En el corazón del altiplano cundiboyacense, bajo la mirada vigilante de los dioses, se encontraba la próspera aldea de Hunza, un lugar donde el tiempo parecía deslizarse con la misma cadencia con que lo hacían los rayos del sol tras las montañas. Allí, entre los bohíos adornados con águilas de oro y caracolas, vivían Hunzahúa y su hermana Nonzetá, dos almas entrelazadas desde su nacimiento bajo el árbol tutelar del maizal.
Hunzahúa era el sobrino y heredero del cacique de Ramiriquí, un joven cuyo destino estaba escrito en el eterno pergamino de las estrellas. La ley de Nemequene y Bochica dictaba que no debía conocer el amor hasta que el cetro descansara en sus manos, salvo que ese amor naciera de los labios de su madre Faravita o de su hermana Nonzetá. Sus días transcurrían apacibles en la cuca, el recinto sagrado reservado a la formación del futuro soberano, mientras el maizal susurraba secretos antiguos al viento que jugaba con las melenas de su hermana.
Pero el destino, en su caprichosa danza, sembró la discordia en el corazón del joven príncipe. Inspirados por la natural unión de aves y peces, Hunzahúa y Nonzetá descubrieron en sí el eco de un amor prohibido, un lazo tan poderoso como la corriente del río. Este secreto, oculto tras verdes cortinas de maíz, culminó en encuentros clandestinos donde sus almas se entrelazaban, provocando la ira del destino.
El día del gran festival de Suamena, mientras el pueblo de Hunza se arrodillaba para adorar al dios del sol, Faravita, con la sabiduría de los años reflejada en su tez agrietada por el tiempo, percibió el murmullo traidor de los susurros de los maizales. En un arrebato entre el deber y el amor materno, confrontó a su hija, y al descubrir la verdad, descargó sus manos contra Nonzetá con la sana, el palo ritual para revolver la chicha.
El universo, en un giro inesperado, se conmovió con el llanto de la joven y el golpe certero de Faravita, desbordando la chicha sobre la tierra, que se hundió para formar el legendario Pozo de Donato. Al ver el agua desgajada, Nonzetá huyó con la agilidad de un ciervo, mientras la aldea al completo, desde los cojines donde adoraban al sol, se estremecía con el rumor del incesto entre los hermanos.
Atrapados entre las leyes divinas y humanas, Hunzahúa y Nonzetá emprendieron una fuga hacia su desesperado amanecer. Subieron a la cima de la Loma de los Ahorcados, desde donde Hunzahúa, con el ardor de un sol ardiente en su pecho, lanzó una maldición a la ingrata Tunja: "Quedarás estéril, ciudad querida. No conocerás más ni flores ni frutos. Serás dura y fría, abrazada solo por el viento". Al contemplar la ciudad que había fundado, sus palabras resonaron como un eco infinito que condenaba el fértil valle a la desolación perpetua.
Guiados por una flecha que surcó el aire, los amantes encontraron al fin el remoto refugio de Susa, donde Nonzetá dio a luz a un hijo, quien al primer suspiro se transformó en piedra, un tributo petrificado a su amor condenado, un eco eterno en las cavernas del tiempo.
Siguiendo el rastro incierto de la flecha mágica, se adentraron en las tierras del zipa de Bacatá. Allí, frente al majestuoso Salto de Tequendama, donde Bochica había desatado las aguas para saciar la sed de la tierra, sintieron que su amor prohibido había hallado el fin que los ancestros habían previsto. Dispuestos a dar un último salto hacia el abismo, fueron salvados por la magia de Bochica, transformándose en dos imponentes rocas que vigilan eternamente el precipicio, un monumento a su amor trágico y la nueva tradición que establecieron, donde los zaques de Hunsa podían soñar con amores prohibidos.
Así, el mito de Hunzahúa quedó escrito en piedra y agua, una danza eterna de amor y castigo, perdida entre las corrientes del tiempo, donde el viento y el río siguen susurrando la historia a cuantos se adentran en la bruma del Salto de Tequendama.
Historia
El mito de Hunzahúa, originario de la región de Tunja y Ramiriquí, relata la historia de Hunzahúa, el primer zaque de Tunja, y su hermana, quienes cometen incesto a pesar de la prohibición cultural de los chibchas. Hunzahúa, descrito como un gobernante fuerte y temido, se enamoró de su hermana, un amor que nació al observar la naturaleza en su entorno privado y en un viaje a Chipatae. La madre, al descubrir el incesto por indicios como el embarazo de la hermana, intentó castigarlos usando un palo de revolver la chicha, acto que resultó en la creación del Pozo de Donato cuando la chicha se derramó tras un golpe fallido. Hunzahúa maldijo la tierra de Tunja, haciéndola estéril, antes de huir con su hermana. Siguiendo flechas guiadoras, viajaron hasta el salto de Tequendama, donde ambos se convirtieron en piedras, un castigo divino, según la tradición, que transmite una norma moral de la cultura muisca con respecto al incesto. Este mito, además de explicar el origen de una tradición matrimonial en Hunsa, también simboliza la ruina de Hunzahúa provocada por su desafiante amor.
Versiones
Las versiones del mito de Hunzahúa y su hermana presentan variaciones significativas en la narrativa y los elementos simbólicos del relato. En la primera versión, el mito está cargado de una atmósfera de amor y condena, subrayando la prohibición del incesto bajo las leyes de Nemequene y Bochica. El descubrimiento del amor ilícito desata una fuga dramática culminando en la maldición hacia Tunja, simbolizando el rompimiento del orden social y natural. La interacción con elementos naturales y la formación del Pozo de Donato acentúan las consecuencias de sus acciones en el entorno físico. Este relato pone énfasis en la comunidad y los rituales religiosos, ilustrando un cambio abrupto de la inocencia al castigo divino.
Por otro lado, las otras versiones se centran más en el viaje de los hermanos y la transformación en piedra al final, un evento que simboliza tanto la transgresión como la permanencia de su historia en la memoria cultural. Se destaca el enfoque en el castigo visualizado a través del hijo convertido en piedra, un motivo recurrente que subraya una concepción de justicia divina y consecuencias eternas. Algunos relatos introducen elementos que reflejan una aceptación cultural gradual de las relaciones incestuosas, expresando una evolución social posterior que permite tales uniones como tradición. El papel de la madre y su reacción violenta están presentes, aunque con diferente intensidad, reflejando una crítica al control social sobre las decisiones individuales. En conjunto, las versiones varían en su énfasis desde el contexto sociopolítico del cacicato hasta los simbolismos de los elementos naturales como testigos y jueces del pecado y la moralidad.
Lección
El amor prohibido conlleva consecuencias inevitables.
Similitudes
Se asemeja al mito griego de Edipo por el tema del incesto y las consecuencias trágicas. También recuerda a las leyendas nórdicas de amor prohibido y transformación.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



