El viejo Tempestad y los dos rayos

Andina · Misak

El viejo Tempestad y los dos rayos

Srekollimisak y Kosrokollimisak, rayos del aguacero y del páramo, disputan el bastón, el clima y su fuerza.

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El relato

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Hay dos rayos, y son hermanos. Srekollimisak es el del aguacero: viene de abajo, de las tierras calientes, y su camino es por los ríos, de modo que tiene que subir por Piendamó y por Silvia. Kosrokollimisak es el del páramo: viene de arriba, su trueno suena bajo, como metido en una olla, y lo acompaña el viento de los altos.

Srekollimisak es el mayor. Es un anciano con el cuerpo reventado, lleno de costras y de llagas, y las manos rajadas. Camina apoyado en un bordón de oro que lleva fuego en la punta. Cuando quiere hacer llover se para sobre una peña firme junto a una laguna, mete la punta de la vara en el agua y la lluvia sale con el trueno. La nube es su caballo blanco. A quien pasa por donde cayó el rayo se le pega su enfermedad y se le raja el cuerpo.

El menor lo veía y se llenaba de envidia: su hermano asustaba a la gente, quemaba casas, tumbaba árboles y hacía escándalo. Un día lo encontró dormido, le quitó la vara de oro y la clavó en un kel, un mejicano verde, comida que al viejo le hace daño. Srekollimisak no pudo sacarla ni tenía en qué apoyarse. Discutieron mucho. Al fin el menor aceptó devolvérsela con una condición: que se fuera lejos y le dejara a él las tierras altas. El mayor aceptó, recibió su vara y bajó a lo caliente.

Pero la pelea siguió cada vez que se encontraban. Uno decía ser más fuerte porque come papas, coles, habas y ullucos; el otro porque come yuca y plátano. Pelearon días y noches, lanzándose rayos, lluvias y granizos, sin que ninguno ganara, y cada uno se volvió a su casa en silencio.

Después, en verano, Srekollimisak salió a buscarlo a la montaña. En un sitio recién quemado vio un montón de hojas secas que no se habían quemado, se acercó despacio y allí estaba el otro, agachado bajo su tsitse, la capa de paja de los de tierra fría, descansando del calor. Lo agarró del cuello y le arrancó la lengua de un tirón. Lo dejó ronco: por eso los truenos de páramo suenan más débiles.

Creyéndose el más fuerte, se dedicó a hacer daño. Mataba gente y animales, quemaba casas, inundaba las huertas, destrozaba los sembrados con granizos como piedras. Ya no había qué comer.

Entonces la gente se reunió. Quienes lo habían visto de cerca contaron que le tenía mucho miedo a los mejicanos verdes. Esperaron un día de mucho sol y salieron en gran minga a buscarlo por la montaña, hasta que lo hallaron dormido en una loma con el bastón al lado. Se lo quitaron con cuidado, lo clavaron en un mejicano verde y se fueron.

Pasó el verano. Un día apareció abajo, arrastrándose, con un mate lleno de oro en las manos, rogando que se lo devolvieran. La gente se reunió alrededor y le reclamó el daño. Él se comprometió a no volver a hacerlo así, y entonces le devolvieron su vara.

Cuando se ven los torbellinos que se forman al chocar los vientos de arriba y de abajo, son los dos viejos rayos que siguen peleando.

El viejo Tempestad y los dos rayos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Ninguna fuerza del clima se sostiene sin negociar con los alimentos y las manos que la resisten.”

Territorio

Andina · Misak

Andina · Misak

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Misak
Referencia
2.61548° · -76.23358°

Ficha del relato

Contexto histórico

Las versiones de los dos rayos están publicadas en Guambianos: hijos del aroiris y del agua, del Comité de Historia del Cabildo del Pueblo Guambiano, firmado por los taitas Abelino Dagua Hurtado y Misael Aranda con el antropólogo Luis Guillermo Vasco Uribe. Los mismos autores habían dedicado al tema un cuaderno anterior, Srekollimisak. Historia del señor aguacero, publicado por el Instituto Colombiano de Antropología en 1994 como número 4 de la colección Historia y Tradición Guambianas.

El libro nombra a los narradores. El profesor Miguel Antonio Cuchillo T. recogió de boca de un mayor la historia de los dos hermanos y el robo de la vara. Jacinta y Bárbara Muelas, exterrajeras del Chimán, contaron la lucha de los dos rayos, la lengua arrancada y la minga. El exgobernador Segundo Tunubalá relató cómo un trabajador que subió por leña le quitó la vara a Srepalei y la clavó en un kel. Cruz Tunubalá, de Cacique, contó cómo otro labrador envolvió la vara en hojas de ali y recibió a cambio un bulto que resultó lleno de oro. El mayor Julián Cantero, de San Fernando, se la narró al profesor Miguel Antonio Tombé Tumiñá.

Misak es el nombre propio del pueblo; guambiano, el exónimo que todavía usan títulos, archivos y rutas oficiales.

El relato no es solo meteorología. Los mayores explican que Srekollimisak tenía casa en los filos y en los tun, los cerros altos, cuando estaban cubiertos de monte; que sus casas estaban en el cerro Purayatun y en Kalusruktun; y que se fue cuando la gente empezó a quemar y a tumbar la montaña, y por eso vienen los veranos largos. Vasco anota además que Purayatun significa «cerro de la casa del maíz», y que el oro podría ser el maíz aún no entregado a la gente.

Desde entonces hay que traerlo. Médicos como Juan Paja, de Ceral en Quizgó, y Bautista Hurtado, este último con dos médicos nasa de Tumburao, aprendían en sueños a sembrar el agua y a llamar al aguacero; así sembraron la laguna Maweypisu, al pie del cerro Mogotes, con espuma de la laguna de Piendamó y espuma del mar.

En los sueños, además, los dos climas tienen otra pareja de nombres: mama Dominga, que es el páramo y vive en lo alto, y taita Ciro —o taita Isidro—, que es el aguacero y vive en el Munchique.

Resonancias con otros mitos

El paralelo interno más estrecho es Tumpe y sus hijos, en el mismo libro: cuando chocan los vientos hermanos, dicen los mayores, influye el rayo, y cuando el Padre Viento se enoja caen rayos con tempestades. Los dos relatos reparten el clima entre lo alto y lo bajo mediante relaciones de parentesco, pero el de los rayos añade algo que el del viento no tiene: una negociación con la gente, con un objeto retenido como prenda.

El segundo paralelo interno es la pareja de mama Dominga y taita Ciro. También son páramo y aguacero, también se separan —cuando la gente empezó a quemar— y también van y vienen entre Inzá y el Munchique. Pero ahí no hay robo ni minga: hay un matrimonio que dejó de vivir junto.

Fuera del Cauca, Zeus hace tronar y lanza el rayo en el canto VIII de la Ilíada como señal de soberanía sobre los demás dioses. Srekollimisak también porta un objeto que produce fuego, pero no gobierna desde ningún cielo aparte: necesita una laguna para hacer llover y una peña firme donde apoyarse, come alimentos de una zona concreta, se enferma, envejece y puede quedarse sin su vara. El rayo griego se impone; el rayo misak se cansa, se lo roban y termina prometiendo portarse mejor a cambio de que se la devuelvan.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La versión que recogió el profesor Miguel Antonio Cuchillo T. es la del robo entre hermanos: el menor le quita la vara al mayor mientras duerme, la clava en un mejicano y solo la devuelve a cambio de quedarse con las tierras altas.

  2. Jacinta y Bárbara Muelas narran una segunda, con otro reparto de papeles. Los dos discuten por la comida que los hace fuertes, pelean días enteros sin ganador, y después Srekollik sorprende a su hermano bajo la capa de paja y le arranca la lengua. El que interviene entonces no es el hermano sino la comunidad, en minga, que le quita el bastón y se lo devuelve solo cuando promete moderarse.

  3. El exgobernador Segundo Tunubalá cuenta una tercera: quien roba la vara no es el hermano ni la minga, sino un trabajador que subió a buscar leña y se hartó del ruido. Cruz Tunubalá, de Cacique, cuenta una cuarta, con el mismo robo pero con final de pago en oro.

  4. El mayor Julián Cantero, de San Fernando, describe otra cosa: páramo y aguacero como dos ancianos con espadas o varas largas y puntudas, que se turnan según las estaciones; los rayos de páramo son azules y brillosos, con viento fuerte y trueno débil, y los de aguacero blancos y brillantes. Algunos mayores añaden que los dos hicieron un acuerdo y fijaron épocas distintas para venir cada uno.

  5. Las versiones no coinciden en quién limita al rayo, y la página no las funde. Tampoco funde a los dos rayos con mama Dominga y taita Ciro, que en la explicación de los sueños son el páramo y el aguacero vistos como pareja.

  6. Por otro camino, Fernando Solarte Lindo publicó en 1980 «El viejo Tempestad» dentro de sus seis relatos guambianos, sin fuente y en boca de un narrador inventado. Allí queda un solo anciano, Palayg, que salta de nube en nube porque la lluvia le enfría la cama.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Misak · Cauca · Andina
Referencias
9
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Guambianos: hijos del aroiris y del agua

    luguiva.net

    Fuente del relato, con cinco narradores nombrados: el profesor Miguel Antonio Cuchillo T., de boca de un mayor, para el robo de la vara entre hermanos; Jacinta y Bárbara Muelas, exterrajeras del Chimán, para la pelea por los alimentos, la lengua arrancada y la minga que clava el bastón en un mejicano verde; el exgobernador Segundo Tunubalá y Cruz Tunubalá, de Cacique, para las versiones en que el ladrón es un trabajador; y el mayor Julián Cantero, de San Fernando, al profesor Miguel Antonio Tombé Tumiñá, para páramo y aguacero con espadas. Trae el nakporotsik o vara de candela, la nube como caballo blanco, los tres rayos de cada hermano, la enfermedad del piru y el kel como único remedio.

  2. Guambianos: una cultura de oro

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta la clave que liga el rayo con el oro y el maíz: Purayatun, la casa de Srekollimisak, significa «cerro de la casa del maíz», y de ahí la conjetura de que el oro sea el maíz aún no entregado por Pishimisak a la gente. Describe también la sresruk o piedra de la lluvia, con una variante de páramo, de Kosrokollimisak, y otra de aguacero, de Srekollimisak.

  3. Entre selva y páramo. Viviendo y pensando la lucha india

    luguiva.net

    Sitúa a los dos rayos dentro de la lectura larga del trabajo de Vasco en Guambía y repite el material sobre las piedras de lluvia y las casas de Srekollimisak en los cerros altos, que es la base de la explicación sobre por qué el aguacero se fue cuando se quemó el monte.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Antes el amanecer. Antología de las literaturas indígenas de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo 1

    babel.banrepcultural.org

    Publica el ciclo como literatura misak en cuatro piezas separadas —«Dos hermanos ya muy mayores», «La pelea de Srekөllik con Kөsrөkөllik», «La vara de Srepalei» y «El robo de la vara»—, lo que confirma que la tradición se transmite en episodios distintos y no como un relato único.

  2. Guambianos y paeces: bibliografía anotada

    luguiva.net

    Documenta la cadena tardía: «El viejo Tempestad» es uno de los seis relatos que Solarte Lindo publicó en 1980 sin indicar fuente y en boca del narrador ficticio don Zabulón Banderas, y de ahí viene la figura de Palayg como anciano único que salta de nube en nube. Registra además el cuaderno «Srekollimisak. Historia del señor aguacero» (ICANH, 1994), de los mismos autores del libro de 1998.

  3. Análisis sociológico de la literatura indígena Misak

    bibliotecadigital.univalle.edu.co

    Confirma la procedencia de los cuatro episodios del ciclo dentro de la antología del Ministerio de Cultura y los adjudica al libro de 1998 del Comité de Historia, caracterizando esa obra como trabajo colectivo del cabildo con mayores, gobernadores y exterrajeros.

  4. Nuestra gente [Namuy Misag]: tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos

    publicaciones.icanh.gov.co

    Es la obra a la que se atribuye una entrada sobre el rayo, palayg, término que esta ficha conserva solo como designación del rayo y no como nombre propio del anciano único de la reelaboración literaria.

  5. Pueblo Misak

    colecciones.icanh.gov.co

    Fija nombre propio, lengua nam trik y territorio —el resguardo de Guambía en Silvia, con los páramos de Las Delicias y el Pisno—, que es el escenario alto y bajo entre el que se reparten los dos rayos.

  6. Ilíada, canto VIII: el trueno de Zeus

    perseus.tufts.edu

    Término de comparación: Zeus truena y lanza el rayo como signo de soberanía sobre los demás dioses, lo que permite medir por contraste a un rayo que envejece, se enferma, necesita una laguna y una peña firme, puede ser desarmado por su hermano o por una minga y termina negociando su devolución.

Voces de la comunidad

Conversación

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«El viejo Tempestad y los dos rayos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El viejo Tempestad y los dos rayos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El viejo Tempestad y los dos rayos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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