El tesoro de Buzaga

Andina · Mestizo

El tesoro de Buzaga

Lope Badillo y el padre Laserna buscaron el tesoro de Buzagá; el mohán alargó el camino y convirtió la ambición en una pesada burla.

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El relato

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En Tunja vivía un vecino honrado llamado Lope Badillo, empedrador de oficio, tan pobre que cuando su mujer le lavaba la única camisa y el único vestido tenía que quedarse en la cama hasta que el sol los secara. La pobreza no le quitaba la ambición, y lo único que interrumpía sus cavilaciones era el hijo comelón que cada año le daba su mujer.

Una india vieja, sabedora de secretos antiguos, se compadeció de él y le ofreció remediar sus necesidades poniéndolo en contacto con un mohán que guardaba un tesoro escondido en un paraje apartado. Lope le contó el secreto a don Benito de Laserna, clérigo de misa en la iglesia de Tunja y muy aficionado a las onzas de oro, que aceptó ir con él a cambio de la mitad de lo que la fortuna les diera.

Salieron de madrugada, a escondidas, guiados por la india, y llegaron a unas cumbres verdes sobre el valle de Iza. Allí la vieja les señaló el lugar del bohío del mohán y se devolvió, porque temía morir si se acercaba. En la cima encontraron el bohío, y adentro, sentado en un duho, a un indio viejo, seco y apergaminado, de carrillos chupados y cabello ceniciento.

—Pretendéis el santuario de Buzagá —les dijo antes de que hablaran—. Os llevaré, porque tenemos luna nueva y en el valle canta el alcaraván.

Tomó un bastón nudoso de cañaguate, se ciñó el chumbe y abrió la marcha. Al pie de una cuesta muy empinada se detuvo y dijo que no podía seguir. El empedrador propuso cargarlo por turnos, pero el mohán exigió que lo echaran a la suerte. Tiraron una moneda a sello y cruz, le tocó al clérigo, y el padre Benito se echó al viejo a horcajadas, como san Cristóbal al niño Jesús.

Aquel viejo escuálido pesaba más que un peñón. Cuando Lope quiso relevar al cura, el mohán lo prohibió: el encanto sólo se vencía si el que lo cargaba llegaba al santuario sin descanso ni relevo. Y la cima, a medida que avanzaban, parecía alejarse. El mohán espoleaba al cura con los talones y le prometía el oro en chagualas, tunjos, gargantillas y diademas, las esmeraldas y los mantos de plumería. Pero el camino se había estirado como por encanto.

El padre Benito sospechó y le ordenó bajarse. El viejo se afianzó y siguió arreándolo. Lope le tiró un guijarro a la cabeza, y la piedra rebotó como si fuera de caucho, le pegó a él, lo tumbó y sacó chispas. Entonces el cura sacó un frasquito de agua bendita que por casualidad llevaba en la faltriquera y se lo echó encima invocando al Santísimo Sacramento. El mohán cayó con un golpe de leño seco y rodó a un abismo con estruendo de trueno.

Cuando bajaron a ver el cadáver, descubrieron que aquel cuerpo llevaba muchísimos años muerto, seco y amojamado, y que el espíritu maligno lo usaba como vivienda. Volvieron a Tunja. El cura decía que sólo Enoc y Elías habían subido al cielo en cuerpo y alma, y que a ellos el diablo se los quería llevar al infierno de la misma manera. Lope volvió a empedrar calles, y el padre Benito, curado de buscar lo que no se le había perdido, a decir su misa temprana.

El tesoro de Buzaga: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La codicia que se deja cargar por un guía desconocido termina pesando más de lo que puede llevarse.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.45° · -73.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto es un cuento de Enrique Otero D'Costa, de su libro Leyendas (Biblioteca Aldeana de Colombia, Selección Samper Ortega, Minerva, Bogotá, 1936). Se lee en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia de Eugenia Villa Posse (IADAP, Quito, 1993), sección 17, «Varias regiones», pp. 12-18, donde abre la selección de Otero. Villa Posse advierte que son relatos oídos por el autor a campesinos, que él «recuerda y elabora» para darles forma literaria.

La acción transcurre en la Tunja colonial y en las cumbres sobre el valle de Iza, en el Boyacá muisca. Otero, historiador que coleccionó documentos coloniales y dirigió en su juventud el Archivo Historial de Manizales, escribe con el castellano arcaizante y el tono picaresco de las crónicas que estudió como historiador, y hace del mohán un ser a medias hechicero y demonio, guardián de un santuario indígena lleno de oro. El nombre Buzagá designa ese santuario, adonde el mohán promete llevarlos en la hora propicia de la luna nueva.

El relato sigue circulando en la escuela. Un material didáctico de la Universidad Industrial de Santander (2018) lo propone como lectura, «de Javier Ocampo López, adaptado por Rosmira Ardila Ortiz», en una versión escolar que resume la búsqueda y el castigo del codicioso.

El cuento lleva la marca de la selección entera: personajes con nombre y oficio, un castellano de época y un final que se ríe de la codicia de los vecinos.

Resonancias con otros mitos

El viejo que se hace cargar y se vuelve cada vez más pesado es un motivo muy extendido. En el mismo cuento, Otero lo compara con san Cristóbal, el gigante que cruzó un río con un niño que pesaba como el mundo entero porque era Cristo. Aquí la figura se invierte: el que pesa no es Dios sino un espíritu maligno, y el que carga no es un santo sino un clérigo codicioso.

El mohán guardián de riquezas es una figura muy viva en la tradición boyacense. Javier Ocampo López, en El pueblo boyacense y su folclor, recuerda que en Onzaga los campesinos veneraban un hueso de mohán bajo un crucifijo, y registra el Cucacuy del Valle de Tenza, otro hombre con pacto que guarda el dinero enterrado. En el Tolima, Misael Devia llama Mohán al dueño de los tesoros del río.

El oro que promete el mohán —chagualas, tunjos, diademas— es el de las ofrendas muiscas que el Museo del Oro del Banco de la República conserva y explica como piezas depositadas en santuarios, lagunas y cuevas. El cuento de Otero toma ese oro real y lo convierte en cebo para la codicia de los vecinos de la Tunja colonial.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto de 1936 es el que se lee completo, en la reproducción de Villa Posse. La Revista UPB, que en 1964 reimprimió seis leyendas del libro como homenaje póstumo al autor, dejó ésta fuera.

  2. La versión escolar de la Universidad Industrial de Santander, basada en Javier Ocampo López y adaptada por Rosmira Ardila Ortiz, conserva el esquema —el pobre que busca el tesoro, el clérigo que se suma, el mohán que se hace cargar y el agua bendita que lo derriba— y lo cuenta en lengua actual, para enseñar el género de la leyenda en el aula.

  3. Dentro del cuento, Otero mezcla dos tradiciones. Una es la del mohán indígena, sacerdote y guardián de los santuarios y del oro de los muiscas, que los cronistas coloniales ya presentaban como hechicero. La otra es la del diablo de la tradición cristiana, que se deja vencer con agua bendita y el nombre del Santísimo. El remate lo confirma: el cuerpo del mohán llevaba siglos muerto y el espíritu maligno sólo lo habitaba.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Boyacá · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II (sección 20, Mitos del Tolima: Misael Devia, «Folclor tolimense», 1962)

    flacso.edu.ec

    Texto del cuento de Otero D'Costa (Leyendas, 1936) en la sección 17, pp. 12-18: Lope Badillo, el clérigo Benito de Laserna, la india vieja, el mohán del valle de Iza que se hace cargar y el agua bendita que lo derriba.

  2. Mitos y leyendas de la región Andina como textos

    noesis.uis.edu.co

    Propone «El tesoro de Buzagá» como lectura escolar, «de Javier Ocampo López, adaptado por Rosmira Ardila Ortiz».

  3. Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)

    repository.urosario.edu.co

    Estudio de la obra de Otero D'Costa y de sus Leyendas como historiografía de la vida cotidiana colonial.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. La colección de Enrique Otero D'Costa

    banrepcultural.org

    Presenta al autor como historiador y coleccionista de documentos coloniales.

  2. El pueblo boyacense y su folclor

    babel.banrepcultural.org

    Registra en Boyacá el hueso de mohán venerado en Onzaga y el Cucacuy, guardián del dinero enterrado, los paralelos que nombra Similitudes.

  3. La ofrenda (exposición permanente del Museo del Oro)

    banrepcultural.org

    Explica las ofrendas de oro muiscas —tunjos y otras piezas— depositadas en santuarios, lagunas y cuevas, el oro que el mohán promete.

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«El tesoro de Buzaga» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El tesoro de Buzaga» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El tesoro de Buzaga» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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