Kasaugé, el padre árbol

Caribe · Kogui (Kággaba)

Kasaugé, el padre árbol

Tras la derrota de Kasaugé, su cuerpo y su fuerza se distribuyen en árboles, palmas, bejucos y monos del bosque.

Leer el relato
Kasaugé, el padre árbol: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 2 min

Kasaugue existió después de Sintana, mucho antes que los indios. Era un hombre con mucha barba y mucho pelo, y era muy malo: se comía a los indígenas. Tenía guardado para sí el principio de la vegetación y no quería darlo, y por eso el mundo estaba árido y no había con qué techar. Para hacer la primera casa lo necesitaban a él.

Entonces los padres Sintana y Serawi lucharon contra él y comenzaron a pelear contra Kasaugue. Los dos le ganaron. Le cogieron el espíritu y lo regaron por todo el mundo, y en todas partes nacieron árboles: las canillas, los brazos y las costillas fueron árboles diferentes; los cabellos se volvieron palmas de toda clase, palma que sirve para empajar; y las barbas se convirtieron en bejuco de toda clase. Si Kasaugue no hubiera existido, la tierra fuera limpia.

Después de esto, Sintana y Serawi cogieron nuevamente el espíritu de Kasaugue y lo volvieron gente. Gente de Kasaugue son los capuchinos. Como era malo le dijeron Sintana y Serawi: usted no debe estar entre indígenas, usted va a vivir en otro país, en otra tierra. Era muy malo y lo mandaron para España.

Por eso los capuchinos quieren matar a los mamas, ahora mismo, siempre los matan. Ahora mismo son así. Eran gente de palo.

Después de Kasaugue vino el padre del bastimento, que era una mujer y tenía muchas hijas: la yuca era su hija, el plátano era su hija, la malanga era su hija, y el único hombre era el maíz. Entonces vinieron Ñiwiwe y Dugunawi, que eran hombres y comenzaron a sembrar: Dugunawi limpiaba, desmontaba y socalaba, y Ñiwiwe sembraba. Ellos fueron los padres del cultivo, los padres de los indígenas. Todo esto sucedió mucho después de que existiera Kasaugue.

Kasaugue no quedó terminado. Cuando se acabe el sol, los que fueron gente de día y fiera de noche se volverán fieras otra vez; vendrán Kashindukwe, vendrá Nuánashe y también vendrá Kasaugue, para acabar con todo. Y nuevamente el mundo quedará limpio: no habrá árboles y no habrá cerros, y el mar llenará todo y solamente habrá agua.

Kasaugé, el padre árbol: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que devoraba puede terminar sosteniendo el techo bajo el que se duerme.”

Territorio

Caribe · Kogui (Kággaba)

Caribe · Kogui (Kággaba)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Kogui (Kággaba)
Referencia
10.84° · -73.71°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo contó Seye Ababi Makó, de veinticinco años, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca, en el alto río Sevilla, a quien el mismo trabajo identifica en el pie de la lámina XI como Miguel Antonio Niño. Lo contó en castellano, en San Andrés, sobre la vertiente occidental de la Sierra Nevada, en noviembre de 1946, y lo anotó Milcíades Chaves Ch., que lo publicó al año siguiente en «Mitología kágaba», Boletín de Arqueología, volumen II, números 5 y 6, hoy en el catálogo abierto del ICANH. En el impreso es el mito número 10 y el título completo es «KASAUGUE = El Padre del Arbol». La grafía del original es Kasaugue, con u.

Hay aquí un punto que el corpus publicado venía leyendo al revés. El texto dice «gente de Kasaugue son los capuchinos» y remata «por eso los capuchinos quieren matar a los Mamas, ahora mismo, siempre los matan». No se trata de monos capuchinos: son los misioneros capuchinos, y la lista de personajes del propio Chaves lo confirma al anotar «Capuchinos = Son gente que se identifica con Kasaugue». Es decir, el cierre del relato no es un dato zoológico sino una acusación contemporánea, dicha en 1946 en presente, contra la misión. Convertirla en monos borra exactamente lo que el narrador estaba diciendo.

La antología de Eugenia Villa Posse de 1993, que es el PDF que esta página citaba creyendo que era el tomo II de Reichel-Dolmatoff, reimprime el relato palabra por palabra y conserva el crédito bajo el rótulo «Relator».

El tomo I de Reichel-Dolmatoff no contiene este episodio y ni siquiera el nombre: buscado en el texto completo, Kasaugé no aparece ninguna vez. Lo que sí aporta el mismo autor, en Templos kogi (Revista Colombiana de Antropología 19, 1975), es que el fogón noroccidental del templo corresponde a Seilánkua, segundo hijo de la Madre, Dueño de la Tierra y de las Plantas, «especialmente de los árboles de la selva», a quien incumbe el mundo vegetal no cultivado; y que la ceiba se personifica con el nombre de un mama mítico y fue el primer árbol de la Creación. Existe, pues, un padre de los árboles silvestres con asiento fijo en el templo, bajo cuyo dominio cae el bosque que aquí nace de un cuerpo.

Y hay un hallazgo reciente que cambia la lectura: el nombre está vivo. Falk Xué Parra Witte, en su tesis doctoral de la Universidad de Cambridge, Living the Law of Origin (2018), basada en unos veintidós meses de campo en 2012 y 2013, dedica la sección 5.4 a «Kaxsouggi: Kogi relations to trees», y su glosario define Kaxsouggi como un árbol sagrado especial y, a la vez, «la gente que engañó y se comió a los kogi». Los árboles así llamados marcan sitios sagrados, son pocos, se consideran todavía «personas», están rodeados de piedras haxsʉnkalda y está absolutamente prohibido cortarlos. En su artículo en castellano La ecología kogi en el devenir del mundo (2025), el mismo autor resume: «había una tribu de gente abusiva (kaxksouggi) que se comía a los kogi, pero que finalmente fue acabada y convertida en árboles», y añade que en esta mitología es común que los infractores terminen volviéndose dadores de vida o piezas clave del funcionamiento del mundo.

Lo que ninguna fuente da: consentimiento. Chaves no consigna permiso y llama «interrogatorios» a sus sesiones; el Plan Especial de Salvaguardia firmado por los cuatro pueblos declara que el uso y manejo de su conocimiento «no concibe la necesidad de su divulgación externa» y que su salvaguardia no puede ser parcial.

Resonancias con otros mitos

Entre los ufaina del río Caquetá, el «Origen del mundo según los Ufaina», recogido por Martín von Hildebrand y publicado en la Revista Colombiana de Antropología, volumen XVIII, en 1975, empieza igual de cerca del suelo: los primeros vivían bajo un gran palo bombona y no sabían hacer casa; hicieron un ranchito y fueron donde el abuelo, que era dueño de las hojas, y él les dijo que eso no era maloca sino ranchito para dormir, que no duraba nada, y les dio hoja de milpesos y los llevó a hacer el rancho; por eso hay varios tipos de rancho. El arranque es el mismo problema —la primera casa no se puede terminar sin obtener de alguien el material vegetal— y la diferencia lo dice todo: allí el dueño de las hojas enseña y entrega, y el relato no necesita una pelea; aquí el dueño del principio vegetativo lo retiene, devora gente y hay que repartirlo por el mundo para que existan la palma de empajar y el bejuco.

El segundo paralelo lo propone el propio Parra Witte al comentar las fases de la humanidad kogui: el relato maya del Popol Vuh, donde los creadores pasan por tres intentos de formar una humanidad, haciéndola de barro, de madera y finalmente de maíz. En los dos casos madera y humanidad se intercambian. Pero el sentido va en direcciones opuestas: entre los mayas los hombres de madera son un ensayo fallido que hay que destruir, mientras aquí el pueblo abusivo convertido en árboles no es un desecho sino la materia con la que después se techa, se cocina y se vive, y por eso se le sigue pidiendo permiso.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La versión de 1946 y la que se narra hoy no son la misma, y no deben fundirse.

  2. En el dictado de San Andrés, Kasaugue es uno solo: un hombre peludo y barbudo que retiene el principio vegetativo, al que Sintana y Serawi vencen, reparten y luego devuelven a la vida para desterrarlo a España, dejando a los capuchinos como su descendencia.

  3. En la versión que el Mama Shibulata narró en campo a Parra Witte, con Alejo como intérprete, los Kaxsouggi son un pueblo, no un individuo: nacieron de Kaldakshé y Kaldāwiā, Padre y Madre de los Árboles, en un lugar llamado Tashízhua, eran indígenas como los kogi y vivían en sociedades aparte, y eran autorizados, sabios y poderosos, pero no usaban esas facultades para el bien. Su método de engaño es preciso y no tiene equivalente en 1946: interceptaban a los hombres kogi que subían a las ezwamas a confesarse, les ofrecían descargar allí mismo sus pensamientos, y mientras el otro se inclinaba le «abrían» la cabeza por el punto donde el cuerpo se amarra como una mochila, le sacaban el contenido y lo convertían en cultivos —plátano, yuca, papa—, dejando la piel vacía para vestirse con ella y suplantarlo en su propio pueblo. Y hay una causa que el texto de 1946 no da: el Mama Shibulata explica que lo hacían en represalia porque los humanos venían rechazando a los árboles cuando se los ofrecían a las ezwamas, llamándolos innecesarios, peludos y feos.

  4. La derrota también ocurre de otro modo. Aquí basta una pelea de dos padres contra uno. Allí Sintana hace viajes de siete días entre las ezwamas de Seizhua y Sʉxdzibake, se confiesa arriba y recibe protección espiritual para no ser convertido en comida, mata siete cabos en cada viaje, vence al Comisario Kaxsouggi en una pelea de palabras y le hace lo mismo que ellos hacían, y finalmente los va disminuyendo quitándoles sus objetos sewá hasta que se convierten en árboles y en madera, «como son ahora». De ahí, explica, viene que hoy los humanos puedan cortar árboles, y los mamas de Tungeka insisten en que debe hacerse con medida, pidiendo permiso y pagando a los padres de los árboles.

  5. El cierre es el que la versión antigua no tiene y el que más pesa: el Mama Shibulata advierte que los humanos están repitiendo ahora la conducta de los Kaxsouggi, talando en cantidad y sin respeto, y los mamas Manuel y Luntana añaden que si se sigue así, un día los árboles volverán a ser personas y devolverán todo el daño.

  6. Ni los capuchinos ni España ni Serawi aparecen en la versión contemporánea, y el hombre peludo y barbudo tampoco: allí lo peludo y lo feo es el reproche que los humanos hacían a los árboles. Son dos relatos del mismo nombre, separados por setenta años, y se presentan como tales.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Kogui (Kággaba) · Magdalena · Caribe
Referencias
9
Última revisión
18 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Compartir

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología kágaba

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica veintidós relatos kággaba y acredita el narrador de cada uno: «Informador:» aparece veintidós veces, una por mito. Es la fuente de la que salen las grafías del sitio —Kashindukwe, Seiskwisbuche, Naowa, Susabanka— y presenta a los dos narradores con edad, cargo y comunidad: Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca.

  2. Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo I

    publicaciones.icanh.gov.co

    El volumen que ninguna ficha citaba, en acceso abierto y con el texto legible. Documenta el territorio, los linajes, la casa ceremonial —que llama «cansamaría», es decir «casa de María»— y nombra a la Madre Gaulchováng, de la que descendían los cuatro Padres del Mundo.

  3. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema de Conocimiento Ancestral de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada

    mincultura.gov.co

    Expone la responsabilidad Kággaba sobre espacios sagrados, gobierno propio, Ley de Origen y equilibrio territorial desde voces de autoridades de la Sierra.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Decreto 1500 de 2018 sobre el territorio ancestral de la Línea Negra

    normograma.mincultura.gov.co

    Reconoce la Línea Negra como tejido de espacios sagrados conectado con la Ley de Origen y documenta funciones Kogui de lugares, madres y pagamentos.

  2. Living the Law of Origin: The Cosmological, Ontological, Epistemological, and Ecological Framework of Kogi Environmental Politics

    repository.cam.ac.uk

    Es el hallazgo que más cambia esta ficha. El capítulo 5 tiene una sección entera, 5.4 'Kaxsouggi: Kogi relations to trees', y el glosario define Kaxsouggi como 'un árbol sagrado especial; también, la gente que engañó y se comió a los kogi'. O sea: el nombre designa hoy, a la vez, una especie de árbol que marca sitios sagrados —fotografiada en el trabajo, con mamas adivinando junto a ella y acompañada de piedras haxsʉnkalda— y al pueblo del relato. La versión narrada en campo por Alejo y el Mama Shibulata (2014-2016) difiere mucho de la transcripción de 1951: los Kaxsouggi nacieron de Kaldakshé (Padre de los Árboles) y Kaldāwiā (Madre de los Árboles); engañaban a los kogi ofreciéndoles descargar sus pensamientos, les 'abrían' la cabeza por el punto donde el cuerpo se amarra como una mochila, y convertían ese contenido en cultivos: plátano, yuca, papa. Sintana los enfrentó uno por uno, llegó a vestirse con la piel del Comisario Kaxsouggi para suplantarlo, y los fue disminuyendo hasta que se convirtieron en árboles y madera, 'como son ahora'. De ahí que hoy los humanos puedan cortar árboles. Y el cierre que la ficha no tiene: el Mama Shibulata advierte que los humanos están repitiendo ahora la conducta de los Kaxsouggi.

  3. La ecología kogi en el devenir del mundo

    revistas.ucm.es

    Da en castellano y en una frase la síntesis que la ficha necesita, y aporta la clave interpretativa que hoy le falta: 'había una tribu de gente abusiva (kaxksouggi) que se comía a los kogi, pero que finalmente fue acabada y convertida en árboles'. Y sigue: en la mitología kogui es común que personajes cuyas acciones son inapropiadas o destructivas muestren el camino correcto, y que gracias a otros personajes 'positivos' esos infractores se vuelvan dadores de vida, maestros o elementos clave en el funcionamiento del mundo. Eso sostiene con fuente lo que la ficha hoy solo afirma: que el cuerpo de Kasaugé no se elimina sino que se reubica. Añade que los árboles eran 'personas como nosotros' y que ahora dependemos de intercambios con ellos.

  4. Templos kogi. Introducción al simbolismo y a la astronomía del espacio sagrado

    revistas.icanh.gov.co

    Aporta las dos piezas que faltan para entender por qué la casa y la vegetación no son opuestas. Primera: el fogón noroccidental del templo corresponde a Seilánkua, segundo hijo de la Madre, Dueño de la Tierra y de las Plantas, 'especialmente de los árboles de la selva', a quien incumbe todo lo referente al mundo vegetal no cultivado por el hombre; es decir, existe un padre de los árboles silvestres con asiento fijo en el templo, y el bosque que nace de Kasaugé cae bajo su dominio. Segunda: la ceiba, llamada ulúa, se personifica con el nombre del mítico Máma Zinkala y fue el primer árbol de la Creación (según otros datos, un cedro). Registra además que Sintána nació en uyi-dulúma, agua-espuma, un ambiente uterino en el fondo del mar, casa que en algunos textos se designa como templo.

  5. Bajo la responsabilidad humana. Creación, conservación y destrucción del mundo entre los chibchas

    revistas.ucm.es

    Ofrece la categoría que evita repetir la oposición colonial 'salvaje vencido por la cultura' que la ficha denuncia pero no reemplaza. El artículo organiza el pensamiento chibcha en torno a procesos de humanización y deshumanización que los humanos protagonizan para volver el mundo habitable: los seres que devoran gente no son 'primitivos', son gente que perdió su humanidad definitoria, y acabarlos es parte del trabajo de hacer la tierra habitable. Aporta además la distinción entre un régimen temporal de humanidad-semilla (circular) y otro de humanidad-árbol (lineal), que da un marco propiamente chibcha para pensar por qué el cuerpo del devorador se vuelve precisamente árbol.

  6. The structure that sustains life: nourishment and exchange among the Kogi

    revistatabularasa.org

    Explica por qué un ser que se comía a la gente termina convertido en el material con el que se vive. El artículo muestra que entre los kogi la reciprocidad es un asunto de alimento: todo el sistema es una red de nutrición mutua entre seres, sitios y elementos, mediada por pagamentos. Que el cuerpo de Kasaugé pase a ser árboles, palmas y bejucos —material de techos, casas y fuego— lo inscribe en esa red en vez de sacarlo del mundo. El artículo documenta también que los kogi pagan por los árboles y por los alimentos, y que el mama convierte descargas personales en pagamentos a los Padres y Madres espirituales del Agua y los Alimentos.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Kasaugé, el padre árbol» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Kasaugé, el padre árbol» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Kasaugé, el padre árbol» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.