Jadomacuriño y Guyataiba

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Jadomacuriño y Guyataiba

Jadomacuriño recibe una capacidad para trabajar, pero un error en el intercambio hace que el don sea retirado y ella se transforme.

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El relato

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Jadomacuriño se puso a comer pepas de milpés. Arriba, en el racimo, estaba Guyataiba, y al verla comiendo se puso a cantarle: que no se comiera su milpés, que allá en la loma estaban las frutas de ella y esas sí podía comérselas. Le cantó también que era una mujer a la que Jitoma Faïririyama había echado por perezosa, que por eso la había abandonado, y que ahora venía a comerse su milpés. Y terminó diciéndole que él la recogía para que pudiera comer de sus frutas.

De comer esas pepas quedó preñada.

El suegro era Jidobe, el jefe de los micos voladores. Él le sopló la mano para que se volviera trabajadora, y desde entonces ella cambió: aprendió lo que no sabía y le rindió la chagra y le rindió la casa. Para agradecérselo hicieron un baile, y ella misma mandó decirle al suegro que concurriera, que viniera a comer.

Cuando el baile terminó arreglaron los canastos de los visitantes. El de Jidobe quedó listo, pero ella se equivocó y se lo entregó a otro creyendo que era él. Se fueron todos y se quedó barriendo la casa. Al abrir la puerta para barrer detrás, encontró al suegro sentado ahí.

—Suegro, ¿eres tú el que está sentado ahí? Hace tiempo que yo te preparé el canasto y ya se lo llevaron. Ya no tengo nada. ¿Qué te voy a dar?

—Está bien. Cuando haya otra fiesta ya comeré.

Ella le dio un poquito de pescado machucado con ají negro encima del casabe. Él comió, y después le dijo:

—Bueno, nuera, muéstrame tu mano para curarte otra vez.

Así lo hizo, y él se puso a rezarle la mano, quitándole lo que antes le había puesto. La mujer se quedó sin nada: olvidó todo lo que es trabajo propio de mujer. Y luego la maldijo. Le dijo que quedaría convertida en oso hormiguero, que cuando un día apareciera la gente diría que esa es la mujer a la que convirtieron en oso hormiguero por perezosa, y que su comida sería la hormiga cabezona.

Después de transformarla la echó para el monte.

Jadomacuriño y Guyataiba: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una habilidad que llegó por la mano de alguien puede irse por esa misma mano.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

La narró la Abuela Filomena Tejada en El Encanto, sobre el río Caraparaná, en diciembre de 1979, y la tradujeron Rosa Amelia Tejada y Jitoma Zafiama. Fernando Urbina Rangel la publicó como capítulo quince de Las palabras del origen (Bogotá, Ministerio de Cultura, 2010, páginas 243 a 245), con el título «Guyataiba. La mujer descuidada». Es la pieza más breve de las dieciséis del libro y una de las dos que Urbina recogió de ella; la otra es Konago, del río Uyukoe. Filomena Tejada es la única mujer que narra en ese libro. Es la madre de Rosa Amelia, esposa de Jitoma Zafiama, y por lo respetada que era por su sabiduría fue la encargada de pronunciar la endecha ritual en los funerales del Abuelo Belisario, dos años después de que Urbina la conociera en El Encanto.

Urbina sitúa esta pieza en una categoría que él mismo bautizó, los «relatos de chagra»: cuentos breves con que las abuelas instruyen entreteniendo a los niños en el huerto o después de la jornada, y que preparan para los mitos largos, reservados a los iniciados formales. Esa clasificación es suya, y suya es también la moraleja que pone en el introito, según la cual la mujer poco atenta a los aprendizajes de su parte de la división del trabajo resultará una carga insoportable. Suya es igualmente la nota que explica que el oso hormiguero tiene fama de perezoso porque come pura proteína y duerme mucho. Lo dictado por la Abuela es el canto de Guyataiba, el diálogo con el suegro y la maldición final, y nada más.

Este expediente arrastraba además una confusión de nombres, ya corregida: Jadomacuriño es la mujer, Guyataiba es quien le habla desde el racimo de milpés y Jidobe es el padre de él, el jefe de los micos voladores. El diccionario uitoto-español que cierra la segunda parte de la obra de Preuss registra ese nombre, el del suegro, como el de una especie de mico volador, Pithecia monachus, lo que confirma de quién se trata.

Preuss no recogió esta historia. Su capítulo 17, que lleva el nombre Jadoma, es otro texto por completo: la lucha por un tapir, donde a un jefe llamado así los tapires le raptan al hijo. No hay ahí milpés, ni suegro que sople una mano, ni oso hormiguero, y el parecido es sólo de nombre. Es ese otro Jadoma, y no este, el que comenta Franklin Giovanni Púa Mora —autor del artículo que este expediente atribuía a Urbina— cuando explica la figura del dueño de los animales. El perfil de la Organización Nacional Indígena de Colombia sirve para situar al pueblo, con la advertencia de que la cifra de población que da es la del censo de 2005 y no la de 2018.

Resonancias con otros mitos

El contraste más exacto lo da otra historia de la misma narradora. En Jirayauma, el cerbatanero, que la Abuela Filomena Tejada le contó a Fernando Urbina en El Encanto en 1979 y que él recreó en «Las mariposas amarillas y el banco de contar historias» (Cuadernos de Literatura, 2007), un hombre perseguido paga cada ayuda con un don, y ahí queda dicho el principio: los regalos de los seres poderosos no son pasajeros, se quedan para siempre y le dan forma definitiva a quien los recibe. La perdiz se quedó con el coquillo que hace su canto, el caracol con la espiral, la culebra cazadora con la cerbatana estampada en el lomo, el caimán con el banquito en la cabeza. Aquí ocurre justo lo contrario, y por eso llama la atención: el don entra por una mano soplada y sale por la misma mano rezada, y lo único definitivo acaba siendo el castigo. Que el repertorio de una misma abuela contenga las dos reglas es lo interesante, no la moraleja.

El segundo paralelo está en el capítulo anterior del mismo libro: Kugï y Nokuerai, que narró el Abuelo Pablo Bigïdïma en El Encanto en noviembre de 1979. Las dos historias terminan con una mujer convertida en animal y las dos explican con eso algo que se observa —la lora que anuncia los compromisos, el oso hormiguero que come hormiga cabezona—, pero la mano es distinta. Rikoño se transforma ella misma: pide sus aretes y sus espejos y alza el vuelo hablando todas las lenguas que aprendió. A Jadomacuriño la transforma su suegro y la echa al monte, y lo que se lleva con ella no es lo aprendido sino su pérdida.

Conviene no leer el desenlace como una sanción aprobada. La división del trabajo que el texto da por sentada es la de una casa concreta del Caraparaná en 1979, y la fama de perezoso del oso hormiguero es una explicación del animal, no un veredicto sobre nadie.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Este es el único de estos cuatro capítulos que no tiene una segunda recolección en la obra de Preuss. Sí la tiene en otra parte, y no se había usado.

  2. En el archivo digital de lenguas de la Amazonia, la colección «Murui: Palabra de consejo de Kɨneraɨ» reúne sesenta y tres grabaciones que Juan Álvaro Echeverri y Olga Lucía Montenegro le hicieron al Abuelo Hipólito Candre Kɨneraɨ entre 1992 y 1993. La número 62 lleva por título el nombre del oso hormiguero pequeño, doboyi, y el resumen del registro dice exactamente esto: es la historia de quien fue convertido en ese animal por su suegro. Candre Kɨneraɨ es okaina por línea paterna y habla el dialecto uitoto del Igaraparaná, de modo que no es la misma boca ni el mismo río que el de El Encanto. Es, hasta donde este expediente alcanza, el único otro testimonio conocido de esta historia, trece años posterior al de Filomena Tejada, y está grabado con transcripción y traducción disponibles. El registro público no dice más que eso: no permite saber si allí coinciden el canto del milpés, el canasto equivocado o la mano soplada, ni si el personaje transformado es una mujer. Sólo la transcripción lo resolvería, y conviene consultarla antes de afirmar que son la misma historia y no dos historias sobre el mismo animal.

  3. Preuss sí registró el animal, aunque no esta historia: en el primer capítulo de su segunda parte, entre los seres que el creador envía a la tierra, aparece el oso hormiguero amarillo con ese mismo nombre.

  4. Hay además un hueco que el texto dictado no llena y que no conviene rellenar: nunca se dice por qué Jidobe se quedó sentado detrás de la puerta cuando todos los demás ya se habían ido, ni si esperaba su canasto o estaba comprobando algo. La Abuela no lo aclara.

  5. Sobre las grafías: el compendio de Urbina imprime Jadomacuriño, Guyataiba, Jidobe y Jitoma Faïririyama, con la sexta vocal del uitoto donde la llevan. El nombre del mico volador aparece en el diccionario de Preuss con una forma que su copia digital no permite fijar, porque el reconocimiento óptico de esos escaneos borró esa vocal y la sustituyó casi siempre por una k. Cualquier forma en lengua tomada de ese tomo hay que comprobarla sobre la página impresa.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. 62. Doboyi ie ikakɨ (Cuento del oso hormiguero doboyi)

    repositorio.unal.edu.co

    Es una versión independiente del mismo relato, grabada el 22 de junio de 1992 en el río Igaraparaná a un narrador distinto y por un investigador distinto, con audio de 5:39 y transcripción, traducción y análisis lingüístico asociados. El resumen del ítem enuncia el núcleo exacto de la ficha: es la historia del pequeño oso hormiguero doboyi, a quien su suegro convirtió en esa forma. Confirma que el nudo del relato no es la pereza de una mujer sino un castigo aplicado por el suegro dentro de la relación de afinidad, y que el desenlace zoológico —el oso hormiguero— es estable entre narradores y décadas.

  4. Kɨneraɨ: Índice y sumario de la colección (Murui: Palabra de consejo de Kɨneraɨ y otras grabaciones del río Igaraparaná)

    repositorio.unal.edu.co

    Es la tabla de las 63 grabaciones de la colección y la que permite situar el relato del oso hormiguero con precisión documental: entrada 62, «Doboyi ie ikakɨ», traducida como «Cuento del oso hormiguero doboyi», fechada el 22 de junio de 1992, narrada por Hipólito Candre, de 5:39 de duración, transcrita y traducida por Juan Álvaro Echeverri. Explica también el marco de la colección —grabada en 1992 y 1993 con apoyo de la Fundación Puerto Rastrojo dentro del programa COAMA— y que dieciséis de esas grabaciones son la base de Tabaco frío, coca dulce. Para esta ficha vale como prueba de que el relato existe fuera de la publicación de origen.

  5. Las mariposas amarillas y el banco de contar historias

    revistas.javeriana.edu.co

    Segunda versión publicada del mismo relato, con otra narradora: la abuela Filomena Tejada, oída por Urbina en 1979 cerca de El Encanto, río Uyukoe (Urbina anota que José Octavio García, yerno de doña Filomena, le había dado una versión mucho más extensa en 1971). Aporta lo que la adaptación ilustrada no trae: cómo mata la Mujer-Jaguar a sus pretendientes en el vano de la puerta, cómo Jirayauma esquiva el golpe, el salado donde ella atrae a los animales y por qué eso la hace Dueña-de-animales, los dardos en el centro de su poder, y el pago a Perdiz, Caracol, Culebra-cazadora y Hormiga-arriera. Cierra con Naïma, el primer Caimán, y el banco que le queda en la cabeza.

  6. Anexo: Diccionario uitoto-español (Religión y mitología de los uitotos, II parte)

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Identifica los dos animales que sostienen esta ficha y que hoy aparecen en ella sin determinar: jidobe es una especie de mico llamada 'mico volador' (Pithecia monachus), con sinónimo ruizaima, lo que confirma que el nombre del suegro y el de su gente son el nombre de una especie; y doboyi es el oso hormiguero pequeño o amarillo (Tamandua tetradactyla), distinto del ereño u oso palmero (Myrmecophaga tridactyla). Permite decir en qué oso hormiguero se convierte la mujer y qué clase de micos voladores encabeza Jidobe, en lugar de dejarlo en genérico.

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«Jadomacuriño y Guyataiba» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Jadomacuriño y Guyataiba» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Jadomacuriño y Guyataiba» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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