El viaje al cielo

Caribe · Mestizo

El viaje al cielo

Un grupo emprende un ascenso imposible al cielo y la cooperación se rompe cuando los personajes confunden fuerza, jerarquía y oportunidad.

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El relato

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Aquel día todos los animales iban a la fiesta del Cielo. Se había corrido la voz con tiempo y nadie quiso quedarse: subieron el Sapo, subió el Golero, subió Tía Zorra con la ropa buena, subieron Armadillo y Lechuza, y detrás de ellos fue entrando el resto hasta que no quedó puesto libre.

Porque iban en bus. Conejo era el chofer, con el codo afuera y una mano en el volante, y arrancó por la carretera dando bocinazos para que se apartaran los que venían a pie.

El viaje iba bien. Cantaban atrás, alguien repartía algo de comer, el polvo entraba por las ventanas y nadie miraba el reloj. Hasta que a mitad de camino el motor tosió dos veces, dio un tirón y se quedó callado. Conejo pisó, volvió a pisar y se bajó a mirar el tanque. Se les había acabado la gasolina.

El sitio era el peor posible: sabana abierta, sin una casa cerca, y el pueblo con bomba quedaba atrás, a buen rato de camino. Alguien tenía que devolverse con el galón.

Se armó la discusión ahí mismo, con todos alrededor del bus y el sol arriba. Que yo no, que yo estoy viejo; que yo llevo la ropa buena; que yo no camino bien. Cada quien tenía su motivo y ninguno servía.

Entonces Conejo levantó la mano y puso la regla, que era corta y no admitía apelación:

—El más maluco va a buscar la gasolina.

Se hizo un silencio grande. Nadie dijo nada, pero todas las cabezas empezaron a girar despacio, comparando, midiendo, descartando. Y las miradas fueron cerrándose sobre dos.

Lechuza y Sapo se quedaron mirándose las caras, uno frente al otro, esperando cada uno que el otro reconociera algo. El Sapo infló el buche. La Lechuza aguantó. Así estuvieron un rato largo, hasta que ella entendió que de esa comparación no iba a salir ganando y que además estaban perdiendo la fiesta.

—¿Y qué me ves? —le dijo—. ¡Coge el galón y vamos!

Y se fueron los dos, carretera abajo, a buscar la gasolina.

El viaje al cielo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una regla inventada por quien manda reparte siempre el trabajo lejos de quien la inventa.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

El título cierra la página 251 de «Tradición oral y conducta en Córdoba» y el cuerpo entero cabe en la 252. Manuel Zapata Olivella lo imprime como «El viaje al Cielo», con la mayúscula en el destino, y lo coloca entre el chiste mínimo de Tío Sapo y Cangrejo y la pieza del mocho: es decir, en el tramo donde el libro pasa de los remates de dos frases a los cuentos con escena.

Este relato es la mejor prueba de una afirmación que el propio recopilador deja escrita en la página 237, al abrir la sección. Allí advierte que los animales persisten como protagonistas de los cuentos cordobeses «pero adaptados a los cambios introducidos por la técnica: automóviles, escopetas, carreteras, aviones, cohetes, satélites espaciales». Aquí la fiesta del Cielo, que en el repertorio antiguo se alcanzaba volando o trepando, se alcanza en un bus de línea por una carretera, y el obstáculo que detiene a todo el reparto no es un dios ni una prueba sino una avería de gasolina. Zapata no lo comenta al pie: lo deja hablar solo, tres páginas después de haberlo anunciado.

La palabra que resuelve el cuento también es local. «Maluco» en la costa no significa enfermo sino feo, mal parecido, y el criterio que Conejo impone para repartir el trabajo no es la fuerza ni el rango sino esa fealdad, que es lo que deja a Lechuza y a Sapo mirándose.

La enumeración de pasajeros termina en la fuente con un «etc.» que el transcriptor conservó: quien contaba iba nombrando animales de memoria y dejó la lista abierta. Es el tipo de detalle que sólo sobrevive cuando el texto viene de una grabadora, como las de la campaña que el equipo hizo en el Sinú entre 1969 y 1970.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo documentado es el marco que el propio libro construye. En la página 237, al abrir la sección, Zapata Olivella escribe que los animales de los cuentos cordobeses siguen siendo protagonistas «pero adaptados a los cambios introducidos por la técnica: automóviles, escopetas, carreteras, aviones, cohetes, satélites espaciales». Este relato es el caso que ilustra esa afirmación de manera más completa, porque no introduce un objeto moderno suelto sino un medio de transporte con chofer, ruta, pasaje y avería.

El segundo es interno y sirve de contraste: «Un día estaba un caimán asoleándose» (misma obra, p. 257) es un cuento de cuatro líneas que sí conserva el escenario fluvial antiguo, con barranca y relámpago, y hasta nombra el lugar, La Doctrina. Puestos uno junto al otro, los dos muestran la horquilla del corpus en los mismos meses de recolección: el mismo repertorio de animales admitía a la vez el río de siempre y la carretera nueva.

Un tercer punto de apoyo es el prólogo de José Luis Garcés González a la edición de 2021, que describe la Córdoba de aquellos años con más de la mitad de su población analfabeta, agitación estudiantil y movilización campesina: el bus de línea era entonces la novedad que conectaba las poblaciones del Sinú y lo verosímil del cuento descansa en eso.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El libro imprime esta pieza una sola vez y sin la marca de «versión» que Zapata Olivella sí añade a otras del mismo bloque, de modo que a su archivo cordobés parece haber llegado una sola forma del cuento. George List tampoco lo grabó entre los veintiún relatos de Bolívar que se publicaron en «Animal Tales from the Caribbean» (Indiana University Press, 2017), así que no hay un segundo registro con narrador y fecha.

  2. Donde sí hay variación documentada es dentro del propio corpus cordobés, y es una variación de escenario. El mismo bloque de la sección trae otras piezas que modernizan el decorado sin tocar los personajes: en «Un día estaba un caimán asoleándose» (p. 257) el animal se echa al agua para no mojarse cuando empieza a relampaguear, y el relato se sitúa con precisión en La Doctrina, un corregimiento del Bajo Sinú. Frente a ese cuento, que sigue siendo de río y de barranca, éste incorpora bus, carretera, chofer y galón, y coloca el reparto animal entero dentro de un vehículo de transporte público.

  3. La fiesta del Cielo, en cambio, es lo que el relato no moderniza: conserva el destino sobrenatural del argumento antiguo y lo vuelve una parada más de la ruta. El resultado es que el cuento no explica cómo un bus llega al Cielo, y el narrador tampoco lo propone como problema: el problema es la gasolina.

  4. Los demás cuentos de animales de la misma sección conservan el monte, la roza y el río; éste es el único que transcurre en una carretera.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
11
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es el registro del relato y también el de los dos paralelos que `similitudes` nombra. El título cierra la página 251 de la tercera edición y el cuerpo entero cabe en la 252, impreso como «El viaje al Cielo», con la mayúscula en el destino, entre el chiste mínimo de Tío Sapo y la pieza del mocho. La página trae el remate en un regionalismo —«maluco», que en la costa no es enfermo sino feo— y conserva el «etc.» con que el narrador dejó abierta la lista de pasajeros, marca de que el texto viene de una grabadora. La misma obra aporta en la página 237 la afirmación que este cuento ilustra mejor que ninguna otra, la de que los animales persisten «pero adaptados a los cambios introducidos por la técnica: automóviles, escopetas, carreteras, aviones, cohetes, satélites espaciales»; y en la 257, el contraste de «Un día estaba un caimán asoleándose», cuatro líneas de barranca y relámpago situadas en La Doctrina, corregimiento del Bajo Sinú.

  2. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    El tercero de los apoyos que `similitudes` nombra es éste, y es el que vuelve verosímil el bus. Garcés González describe la Córdoba de los años de la recolección con más de la mitad de la población analfabeta —el 55,36 %—, agitación estudiantil en la región y un movimiento campesino invadiendo tierras: un departamento que se estaba comunicando por carretera al mismo tiempo que se levantaba. En ese cuadro, el transporte público de línea era la novedad que unía las poblaciones del Sinú, y por eso un cuento puede meter a todo el reparto animal dentro de un vehículo con chofer, pasaje y avería sin que nadie pida explicaciones. Confirma además las dos etapas del trabajo y que la zona fue el Medio y Bajo Sinú con centros en Montería y Lorica.

  3. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta la transformación material que este cuento registra en caliente: el paso del desplazamiento por agua al desplazamiento por carretera en las llanuras del Sinú y el San Jorge. El artículo describe unas poblaciones anfibias cuya comunicación tradicional era la canoa y el caño, y cuya vida se reordena a medida que llegan las vías terrestres. Eso es lo que hace del relato una pieza fechable por dentro: el reparto animal que en las demás páginas del libro se mueve por el monte, la roza y el río, aquí espera en una carretera y se queda parado por falta de gasolina.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70

    redalyc.org

    Pone imágenes y fechas a la Córdoba movida que este cuento da por supuesta. El ensayo reconstruye desde el archivo de la Fundación del Sinú, en Montería, la organización campesina en las llanuras del Caribe durante los años setenta: reuniones, desplazamientos y marchas que suponen gente moviéndose entre poblaciones. El chiste del cuento —que el problema para llegar al Cielo no sea una prueba divina sino que se acabe la gasolina— sólo funciona donde ir a cualquier parte ya depende de un motor y de un tanque, y el archivo documenta ese momento exacto en esa comarca.

  2. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique

    revistas.udea.edu.co

    Da el marco para decir lo que esta ficha sostiene sin poder clasificarlo: que un argumento antiguo —la fiesta en el Cielo a la que los animales quieren subir— se reescribe en la oralidad campesina colombiana hasta cambiar de medio de transporte sin cambiar de destino. El artículo propone tratar esas reescrituras como topologías y no como versiones degradadas, y es exactamente lo que hace falta aquí, donde el cuento no explica cómo un bus llega al Cielo y el narrador tampoco lo plantea como problema. La incoherencia no es un error de transmisión: es el rasgo.

  3. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Es el trabajo regional más próximo al reparto de este cuento y sirve para medir su rareza. Las memorias recogen la ponencia de Consuelo Posada Giraldo sobre los animales y los versos de la tradición oral en la Depresión Momposina, que describe un repertorio de animales anclado en el río, la ciénaga y el monte. Frente a ese cuadro, la pieza cordobesa es la excepción: los mismos animales, el mismo Caribe, y un autobús de línea. La comparación con la bibliografía regional confirma que meter el reparto en un vehículo de transporte público no era lo corriente.

  4. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Mide la singularidad de esta pieza dentro de los dos corpus caribeños y descarta a la vez un segundo registro. El índice enumera con narrador y paginación los veintiún relatos que List grabó en Bolívar entre noviembre de 1964 y marzo de 1965: hay excursiones de Conejo, cantinas, matrimonios y carreras, pero ninguna pieza con vehículo de motor. En los dos corpus caribeños reunidos, cuarenta y tantos cuentos de animales, el bus de línea aparece una sola vez y es aquí.

  5. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Importa porque quien anunció en la página 237 que los animales de estos cuentos venían adaptándose a los automóviles y las carreteras era alguien que había recorrido el país por tierra antes de estudiarlo. La ficha reúne su trayectoria de médico, antropólogo y folclorista con giras de divulgación por la costa desde finales de los cuarenta: la observación sobre la técnica en el cuento no es una hipótesis de gabinete sino la de un hombre que llevaba veinte años yendo y viniendo por esas mismas rutas cuando las escribió.

  6. Manuel Zapata Olivella en el folclor y la radio pública

    senalmemoria.co

    Documenta que el recopilador llevaba trece años atento a la literatura tradicional de Córdoba y Bolívar cuando recogió esta pieza, y que su preocupación declarada era la falta de estudios sobre ella. El artículo publica los audios de las conferencias que la Radiodifusora Nacional le grabó en julio de 1956, con la del segundo día dedicada precisamente a ese material. La continuidad importa aquí porque el cuento del bus documenta un cambio en curso: alguien que venía siguiendo el mismo repertorio desde mediados de los cincuenta estaba en condiciones de notar que el decorado se había movido y de decirlo en la introducción de su sección.

  7. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Es donde habría podido oírse la lista completa de pasajeros que el «etc.» del libro dejó en el aire, y donde no está. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado —Santa Fe de Antioquia en septiembre de 1974, Quibdó en diciembre del mismo año, Barrancas en octubre de 1985—, todas posteriores al libro. Para una pieza cuya gracia está en una enumeración improvisada, no poder volver a la cinta es la pérdida concreta que esta fuente hace visible.

  8. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es lo que permite cotejar este cuento con el resto de la obra del mismo autor y comprobar que el bus no es un descuido suyo. El portal reúne en edición digital abierta la obra completa de Zapata Olivella, sus materiales autobiográficos y los cuarenta y seis números de la revista Letras Nacionales, con respaldo del Ministerio de Cultura y de cuatro universidades entre ellas la de Córdoba. Tener el conjunto disponible es lo que hace comprobable que el mismo hombre que en 1990 publicaría unas fábulas de animales enteramente rurales imprimiera en 1972 una pieza de carretera sin comentario al pie.

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«El viaje al cielo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El viaje al cielo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El viaje al cielo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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