En el sitio de Morillo

Caribe · Mestizo

En el sitio de Morillo

Durante el sitio de Morillo, pescadores participan en un engaño para abrir paso a embarcaciones patriotas; la astucia ocupa el lugar de una victoria frontal.

Leer el relato
En el sitio de Morillo: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 4 min

La decisión fue dolorosa y unánime: evacuar la ciudad a velas desplegadas, desafiando a la escuadra realista. Rendirse, jamás. Los dirigentes acordaron salir por el lado de Bocagrande el día quince, y había que detener como fuera los estragos de la peste.

El asedio se había ido cerrando hasta impedir que entraran por el caño de la Boquilla los alimentos del interior. Se irían los hombres en edad de combate; quedarían mujeres, niños y ancianos.

A Raquel la orden la conmovió hasta el fondo. Se veían cada tarde en la glorieta de su azotea, porque por la peste sus padres no dejaban entrar ni salir a nadie, y Álvaro se venía saltando tejados. Ella simulaba que subía a meditar, y miraba cómo se estrechaba el círculo de los sitiadores.

—Zarpamos mañana. No hay remedio.

—Es descabellado. Mira: está el horizonte cuajado de barcos.

—La consigna es desafiarlos a vela desplegada. Es probable que los pescadores de la Boquilla armen inquietud como si trajeran víveres e intenten pasar el caño de Juan Angola. Los españoles se precipitarán a arrancarles los alimentos, y nosotros aprovechamos por Bocagrande.

—Os atraparán como ratas.

—Apenas pisemos tierra propicia nos armaremos y vendremos a libertaros. Ten fe. Nos casaremos.

Raquel lloró toda la noche.

Al día siguiente, en todas las glorietas, sin una luz que las delatara, las mujeres despedían a los hombres. Vieron moverse las sombras de las embarcaciones sitiadoras hacia la Boquilla y dejar un trecho abierto. Las barcas de los cartageneros se alejaron como cien pañuelos en el horizonte. Al aclarar el día se oyeron las detonaciones de los sitiadores tomando la ciudad.

Lo que los españoles encontraron al entrar fue lo peor que habían visto. La gente se sostenía arrimada a las paredes. Había cerca de tres mil cadáveres a medio enterrar en los cementerios de las iglesias y en las calles. Los alimentos se pagaban a precio de oro; decían que se había comido hasta gatos y ratas.

En las casas de postín sólo quedaban señoras y ancianos. Decían que los varones habían emigrado o muerto, y las doncellas también. La verdad es que las tenían escondidas en túneles, pasadizos y aljibes, para salvarlas de la lujuria y la codicia de la tropa. A Raquel la escondieron en la glorieta, tras un armario que tapaba la puertecilla.

Los ocupantes exigieron cuanto se les antojó: ochenta y cuatro mil pesos y el mantenimiento de la tropa. Esa noche arreció el viento de diciembre y la mar se embraveció.

Pasaron los años.

—Ya no hay remedio, hijo mío. Ella toma los hábitos mañana. Todos creíamos que habíais muerto.

—Casi naufragamos, pero logramos llegar a las costas de San Blas. Allí me atendieron los indios, y estuve casi un año hasta que conseguí que me llevaran a Jamaica. De ahí escribí varias veces y nadie respondió.

—Debieron interceptar las cartas.

—Me uní a Bolívar en Haití y de ahí fuimos a Venezuela. Asistí al regreso de Morillo a Caracas con sus setecientos soldados heridos, y fue cuando pude venir en busca de Raquel.

—Es tarde ya, hijo mío.

Nadie logró convencerlo. Se fue a la iglesia donde ella iba a recibir las órdenes sagradas, se plantó frente al comulgatorio y le escudriñó la cara a cada novicia que pasaba con su cirio.

Allí venía, serena, con su vestido de novia.

—Raquel... Soy yo. He venido por ti.

Fue como despertarla de un sueño. Se detuvo en seco y de la palidez se le puso grana la cara.

—Álvaro —musitó.

La abadesa no pudo moverse. La hermana celadora voló donde el prelado, que hizo un gesto de que esperara. Él la tomó de las manos y la llevó hasta sus pies.

—Señor, es ella. De quien os hablé esta mañana.

Y esa mañana, además del sacramento del Orden, se celebró el del Matrimonio, apadrinado por los padres de Raquel y con la bendición del prelado.

En el sitio de Morillo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Llegar tarde puede bastar, si se llega el día en que todavía es posible interrumpir algo.”

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.3992° · -75.561°

Ficha del relato

Contexto histórico

El título anuncia un asedio y el relato lo cuenta desde dentro, pero lo que sostiene la pieza no es la estrategia militar sino el inventario de la ciudad tomada. Está en los folios 405 a 408 del segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia», antología que Eugenia Villa Posse compiló para el IADAP y que apareció en Quito en 1993. La sección veintiocho reproduce allí «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González, por las páginas 29 a 199 de la tirada que la Imprenta Departamental de Cartagena hizo en 1982 —no de la primera edición, que es de 1962 y salió de los Talleres El Marinero, ni de las dos reediciones que la rodean, Colgráficas en 1979 y Plaza & Janés en 1989—, y lo presenta como recopilación de leyendas de la tradición oral de la población negra de la ciudad, con una redacción literaria del lenguaje popular.

El pasaje mejor documentado de esta leyenda es el que describe la entrada de los españoles: cerca de tres mil cadáveres a medio enterrar en los cementerios de las iglesias y en las calles, los alimentos a precio de oro, la exigencia de ochenta y cuatro mil pesos y el mantenimiento de la tropa a una población que se moría de hambre. Ahí la autora no adorna; enumera.

Lo que la obra aporta y no suele contarse es el otro inventario, el privado. Las casas declaraban que sus hijas habían muerto o escapado al interior, y las tenían escondidas en túneles, pasadizos y aljibes. El texto dice sin rodeos de qué las escondían, y ese dato es lo que le da su peso al pudor con que las familias mentían.

Del cerco, la leyenda retiene dos cosas comprobables: que el asedio cortó la entrada de víveres por el caño de la Boquilla, y que los hombres en edad de combate salieron por mar antes que rendirse, dejando en la ciudad a mujeres, niños y ancianos. La fecha que da —el día quince— va sin mes, y más adelante sitúa la noche siguiente a la toma en «el viento de diciembre». La historiografía fecha la salida en la noche del cinco al seis de diciembre de 1815, y aquí no se funden las dos cosas: se dice lo que dice el relato.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es el del marido que vuelve el día de la boda de su mujer, y es uno de los esquemas más viajados de la tradición europea y americana. El ausente que se da por muerto, las cartas que no llegan, los años de rodeo por tierras extrañas y la irrupción justo antes de que el vínculo nuevo quede sellado forman el núcleo del romancero peninsular y de cientos de baladas. Lo que esta versión cambia es la ceremonia que se interrumpe: no es otra boda, es una toma de hábitos, de modo que el rival no es un hombre sino un convento.

El segundo parentesco está en las mujeres escondidas bajo la casa. La estratagema de ocultar a las hijas en aljibes y pasadizos, y declararlas muertas o ausentes, aparece en los relatos de ciudades ocupadas de muchas épocas y lugares, y su función narrativa es siempre la misma: explicar una mentira colectiva que todo el vecindario sostiene a la vez. Aquí sirve además para que la protagonista siga en la ciudad sin que el lector la vea durante toda la ocupación.

El tercero es de género: la ciudad que prefiere morir a rendirse, contada como epopeya de la resistencia y no de la victoria. Es un molde antiguo, el de los asedios célebres que la memoria conserva precisamente porque terminaron mal, y explica que la leyenda dedique más líneas al recuento de los cadáveres y al monto del rescate que a cualquier hazaña militar.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Conviene empezar por lo que el relato no cuenta, porque es lo que más se le ha atribuido. La estratagema de los pescadores de la Boquilla, que fingirían traer víveres para atraer a los sitiadores hacia el caño de Juan Angola, no es un episodio de la trama: es una hipótesis que un personaje formula en condicional, en medio de un diálogo, con un «es probable» por delante. El cuento no la narra después. Lo que sí narra es que las naves sitiadoras se movieron hacia la Boquilla y dejaron el paso abierto, sin explicar por qué.

  2. Y conviene decir qué clase de historia es. No es una historia de astucia ni de victoria. La ciudad cae, hay tres mil cadáveres, los ocupantes cobran ochenta y cuatro mil pesos, y de los que se fueron unos naufragan y otros caen presos. Es una catástrofe con un final feliz de última página, no un ardid bien resuelto.

  3. Sobre la duración del cerco, esta fuente no entra en la discusión: dice «durante meses» y no da número. Las cifras que circulan en la bibliografía —ciento cinco días en el título de un trabajo de Segovia, ciento catorce y ciento ocho en dos pasajes de Aguilera y Meisel— siguen sin conciliarse, y ninguna se le puede atribuir a esta autora.

  4. Del reparto, lo verificable fuera del relato es Morillo, el cerco por la Boquilla, el cobro de los ochenta y cuatro mil pesos y el regreso del general a Caracas. Raquel y Álvaro no aparecen en ninguna parte; son personajes.

  5. Como en las demás piezas del conjunto, lo que hoy puede consultarse es la reproducción parcial de 1993, porque la edición original no está digitalizada.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
9
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»

    flacso.edu.ec

    Entre los folios 405 y 408 está la única fuente del relato, y lo que sostiene la pieza no es la estrategia militar sino el inventario de la ciudad tomada: cerca de tres mil cadáveres a medio enterrar en los cementerios de las iglesias y en las calles, los alimentos a precio de oro, la exigencia de ochenta y cuatro mil pesos y el mantenimiento de la tropa a una población que se moría de hambre. Ahí la autora no adorna, enumera. Sólo aquí consta también el otro inventario, el privado: las casas declaraban que sus hijas habían muerto o escapado al interior y las tenían escondidas en túneles, pasadizos y aljibes, y el texto dice sin rodeos de qué las escondían. Y sólo aquí consta que la estratagema de los pescadores de la Boquilla, que los resúmenes ponían en el centro, es una hipótesis que un personaje formula en condicional y que el cuento nunca narra.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»

    flacso.edu.ec

    Su nota es la que obliga a tratar esta pieza como literatura sobre una catástrofe y no como testimonio de ella, distinción que aquí pesa porque la mitad del texto es enumeración de hechos comprobables. El folio 359 declara que la sección veintiocho reproduce las páginas 29 a 199 del libro de 1982 y que los textos «ofrecen una redacción literaria del lenguaje popular». La antología es además lo que permite retirar la atribución heredada a Martínez Fajardo, cuyo libro ocupa la sección dieciocho del mismo volumen con otra autoría, otro año y otra editorial.

  3. La reconquista de Cartagena: Estampas de su martirio (Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 7, n.º 10, pp. 1801-1803)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Corrobora desde fuera lo que el relato enumera, empezando por el hambre. El ensayo narra la escuadra de Morillo fondeando en los primeros días de agosto de 1815, los 10.642 veteranos peninsulares, los términos de rendición rechazados, el bloqueo cerrado por tierra y mar para rendir la ciudad por hambre y, citando a Lino Pombo, el detalle de lo que se comió: carne y harina podridas, bacalao rancio, caballo y burro en salmuera, perros, ratas, el cuero de las correas y de los taburetes. Habla de un sitio de casi cuatro meses. Es la fuente que vuelve creíbles los tres mil cadáveres del cuento sin tener que creerle al cuento.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. El sitio de Cartagena: una mirada desde la otra orilla. Reseña de Rodolfo Segovia, «105 días: El sitio de Pablo Morillo a Cartagena de Indias» (Economía & Región, vol. 8, n.º 1, pp. 255-259)

    revistas.utb.edu.co

    Aporta la cifra que le falta al relato y la fecha exacta de la noche que narra. La reseña presenta la monografía de referencia moderna sobre el asedio —diez capítulos, índices onomástico y biográfico, orden de batalla del Ejército Expedicionario y una segunda mitad construida sobre documentación española de archivo antes inexplotada— y resume sus hallazgos: ciento cinco días de sitio, 3.125 bajas del ejército sitiador entre muertos, desertores y enfermos del trópico —el 44 % de la tropa pasada en revista en Santa Marta el 27 de julio de 1815—, la evacuación de la ciudad el cinco de diciembre engañados los sitiados por el pabellón de Cartagena izado por el enemigo, y la pérdida de más de la tercera parte de la población de la provincia. La fuente dice «el día quince» y «durante meses»; esto dice cuándo y cuántos.

  2. Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González

    iniciacioncientifica.com

    Acredita que los sitios de Cartagena eran materia de investigación de esta autora y no sólo escenario de sus ficciones. El estudio patrimonial registra que una de sus mayores obsesiones fue la historia de los asaltos que la ciudad sufrió, trabajo por el que ingresó a la Academia de Historia de Cartagena, y consigna entre sus títulos «Asaltos y sitios a Cartagena durante la colonia». Eso explica el rasgo más llamativo de esta pieza: que su mejor página no sea la trama amorosa sino la enumeración —tres mil cadáveres a medio enterrar, alimentos a precio de oro, ochenta y cuatro mil pesos exigidos y el mantenimiento de la tropa a cargo de los hambrientos—.

  3. Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias

    banrep.gov.co

    Cuantifica la catástrofe y, de paso, deja al descubierto que la bibliografía no se pone de acuerdo sobre ella. El libro dice que el sitio impuesto por el ejército de Pablo Morillo «llevó a la tumba a unos dos mil cartageneros», y en otro pasaje del mismo volumen la duración del cerco aparece como ciento catorce días y como ciento ocho. También fecha el fusilamiento de Martín José Amador el 24 de febrero de 1816. El relato, que habla de cerca de tres mil cadáveres y no da días, queda con esto contrastado en las dos cifras que maneja: los muertos y el tiempo.

  4. Las mujeres en la guerra de Independencia en las provincias del Caribe colombiano, 1815-1822 (Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, n.º 40, pp. 134-168)

    redalyc.org

    Documenta con archivo la escena que el relato cuenta desde dentro: las mujeres de Cartagena en el momento de la evacuación y de la ocupación. El artículo sigue el caso de María Amador de Pombo, viuda criolla que huyó de la ciudad en diciembre de 1815 ante la llegada del Ejército Expedicionario, fue apresada en el mar y perdió valores, joyas y personas esclavizadas, y que después de la guerra reclamó judicialmente la restitución; registra también a mujeres que escondieron prisioneros, que abastecieron hospitales militares con medicinas y pan y que sufrieron confiscaciones y abusos de la tropa ocupante. La salida por mar, el naufragio de unos y el cautiverio de otros no son licencia de la autora.

  5. La Boquilla y Cartagena: historias de luchas territoriales, ciudadanía y etnicidad, en «Etnohistorias de América Latina y el Caribe» (pp. 207-233)

    sistemas.pedagogica.edu.sv

    Es lo que da existencia al lugar por el que el cerco aprieta y por el que el relato hace pasar su única esperanza. El capítulo reconstruye la historia de La Boquilla, el poblado de pescadores entre el Caribe y la Ciénaga de la Virgen, desde el asentamiento hacia 1885 de familias venidas de San Onofre, Villanueva y Rocha hasta el recuento de 257 viviendas en 1929 y los conflictos de tierra del siglo XX. El caño por el que el cuento dice que entraban los víveres y hacia el que se mueven las naves sitiadoras es ese, y sus habitantes son la comunidad de la que el personaje habla en condicional.

  6. Paseo de los Mártires (Cartagena de Indias · Paseo)

    cvc.cervantes.es

    Documenta lo que la ciudad hizo después con los muertos que el relato cuenta. La ficha describe el Paseo de los Mártires, la explanada frente a la Torre del Reloj donde se levantaron los bustos de los nueve fusilados por la represión de la reconquista, y explica que esa memoria monumental nace del episodio de 1815 y 1816. Es la prueba de que el asedio y su represalia son el acontecimiento fundacional de la memoria pública cartagenera, y de que el título de Ciudad Heroica viene de ahí.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«En el sitio de Morillo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «En el sitio de Morillo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «En el sitio de Morillo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.