In illo tempore

Andina · Mestizo

In illo tempore

Jerónimo de Vezga cambia de bando esperando casarse con Isabel, pero la ejecución de Robledo lo obliga a regresar ante Don Diego.

Leer el relato
In illo tempore: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

Un domingo, después de la misa mayor, en el atrio del templo de Anserma, un amigo se acercó a don Jerónimo de Vezga con malas noticias.

—Inútil, don Jerónimo, inútil vuestra porfía. Bien sabéis la enemistad que guarda don Diego contra el Adelantado, y lo testarudo que es el viejo en esas pasiones.

Y le repitió lo que el viejo había dicho delante de él: que dar la mano de su hija a un partidario de Benalcázar, jamás; que antes lo verían muerto.

Don Jerónimo bajó la calle rumbo a su posada. El sol de septiembre caía a manojos sobre las calles, bajo un cielo tan limpio que parecía un lago de cobalto, y su sombra larga se encogía y se estiraba a cada paso. Se retorcía el bigote y hablaba solo. Si el viejo lo había dicho, el viejo lo cumplía. Y el dilema no tenía salida: si dejaba las banderas del Adelantado para seguir las de Robledo, perdía la honra y además se embarcaba en una nave que, a su parecer, se estaba yendo a pique; y si no lo hacía, jamás podría llamar suegro a don Diego.

Llegó al mesón, se encerró en su cuarto, se tendió en la cama y le pidió consejo a la almohada. Era una consejera de poca tripa y mal aliento, y así fue su consejo:

—¿Qué os reportan el Adelantado, el guion real o el mismo rey? Bien poca cosa. ¿Y vale todo eso siquiera una pestaña de los ojos de doña Isabel? Pues dejad esas banderas y marchaos con el mariscal Robledo.

Y el corazón dijo que sí. Tenía motivos: la muchacha era doña Isabel Gutiérrez de los Ríos, que hacía reventar de envidia a las rosas.

Antes de que amaneciera sobre los jardines de Anserma, un jinete salía de la ciudad rumbo al norte. Don Jerónimo iba camino de la villa de Arma, detrás del estandarte del mariscal Robledo, el rival de Benalcázar. Robledo lo recibió con gusto, porque sus tercios flaqueaban, y le dio un puesto de honor en su guardia personal.

Le duró poco. El primer día de octubre de 1546, de madrugada, el Adelantado cayó sobre el campo descuidado de Robledo y se lo llevó sin disparar un tiro. Don Jerónimo despertó al mariscal; acudieron Alonso de Medina y el alférez Hernando Gutiérrez de Altamirano a animarlo a pelear. Pero Robledo vio cuán pocos eran, dejó caer la pica y fue a entregarse a Benalcázar. Cuatro días después murió a garrote, con tres de sus capitanes.

Don Jerónimo huyó. Se despeñó por un precipicio sin hacerse daño y, tras mucho correr, llegó a esconderse en Anserma, en casa de un camarada.

Pasaron los días. Cuando el Adelantado se fue a Popayán, don Jerónimo salió del escondite, primero con cautela y luego con toda confianza, y se fue derecho a casa de don Diego Gutiérrez de los Ríos a pedir su premio. Ya no quedaba, pensaba, ninguna razón para negárselo.

El viejo lo oyó y le contestó con calma:

—Señor pretendiente: cuando erais del bando del Adelantado, quizá con constancia me habríais ganado. Hoy, que cambiasteis de bandera como quien cambia de jubón, habéis perdido toda esperanza, porque prefiero ver a mi hija en manos de un enemigo leal que en las de un amigo que se me cuela por el postigo de la traición.

Así habló don Diego en Santa Ana de los Caballeros de Anserma, hace cuatro siglos.

In illo tempore: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien cambia de lealtad para conseguir lo que desea suele perder, por eso mismo, lo que buscaba.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.23809° · -75.784°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto es un cuento de Enrique Otero D'Costa, historiador colombiano que publicó en 1936 un tomo de Leyendas en la Biblioteca Aldeana de Colombia, la colección que la Selección Samper Ortega sacó con el Ministerio de Educación y la editorial Minerva. Se lee en dos testigos. Eugenia Villa Posse lo reprodujo en 1993 en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito), sección 17, «Varias regiones», pp. 25-27, y advierte que Otero reunió allí textos que «recuerda y elabora» para darles forma literaria. La Revista Universidad Pontificia Bolivariana lo publicó de nuevo en 1964 (vol. 27, n.º 95, pp. 58-61), en un homenaje póstumo que llama al autor «destacado historiador» y a sus piezas «crónicas sobre temas coloniales». Los dos textos coinciden salvo erratas de composición.

No hay informante. Habla el autor, que se dirige al lector y llama a Jerónimo «nuestro enamorado hidalgo». La materia es la guerra entre los conquistadores de la gobernación de Popayán: Sebastián de Benalcázar, el Adelantado, y el mariscal Jorge Robledo, fundador de Anserma, que en 1546 se proclamó gobernador de las tierras del norte. Otero, que dirigió el Archivo Historial de Manizales y coleccionó documentos coloniales, pone su cuento dentro de esos hechos: la sorpresa del 1 de octubre de 1546, la entrega de Robledo y su muerte a garrote cuatro días después.

El título latino, «en aquel tiempo», es la fórmula con que la liturgia abría la lectura del Evangelio, y marca el tono del cierre: el cuento termina situando la respuesta de don Diego en Santa Ana de los Caballeros de Anserma, «ahora cuatro siglos».

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo libro. En «De frente al sol», otro cuento de las Leyendas de Otero, un encomendero de Chinchiná mide la honra de su hijo muerto por el lugar de las heridas: si están en el pecho, murió bien. «In illo tempore» mide la honra por el lado contrario, el de quien abandona su bandera. En los dos, el juicio lo da un viejo que prefiere perder algo querido antes que aceptar una mancha.

La respuesta de don Diego tiene raíz en el romancero y en la moral caballeresca que Otero imita en todo el cuento: el narrador lo compara, en la misma escena, con los héroes castellanos de la lealtad, y la fórmula del enemigo leal preferido al amigo traidor es un lugar común de esa tradición. El que cambia de señor por interés, aunque el interés sea el amor, queda deshonrado a los ojos del que no cambió.

Y la escena del pretendiente rechazado por un padre intransigente, en medio de una guerra civil entre los propios vencedores, repite a escala de aldea lo que la historia de la gobernación cuenta en grande: la lucha entre Robledo y Benalcázar partió a los españoles de Anserma y Arma en dos bandos, y la derrota de uno arrastró a los que se habían pasado a él a última hora.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las dos impresiones que pueden leerse dicen lo mismo. La de 1993 descompone el espaciado de la tipografía y la de 1964 se come algunas letras, pero ninguna variante toca la trama. Villa Posse da las pp. 15-46 para toda su selección, y un estudio posterior sitúa otra pieza del mismo tomo, «Cuento de ánimas», en las pp. 130-133.

  2. Lo que cambia es la etiqueta. Villa Posse la reúne con leyendas regionales oídas a campesinos y reelaboradas; la revista de 1964 la llama crónica; Daniel Mauricio Preciado Camargo, en su trabajo de grado sobre Otero en la Universidad del Rosario, lee sus leyendas como una forma de historiografía de la vida cotidiana colonial. El cuento admite las tres lecturas: tiene nombres y fechas de la historia, un narrador que ironiza y una moraleja de caballería.

  3. Los hechos de fondo coinciden con los que cuenta la historia regional. La Gobernación de Caldas, en su síntesis de la conquista, narra cómo Robledo llegó a la región con Benalcázar en 1536 y después fundó Anserma, y cómo la rivalidad entre los dos terminó con el mariscal preso. El cuento añade lo que la historia no registra: el pretendiente que cambia de bando por amor y el suegro que no lo perdona.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Caldas · Andina
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Texto del cuento de Otero D'Costa, de sus Leyendas (1936), en la sección 17 «Varias regiones», pp. 25-27: el atrio de Anserma, el consejo de la almohada, la sorpresa del 1 de octubre de 1546 y la respuesta de don Diego.

  2. Leyendas

    revistas.upb.edu.co

    Segunda impresión del cuento, póstuma (pp. 58-61), con la nota que llama al autor «destacado historiador» y a sus piezas «crónicas sobre temas coloniales».

  3. Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)

    repository.urosario.edu.co

    Estudio de la obra de Otero D'Costa que lee sus leyendas como historiografía de la vida cotidiana colonial.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. La colección de Enrique Otero D'Costa

    banrepcultural.org

    Presenta a Otero D'Costa como historiador y coleccionista de documentos coloniales, el oficio que da nombres y fechas a su cuento.

  2. La conquista o encuentro de dos culturas

    caldas.gov.co

    Síntesis de la conquista del antiguo Caldas: Robledo llega con Belalcázar en 1536, recorre la provincia de Anserma y funda sus poblaciones, el fondo histórico del cuento.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«In illo tempore» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «In illo tempore» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «In illo tempore» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.