AndinaMuiscasHuitaca

Huitaca

Huitaca simboliza el conflicto entre el orden social patriarcal y el matriarcado en la cultura muisca, reflejando una lucha ideológica en sus mitos.

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Ilustración de Huitaca

En los tiempos antiguos, cuando la tierra de los muiscas aún florecía bajo el manto de bosques interminables, había en el universo un gran litigio entre las fuerzas del día y de la noche, de la rectitud y del desenfreno, que quedó grabado para siempre en las historias contadas a la luz de la hoguera. No eran sólo relatos de viejos sabios, sino un torbellino de mitos enredados, que tejían la trama entre el cielo y la tierra.

Las gentes del altiplano creían que el mundo fue moldeado por un ser supremo, un artífice que creó el cielo y la tierra. Sin embargo, no por ello dejaron de rendir tributo al Sol, a quien llamaban Zuhé, cuya luz dorada despertaba la vida cada mañana. Y adoraban también a la Luna, Chía, cuya presencia plateada adornaba el manto oscuro de la noche. Pero más allá de estos cuerpos celestes, emergió una figura singular en la historia de su pueblo: Bochica, un viajero enigmático cuyas enseñanzas trajeron paz y virtud a la tierra muisca.

Bochica no caminaba solo por el universo de los relatos. Sus huellas se confundían a veces con las de otros nombres: Nemqueteba, Chimizapagua, cada uno reflejando un fragmento de su presencia misteriosa. Decían los guardianes de la historia que llegó desde tierras lejanas, solos algunos sostenían que eran tres viajeros en uno, mientras otros aseguraban que eran uno solo.

El sabio Bochica cruzó las montañas y valles, enseñando a los hombres los secretos de la siembra y del telar, iluminando sus almas con la promesa de un futuro regido por el trabajo y la armonía. Sin embargo, como una sombra que desliza la luz, apareció otra figura: Huitaca, la mujer de extraordinaria belleza y peligroso resplandor. Sus enseñanzas y encantos contradecían las virtudes de Bochica, llevando consigo la promesa de una vida libre y desinhibida, repleta de juegos, placeres y abandonos.

Cuentan que Huitaca no sólo era una mujer de carne, sino una deidad con mil rostros; nombrada Chía por algunos, Yubecaiguaya por otros y hasta Xubchasgagua. Su poder era tal que convocaba multitudes bajo su estandarte de libertinaje, alterando el curso de lo que Bochica había sembrado en los corazones del pueblo. Las muchedumbres, atraídas por el fulgor de su encanto, se volcaban a sus ceremonias ruidosas, olvidando la paz del trabajo bajo el sol.

Pero los cielos y la tierra no podían soportar el caos que susurraban los labios de Huitaca. Fue entonces que las manos del destino, en forma del dios Chibchacum en algunos relatos, de Chiminigagua en otros, o del mismo Bochica según diversas voces, tomaron acción contra ella. La desafiante deidad fue castigada: se convirtió en lechuza, condenada a volar en la penumbra, símbolo del misterio y del oculto saber de la noche, o bien fue elevada al cielo, transformada en la Luna, para que su luz nunca alcanzara la brillantez del sol del día.

Las historias chibchas en ese entonces estaban llenas de tonos y matices, de rostros cambiantes y capas de significados. Para algunos, en esta transformación estaba también el acto de unión con el Sol, haciendo que Chía/Huitaca iluminara el mundo desde arriba, una imagen de reconciliación y castigo entre la noche y el día. Los ubaques, aquellos que aún hablaban la lengua de los ancestros, decían que Chía había sido mujer de Vaquí, y que su descendencia se unió al ejército de demonios, trazando líneas que mezclaban lo humano y lo divino, lo verdadero y lo ilusorio.

Así, la leyenda de Huitaca se enredaba con la tela del ritual lunar, mientras en los tiempos subterráneos, sus seguidores mantenían vivas sus enseñanzas, enfrentándose y coexistiendo con la luz de Bochica. En aquellos relatos maravillosos, llenos de giros y contradicciones, se revelaba la compleja urdimbre de la vida muisca, un retrato del alma humana atrapada entre la lucha ancestral por el equilibrio y la tentación del caos.

El eco de estas historias todavía resuena entre las montañas de Cundinamarca, un recordatorio de que, bajo el brillo de la luna y el calor del sol, las sombras y las luces del mundo siguen danzando en un eterno vals de creación y destrucción, de bien y de mal, mientras los hombres siguen buscando su ruta en el firmamento.

Historia

El mito de Huitaca tiene su origen en las complejas creencias religiosas y tradiciones de los muiscas, un pueblo indígena de la región de Nueva Granada. Este mito refleja la coexistencia de múltiples sistemas de creencias y luchas de poder espiritual dentro de su sociedad. Huitaca es presentada como una deidad femenina o figura rebelde que se opone al dios Bochica, un predicador y legislador que promovía enseñanzas de virtud y orden social. Por otro lado, la figura de Huitaca está asociada con el desenfreno, el placer y el matriarcado, lo cual generó un conflicto con las enseñanzas patriarcales de Bochica.

Huitaca también se conecta con la diosa lunar Chía, y en algunas versiones se la identifica como Bachué, madre de los chibchas. Las diferentes narraciones del mito describen su transformación en una lechuza o en la luna, bajo la intervención de diferentes deidades, como Bochica, Chibchacum o Chiminigagua. Estos castigos reflejan la desaprobación de las enseñanzas de Huitaca y su influencia en la sociedad muisca.

Las versiones presentadas indican una pugna ideológica y moral entre las enseñanzas patriarcales y las influencias matriarcales, lo que resultó en una rica diversidad de narrativas sobre Huitaca, su rol y destino final dentro del panteón muisca.

Versiones

Las distintas versiones del mito de Huitaca reflejan una notable diversidad de interpretaciones sobre su rol y su relación con las deidades muiscas. En la primera versión, encontramos un matiz detallado sobre los diversos nombres y roles atribuidos a figuras como Bochica, Nemqueteba, y Huitaca, sugiriendo una confusión en la tradición oral que resultó en múltiples personajes posiblemente unificados. Piedrahita sostiene que era común que un personaje posea varios nombres, mientras que se describe a Huitaca como una figura que se opone directamente a las enseñanzas "virtuosas" de Bochica, al promover una vida de libertinaje. Este relato también introduce la idea de que Huitaca podría haber sido castigada por Bochica o por el dios Chiminigagua, sugiriendo su transformación en una lechuza o en la luna. Además, hay menciones sobre la relación matriarcal en las sociedades indígenas, lo que indica un conflicto cultural entre ordenes sociales patriarcales y matriarcales.

La segunda versión, aunque similar, presenta una visión más centrada en la figura de Huitaca como una mujer de gran belleza y luminosidad, aludiendo a su identificación con Bachué, la madre de los chibchas, lo cual introduce una dimensión matriarcal clara. Esta narrativa resalta el atractivo de las enseñanzas de Huitaca, que priorizan el placer y la permisividad, enfrentando directamente el orden social propuesto por Bochica. En contraste con la primera versión, esta destaca principalmente la transformación de Huitaca en una lechuza como un castigo divino, pero también incorpora la posibilidad de su elevación como esposa del Sol o la Luna, subrayando nuevamente el vínculo con cultos lunares. En general, ambas versiones subrayan una lucha ideológica y social reflejada en los mitos, pero difieren en el énfasis sobre los autores divinos del castigo y en los nombres utilizados para describir a Huitaca y sus roles.

Lección

El equilibrio entre el orden y el caos es esencial para la armonía social.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Pandora y al mito nórdico de Loki, ambos desafiando el orden establecido.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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