Juan Bobo y sus hermanos

Caribe · Mestizo

Juan Bobo y sus hermanos

Los actos aparentemente torpes de Juan Bobo alteran los planes de sus hermanos y terminan produciendo un resultado que nadie anticipaba.

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Juan Bobo y sus hermanos: la entrada del relato

El relato

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Pedro y Manuelito acordaron irse esa noche y dejar a Juan Bobo en la casa. Lo hablaron en voz baja, sin saber que el menor estaba detrás de la puerta. Juan Bobo no dijo nada, los vio acostarse y esperó. A las doce los hermanos salieron al patio y él salió detrás. Antes de coger el camino arrancó la puerta de la casa y se la echó al hombro.

Al día siguiente, con el sol ya bajo, llegaron a la casa de una señora que les ofreció posada. Los hermanos se acomodaron abajo. Juan Bobo guindó su hamaca arriba del zarzo y se quedó con un ojo abierto. Hacia la medianoche la señora sacó un cuchillo y empezó a subir. «Aquí sí hay mosquitos», dijo él desde arriba. «Duérmete, duérmete», le contestó ella, parada en la mitad del cuarto. Juan Bobo mochó las pegas de la hamaca, cayó al suelo de golpe, cargó otra vez la puerta y sacó a sus hermanos de allí.

En el camino lo iban regañando por no haber esperado a que amaneciera. Cuando les contó que la mujer los iba a repartir en pedazos, los dos se callaron y le dieron las gracias.

Por la tardecita se subieron a un árbol que tenía un pozo entre las raíces. Era el escondite de unos ladrones, y los ladrones llegaron. «¡Ábrete, perejil!», dijeron, y la tierra se abrió. Arriba, a Juan Bobo le vinieron las ganas de orinar. Se lo avisó a los hermanos, que se pusieron pálidos y le dijeron que orinara de una vez. Abajo, los ladrones recibieron el chorro con la boca abierta y lo celebraron como agua del cielo. Poco después Juan Bobo avisó que necesitaba algo más, y los hermanos, que ya no sabían qué hacer, le dijeron que lo hiciera. Los ladrones repartieron aquello entre todos y lo llamaron pan del cielo.

Entonces Juan Bobo dijo que estaba cansado de cargar la puerta y que la iba a soltar. La soltó. Cayó de plano sobre las cabezas de los ladrones y el golpe les mochó la lengua. Los que pudieron pararse salieron del claro sin mirar atrás.

Los tres hermanos bajaron y entraron al pozo. Se llenaron la ropa de plata: los bolsillos, el pecho, las mangas. Pedro y Manuelito arrancaron a la carrera, como siempre, y dejaron al menor detrás. Fue lo peor que pudieron hacer. A cada tranco se les iban cayendo monedas, y Juan Bobo venía detrás recogiéndolas una por una. Llegó a la casa gordo de plata, con la ropa tiesa, y allí mismo les repartió a los dos lo que les tocaba.

Juan Bobo y sus hermanos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El que se queda el último recoge lo que a los demás se les cae por correr.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.6° · -75.3°

Ficha del relato

Contexto histórico

El libro imprime los dos cuentos de Juan Bobo uno detrás del otro, y éste es el primero: arranca al pie de la página 249 de la tercera edición y termina en la 250, justo antes del que lo mata a la madre. Es una de las pocas piezas de la sección con cuatro episodios encadenados; la mayoría de sus vecinas se resuelven en un párrafo. Manuel Zapata Olivella lo colocó inmediatamente después de «La muerte de Tío Conejo», de modo que el lector pasa sin transición de los cuentos de animales a los del tonto que no lo es.

Tradición oral y conducta en Córdoba recoge cuarenta y cuatro piezas bajo el rótulo «Género: cuento y leyenda», entre las páginas 237 y 267. Todas salen de una misma campaña de grabación hecha en el departamento de Córdoba entre enero de 1969 y diciembre de 1970, en el Medio y Bajo Sinú, con base en Montería y en Lorica. En el equipo de Zapata trabajaron los sociólogos Raúl Edmundo Clavijo Parrado y José Gregorio Clavijo Parrado, y los encuestadores que salieron a preguntar eran de la zona.

En su preámbulo al género, Zapata explica por qué le interesan estos personajes: dice que junto a Tío Conejo el repertorio se identifica con figuras llanas y burdas, y pone a Juan Bobo el primero de esa lista. El cuento se imprime sin limpiar, con el orín y la mierda escritos con esas palabras y con la fórmula del pozo tal como sonó en la cinta. Esa crudeza viene del registro.

Resonancias con otros mitos

La fórmula que abre la roca es la misma que abre la cueva en «Alí Babá y los cuarenta ladrones»: dos palabras, un imperativo y el nombre de una planta. Aquí el sésamo se cambió por perejil, que es lo que hay en una huerta del Sinú, y la cueva se convirtió en un pozo entre las raíces de un árbol. El resto del engranaje se conserva entero: los ladrones que guardan el botín, el testigo escondido arriba y el saqueo que sigue.

El segundo paralelo lo escribe Zapata en la página 237, al presentar el género. Ahí pone a Juan Bobo a la cabeza de una fila de personajes «llanos, burdos» a los que, «al igual que Sancho Panza», los aviva un espíritu burlón y satírico, y lo acompaña de Rambao y de Pedro Ardimala, que en Castilla se llama Urdimales. Es la propia obra la que declara de dónde viene la figura.

Dentro del mismo bloque hay un tercer eco. «Los ladrones», en la página 265, vuelve a poner a un grupo de rateros dentro de un local ajeno y a resolverlos por el ridículo, no por la fuerza. En esta sección el ladrón nunca gana: pierde por bobo, y quien lo desbarata suele ser alguien a quien nadie tomaba en serio.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El libro nombra a los tres hermanos en el primer renglón —Juan Bobo, Pedro y Manuelito— y precisa cuál de los dos mayores propone el abandono: es Pedro quien se lo dice a Manuelito. El dato cabe en una línea y ordena todo lo demás, porque el argumento se sostiene sobre un reparto de papeles fijo, los dos que deciden y el que escucha detrás de la puerta.

  2. En el impreso no hay ninguna marca de que el menor sea torpe. El nombre funciona como nombre y nada en la narración lo describe así: carga la puerta y le sirve dos veces, corta las pegas de la hamaca antes de que la señora suba con el cuchillo, y se queda el último en la huida, que es lo que le permite recoger la plata. El único momento en que los hermanos lo llaman malo es cuando pide permiso para orinar desde el árbol.

  3. Zapata no publica una segunda versión de esta pieza. Numeró como «Segunda versión» o «Tercera versión» algunos cuentos de animales de los que guardaba más de una grabación, y de los dos relatos de Juan Bobo que imprime no numeró ninguno: son argumentos distintos y no variantes del mismo. Tampoco figura entre los veintiún cuentos que George List grabó en el departamento de Bolívar en 1964 y 1965, el otro fondo caribeño con el que este repertorio comparte tres títulos, todos ellos de animales.

  4. El texto de 1972 escribe el orín y el excremento con esas palabras, cita la fórmula del pozo tal como sonó en la cinta y no glosa ni una expresión local. Esa literalidad es la que deja ver que el tramo escatológico ocupa un tercio del relato y que funciona como parodia de un milagro: los ladrones reciben lo que cae del árbol y lo celebran como agua del cielo y pan del cielo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
12
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Imprime el cuento al pie de la página 249 de la tercera edición y lo cierra en la 250, inmediatamente después de «La muerte de Tío Conejo» y justo antes del otro relato de Juan Bobo, el que acaba con la madre muerta. Es de las pocas piezas de la sección con cuatro episodios encadenados. La fuente da los datos que la ficha heredada no tenía: los hermanos se llaman Pedro y Manuelito y es Pedro quien propone el abandono; la puerta que Juan Bobo se echa al hombro sirve dos veces; la señora de la posada coge un cuchillo a medianoche para comérselos; la fórmula del pozo es «¡Ábrete perejil!»; y el episodio del árbol —los ladrones bebiéndose el orín y comiéndose el excremento al grito de «¡Don del cielo! ¡Pan del cielo!»— ocupa un tercio del texto. En el preámbulo del género, página 237, el propio Zapata pone a Juan Bobo a la cabeza de la fila de personajes «llanos, burdos» a los que «al igual que Sancho Panza» los aviva un espíritu burlón y satírico, junto a Rambao y a Pedro Ardimala.

  2. Open Sesame! Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 676

    sites.pitt.edu

    Es el tipo al que pertenece la mitad final del cuento y la página que documenta que llegó al Caribe. Reúne nueve versiones del relato en que una fórmula hablada abre el escondite de unos ladrones y un testigo oculto se queda con el botín: además de Alí Babá, trae «The Robbers Robbed» de Cachemira, dos griegas y eslavas, tres alemanas —entre ellas «Simeli Mountain» de los Grimm y «Open Simson!» de Ernst Meier— y, sobre todo, dos americanas: «Ali Baba and Kissem», recogida en Jamaica por Martha Warren Beckwith, y «How Black Snake Caught the Wolf», de Joel Chandler Harris. Que el tipo tenga rama jamaiquina y afroamericana es lo que hace verosímil, sin necesidad de suponerlo, que el mismo engranaje apareciera en un pozo entre las raíces de un árbol del Sinú con la contraseña cambiada por «¡Ábrete perejil!». Compilada por D. L. Ashliman y revisada el 27 de enero de 2022.

  3. Ali Baba and the Forty Thieves from the 1001 Nights

    sites.pitt.edu

    Es el paralelo que la ficha nombra, y aquí está con su texto entero y sus dos traducciones históricas: la de Andrew Lang en The Blue Fairy Book de 1891 y la de Richard F. Burton en las Supplemental Nights de 1886, donde la fórmula se traduce «Open, O Simsim!». Puesto al lado del cuento cordobés deja ver qué se conservó y qué se cambió: se conserva el engranaje completo —los ladrones que guardan el botín, el testigo escondido arriba, la contraseña de dos palabras, el saqueo posterior— y cambian la cueva por un pozo entre las raíces de un árbol y el sésamo por el perejil, que es lo que hay en una huerta del Sinú. La página clasifica además el episodio del descubrimiento como tipo 676 y los siguientes como 950 y 954.

Contraste y contexto · 9 referencias
  1. What Should I Have Said (or Done)? Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 1696

    sites.pitt.edu

    Da nombre y catálogo a los dos mecanismos del cuento. Por un lado reúne diez versiones europeas del ciclo del tonto de nombre —«Silly Matt» en Noruega, «Lazy Jack» y «Stupid's Mistaken Cries» en Inglaterra, «Jock and His Mother» en Escocia, «I'll Be Wiser the Next Time» en Irlanda, más Alemania, Georgia y Cachemira—, que es la fila peninsular y europea en la que el propio Zapata coloca a Juan Bobo. Por otro, y esto es lo decisivo, la versión georgiana «The Fool's Good Fortune» lleva una nota de Ashliman que dice literalmente que «el episodio de los ladrones bajo el árbol está catalogado como tipo Aarne-Thompson 1653»: ése es el segundo tramo del cuento cordobés, con los tres hermanos encaramados y los ladrones debajo, y con la puerta que cae y les corta la lengua.

  2. Censorship in Folklore

    sites.pitt.edu

    Explica por qué el tercio central de este cuento —los ladrones bebiéndose el orín y comiéndose el excremento que caen del árbol, celebrándolos como agua del cielo y pan del cielo— había desaparecido de la ficha heredada, y por qué su vuelta no es una licencia sino una restitución. Ashliman documenta la práctica sistemática de suprimir el material escatológico en las colecciones del XIX y comienzos del XX, con el prólogo de los Grimm de 1819 como pieza de cargo, y muestra que los catalogadores del índice Aarne-Thompson despachaban esos relatos con una etiqueta y una línea. El volumen de Zapata es la excepción: imprime el orín y la mierda con esas palabras, y por eso se puede ver que el episodio es una parodia de milagro y el corazón cómico de la pieza.

  3. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Da el marco con que el propio recopilador leía a un personaje como éste. Garcés González resume las conclusiones de la encuesta de Zapata sobre los cuatro patrones que el libro quería medir —el moralizante, el individualista, el sexual y el de apreciación del trabajo—, y es ese último el que ilumina un cuento donde el que se queda el último recogiendo lo que a los otros se les cae llega gordo a casa y reparte. Confirma además las dos etapas de la campaña, recolección entre enero de 1969 y diciembre de 1970 y evaluación en los dos primeros meses de 1971, y añade el dato de contexto que ninguna otra fuente da: el 55,36 % de analfabetismo en el Córdoba de esos años, que es el medio donde un repertorio de tonto listo se transmitía de viva voz.

  4. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Sirve para pesar quién escribió la frase que la ficha cita como primer paralelo. Quien coloca a Juan Bobo en la fila del pícaro peninsular «al igual que Sancho Panza» no es un comentarista posterior sino el hombre cuyo perfil traza esta entrada: nacido en Lorica en 1920, médico, caminante de América, novelista y a la vez investigador de cultura popular del Caribe colombiano. El dato importa porque convierte la comparación con Sancho Panza en una declaración del propio registro y no en una lectura añadida desde fuera.

  5. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique

    revistas.udea.edu.co

    Da el argumento metodológico para decir que este cuento es de Alí Babá y a la vez es del Sinú, sin que una cosa anule la otra. El artículo estudia cómo un relato grecolatino —el de Cupido y Psique— se reescribe en la tradición oral campesina colombiana hasta divergir del original de Apuleyo, y propone llamar «topologías literarias» a la dependencia entre cada versión local y el territorio donde se cuenta. Aplicado aquí, es exactamente lo que ocurre cuando el sésamo se vuelve perejil, la cueva se vuelve un pozo entre raíces y el hermano menor de un cuento europeo de tontos se llama Juan Bobo y tiene dos hermanos con nombre, Pedro y Manuelito.

  6. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Describe la economía campesina de las planicies inundables del Sinú y el San Jorge —concentración de la tierra, ganadería extensiva, desempleo, subsistencia— y con ella la razón material del arranque del cuento: tres hermanos que se van de casa de noche porque en casa no hay nada, y dos de ellos que prefieren irse sin el tercero. También sostiene lo que la ficha no explicita pero necesita: que en esa zona una casa de monte puede tener una puerta desmontable, que se anda de noche entre poblados y que el botín de unos ladrones es dinero, no joyas de cueva.

  7. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70

    redalyc.org

    Fecha y localiza el momento en que este cuento se grabó. El ensayo reconstruye, desde el archivo de dibujos de Ulianov Chalarka custodiado por la Fundación del Sinú en Montería, la organización campesina de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos y los Baluartes de Autogestión en Córdoba y Sucre a finales de los sesenta y en los setenta. Es el mismo departamento y los mismos años de la campaña de Zapata, y sirve para que la ficha pueda situar la circulación de un cuento sobre el reparto del botín entre hermanos en un campo que en ese momento discutía a gritos quién se quedaba con qué.

  8. George List Colombia Collections

    libraries.indiana.edu

    Documenta la situación de habla en que cuentos largos como éste, de cuatro episodios encadenados, podían contarse enteros: las noches de velorio y los patios de casa donde List grabó más de ciento veinte cintas en el Caribe colombiano entre 1964 y 1970. Y establece el puente entre los dos fondos, porque nombra al sociólogo Winston Caballero y a Manuel y Delia Zapata Olivella como los folcloristas colombianos con los que List trabajó: Caballero es el mismo que dirigió la búsqueda de géneros de la campaña cordobesa en la que se recogió este relato, de modo que las dos colecciones salen del mismo círculo de trabajo.

  9. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Es lo que permite afirmar en la ficha que este cuento no tiene segunda voz documentada. El índice enumera los veintiún relatos que George List grabó en el departamento de Bolívar entre noviembre de 1964 y marzo de 1965, con narrador y paginación en inglés y en español, y se cotejó título por título: los veintiuno son cuentos de animales y ninguno es de Juan Bobo ni de ladrones humanos. El otro fondo caribeño con el que este repertorio comparte tres títulos los comparte todos en el ciclo de Tío Conejo, no en el del tonto.

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¿Así te la contaron?

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«Juan Bobo y sus hermanos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Juan Bobo y sus hermanos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Juan Bobo y sus hermanos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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