Kashindukwe y las piedras de jaguar

Caribe · Kogui (Kággaba)

Kashindukwe y las piedras de jaguar

Kashindukwe y Nuánashe usan piedras para transformarse en jaguares, devoran gente y quedan ligados a la destrucción y renovación del mundo.

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El relato

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Kashindukwe de día era gente y de noche se volvía fiera. De San Andrés para abajo, hacia Tucurinca, todos eran indios que durante el día trabajaban y al caer la noche se volvían león, tigre. Cogían una piedra azul o verde y con ella se volvían tigres. Así lo hacían Kashindukwe, Nuánashe y Námaku: cada uno tenía su piedra azul, y cuando se sentían tigres querían matar gente y comérsela.

Cuando comenzaron a comer indígenas, existió un padre que les iba a castigar. Le tiraron con flecha y no le pegaban. Hicieron machete de piedra y tampoco.

Entonces Núnkasha puso a hacer una trampa de machucón, como de veinte metros, y le pusieron mucha piedra. Así cogieron a Kashindukwe, que iba a comer indígenas, y allí murió.

Nuánashe también comía gente. Magri le había dado libro para que comiera únicamente enfermo, pero después se enseñó a comer gente. A lo último se comió a su hija y a su mujer. Las llevó a la roza y las iba aguaitando, aguaitando. Se puso una calavera de tigre y se volvió tigre; se la quitó y fue gente. Con piedra azulita se convertía en tigre. Cogió a la hija y la comió; más adelante cogió a la mujer y también se la comió, porque la vio como una piña y le pareció muy dulce.

Después siguió comiendo toda clase de gente, y ya iba a acabar con todos los indios. Entonces Aluseiye y Mulkwehe mataron a Nuánashe. Lo mataron y no lo mataron, porque el espíritu está únicamente como dormido.

Los mamas son como Núnkasha, como Aluseiye y como Mulkwehe. Cuando se acaben todos los mamas vivirá nuevamente Kashindukwe, y vivirá Nuánashe, y se acabará el sol, y se terminará todo.

Por eso, cuando viene oscureciendo, viene Ubatáshi, y hay que llevar idioma de antiguo, del que hablan los mamas, para conversar con él.

Cuando se acabe el sol se volverán fieras. Vendrán Kashindukwe y Nuánashe, y también Kasaugue, para acabar con todo, y nuevamente el mundo quedará limpio: no habrá árboles, no habrá cerros, el mar llenará todo y solamente habrá agua.

Kashindukwe y las piedras de jaguar: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un poder entregado para curar se vuelve hambre cuando deja de distinguir a quién cura.”

Territorio

Caribe · Kogui (Kággaba)

Caribe · Kogui (Kággaba)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Kogui (Kággaba)
Referencia
10.84° · -73.71°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo contó Seye Ababi Makó, hombre de veinticinco años, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca, en el alto río Sevilla; en el pie de la lámina XI del mismo trabajo se le identifica también como Miguel Antonio Niño. Lo contó en castellano, lengua que no manejaba con destreza, en el pueblo de San Andrés, sobre la vertiente occidental de la Sierra Nevada, durante el mes de noviembre de 1946. Quien lo anotó fue Milcíades Chaves Ch., que andaba por allí con Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel, y que publicó el conjunto al año siguiente como «Mitología kágaba», en el Boletín de Arqueología, volumen II, números 5 y 6, hoy accesible en el catálogo del ICANH; el artículo abre en la página 421 del volumen encuadernado, aunque suele citarse por la paginación del fascículo. Este es el mito número 11 y se titula, en el impreso, KASHINDUKWE.

Dos advertencias son del propio Chaves y no de una lectura posterior. La primera: llama «interrogatorios» a lo que hizo, y escribe que por no hablar el idioma kogui y tener que trabajar en castellano «haya ideas confusas» y conceptos «deformados». La segunda: su capítulo de comentarios está armado sobre un esquema evolucionista hoy insostenible, que es suyo y no de quien narró.

La reimpresión que durante años sostuvo esta página —la antología de Eugenia Villa Posse, Mitos y leyendas de Colombia, tomo I, IADAP, 1993— conserva la atribución y cambia el rótulo por «Relator: Seye Ababi Makó». El PDF que se citaba como tomo II de Reichel-Dolmatoff es esa antología, no ese libro.

El tomo I de Reichel-Dolmatoff, de 1949-1950, no trae este relato pero sí su entorno: llama a Kashindúkua «el Padre del Jaguar», dice que los Antiguos eran jaguares y tenían todos su secreto y se convertían al caer la noche, que junto a la puerta de la casa ceremonial se colgaba una calavera de jaguar como tributo, que la bola azul se la dio la Madre Universal, y que en las colinas bajas «de noche salen los Antiguos en forma de jaguares y matan a la gente». También dice que el fin del mundo será obra del jaguar.

Fabio Gómez Cardona, en El jaguar en la literatura Kogi (Universidad del Valle, 2020), transcribe y segmenta una versión mucho más larga, tomada de material ya publicado: es análisis literario, sin trabajo de campo propio, y no menciona San Andrés ni Tucurinca. Falk Parra Witte, en La ecología kogi en el devenir del mundo (2025), aporta lo que ninguna fuente de 1947 podía aportar: que los ubatashi siguen nombrándose hoy, que llegarán con el trueno y el fuego, y que sus interlocutores reconocen que los kogi están incumpliendo la Ley. El posible cataclismo, dice, no es un apocalipsis fechado.

Falta lo más importante: no hay una línea sobre permiso. En el Plan Especial de Salvaguardia, los cuatro pueblos de la Sierra declaran que el uso y manejo de su conocimiento «no concibe la necesidad de su divulgación externa» y que su salvaguardia «tiene que ser completa, no puede ser parcial». Reichel-Dolmatoff escribe en su propio libro que los mayores no querían que los jóvenes aprendieran castellano por temor a que divulgaran los secretos. Esto se publica sabiendo eso.

Resonancias con otros mitos

Entre los nasa de la parcialidad de Calderas, en Tierradentro, Segundo Bernal recogió en 1953, para la Revista Colombiana de Antropología, un relato titulado «El hombre tigre»: antes había gente tigre, igual que el tigre de monte; cuando los hombres no lograron cazar a uno con escopeta y perro, convidaron a un hombre tigre para que lo cazara, y él lo mató. Una versión añadida en el mismo texto dice que los ladrones se vuelven tigres y van a traer vacas a Garzón y a Neiva, y al regresar a su casa vuelven a ser hombres; y remata que los hombres tigres son ladrones y que los blancos mismos son tigres. El parecido es el cuerpo que cambia al caer la noche. La diferencia es todo lo demás: allí la transformación es una acusación sobre el robo y sobre el blanco, sin antepasado fundador, sin piedra en la boca y sin final del mundo colgando de ella.

Entre los desana del Vaupés, Antonio Guzmán narró a Gerardo Reichel-Dolmatoff el mito de la creación que se publicó en Desana (Universidad de los Andes, 1968). Allí el Sol creó al jaguar para que lo representara en este mundo, le dio el color de su poder y la voz del trueno, que es la voz del Sol, y le encargó proteger la Creación y cuidarla, ante todo las malocas. Es el mismo animal con el oficio invertido: guardián de la casa en el Vaupés, devorador de quienes viven en ella en la Sierra. Y la vía es otra: allí el jaguar es criatura del Sol desde el principio, no un hombre que llega a serlo metiéndose una piedra en la boca.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El parentesco no está resuelto y no se resuelve aquí. En el tomo I de Reichel-Dolmatoff, la mujer de Sintána fue Tungexa y sus primeros descendientes eran «Kashindúkua, Dyíuamályi, Noána-sé, Námaku y la hija Námukalye»: hermanos entre sí, hijos de Sintána. En la versión que reproduce Gómez Cardona, en cambio, Kashindúkua es hijo de la Madre y hermano de Noána-sé, Búnkua-sé y Ambú-ámbu, mientras que otro relato del mismo libro hace a Noána-sé hijo suyo, heredero del cargo de mama, de la bola azul y de la máscara. Y el propio Chaves, en su índice de personajes, escribe «Kashindukue = Hombre, hijo de la primera Madre», da a Nuánashe como hermano suyo, y atribuye a tres figuras distintas el mismo puesto de hermano mayor: Núnkasa, Námsiku y Nemkardi. Las tres cadenas son serias y dicen cosas distintas.

  2. El objeto cambia de nombre y de naturaleza. Aquí es «una piedra azul o verde» y «piedra azulita», y la transformación se completa poniéndose una calavera de tigre. En el tomo I es una «bola azul» que dio la Madre Universal. En la versión larga es nébbis-kuái, glosado como testículo de tigre, acompañado de una máscara de jaguar, entregado con la advertencia expresa de no dañar a nadie. El mismo tomo I anota que el azul es el color del Norte y se considera malo, y que del Norte viene la enfermedad.

  3. La muerte también difiere. Aquí a Kashindukwe lo mata una trampa de machucón cargada de piedra, mandada hacer por Núnkasha, y a Nuánashe lo matan Aluseiye y Mulkwehe. En la versión larga es Búnkua-sé quien lo aconseja y lo golpea con el palito del poporo dentro de la cansamaría, lo hace caer privado y lo revive soplándolo, hasta que del suelo sólo quedan los huesos blancos de un tigre grande, y soplándolos lo revive otra vez. La duplicidad ya está en el impreso de 1947: «lo mataron y no lo mataron, porque el espíritu está únicamente como dormido».

  4. Las grafías no son estables ni dentro del mismo artículo: el mito 11 se titula KASHINDUKWE y el 12 KASHINDUKUE, doce y veintitrés apariciones respectivamente. Reichel-Dolmatoff escribe Kashindúkua. En su artículo de 1975 sobre los templos, el nombre reaparece entre «los hijos de la Madre» junto a Namsíku, con otra transcripción que el escaneo degrada y que por eso no conviene fijar.

  5. Y hay dos narradores, no uno. Este es el relato de Seye Ababi Makó. Los mitos 12 y 13 del mismo conjunto son de Benito Sontinkama y cuentan otra cosa: allí el devorador es Nuánashe, no hay trampa de piedra, y la bolita azul se llama Maluteyauye y se la dio la primera Magri.

  6. Conviene además no leer estos nombres sólo como individuos. El tomo I registra Noána-sé —que es el Nuánashe de aquí— como nombre de un Túxe, es decir de un linaje masculino, con su etimología, su habitat en Mamaróngo, sobre el río Ranchería, y su grupo femenino complementario, las Noanamá; y anota que algunos informadores decían que tal Túxe no existe. Námaku, en el mismo volumen, se glosa como nebbi makú, jaguar jefe. Son nombres de gente viva, no rótulos de monstruos.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Kogui (Kággaba) · Magdalena · Caribe
Referencias
10
Última revisión
18 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología kágaba

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica veintidós relatos kággaba y acredita el narrador de cada uno: «Informador:» aparece veintidós veces, una por mito. Es la fuente de la que salen las grafías del sitio —Kashindukwe, Seiskwisbuche, Naowa, Susabanka— y presenta a los dos narradores con edad, cargo y comunidad: Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca.

  2. Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo I

    publicaciones.icanh.gov.co

    El volumen que ninguna ficha citaba, en acceso abierto y con el texto legible. Documenta el territorio, los linajes, la casa ceremonial —que llama «cansamaría», es decir «casa de María»— y nombra a la Madre Gaulchováng, de la que descendían los cuatro Padres del Mundo.

  3. The Great Mother and the Kogi Universe: A Concise Overview

    ehrafworldcultures.yale.edu

    Describe a la Gran Madre, la estructura de nueve mundos, los siete puntos del universo, el templo como modelo cósmico y varias versiones de la creación.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema de Conocimiento Ancestral de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada

    mincultura.gov.co

    Expone la responsabilidad Kággaba sobre espacios sagrados, gobierno propio, Ley de Origen y equilibrio territorial desde voces de autoridades de la Sierra.

  2. Decreto 1500 de 2018 sobre el territorio ancestral de la Línea Negra

    normograma.mincultura.gov.co

    Reconoce la Línea Negra como tejido de espacios sagrados conectado con la Ley de Origen y documenta funciones Kogui de lugares, madres y pagamentos.

  3. El jaguar en la literatura Kogi: análisis del complejo simbiótico asociado con el jaguar, el chamanismo y lo masculino

    doi.org

    Capítulo 3 dedica un apartado entero (pp. 76-88) a Kashindúkua y segmenta el relato en secuencias narrativas. Corrige y precisa lo que la ficha deja vago: la bola de piedra azul tiene nombre kogui, nébbis-kuái, y se glosa como 'testículo de tigre/jaguar'; no actúa sola sino junto con una máscara de tigre, y ambas se las entregó la Madre con la advertencia expresa de no dañar a nadie. Kashindúkua era hijo de la Madre y hermano de Noána-sé, Búnkua-sé y Ambú-ámbu, y fue enviado a la tierra como mama y médico con la misión de devorar las enfermedades (cucarrones grandes y negros que extraía del cuerpo del enfermo). El abuso del poder consiste en dejar de distinguir entre enfermedad y mujer. Vivía al oeste de la Sierra, sobre la Quebrada Bollo, debajo del Cerro Mico, y su gente se llamaba Kogi y era Gente del Tigre. Al morir ocurre un desdoblamiento: el espíritu jaguar sobrevive oculto en las grutas de la montaña 'aguardando el momento del fin del mundo'.

  4. Creación y pensamiento en la Sierra Nevada de Santa Marta. Aproximaciones filosóficas a los poporos

    revistas.unilibre.edu.co

    Lee el castigo de Kashindúkua desde el objeto con el que se ejecuta. Búnkuasé lo reprende valiéndose de la sukalda, el madero con que se saca la cal del poporo, y lo golpea dos veces: el primer golpe lo desmaya, el segundo lo mata; al ver los huesos de tigre, Búnkuasé lo revive. Los autores sacan de ahí una lectura que la ficha no tiene: el poporo contiene el equilibrio entre vida y muerte —la vida está en el calabazo y la sukalda da la muerte—, de modo que la sanción al jaguar desbordado no es una ejecución sino una operación con el mismo instrumento que sostiene el pensamiento y la creación. Sirve para explicar por qué la fuerza queda contenida y no borrada.

  5. La ecología kogi en el devenir del mundo

    revistas.ucm.es

    Es la fuente que sostiene el cierre cosmológico de esta ficha sin convertirlo en profecía. A partir de trabajo de campo propio con mamas kogui, explica que el posible cataclismo no es un apocalipsis fechado sino el desenlace de un deterioro que depende del cumplimiento o incumplimiento de la Ley. Matiza además una creencia común: los ciclos cósmicos y climáticos 'poco se pueden impedir', y lo que sí está en manos humanas es corregir el pensar y el actuar; esa 'regeneración antropogénica' impediría el cataclismo y continuaría esta fase existencial. Registra también que los propios kogi reconocen estar incumpliendo la Ley (rituales desatendidos, tala sin pedir permiso, desinterés por las normas), lo que da al motivo del retorno de los jaguares un anclaje presente y no arqueológico.

  6. Bajo la responsabilidad humana. Creación, conservación y destrucción del mundo entre los chibchas

    revistas.ucm.es

    Da el marco regional exacto para la secuencia 'sin Sol, animalización, agua' sin recurrir al diluvio bíblico ni al viaje del héroe. Muestra que en el norte de Colombia, donde el tiempo corre al ritmo del maíz, el mundo se destruye periódicamente y las catástrofes estallan a intervalos que los humanos pueden predecir y tratar de retrasar, frente a Centroamérica donde el fin es gradual y no periódico. Y precisa la causa: la causa última del fin del mundo es siempre moral, la renuncia de los humanos a su humanidad definitoria; cita a los kogui vía Reichel-Dolmatoff para decir que el mundo acabará 'si el código moral y religioso se olvidara o no se obedeciera'. Eso conecta directamente la transgresión del límite alimentario con la posibilidad del retorno.

  7. Iconografías y representaciones del jaguar en Colombia: de la permanencia simbólica a la conservación biológica

    revistas.uniandes.edu.co

    Sirve para lo que la ficha afirma y no documenta: que el jaguar no es un mal absoluto. Recoge que entre los kogui el término jaguar y sus raíces aparecen con frecuencia en nombres de sacerdotes, jefes míticos, personificaciones divinas y constelaciones, que el jaguar ocupa un lugar preferencial desde el acto mismo de la creación por la Madre Haba, y que los kogui se llaman a sí mismos Gente Jaguar. Cita a Reichel-Dolmatoff sobre 'esos seres que se dice que fueron grandes chamanes que podían mudarse a voluntad de hombre a animal y viceversa, y que establecieron rituales, hicieron guerras y ejercieron su dominio por todas las montañas'. También señala que la imagen del jaguar fue afectada por la aproximación reprobatoria de las misiones, que es exactamente la capa que la revisión quiere quitar.

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«Kashindukwe y las piedras de jaguar» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Kashindukwe y las piedras de jaguar» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Kashindukwe y las piedras de jaguar» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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