Los Pishau, hijos del agua

Andina · Misak

Los Pishau, hijos del agua

Los Pishau llegan como niños chumbados en los derrumbes que pare el agua y dan origen a los Misak.

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Los Pishau, hijos del agua: la entrada del relato

El relato

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Primero eran la tierra y el agua. En el centro de la sabana del páramo estaba Nupisu, la laguna de Piendamó, honda como una matriz, y a su alrededor las demás lagunas. El agua nacía en las cabeceras, bajaba por los ríos hasta el mar y regresaba por el aire, subiendo por las guaicadas y los filos hasta caer otra vez sobre las sabanas.

El agua no es buena ni es mala. De ella resultan cosas buenas y cosas malas. Cuando bajaba despacio, retoñaba la hierba, florecían las plantas y había alimento. Cuando llovía con borrascas y tempestades, los ríos venían grandes, arrastraban montañas enteras y traían piedras como casas.

Allá arriba, como la tierra y el agua, estaba él-ella: Pishimisak, masculino y femenino a la vez, todo blanco, todo fresco, dueño de cuanto crece. En las sabanas del páramo guardaba las comidas completas —papa, mauja, haba, ají, ulluco—, y muchas más que la gente ni alcanza a conocer. Del agua nació Kosrompoto, el aroiris, amarillo, rojo, verde y morado, cada uno en claro y en oscuro.

Hubo derrumbes. A veces el agua no salía por las lagunas: se filtraba en la tierra, la removía, la aflojaba, y el cerro se abría dejando una herida enorme. A eso le decían pirran uno, parir el agua.

Abajo venían las piedras grandes, golpeándose; encima el barro; luego el agua sucia; en la superficie la palizada, las ramas, los árboles arrancados; y sobre todo eso venían los niños, chumbados. En la herida de la montaña quedaba olor a sangre, la que riega la naturaleza como la riega una mujer al dar a luz.

Los moropik, los que saben ver, sentían venir la creciente y avisaban. La gente esperaba en la orilla con rejos para enlazar a los niños y sacarlos antes de que los tapara el derrumbe. Venían llorando, bien envueltos en chumbes con los colores del aroiris, y con los ojos claros, para poder ver bien aun de noche.

A esos nacidos entre agua y shau los llamaron Pishau. Crecían despacio: hubo que buscarles madre tras madre hasta que por fin se hicieron grandes. Después enseñaron a labrar la piedra, a sembrar según el movimiento de los astros y a amasar el oro con plantas vivas.

Los Pishau no eran otra gente: eran los mismos misak, los papá señores antiguos, los pisuabuelos que dan el espíritu. Comían sal de los salados propios y no estaban bautizados. De esa raíz, en no se sabe cuántas generaciones, viene la gente de hoy: piurek, hijos del agua, de esa sangre que huele en los derrumbes.

Los Pishau, hijos del agua: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El mismo desprendimiento que arrasa la montaña puede traer consigo a quienes la habitarán después.”

Territorio

Andina · Misak

Andina · Misak

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Misak
Referencia
2.61548° · -76.23358°

Ficha del relato

Contexto histórico

La versión publicada sigue el capítulo «Una historia que nace del agua» de Guambianos: hijos del aroiris y del agua, escrito por el Comité de Historia del Cabildo del Pueblo Guambiano —los taitas Abelino Dagua Hurtado y Misael Aranda— con el antropólogo Luis Guillermo Vasco Uribe. El trabajo arrancó en 1988, por solicitud del gobernador del cabildo, bajo el concepto propio de linchap, acompañar: recorrer el nupirau y conversar con los mayores, porque una parte de la historia está en la palabra y otra está impresa en el territorio.

El libro nombra a quienes hablaron. Entre ellos Cruz Tunubalá, Antonia Tunubalá y Benedicto Tunubalá de Cacique; Custodio Yalanda y Vicente Tombé de La Campana; Francisco Tumiñá y Joaquín Yalanda de Las Delicias; Joaquín Morales y Dominga Morales Velasco de Pueblito; Juan Bautista Ussa Ulluné de Peña del Corazón; Manuela Camaya de San Pedro; Domingo Calambás y Lorenzo Almendra de Ñimbe. A Cruz Tunubalá, de Cacique, corresponde la definición que Vasco fechó el 25 de abril de 1988: «el pishau es nosotros mismos».

El relato no es una cosmogonía suelta. Nació dentro de la recuperación de tierras, contra el argumento de los terratenientes y de escritores payaneses que sostenían que los misak eran yanaconas traídos del Perú por los españoles. Frente a eso los mayores respondieron «¡somos de aquí!», y la prueba fue el agua: las lagunas, las crecientes, los derrumbes, los Pishau.

Misak es el nombre propio del pueblo; guambiano es el exónimo con el que lo nombraron desde fuera y que todavía aparece en títulos, archivos y rutas. La lengua es namtrik o namui wam, y el resguardo está en el municipio de Silvia, Cauca.

Vasco amplió estos materiales en 2001 para el Museo del Oro, con historias de caciques y cacicas del agua atribuidas al taita Abelino Dagua. Bárbara Muelas escribió su propia versión, Piunɵ, y el Segundo plan de vida de 2009 la fijó como doctrina del cabildo. En 2016, en San Pedro, Duvan Escobar registró con el docente misak Javier Morales el saludo al agua: sacarla cuatro veces a la izquierda y cuatro a la derecha antes de caminar la montaña.

Resonancias con otros mitos

Dentro del propio corpus misak hay al menos dos nacimientos paralelos documentados. Uno es el de Teresita de la Estrella, recogido por Vasco: una cacica que baja de un derrumbe de la quebrada Ñimpi y a la que se le mueren siete madres de crianza. Otro es la «Leyenda sobre el nacimiento de los caciques», donde los médicos sentidores esperan la avalancha, sacan del agua limpia una jaula con un niño llorando dentro y le buscan cuatro madres, que van muriendo, y después cuatro vacas. La estructura se repite: aviso de los sabios, creciente, rescate con rejo, crianza lenta y costosa, autoridad adulta.

Fuera del Cauca, el diluvio de Deucalión y Pirra que narra Ovidio también enlaza una inundación con la continuidad humana, pero por vía inversa: allí una pareja sobrevive al castigo de un dios y repuebla la tierra arrojando piedras por encima del hombro. En el relato misak nadie se salva de nada. El derrumbe no castiga: pare. Los niños no son residuo de una humanidad anterior, sino la primera, y llegan encima de la palizada, no dentro de una embarcación.

La comparación sirve para medir la distancia. El agua que mata y el agua que da vida son la misma agua, y el territorio queda como testigo: las guaicadas hondas y las peñas de hoy son la cicatriz de esos partos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El Comité de Historia abre con «Primero era la tierra... y eran las lagunas». Pishimisak existe desde siempre y se conforma en dos personajes: Pishimisak propiamente dicho y Kallim. Los derrumbes paren, los Pishau llegan chumbados y son reconocidos como los mismos misak, dueños del Nupirau antes de la llegada española.

  2. El taita Abelino Dagua, en el Boletín Museo del Oro, cuenta un nacimiento concreto: la cacica Teresita de la Estrella, o Tesha, vino de la quebrada de Ñimpi, que el pensamiento misak considera hembra. Cayó páramo desde mayo hasta octubre; el aroiris se paró con un pie a cada lado de la laguna y de él bajó un tampalkuare de colores que la tapó. A los siete meses el derrumbe reventó la laguna y bajó una niña envuelta en chumbe, llorando. La enlazaron en el plan de Nuyapale, frente a la salina de Las Delicias. Murieron siete madres criándola. Crecida, sembró matas cuyos frutos se cocinaban y se volvían oro. Del mismo modo bajaron taita Calambás, por Kalusruk, y la cacica Paya.

  3. Bárbara Muelas, en Piunɵ, ordena otra secuencia: Mama Chuminka —que es el Pishimisak— y tata Ciru Kallim preparan la llegada; el derrumbe trae, junto con los niños, el origen de la música de flauta y tambor; los enlazan con rejo un domingo al amanecer y resultan ser dos, Mama Manela Karamaya y Mutauta Kasik.

  4. Las fuentes no coinciden en el sexo de las lagunas. En el libro de 1998 Nupisu es la laguna mayor, matriz y centro. En Piunɵ, en el Segundo plan de vida y en la formulación que el CRIC publicó en 2023, Nupisu es macho y Ñimpi hembra, y la pareja de lagunas hace posible que el río para. La página no funde las dos series.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Misak · Cauca · Andina
Referencias
10
Última revisión
19 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Guambianos: hijos del aroiris y del agua

    luguiva.net

    Texto base del relato. El capítulo «Una historia que nace del agua» da Nupisu como matriz y corazón del páramo, Pishimisak él-ella junto a Kallim, Kosrompoto nacido del agua, el derrumbe llamado pirran uno, «parir el agua», los niños chumbados que bajan encima del shau y el olor a sangre en la herida de la montaña. Trae además la lista nominal de mayores por vereda y la definición de Cruz Tunubalá, de Cacique: los pishau son los mismos misak.

  2. Guambianos: una cultura de oro

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el nacimiento concreto que el capítulo general no detalla: la cacica Teresita de la Estrella, o Tesha, bajada de la quebrada de Ñimpi, con el tampalkuare que desciende del aroiris parado con un pie a cada lado de la laguna, el derrumbe a los siete meses de páramo, el rescate en el plan de Nuyapale frente a la salina de Las Delicias y las siete madres de crianza que mueren. Añade los ciclos de 200 y de 1.000 a 2.000 años y los ocho colores del chumbe.

  3. Antes el amanecer. Antología de las literaturas indígenas de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo 1

    babel.banrepcultural.org

    Publica «Piunɵ / Los hijos del agua», de Bárbara Muelas: una secuencia de creación distinta, con Mama Chuminka —que es el Pishimisak— y tata Ciru Kallim preparando la llegada, el derrumbe que trae junto con los niños el origen de la música de flauta y tambor, y el rescate con rejo de dos criaturas un domingo al amanecer. Fija Ñimpipisu como hembra y Nupitrapuik como macho.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Segundo plan de vida de pervivencia y crecimiento Misak. Mananasrøkurri Mananasrønkatik Misak Waramik

    repository.iom.int

    Da la versión oficial del cabildo: en el kөrrak había dos grandes lagunas, Nupisu o Piendamu mөk (macho) y Ñimpi ishukpisu (hembra), cuyas aguas se unen para dar origen al piurek, que se llamó tata Illimpi y mama Keltsi; de sus primeros hijos, los shurmera, descienden Piendamú, Calambás, Tumpe, Tesha de la Estrella, Karamaya, Manuela y Dominga.

  2. Pishintө waramik: vivir en equilibrio

    revistaunidad.cric-colombia.org

    Formulación contemporánea de la Ley de Origen: la conexión de los espíritus pi (agua) y nak (fuego, sol) hace nacer el køshømpøtø, que posa sus franjas sobre Nupisu y Ñimpi y transporta la semilla de la creación; del gran lodo pabø, salido de las entrañas del kørrak, brotan los numisak enchumbados, recogidos río abajo por pishimisak y kallim. Confirma piurek como nombre del origen.

  3. El ciclo sagrado de las altas cumbres: agua, vida y pensamiento entre los misak (guambianos)

    scielo.org.co

    Registra la vigencia actual del origen acuático: en el trabajo de campo de 2016 en San Pedro, los jóvenes de la Misak Universidad y los mayores remiten constantemente al «parto de las lagunas» y a piurek, y el docente misak Javier Morales describe el saludo al agua —sacarla cuatro veces a la izquierda y cuatro a la derecha— antes de caminar la montaña.

  4. Entre selva y páramo. Viviendo y pensando la lucha india

    luguiva.net

    Aporta el testimonio fechado sobre quiénes son los Pishau: Cruz Tunubalá, de Cacique, el 25 de abril de 1988, los define como los papá señores antiguos y los pisuabuelos, los abuelos de la laguna «que dan el espíritu a nosotros», gigantes que amasaban el oro con plantas vivas, tsilo, y no comían sal del blanco. Documenta también la disputa con los etnohistoriadores que los identificaban con los pijaos.

  5. Shurmerai kampa nөtrө wam mera

    misak-colombia.org

    Voz institucional misak sobre el par que abre el relato: registra Pishimisak y Kallim como unidad complementaria del territorio, con sus glosas en namui wam —kallim kantө como territorio macho, pishimisak pailө pulө pura como territorio mujer— y sitúa a los pishau dentro del vocabulario propio.

  6. Pueblo Misak

    colecciones.icanh.gov.co

    Referencia institucional para el encuadre de la ficha: fija el nombre propio misak, la lengua nam trik, el resguardo de Guambía en el municipio de Silvia y los páramos de Las Delicias y el Pisno como el paisaje de lagunas del que habla el relato.

  7. Metamorfosis, libro I: Deucalión y Pirra

    perseus.tufts.edu

    Término de comparación para el diluvio: Deucalión y Pirra sobreviven a la inundación enviada por Zeus y repueblan la tierra arrojando piedras por encima del hombro, lo que permite marcar por contraste que en el relato misak el derrumbe no castiga ni salva a nadie, sino que pare a los primeros habitantes.

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«Los Pishau, hijos del agua» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los Pishau, hijos del agua» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los Pishau, hijos del agua» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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