
Caribe · Mestizo
Francisco el Hombre
Un juglar se encuentra de noche con un adversario sobrenatural y vence el duelo de acordeón al cantar una oración; la leyenda se asocia con Francisco Antonio Moscote.
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El relato
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Volvía de una fiesta, de noche, solo, y tocaba mientras cabalgaba. Le salían canciones de amor y canciones de risa, que era lo que había estado tocando toda la tarde y lo que el cuerpo seguía pidiendo.
En la mitad del camino le pareció que el aire le devolvía los sonidos.
Se dijo que sería el eco. Apretó, para oírlo mejor. Tocó más fuerte y más rápido, y el aire contestó más fuerte y más rápido, y entonces se dio cuenta de una cosa que le puso la piel de gallina: lo que venía de vuelta estaba mejor tocado que lo que él mandaba.
Eso no lo hace un eco.
De la oscuridad salió el otro. Venía en un caballo enorme, y él mismo era enorme: cinco metros de acordeonista montado, con el fuelle abierto. No hizo falta que se presentara. Le dijo que se preparara, y se lo dijo cantando:
Yo vengo de tierra lejana,
yo soy un diablo desatao,
prepárate, Francisco el hombre,
que te tengo acorralao.
Así que era un duelo, y era con quien era.
Francisco tenía el acordeón en las manos y el miedo en el espinazo, y no tenía ninguna ventaja. Contra ese contrincante no había nota. Podía tocar hasta que se le partieran los dedos y el otro iba a devolverle la frase mejorada, como venía haciendo desde la primera curva del camino.
Entonces se le ocurrió lo único que se le podía ocurrir.
No buscó una melodía. Buscó una oración. Y no la rezó como se reza, porque rezada era lo de siempre y no iba a asustar a nadie. La empezó por el final.
Fue diciendo el credo al revés, palabra por palabra, desde la última hasta la primera, sin perder el compás y sin equivocarse, que es lo difícil, porque una oración se aprende en un solo sentido y no hay forma de deshacerla sin pensarla entera.
Y mientras la desandaba iba contestando la copla:
Muy diablo puedes sé,
no me tienes acorralao.
Por ser diablo desatao,
te canto el credo al revé.
El caballo se paró en seco. El fuelle del otro se quedó a medio abrir, sin aire. Lo que había salido de la oscuridad volvió a la oscuridad, y el camino quedó como estaba: la noche, el monte, un hombre a caballo con un acordeón.
Siguió andando. Llegó a su casa.
Desde esa noche lo llamaron así, el Hombre, y nadie tuvo que explicar por qué. Bastaba decir que había una manera de ganarle al diablo, que no era tocar mejor que él, y que a un juglar del camino se le había ocurrido primero.

La enseñanza
“Contra quien viene a medirse con uno, a veces sirve más la memoria que la destreza.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 10.6° · -75.3°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Caribe
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 21 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Antonio Brugés Carmona. Música costeña / Realismo mágico, Revista de Estudios Colombianos n.º 44
colombianistas.org
Es la fuente que cambia la ficha y la que sostiene la capa de «Versiones». Reconstruye la obra periodística de Antonio Brugés Carmona (Santa Ana, Magdalena, 1911-1956) y transcribe el pasaje del duelo tal como éste lo publicó: «De repente se presentó el Diablo en forma de acordeonista […] Ocho días y ocho noches duró la lucha hasta que se firmó un acuerdo: Pedro Nolasco sería millonario y tocaría como nadie el acordeón, pero su alma quedaba hipotecada hasta el día de su muerte». Fecha la precedencia —Brugés puso ese encuentro en territorio guajiro «casi treinta años antes que García Márquez hiciera lo mismo con la figura de Francisco El Hombre»— y da la referencia completa de la crónica: «Vida y muerte de Pedro Nolasco Padilla», El Tiempo, Bogotá, 3 de noviembre de 1940, Segunda Sección, página 2. Identifica además al acordeonero real detrás del personaje, Pedro Nolasco Martínez (El Paso, Cesar, 1881-1969), autor de «El Maligno» sobre su propio encuentro con el diablo, cuya voz quedó grabada en la de su hijo Samuel Martínez para el sello OCORA-Radio France en 1996. Es además la única vía por la que hoy se puede leer la crónica que transcribe: «Vida y muerte de Pedro Nolasco Padilla», de Antonio Brugés Carmona, publicada en El Tiempo el 3 de noviembre de 1940, que es el registro escrito más antiguo del duelo con el diablo y donde el acordeonero pacta en vez de vencer.
- Plan Especial de Salvaguardia para la Música Vallenata Tradicional del Caribe Colombiano
patrimonio.mincultura.gov.co
Es el documento que prueba que el Estado colombiano trata a este personaje como alguien que tuvo cuerpo y tumba. Registra que el 27 de octubre de 2011 el equipo del plan viajó a Riohacha y visitó el sitio referenciado como Macho Bayo «para conocer el estado de la tumba de Francisco Moscote, conocido como Francisco el Hombre, quien de acuerdo con la leyenda alrededor de la música vallenata demostró sus habilidades en la ejecución del acordeón derrotando al diablo». Entre las metas del plan figura la recuperación de esa tumba y su entorno, con costo estimado y entidades responsables, y el expediente registra el Festival Francisco el Hombre de Riohacha. Entra donde la Convención genérica de la Unesco no entraría, porque habla del relato y no sólo del género musical.
- Francisco el Hombre, juglar y leyenda (reseña), Boletín Vigías del Patrimonio Cultural
mng.mincultura.gov.co
Es la única fuente institucional abierta que reproduce los versos del duelo, y de ella salen las coplas que la ficha cuenta: «Yo vengo de tierra lejana / Yo soy un diablo desatao, / Prepárate, Francisco el hombre, / Que te tengo acorralao», y la respuesta «Muy diablo puedes sé, / no me tienes acorralao. / Por ser diablo desatao, / te canto el credo al revé». Da además la versión en prosa, con el acordeonista fantasmagórico de cinco metros sobre un caballo descomunal, y enumera los tres comparativos que el propio libro reseñado propone y que «Similitudes» recoge: Florentino y el Diablo en Venezuela, Finn en la mitología celta y Miseria en «Don Segundo Sombra».
Contraste y contexto · 6 referencias
- Mitología vallenata, Colección Roble Amarillo, tomo 22
manglar.uninorte.edu.co
Contiene la afirmación más fuerte de toda la controversia, en el capítulo «Transculturación», páginas 93 a 95: que Brugés Carmona «fue también el primero en contar la leyenda de un hombre que le vende su alma al diablo con tal de convertirse en el mejor acordeonero», que «este músico no se llamaba Francisco el Hombre, sino Pedro Nolasco Padilla» y que «antes de Cien años de soledad, nunca aparece reseñado en texto alguno el nombre de Francisco el Hombre». Lo dice declarándose a la vez creyente del mito. Es también la fuente del paralelo con Robert Johnson y «Me and the Devil Blues» que «Similitudes» desarrolla, y de la observación de que el enfrentamiento fáustico es común en las leyendas de ascendencia afro.
- Francisco El Hombre: un juglar más allá de la leyenda
radionacional.co
Es la fuente abierta que da la línea guajira con nombre y fechas, que es la que discute la tesis de Sánchez Baute. Nombre completo Francisco Antonio Moscote Guerra, nacido en 1850 en la zona rural de Galán, hoy corregimiento de Riohacha, hijo de José del Carmen Moscote y Ana Julia Guerra, desplazados de un caserío llamado Ciudad Moreno, y muerto el 19 de noviembre de 1953 en Machobayo, donde quedan descendientes. Nombra como investigador principal al abogado y escritor Ángel Acosta Medina, autor de más de seis títulos sobre el personaje, entre ellos «El verdadero Francisco el Hombre» y «Francisco, el Hombre histórico».
- La leyenda de Francisco el Hombre, al descubierto
panoramacultural.com.co
Recoge la versión de Ruth Ariza, educadora y antropóloga de Valledupar que trabajó tradición oral, y aporta un detalle que no está en ninguna otra versión abierta: el olor a azufre como señal de que el rival era el diablo, antes de rezar el credo al revés, tras lo cual el contrincante «huyó en una nube oscura». Ariza afirma que «Francisco El Hombre existió de verdad», sitúa su nacimiento en Machobayo, La Guajira, y niega que muriera en Atánquez, que es una de las variantes en circulación.
- Resolución 1321 de 2014 del Ministerio de Cultura, Diario Oficial n.º 49.168
normograma.mincultura.gov.co
Fija la fecha y el estatuto legal del expediente en que este relato quedó inscrito como patrimonio: por ella se incluye «la música vallenata tradicional del Caribe colombiano» en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional y se aprueba su Plan Especial de Salvaguardia, el 16 de mayo de 2014. Sirve para citar con precisión el plan que fue a inspeccionar la tumba de Macho Bayo en 2011.
- Francisco el Hombre, juglar y leyenda
mng.mincultura.gov.co
Es el libro del que salen las dos partes que circulan juntas en esta ficha: la prosa del encuentro y las coplas del duelo. La página institucional del Programa Nacional de Vigías del Patrimonio confirma autores, ministerio, mes y año de publicación y el ISBN, y sitúa la obra dentro de un programa de investigación patrimonial ciudadana, que es el marco en que hay que leer su autoridad.
- Francisco el hombre: leyenda y realidad
ellibrototal.com
Representa, dentro de la controversia que «Versiones» expone, la posición contraria a la de Sánchez Baute: la ficha declara la tesis del libro, que «Diago resuelve todos los interrogantes y demuestra con creces que su leyenda la originó Francisco Moscote, un acordeonero y juglar guajiro cuya prolífica descendencia diseminada entre La Guajira y el resto de Región Caribe es el mejor testimonio de su realidad». Es la línea guajira en su formulación más rotunda, y la que la ficha cita como posición y no como prueba.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Francisco el Hombre» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Francisco el Hombre» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Francisco el Hombre» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








