El padre Mera

Pacífico · Mestizo

El padre Mera

En Guapi y el Pacífico sur, Manuel María Mera fue recordado como sacerdote milagroso y también como perseguidor de marimbas y bailes.

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El relato

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Por los ríos de la costa sur anduvo, hace más de un siglo, un padre al que nadie le vio nunca los pies. Decían que había salido de un guadual en la costa, y en Salahonda el síndico juraba que era San Antonio. Llamaba a la oración por las tardes, y si la gente no acudía, salía con el látigo que llevaba prendido en la correa.

Cuando iba camino de Guapi, todo el pueblo salió a recibirlo. Una mujer que lavaba en el río lo vio pasar y dijo para sí: «¿Padre? El diablo será». Días después fue a confesarse, y él le preguntó: «¿Te vas a confesar con el diablo?». Desde entonces lo tuvo por santo. Otra mujer habló mal de él, y él anunció un incendio: una chispa cayó en esa casa y el fuego arrasó dos terceras partes del pueblo.

En tiempo de escasez bendijo las semillas de los labradores, y donde se sembraron siguen dando. A una señora que le negó un poco de leche porque no tenía ni para ella le mandó poner una vasija más grande, y la vaca la llenó: bebió la familia, bebió él y sobró. A los del trapiche que no le quisieron vender panela, la panela se les puso dura como piedra. Unos huevos que le regalaron los devolvió: eran robados.

En San José, viendo que no le hacían caso, se volvió a la imagen del Señor del Amparo y le dijo: «Señor del Amparo, levántate para que estos vean que mis palabras son verdad». La imagen empezó a moverse, y el pueblo entero pidió perdón. En Payán, el párroco no quería dejarlo celebrar; se fueron al cementerio, el Padre Mera desapareció en la puerta, y junto a la cruz mayor el párroco encontró un Cristo crucificado que derramaba sangre por todos los vellos. En Salahonda apagó las luces de la iglesia y se oyeron ruidos que venían de lo hondo de la tierra, del otro mundo, hasta que la gente se le abrazó a los pies y cesaron. Otra vez anunció lluvia: se apagaron las luces, sonó un aguacero con truenos, y al salir de la iglesia el suelo estaba seco.

En Balsita, cerca de Iscuandé, encontró a una señora llorando en el entierro de su única hija. Mandó hacer una toldada sobre la sepultura, pidió un vaso de agua y despidió a todos. Desenterró a la niña, se quedó a solas con la muerta, y al rato salió con la niña viva.

Comía unas pocas lentejitas que él mismo cocinaba, bebía agua de coco y dormía con un tronco de balsa por almohada: al terminar las misiones, la cama que le preparaban estaba intacta. Una noche unas mujeres lo espiaron y lo vieron a oscuras, crucificado boca abajo. Al día siguiente preguntó quién lo había visto. Por las noches cargaba descalzo una gran cruz y cantaba: «Mira, mira, pecador, que si vives en pecado puedes anochecer bueno y amanecer condenado».

En Bocagrande pidió que lo llevara el buque Tumaquito, y no quisieron llevarlo. El Tumaquito se hundió. Y en las velaciones del viernes santo todavía se canta: «si no viene el Padre Mera, nos íbamos a acabar».

El padre Mera: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un pueblo puede hacer santo a quien le prohíbe lo que ama si siente que ese alguien es de los suyos.”

Territorio

Pacífico · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Mestizo
Referencia
2.03991° · -78.65814°

Ficha del relato

Contexto histórico

La leyenda la recogió el carmelita José Miguel Garrido, párroco en el Vicariato de Tumaco, en el último capítulo de su libro Tras el alma de un pueblo (Folclor religioso del Vicariato de Tumaco, 1980, pp. 191-201). Eugenia Villa Posse lo reprodujo en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito, 1993), sección 27, pp. 345-358, y lo presenta como la «leyenda viva» que la población negra construyó sobre un sacerdote que vivió en la región.

Garrido cuenta cómo llegó a ella. El síndico de Salahonda, de más de setenta años, le habló del padre al que no se le veían los pies; en la velación del viernes santo oyó un alabao que lo nombraba; y salió por los pueblos a buscar testimonios. Los transcribe sin juzgarlos: una anciana de San José que lo conoció de muchacha, un antiguo monaguillo nacido en la guerra de los Mil Días, un hombre de más de noventa años, un señor de 78 y una señora nacida en 1889, además de alabaos, décimas y coplas de los ríos Patía, Telembí e Ispí.

Después buscó en los archivos parroquiales. Encontró a Jesús María Mera, bautizado en Florida (Valle) en 1872, coadjutor en Pradera en 1909, en Guapi en la Semana Santa de 1910, bautizando en misiones en Chimbuza en octubre de ese año, en Salahonda, Payán y Barbacoas en 1911, y muerto de tisis en Palmira en 1926. Garrido cree que una clave de su impacto fue que el padre era descendiente de esclavos.

Resonancias con otros mitos

El Padre Mera pertenece a la tradición de los santos populares del catolicismo latinoamericano, sacerdotes o laicos a los que la gente atribuye milagros en vida sin que la Iglesia los reconozca. Garrido mismo señala el paralelo bíblico del milagro de la leche: la escena del profeta Elías con la viuda de Sarepta, cuya harina y aceite no se acabaron.

La marimba que el Padre Mera mandaba olvidar es hoy patrimonio. La UNESCO inscribió en su lista representativa la música de marimba y los cantos y bailes tradicionales del Pacífico sur colombiano y de Esmeraldas, en Ecuador, la misma tradición de alabaos y arrullos con la que la gente del Vicariato canta todavía al padre que la combatía. El alabao que Garrido oyó en la velación del viernes santo es parte de ese repertorio.

Y el sacerdote que llega de ninguna parte, hace prodigios, castiga al que lo desprecia y se va sin que se sepa adónde tiene su contrapartida en los relatos del diablo disfrazado: la mujer de Guapi que lo toma por el diablo y la variante en que él mismo derrama sangre muestran que la frontera entre el santo y el espanto se cruzaba en las dos direcciones.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Los testimonios que reúne Garrido no concuerdan en el itinerario. Unos dicen que llegó del Ecuador por Cabo Manglares, otros que bajó de la sierra por Balsitas hacia Guapi, otros que apareció en el río Nansalbí, y una señora dice que venía «de la costa». Garrido reconstruye un recorrido que no pretende ser cronológico, y lo contrasta con los libros parroquiales, que lo sitúan en el Vicariato entre 1910 y 1912.

  2. Dentro de los prodigios hay variantes: en Payán, el que derramaba sangre en el cementerio era el Cristo según el monaguillo, y el propio Padre Mera según otra versión de la costa; en Salahonda, los ruidos del otro mundo se oyeron en la iglesia o en el cementerio junto a la Peña del Señor.

  3. El nombre también cambia. Los libros parroquiales dicen Jesús María Mera, y las coplas lo llaman «el padre Jesús María». La revista Raya, en un artículo sobre la persecución de la marimba en el Pacífico, lo llama Manuel María Mera y lo sitúa en Guapi en 1908, preguntando a los guapireños si tenían marimba en casa. Las coplas que recoge Garrido conservan esa prédica: la marimba, la sonaja, el baile y el cununo son lo que hay que olvidar para enmendarse.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Nariño · Pacífico
Referencias
3
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Sección 27: José Miguel Garrido, «La leyenda viva del padre Mera», de Tras el alma de un pueblo (1980, pp. 191-201): testimonios, alabaos y partidas parroquiales de Jesús María Mera.

  2. La marimba: de instrumento prohibido a identidad del Pacífico

    revistaraya.com

    Llama al padre Manuel María Mera y lo sitúa en Guapi en 1908 preguntando quién tenía marimba en casa.

  3. Música de marimba y cantos y bailes tradicionales de la región colombiana del Pacífico sur y de la provincia ecuatoriana de Esmeraldas

    ich.unesco.org

    La inscripción de la marimba y los cantos del Pacífico sur, que nombra Similitudes.

Voces de la comunidad

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¿Así te la contaron?

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«El padre Mera» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El padre Mera» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El padre Mera» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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