El Roble del Caballero

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El Roble del Caballero

Marco Antonio Valencia imagina una cuarta salida del Quijote a Popayán, su funeral por la ciudad y su entierro en la Torre del Reloj.

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El relato

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Corrían los años de 1600 cuando llamó a la puerta de Miguel de Cervantes Saavedra un viejo amigo, compañero suyo en la galera Marquesa y en la batalla de Lepanto, en 1571. Volvía de América enfermo, con la melancolía de los payaneses y los pies hinchados por las niguas. A los pocos días murió. Cervantes, que era muy pobre, se puso la ropa del difunto sin hervirla antes, como se acostumbraba, y se contagió.

Las niguas eran la plaga de Popayán. En tiempos de la Colonia la gente andaba descalza por calles empedradas y casonas de ladrillo, y se le metían en los pies hasta dejarla coja. Por ese andar de patos cojos a los payaneses acabaron llamándolos patojos. Pero la nigua, al picar, suelta una toxina que sube por la linfa hasta el cerebro y vuelve a sus víctimas más sensibles e ingeniosas. Así, picado por las niguas que le dejó su amigo, Cervantes se llenó de tanto talento que escribió El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que salió en 1605.

Mucho después, el poeta Guillermo Valencia, hijo de Joaquín Valencia Quijano y por lo tanto primo de Alonso Quijano, invitó al Caballero de la Triste Figura a hacer su cuarta salida por las Américas, a desagraviar entuertos y hacer el bien. El Quijote entró por Cartagena, pasó unos días en Bogotá y se quedó varios meses en Popayán. Con Valencia conversaba por meses en los pasillos y jardines de la casona que hoy es la Casa Museo Valencia: de literatura, de la Divina Comedia, de la vida y de las mujeres, a las que llamaban hermosas ñapangas. Allí lo sorprendió la muerte, en una habitación del convento de Santo Domingo, donde hoy funciona la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca.

Lo velaron en el Paraninfo de la universidad. Esa noche muchos vieron entrar a una mujer vestida de ñapanga que se acercó a besarle las manos, y hubo quien juró que era Dulcinea. Al día siguiente, un miércoles de ceniza, a las cinco de la tarde, se hicieron las honras en la capilla de la Ermita. Varios artistas sacaron el féretro a hombros y lo llevaron con música de chirimía hasta el Parque de Caldas. Valencia quería enterrarlo allí, bajo un árbol de corcho. Pero su amigo el poeta Rafael Maya convenció a todos de sepultarlo en la Torre del Reloj, mirando hacia la tarde.

Mucha gente, mucha, lo ha oído resollar detrás de los muros de la torre. Dicen que quien alcanza a oír esos ruidos puede escuchar la voz de la poesía palpitándole en el corazón, un misterio que no es para todos, pero al que todos están invitados. Los despojos seguirán allí, porque lo que le dio vida al Quijote no fue otra cosa que el ingenio de los patojos.

Cuando el Príncipe de Asturias visitó Popayán, el 8 de agosto de 1988, el alcalde le contó que allí reposaban los restos del hidalgo. El príncipe llamó a España para averiguar si era verdad, y lo que le contestaron lo dejó maravillado.

El Roble del Caballero: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una ciudad que se piensa a sí misma en versos termina enterrando en sus muros a los personajes que admira.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Mestizo
Referencia
2.4419° · -76.606°

Ficha del relato

Contexto histórico

Que el Quijote está enterrado en Popayán es una broma letrada de la ciudad antes que una leyenda de la calle, y tiene autores. El primero es Guillermo Valencia (1873-1943). En el poema «Alma Mater» le asigna a Popayán el papel de «tumba de Don Quijote», y en el «Canto a Popayán», grabado en mármol en el paraninfo de la Universidad del Cauca, dice que la ciudad dio al caballero de la Mancha «sepulcro bajo un roble de añosa virtud». Betty Osorio de Negret estudió esos versos en la revista Thesaurus del Instituto Caro y Cuervo (1987) y los leyó como la consagración de Popayán como «ciudad de quijotes». Una crónica de Diego Andrés Rosselli Cock en Portafolio (2007) cuenta que el pintor Efraím Martínez puso al Quijote, a la sombra de un roble, en su Apoteosis de Popayán, el gran lienzo del paraninfo inspirado en el Canto.

Después vinieron los relatos en prosa. Rafael Maya publicó Don Quijote muere en Popayán (Bogotá, 1974), y Octavio Hernández Jiménez, profesor de la Universidad de Caldas, leyó en Popayán el 23 de abril de 1987 su ensayo-cuento Funerales de Don Quijote, reseñado por Vicente Pérez Silva: allí ya estaban la capilla de la Ermita, el miércoles de ceniza a las cinco de la tarde, la velación en el Paraninfo y una ñapanga que podría ser Dulcinea.

La versión completa que aquí se cuenta es de Marco Antonio Valencia Calle, escritor payanés nacido en 1967. La publicó Proclama del Pacífico el 19 de mayo de 2014 como adelanto de su libro Leyendas extraordinarias de Popayán, y en 2020 salió en edición trilingüe, en español, inglés y francés. Su propia página dice que con este cuento «reescribe una de las leyendas más originales» de la ciudad. Suyas son las niguas que inspiraron a Cervantes, el parentesco de los Valencia con Alonso Quijano y el entierro en la Torre del Reloj. Es literatura de autor, construida con anacronismos deliberados.

Resonancias con otros mitos

Popayán no es la única ciudad colombiana que se disputa el cadáver del Quijote. Maruja Vieira, en su crónica «Don Quijote está enterrado en Bogotá», recuerda la leyenda payanesa y le opone la tesis de Germán Arciniegas en El caballero de El Dorado: que Cervantes pudo inspirarse en Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Bogotá. Es la misma operación con otro fundador: hacer del libro más famoso de la lengua un hijo de la propia tierra.

El pariente más cercano está en el mismo libro. En «El caballo de los caballos», que Marco Antonio Valencia Calle publicó en su blog en 2014, el escultor Victorio Macho roba en Burgos los restos de Babieca, el caballo del Cid, y los esconde bajo la estatua de Belalcázar en el Morro de Tulcán. Las dos historias trasladan reliquias de la gloria castellana a Popayán y las emparedan en un monumento.

Y la tumba de un héroe que se señala sin que nadie haya visto los huesos tiene un precedente castellano: la de Babieca a las puertas de San Pedro de Cardeña, que según el Consorcio Camino del Cid la excavación de 1949 encontró vacía.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Cada autor entierra al Quijote en un sitio distinto. Guillermo Valencia lo pone bajo un roble; el pintor Efraím Martínez, según Portafolio, lo sienta a la sombra de un roble en su lienzo. Valencia Calle lo lleva a la Torre del Reloj, y deja el árbol como la propuesta perdida del propio Valencia: en la publicación de Proclama de 2014 es «un árbol florido»; en la edición de 2020, «un árbol de corcho».

  2. Mateo Malahora, en una columna de Proclama del Pacífico del 9 de abril de 2014, un mes antes del texto de Valencia Calle, recoge otra ubicación: según el imaginario de la ciudad, el Quijote está enterrado en el Parque Caldas y sale de tarde en tarde; los lustrabotas dicen haberlo visto señalándole a Sancho la Torre del Reloj como si fuera un gigante.

  3. El mismo Valencia Calle, en una columna de 2017 en los blogs de El Espectador, suma otra costumbre a la torre: quien quiera ser poeta debe poner las manos en sus paredes para impregnarse del ingenio del hidalgo. Y el periodista Juan Pablo Parra, en un testimonio publicado en Casa Macondo en 2025, cuenta que los guías de la Casa Museo Valencia repetían que los restos del Quijote estaban en Popayán y que Cervantes había pasado por la ciudad.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Cauca · Pacífico
Referencias
16
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Muerte y entierro del Quijote en Popayán. Edición trilingüe español-inglés-francés

    marcoantoniovalencia.com

    Texto completo (pp. 7-11 en español): las niguas de Cervantes, la cuarta salida, la muerte en Santo Domingo, la velación con Dulcinea, las honras en la Ermita y el entierro en la Torre del Reloj; el árbol propuesto es de corcho.

  2. Muerte y entierro del Quijote en Popayán

    proclamadelpacifico.com

    Primera publicación, 19 de mayo de 2014, como parte del libro entonces inédito; aquí Valencia propone enterrarlo «bajo un árbol florido».

  3. Muerte y entierro del Quijote en Popayán (página del libro)

    marcoantoniovalencia.com

    El autor dice que con este cuento «reescribe una de las leyendas más originales» de Popayán y lo ubica en Leyendas extraordinarias de Popayán, traducido al inglés.

Contraste y contexto · 13 referencias
  1. La poesía en Popayán: el hacerse de un paratexto poético

    cvc.cervantes.es

    Cita el verso de Guillermo Valencia que da a Popayán el papel de «tumba de Don Quijote» y dice que el «Canto a Popayán» está grabado en mármol en el paraninfo de la Universidad del Cauca: el origen letrado de la leyenda.

  2. Un canto a Popayán

    portafolio.co

    Cita el verso «sepulcro le diste bajo un roble de añosa virtud», dice que Rafael Maya y Alberto Lleras dieron testimonio de la leyenda y describe al Quijote bajo un roble en la Apoteosis de Popayán de Efraím Martínez: la fuente del roble.

  3. Los funerales de Don Quijote

    espaciosvecinos.com

    Funerales de Don Quijote, leído en Popayán en 1987, ya trae la Ermita, el miércoles de ceniza a las cinco, la velación en el Paraninfo y la ñapanga Dulcinea; cita Don Quijote muere en Popayán de Rafael Maya (1974).

  4. El Quijote en Popayán

    proclamadelpacifico.com

    Un mes antes del cuento de Valencia Calle: según el imaginario de la ciudad, el Quijote está enterrado en el Parque Caldas; los lustrabotas lo vieron con Sancho frente a la Torre del Reloj.

  5. La nariz de Popayán

    blogs.elespectador.com

    Leyendas de la Torre del Reloj: allí reposan los huesos del Quijote y quien aspire a ser poeta debe tocar sus paredes.

  6. La Torre del Reloj y la Llorona

    proclamadelpacifico.com

    Historia de la torre (1673, noventa y seis mil ladrillos) y, citando a Valencia Calle, la creencia de que encubre los restos del Quijote.

  7. Mi Municipio: Historia

    popayan.gov.co

    La Torre del Reloj, «la nariz de Popayán» según Guillermo Valencia, construida entre 1673 y 1682: el lugar real del entierro imaginario.

  8. El escritor Marco Antonio Valencia presentó su obra «Leyendas Extraordinarias de Popayán» en la UDES

    bucaramanga.udes.edu.co

    El autor cuenta en voz propia el episodio de las niguas de Cervantes.

  9. Si los perros ladran: seis encuentros con don Quijote

    casamacondo.co

    Un guía de la casa museo le contó que en Popayán se decía que Cervantes visitó la ciudad y que los restos del Quijote estaban allí.

  10. Don Quijote está enterrado en Bogotá

    marujavieira.com

    Menciona la leyenda payanesa y le opone la tesis de Germán Arciniegas: el Quijote pudo inspirarse en Gonzalo Jiménez de Quesada; paralelo de Similitudes.

  11. El caballo de los caballos

    valenciacalle.blogspot.com

    Cuento hermano: Victorio Macho trae los restos de Babieca a Popayán y los esconde bajo la estatua de Belalcázar; paralelo de Similitudes.

  12. El descanso eterno de Babieca

    caminodelcid.org

    La tumba tradicional de Babieca en San Pedro de Cardeña y la excavación sin resultado de 1949: paralelo de la tumba señalada sin restos.

  13. Leyendas extraordinarias de Popayán (reseña)

    proclamadelpacifico.com

    La portada del libro lleva el rostro del Quijote «que se vino a morir a Popayán»; la reseña resume el relato como el primero del libro.

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«El Roble del Caballero» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El Roble del Caballero» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El Roble del Caballero» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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