucarachas, que anidan en la techumbre de palma.

La gramática del murui que Katarzyna Wojtylak presentó en 2017 confirma las dos cosas que el nombre trae consigo. Registra konago como palabra corriente para lagartija y la usa, sin ninguna relación con este mito, en el ejemplo 5.49: konago omakaɨ tɨkoride, la cola de la lagartija se desprendió sola. Y define el género en que este relato vive: los bakakɨ son narraciones sobre animales míticos, dichas de noche en la maloca durante las reuniones de la tarde, y muchas de ellas tienen moraleja.

Lo que la página no tenía es que este relato está documentado desde mucho antes. Entre los veintiséis textos que Konrad Theodor Preuss recogió en 1914 hay uno, el vigésimo sexto, que su edición de 1994 publica como «Royime, la fiesta de los animales y los jaguares engañados», donde reaparecen la tortuga que hace caer la castaña sobre el pecho del jefe de los jaguares, los micos chichicos cuyo juego mata a otro y el venado que se hace el muerto. Es el mismo repertorio de episodios, sesenta y cinco años antes, en otro río y sin relator con nombre, porque Preuss no nombraba a quienes le dictaban.

Resonancias con otros mitos

Que un animal pequeño derrote al jaguar es común en la selva, y por eso la comparación sólo sirve si se hace con relatos que existan y tengan dueño. El más cercano está en el mismo corpus uitoto: la narración que Preuss recogió en 1914, donde los jaguares mueren uno tras otro imitando juegos ajenos y el último cae por la castaña de la tortuga. Se parecen tanto que se reconocen; y sin embargo allí los jaguares son invitados a una fiesta y aquí son cazadores en un camino, allí sobrevive uno y aquí no sobrevive ninguno.

El segundo paralelo es de género y no de trama. En el Archivo Digital de Lenguas Indígenas de la Amazonia está registrado el cuento de la chucha Jeedo, que narró Vicente Cobete, Koveyɨ, del clan Izɨkɨfoɨ, grabado el 24 de agosto de 1992, con audio, texto en lengua y clasificación explícita como narrativa mitológica. Un cuento breve de animales no es material menor: se archiva con los mismos requisitos de autoría que un relato de origen.

El tercero explica a quién persigue Konago. En la narrativa murui jɨko es a la vez tigre y nombre de clan: el Abuelo Hipólito Candre, que narró en el Igaraparaná la historia de los huérfanos del Sol, pertenecía al jɨkofo kɨnerenɨ, tigre de cananguchal, y en ese relato el devorador Gaimoɨ se convierte en tigre precisamente cuando se come al padre de Jitoma. La gente jaguar no es una manada del monte sino un colectivo dentro del mismo mundo de parientes, y por eso se le puede mentir con palabras. Marco Alejandro Tobón documentó en 2007, con hablantes uitoto del medio Caquetá, que esa manera de clasificar sigue viva: a los actores armados se los nombra rubi o rubiniai, gente de monte, como los tigres, gente que sabe combatir.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Urbina dice en su introito que este cuento tiene muchas variantes, que en todas figura la tortuguita y que en algunas ella es la única. La versión publicada es la cadena que doña Filomena encadenó en 1979, y de esa cadena hay un solo testimonio impreso, en traducción y sin columna en lengua enfrentada.

  2. La variante más antigua que se conoce no es una noticia sino un texto completo: el mito que Preuss recogió en 1914 y que su edición colombiana publica bajo el nombre de Royime, la fiesta de los animales y los jaguares engañados. Allí el marco es otro. Un dueño de fiesta invita a la gente cangrejo, a los caimanes y a los venados colorados, y la cahuana que reparte la hija de la casa es su propia sangre menstrual; los jaguares se comen los huevos de la gente caimán, y por eso los caimanes laman ambil, deciden su muerte y se alían con los venados. De ahí en adelante los episodios coinciden y se van en el mismo orden: un venado se hace carroña y ensarta al jefe de los jaguares en su cornamenta; las charapas puestas boca arriba llaman al fruto emeraki y se voltean a tiempo, mientras el jefe no alcanza a voltearse y el fruto le cae en la cuenca del corazón; los micos chichicos juegan y un jaguar muere imitándolos.

  3. Y ahí mismo se ven las diferencias, que no son de detalle. En la versión de 1914 no hay ningún Konago escondido en el hueco de un palo: el que cae en el hueco de un árbol es un jaguar, después de que una lagartija le hace tocar una flauta mágica que le produce tos, y los suyos lo rescatan. Los animalitos nunuireño se deslizan por la hendidura de una hoja de palma, pero los jaguares no sienten deseo de imitarlos, de modo que el episodio del canal cortante no cobra allí ninguna víctima. Y no mueren todos: uno salva la vida y se va al monte convertido en jaguar rojizo. En el relato de doña Filomena, en cambio, la cadena empieza porque alguien muy pequeño se salva, y termina con la tortuga diciendo en voz alta para qué sirvió.

  4. Preuss leyó su versión desde la luna: la chicha, como fría y fina lluvia y como sangre menstrual de la hija del dueño de la fiesta, sería la representación del diluvio que aparece con la luna obscura. Esa lectura es suya y de la teoría con la que llegó en 1913, no de quienes le dictaron el texto.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. A grammar of Murui (Bue): a Witotoan language from Northwest Amazonia (tesis doctoral, con apéndice de textos murui glosados)

    researchonline.jcu.edu.au

    Verifica al protagonista por su nombre y por su truco. Registra konago como palabra murui corriente para 'lagartija', y —sin ninguna relación con este mito— la usa en el ejemplo gramatical 5.49: 'konago omakaɨ tɨkoride', 'la cola de la lagartija se desprendió sola'. Es decir: el animal que da nombre al relato es, en la lengua, aquel cuya defensa consiste en dejar atrás una parte de sí para salvarse, que es exactamente lo que Konago hace en el hueco del árbol. La gramática además define el género en que este relato vive: los bakakɨ son narraciones sobre animales míticos, contadas de noche en la maloca, y 'muchas de estas historias tienen una moraleja' —lo que respalda la lectura de la ficha sobre la frase final de la tortuga y sobre el relato como repertorio compartido con niños.

  4. Jaɨeni Jitoma iaɨyinoɨ ikakɨ = Historia de los huérfanos del Sol

    revistas.unal.edu.co

    Es el registro bilingüe que muestra qué es la 'gente jaguar' en la narrativa murui, cosa que la ficha da por sabida. Aquí jɨko es a la vez 'tigre/jaguar' y nombre de clan —el narrador pertenece al jɨkofo kɨnerenɨ, 'tigre de cananguchal'—, y el devorador Gaimoɨ se convierte en tigre precisamente cuando se come al padre de Jitoma. Las notas del texto discuten esa denominación y advierten que es improbable llamarlo tigre porque Gaimoɨ vive en lo alto de un árbol. Sirve para leer a los perseguidores de Konago no como fieras del monte sino como una gente: un colectivo depredador dentro del mismo mundo de parientes y clanes, que es lo que hace inteligible que se los pueda engañar con palabras.

  5. Animalizar para distinguir. Narraciones y experiencias del conflicto político armado entre la Gente de centro

    revistas.icanh.gov.co

    Muestra que la categoría con la que trabaja este relato sigue viva y sigue siendo clasificatoria. Documenta, con testimonios de hablantes uitoto del medio Caquetá recogidos en 2007, cómo los actores armados son nombrados con un repertorio de animales de monte —úrubui 'perro de monte', rubi/rubiniai 'gente de monte, como los tigres, gente que sabe combatir', jirárobi 'los pintados'— mientras la Gente de centro se concibe a sí misma como humanidad verdadera. Eso confirma que 'gente jaguar' no es una figura decorativa del pasado sino una manera de nombrar a quien depreda confiando sólo en su fuerza, que es justamente la moraleja con que la tortuga cierra el relato.

  6. 32. Jeedo ikakɨ / Cuento de la chucha Jeedo — colección 'Murui: Palabra de consejo de Kɨneraɨ', Archivo Digital de Lenguas Indígenas de la Amazonia (ARDILIA)

    repositorio.unal.edu.co

    Es el paralelo de género que le faltaba a esta ficha: un ikakɨ murui breve sobre animales —la historia de Zibunaiforo y su hermano Jeedo, la chucha—, grabado el 24 de agosto de 1992, con narrador, clan, audio, texto en lengua y clasificación explícita como jagaɨ / narrativa mitológica. Demuestra que relatos cortos de animales como el de Konago no son material menor ni infantil en sentido devaluado, sino una categoría reconocida y archivada del corpus murui, con los mismos requisitos de autoría que un relato de origen. Respalda la observación de la ficha de que Filomena Tejada contaba este relato 'como parte de un repertorio compartido'.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Konago y la derrota de la gente jaguar» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Konago y la derrota de la gente jaguar» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Konago y la derrota de la gente jaguar» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.