
Caribe · Mestizo
En el sitio de Morillo
Durante el sitio de Morillo, pescadores participan en un engaño para abrir paso a embarcaciones patriotas; la astucia ocupa el lugar de una victoria frontal.
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La decisión fue dolorosa y unánime: evacuar la ciudad a velas desplegadas, desafiando a la escuadra realista. Rendirse, jamás. Los dirigentes acordaron salir por el lado de Bocagrande el día quince, y había que detener como fuera los estragos de la peste.
El asedio se había ido cerrando hasta impedir que entraran por el caño de la Boquilla los alimentos del interior. Se irían los hombres en edad de combate; quedarían mujeres, niños y ancianos.
A Raquel la orden la conmovió hasta el fondo. Se veían cada tarde en la glorieta de su azotea, porque por la peste sus padres no dejaban entrar ni salir a nadie, y Álvaro se venía saltando tejados. Ella simulaba que subía a meditar, y miraba cómo se estrechaba el círculo de los sitiadores.
—Zarpamos mañana. No hay remedio.
—Es descabellado. Mira: está el horizonte cuajado de barcos.
—La consigna es desafiarlos a vela desplegada. Es probable que los pescadores de la Boquilla armen inquietud como si trajeran víveres e intenten pasar el caño de Juan Angola. Los españoles se precipitarán a arrancarles los alimentos, y nosotros aprovechamos por Bocagrande.
—Os atraparán como ratas.
—Apenas pisemos tierra propicia nos armaremos y vendremos a libertaros. Ten fe. Nos casaremos.
Raquel lloró toda la noche.
Al día siguiente, en todas las glorietas, sin una luz que las delatara, las mujeres despedían a los hombres. Vieron moverse las sombras de las embarcaciones sitiadoras hacia la Boquilla y dejar un trecho abierto. Las barcas de los cartageneros se alejaron como cien pañuelos en el horizonte. Al aclarar el día se oyeron las detonaciones de los sitiadores tomando la ciudad.
Lo que los españoles encontraron al entrar fue lo peor que habían visto. La gente se sostenía arrimada a las paredes. Había cerca de tres mil cadáveres a medio enterrar en los cementerios de las iglesias y en las calles. Los alimentos se pagaban a precio de oro; decían que se había comido hasta gatos y ratas.
En las casas de postín sólo quedaban señoras y ancianos. Decían que los varones habían emigrado o muerto, y las doncellas también. La verdad es que las tenían escondidas en túneles, pasadizos y aljibes, para salvarlas de la lujuria y la codicia de la tropa. A Raquel la escondieron en la glorieta, tras un armario que tapaba la puertecilla.
Los ocupantes exigieron cuanto se les antojó: ochenta y cuatro mil pesos y el mantenimiento de la tropa. Esa noche arreció el viento de diciembre y la mar se embraveció.
Pasaron los años.
—Ya no hay remedio, hijo mío. Ella toma los hábitos mañana. Todos creíamos que habíais muerto.
—Casi naufragamos, pero logramos llegar a las costas de San Blas. Allí me atendieron los indios, y estuve casi un año hasta que conseguí que me llevaran a Jamaica. De ahí escribí varias veces y nadie respondió.
—Debieron interceptar las cartas.
—Me uní a Bolívar en Haití y de ahí fuimos a Venezuela. Asistí al regreso de Morillo a Caracas con sus setecientos soldados heridos, y fue cuando pude venir en busca de Raquel.
—Es tarde ya, hijo mío.
Nadie logró convencerlo. Se fue a la iglesia donde ella iba a recibir las órdenes sagradas, se plantó frente al comulgatorio y le escudriñó la cara a cada novicia que pasaba con su cirio.
Allí venía, serena, con su vestido de novia.
—Raquel... Soy yo. He venido por ti.
Fue como despertarla de un sueño. Se detuvo en seco y de la palidez se le puso grana la cara.
—Álvaro —musitó.
La abadesa no pudo moverse. La hermana celadora voló donde el prelado, que hizo un gesto de que esperara. Él la tomó de las manos y la llevó hasta sus pies.
—Señor, es ella. De quien os hablé esta mañana.
Y esa mañana, además del sacramento del Orden, se celebró el del Matrimonio, apadrinado por los padres de Raquel y con la bendición del prelado.

La enseñanza
“Llegar tarde puede bastar, si se llega el día en que todavía es posible interrumpir algo.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 10.3992° · -75.561°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 21 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»
flacso.edu.ec
Entre los folios 405 y 408 está la única fuente del relato, y lo que sostiene la pieza no es la estrategia militar sino el inventario de la ciudad tomada: cerca de tres mil cadáveres a medio enterrar en los cementerios de las iglesias y en las calles, los alimentos a precio de oro, la exigencia de ochenta y cuatro mil pesos y el mantenimiento de la tropa a una población que se moría de hambre. Ahí la autora no adorna, enumera. Sólo aquí consta también el otro inventario, el privado: las casas declaraban que sus hijas habían muerto o escapado al interior y las tenían escondidas en túneles, pasadizos y aljibes, y el texto dice sin rodeos de qué las escondían. Y sólo aquí consta que la estratagema de los pescadores de la Boquilla, que los resúmenes ponían en el centro, es una hipótesis que un personaje formula en condicional y que el cuento nunca narra.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»
flacso.edu.ec
Su nota es la que obliga a tratar esta pieza como literatura sobre una catástrofe y no como testimonio de ella, distinción que aquí pesa porque la mitad del texto es enumeración de hechos comprobables. El folio 359 declara que la sección veintiocho reproduce las páginas 29 a 199 del libro de 1982 y que los textos «ofrecen una redacción literaria del lenguaje popular». La antología es además lo que permite retirar la atribución heredada a Martínez Fajardo, cuyo libro ocupa la sección dieciocho del mismo volumen con otra autoría, otro año y otra editorial.
- La reconquista de Cartagena: Estampas de su martirio (Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 7, n.º 10, pp. 1801-1803)
publicaciones.banrepcultural.org
Corrobora desde fuera lo que el relato enumera, empezando por el hambre. El ensayo narra la escuadra de Morillo fondeando en los primeros días de agosto de 1815, los 10.642 veteranos peninsulares, los términos de rendición rechazados, el bloqueo cerrado por tierra y mar para rendir la ciudad por hambre y, citando a Lino Pombo, el detalle de lo que se comió: carne y harina podridas, bacalao rancio, caballo y burro en salmuera, perros, ratas, el cuero de las correas y de los taburetes. Habla de un sitio de casi cuatro meses. Es la fuente que vuelve creíbles los tres mil cadáveres del cuento sin tener que creerle al cuento.
Contraste y contexto · 6 referencias
- El sitio de Cartagena: una mirada desde la otra orilla. Reseña de Rodolfo Segovia, «105 días: El sitio de Pablo Morillo a Cartagena de Indias» (Economía & Región, vol. 8, n.º 1, pp. 255-259)
revistas.utb.edu.co
Aporta la cifra que le falta al relato y la fecha exacta de la noche que narra. La reseña presenta la monografía de referencia moderna sobre el asedio —diez capítulos, índices onomástico y biográfico, orden de batalla del Ejército Expedicionario y una segunda mitad construida sobre documentación española de archivo antes inexplotada— y resume sus hallazgos: ciento cinco días de sitio, 3.125 bajas del ejército sitiador entre muertos, desertores y enfermos del trópico —el 44 % de la tropa pasada en revista en Santa Marta el 27 de julio de 1815—, la evacuación de la ciudad el cinco de diciembre engañados los sitiados por el pabellón de Cartagena izado por el enemigo, y la pérdida de más de la tercera parte de la población de la provincia. La fuente dice «el día quince» y «durante meses»; esto dice cuándo y cuántos.
- Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González
iniciacioncientifica.com
Acredita que los sitios de Cartagena eran materia de investigación de esta autora y no sólo escenario de sus ficciones. El estudio patrimonial registra que una de sus mayores obsesiones fue la historia de los asaltos que la ciudad sufrió, trabajo por el que ingresó a la Academia de Historia de Cartagena, y consigna entre sus títulos «Asaltos y sitios a Cartagena durante la colonia». Eso explica el rasgo más llamativo de esta pieza: que su mejor página no sea la trama amorosa sino la enumeración —tres mil cadáveres a medio enterrar, alimentos a precio de oro, ochenta y cuatro mil pesos exigidos y el mantenimiento de la tropa a cargo de los hambrientos—.
- Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias
banrep.gov.co
Cuantifica la catástrofe y, de paso, deja al descubierto que la bibliografía no se pone de acuerdo sobre ella. El libro dice que el sitio impuesto por el ejército de Pablo Morillo «llevó a la tumba a unos dos mil cartageneros», y en otro pasaje del mismo volumen la duración del cerco aparece como ciento catorce días y como ciento ocho. También fecha el fusilamiento de Martín José Amador el 24 de febrero de 1816. El relato, que habla de cerca de tres mil cadáveres y no da días, queda con esto contrastado en las dos cifras que maneja: los muertos y el tiempo.
- Las mujeres en la guerra de Independencia en las provincias del Caribe colombiano, 1815-1822 (Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, n.º 40, pp. 134-168)
redalyc.org
Documenta con archivo la escena que el relato cuenta desde dentro: las mujeres de Cartagena en el momento de la evacuación y de la ocupación. El artículo sigue el caso de María Amador de Pombo, viuda criolla que huyó de la ciudad en diciembre de 1815 ante la llegada del Ejército Expedicionario, fue apresada en el mar y perdió valores, joyas y personas esclavizadas, y que después de la guerra reclamó judicialmente la restitución; registra también a mujeres que escondieron prisioneros, que abastecieron hospitales militares con medicinas y pan y que sufrieron confiscaciones y abusos de la tropa ocupante. La salida por mar, el naufragio de unos y el cautiverio de otros no son licencia de la autora.
- La Boquilla y Cartagena: historias de luchas territoriales, ciudadanía y etnicidad, en «Etnohistorias de América Latina y el Caribe» (pp. 207-233)
sistemas.pedagogica.edu.sv
Es lo que da existencia al lugar por el que el cerco aprieta y por el que el relato hace pasar su única esperanza. El capítulo reconstruye la historia de La Boquilla, el poblado de pescadores entre el Caribe y la Ciénaga de la Virgen, desde el asentamiento hacia 1885 de familias venidas de San Onofre, Villanueva y Rocha hasta el recuento de 257 viviendas en 1929 y los conflictos de tierra del siglo XX. El caño por el que el cuento dice que entraban los víveres y hacia el que se mueven las naves sitiadoras es ese, y sus habitantes son la comunidad de la que el personaje habla en condicional.
- Paseo de los Mártires (Cartagena de Indias · Paseo)
cvc.cervantes.es
Documenta lo que la ciudad hizo después con los muertos que el relato cuenta. La ficha describe el Paseo de los Mártires, la explanada frente a la Torre del Reloj donde se levantaron los bustos de los nueve fusilados por la represión de la reconquista, y explica que esa memoria monumental nace del episodio de 1815 y 1816. Es la prueba de que el asedio y su represalia son el acontecimiento fundacional de la memoria pública cartagenera, y de que el título de Ciudad Heroica viene de ahí.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«En el sitio de Morillo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
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No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «En el sitio de Morillo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «En el sitio de Morillo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








