En el principio, cuando el mundo aún era joven y su savia apenas despertaba, todas las gentes caminaban al unísono, hablando la misma lengua tejida por el aliento de los ancestros. En este tiempo, vivía un hombre llamado Monaya Jitoma, cuyo talante se erguía fuerte y resplandeciente como el sol naciente. Era un cazador habilidoso y un alma justa, cuyo corazón latía con la pureza de la selva virgen. Jitoma no toleraba la injusticia y era noble en su proceder, lo que generaba envidia y odio entre los brujos que merodeaban en las sombras del inframundo.
Un día, mientras el crepúsculo bañaba las copas de los árboles con su oro líquido, un visitante apareció en la maloca de Monaya Jitoma. Era un hombre engalanado, resplandeciente como un día de fiesta en la espesura. Se llamaba Nokaido, pero entre las ramas susurrantes se lo conocía como el Tucán. La esposa de Jitoma, al verlo, quedó deslumbrada por sus atuendos, como una mariposa hipnotizada por la luz de la luna. Fue entonces que le dijo al Tucán: "¿Por qué no me llevas contigo a tu casa?"
Nokaido, temeroso, respondió: "Tu marido posee el saber de los antiguos y podría aniquilarme". Pero ella, con la convicción de una profetisa, insistió, recordándole que contaba con la protección de su numerosa familia. Monaya Jitoma, en su sabiduría silenciosa, había sospechado lo que ya danzaba en su destino, y decidió no impedir la fuga, pues sabía que el tiempo afila sus propias espadas. "Algún día lo pagarán", pensó para sí, dejando que el destino tejiera su propia red.
El tiempo es un río que nunca se detiene, y los meses transcurrieron como hojas arrastradas por la corriente. Un gran baile se celebró, a donde fueron invitados todos, todos menos Monaya Jitoma. En aquella fiesta, en la que los tambores resonaban como el trueno lejano, un pobre muchacho cubierto de llagas, a quien nadie quería acercarse, fue dejado atrás. De él sintieron compasión Nokaido y la esposa de Jitoma, y lo llevaron a su nuevo hogar para sanarlo, sin saber que aquel joven no era otro que el propio Monaya Jitoma, transfigurado en Mayije Jitoma, el vengador de su propio desdén.
En la nueva morada, el muchacho comenzó a mejorar. Aunque no crecía en estatura, un aura de habilidad especial lo rodeaba como el manto de una deidad. Había un bosque fértil alrededor de aquella casa, repleto de árboles cuyos frutos eran el festín de pájaros, aquellos parientes de la mujer que ella misma ignoraba. Con destreza alquímica, Mayije Jitoma fabricó una bodoquera diminuta con la que comenzó a cazar a estas aves, para ofrecérselas a la pareja con humildad fingida. "Así no tendrán que buscar alimento lejos", les decía, con una sonrisa que acariciaba su venganza como quien corta una flor.
Tan encantada estaba la pareja con el alimento fresco que olvidaron a su propia gente. Los pájaros desaparecieron de la selva como fantasmas que se vuelven humo, y cuando la mujer y Nokaido decidieron visitar a sus parientes, no hallaron más que el eco de su ausencia y fogones apagados como estrellas muertas. En la última maloca, encontraron a una anciana que lloraba con lamentos de tierra herida. La mujer, desorientada, preguntó: "¿Dónde está mi gente?"
La anciana, con la sabiduría que da la tristeza, contestó: "Tú, que te fuiste de Monaya Jitoma por creer que tu familia te defendería, ahora vienes a buscarla. Ese enfermo al que recogiste es el mismo Jitoma. Ha cobrado su agravio, y ustedes devoraron a sus propios familiares. No me importunes más."
Aterrorizados, el Tucán y la mujer regresaron a su hogar con intenciones negras como la medianoche. Pero Jitoma, prevenido, subió a un árbol de maraca, simulando inocencia, mientras chupaba la fruta con un placer sereno. Aunque desde abajo lo llamaron, él se negó a descender, diciendo: "Estoy lleno, ya bajaré." La mujer, impaciente, exigió una fruta. Jitoma, con voz de truco, le dijo: "Atrápala con ambas manos o se volverá amarga." Y al lanzar la pepa con fuerza sobrenatural, golpeó a la mujer dejándola desmayada.
Mientras la furia de Nokaido crecía como una tormenta, Jitoma descendía del árbol transformado de nuevo en el hombre robusto que era. Viéndolo, el miedo se apoderó del Tucán, quien en un acto de cobardía majestuosa volvió a su forma alada y huyó, pero no sería libre fácilmente. Comenzó una persecución río arriba del Igaraparaná, que Jitoma renombró Jobiya. A cada tramo descansaba el fugado, y Jitoma, infatigable, lo alcanzaba sin causar su muerte. Durante esta corrida, cada parada se convertía en un nuevo nombre y un signo del destino: desde Manie hasta Ucuye, hasta que, finalmente, al llegar a un lugar remoto, Jitoma apuntó con la precisión de una constelación y derribó al Tucán.
Ató el cuerpo del ave caída y llamó a ese sitio Kuina, que significa "amarrado". Continuó su travesía, dejando que los nombres florecieran a la par de su venganza y del peso putrefacto que llevaba a la espalda. Pero en La Chorrera, tropezó y maldijo la tierra, por lo que allí nunca floreció del todo. En la Sabana de Cahuinarí, asó la carne del Tucán junto a un tronco, instalando sus entrañas sobre la madera. Saciado, emprendió el regreso a su hogar triunfante.
Con el pasar de los días, Monaya Jitoma volvió a su casa, donde una mujer aún lo esperaba, y juntos engendraron un hijo. Jitoma, siempre cazador, continuaba sus rondas en la selva con su Jobiya en las manos. Pero un día, entre el rumor de las hojas, oyó un canto de Tucán idéntico al de Nokaido. "Lo maté", pensó extrañado, al tiempo que intuía un hechizo en el aire. Investigó y halló que lo que quedaba de la tripa del Tucán, olvidada sobre un tronco, había dado vida a una serpiente blanca, emisaria de su propia muerte.
Regresó entonces, confesando a su esposa el temor que lo atenazaba, sin saber que ella gozaba en la ausencia de su esposo con otro hombre llamado Gaimo, un rival escondido en las aguas como un jaguar en espera. La mujer, con voz de miel envenenada, le decía a Jitoma: "Báñate río arriba, no desciendas al agua donde fluyen las sombras."
Movido por la intriga, Jitoma desobedeció al atardecer. Se adentró en las corrientes del río amarrado a la liana segura, y al hacer temblar el escondite de Gaimo, el rival creyó que su amante lo llamaba. Emergió como un espectro desatado, y viendo a Jitoma, lo devoró entero, llevando a término la tragedia del cazador.
Así se consumó la historia de Jobiya Jitoma, "Sol cerbatanero", cuya senda de justicia se vio interrumpida por el destino. Su mujer, marchita de amor y culpa, quedó con Gaimo y del fruto de esa unión nació Fïzido Jizïma, el "Huevo de Picaflor". Monaya, el hijo de Jitoma, heredó la fuerza y la bondad de su desaparecido padre. Ambos jóvenes crecieron como hermanos, desconocedores de los misterios y traiciones que marcaron a sus antecesores. Juntos emprendieron múltiples odiseas, tejiendo nuevas leyendas beneficiosas para la humanidad. Pero esos, murmuran las hojas, son relatos que aún esperan ser contados al amparo de las estrellas.
Historia
El origen del mito relata la historia de Monaya Jitoma, un cazador sabio y bondadoso respetado por todos, que es engañado por su esposa y Nokaido, el Tucán. Jitoma, conocido por no tolerar la injusticia, decide no enfrentarlos inmediatamente, sino que planea su venganza. Mientras la pareja acoge a un joven enfermo, ignorando que es Jitoma disfrazado, este se gana su confianza y provoca la desaparición de los parientes de la esposa, quienes son también pájaros. La historia sigue con la persecución de Nokaido, a quien Jitoma logra nombrar varios lugares durante su viaje de victoria. Finalmente, Jitoma muere traicionado cuando Gaimo, amante de su esposa, lo devora. Así, el mito revela las dinámicas de traición, venganza y transformación que dan origen a una serie de nombres geográficos y legados familiares.
Versiones
En la única versión del mito presentado, observamos un relato completo que detalla una secuencia continua de eventos en la vida de Monaya Jitoma y su transformación a Mayije Jitoma para llevar a cabo una venganza. La historia se desarrolla en un mundo de unidad lingüística, donde Monaya es inicialmente descrito como un hombre sabio y bondadoso, respetado por sus valores, pero también como una figura trágica que sufre una traición. Dos grandes sesiones de conflicto determinan la narrativa: primero, la fuga de su esposa con Nokaido, y segundo, el ingenioso logro de venganza de Jitoma al hacer que la pareja consuma a sus propios parientes en forma de pájaros cazados. Culmina con una persecución épica donde cada lugar se convierte en una nomenclatura simbólica de su travesía.
La segunda parte del relato ofrece un giro sorpresa posterior a la aparente victoria, revelando una traición renovada dentro de la propia casa de Jitoma. La advertencia y el presagio de su muerte inminente se concretan cuando Jitoma es devorado por el amante oculto de su esposa. Así, esta versión singular del mito enfatiza la circularidad del destino y la continuidad del conflicto, al tiempo que destaca el ciclo de traición y retribución. La conclusión abre espacio a una nueva generación, libre de los pecados del pasado, que esgrimirá su propia narrativa heroica con un tono de esperanza renovada, sugiriendo que el ciclo de vida y enseñanzas continuará bajo unas nuevas circunstancias.
Lección
La traición y la venganza son ciclos perpetuos que pueden destruir a todos los involucrados.
Similitudes
El mito se asemeja a la historia de Odiseo y los engaños en la mitología griega, así como a las transformaciones y venganzas presentes en la mitología nórdica.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



