El Reventón de Jacobo

Andina · Mestizo

El Reventón de Jacobo

Jacobo entra a una casa abandonada, recibe huesos por una ventana y encuentra bajo sus pies dos baúles llenos de monedas.

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El relato

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Jacobo era un colono que trabajaba la tierra en Piedecuesta, cerca del paraje que llaman El Reventón, entre robles, caracolíes y arrayanes. Una tarde, al volver de sus labores, cansado y con hambre, sus pasos lo llevaron por un ramal de la antigua carretera vía Curos. Allí compró un par de libras de carne de cerdo.

Buscó dónde comer tranquilo. Cerca había una casa abandonada a la que nadie se acercaba, porque la gente le tenía miedo. Jacobo empujó la puerta, entró y encendió un fuego.

Mientras la carne se asaba, las llamas subieron de golpe y se oyó un relincho. Después, desde la ventana, una voz empezó a llamarlo con urgencia: «¡Jacobo! ¡Jacobo!».

Con más miedo que valor, él respondió:

—¿De parte de Dios o del diablo, qué necesita?

—Jacobo, ¿quiere sacar el entierro que hay ahí? —preguntó la voz, como quien ofrece un trato cualquiera.

Jacobo se asomó por la ventana rota. Afuera esperaba una figura alta, vestida de negro. Sin temblar, aquel ser empezó a pasarle por la ventana, uno por uno, los huesos de un esqueleto: primero las canillas y al final la calavera. Cada hueso sonaba como metal al tocar el suelo. Cuando terminó, a Jacobo lo envolvió un frío muy intenso y cayó sin sentido.

Al amanecer lo encontró allí tendido un compañero y lo despertó. Jacobo no le contó nada. Los ruidos, la voz y la figura de negro se los guardó para sí.

En la tierra que él mismo había arañado al pie de la ventana estaba el entierro: dos baúles grandes, apenas cubiertos, llenos de oro y plata, con morrocotas antiguas y billetes viejos. Pero al abrirlos le dio en la cara el vaho del tesoro, y Jacobo perdió la vista.

Ciego y rico, compró tierras y bienes. Antes de morir les contó la historia a sus vecinos, y dejó lo que tenía a Jacinto, un viejo amigo. Por eso en El Reventón, por donde pasa el río del Oro, se sigue hablando del entierro de Jacobo.

El Reventón de Jacobo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un tesoro que ofrecen los muertos puede cobrarse en el cuerpo de quien lo desentierra.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.98944° · -73.0536°

Ficha del relato

Contexto histórico

Ninguna edición consultable conserva este relato: «El Reventón de Jacobo» existe en papel sólo como título, en el prólogo que Julio César Niño Orozco escribió en 2004 para «Tres leyendas ganadoras y algo más…», de Germán Valenzuela Sánchez, y de ese libro únicamente se pueden leer seis páginas que no lo incluyen. No hay otra edición, antología ni tesis abierta que lo reproduzca.

Ese prólogo, titulado «Los senderos de Germán», cuenta cómo pudo llegar la historia al libro. Durante cinco meses seguidos el autor recorrió a pie cerca de cuatrocientos cincuenta kilómetros cuadrados del campo piedecuestano, habló con cada habitante rural que pudo sobre leyendas y fábulas, y fue dejando lo oído en su bitácora. La lista de títulos que sigue a ese relato de viaje incluye éste, junto a otras dos piezas de tesoros y cuevas, «El Carriazo de San Isidro» y «La Cueva de la Pisca».

Lo que sí está documentado es la creencia en los entierros y en su precio. En su estudio de 1977 sobre el folclor boyacense (p. 129), Javier Ocampo López anota que los campesinos hablan a menudo de entierros; que los espíritus de quienes ocultaron alhajas y dinero se muestran como luces verdosas para revelar el lugar y no descansan hasta que se descubre; y que el aire encerrado que escapa al abrir los cofres mata a los hombres, y que de la víctima se comenta que «lo flechó la plata». La compilación caldense de Fabio Vélez Correa describe a la Dama Verde, que se aparece en casas abandonadas y sirve de guía hacia los objetos preciosos que ocultaron los muertos, para que éstos descansen cuando se desentierran. Y en «Folclor tolimense» (1962) Misael Devia Morales describe al buscador de tesoros que pasa las noches hurgando en ruinas y casas abandonadas.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más directo es la creencia boyacense que registra Ocampo López en 1977: al desenterrar los cofres escapa un aire encerrado que mata, y del muerto comentan que «lo flechó la plata». Es el mismo peligro que alcanza a Jacobo cuando abre los baúles y le da en la cara el vaho del tesoro. Allá el precio es la vida; en El Reventón, la vista.

El segundo es la Dama Verde que Vélez Correa describe en Antioquia y el antiguo Caldas. Se aparece en casas abandonadas, de noche, y conduce a los vivos hasta los objetos preciosos que ocultaron los muertos, porque éstos sólo descansan cuando se sacan. En El Reventón no hay dama sino una figura alta vestida de negro, pero el escenario y el trato son los mismos: una casa donde nadie entra, un muerto que quiere que alguien saque lo suyo.

El tercero está en el «Folclor santandereano» de Arias. En la cueva de La Calentana, la mujer que ve el tesoro y corre a contarlo lo pierde: al volver con su marido la cueva ha desaparecido. Jacobo, en cambio, calla. No le dice nada al compañero que lo despierta, y sólo cuenta la historia a los vecinos antes de morir, cuando la fortuna ya es suya.

Los tres relatos coinciden en que el entierro se entrega a una sola persona y bajo condiciones, y en que tocarlo nunca sale gratis.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El entierro que un muerto entrega a un vivo tiene varias formas registradas en la región andina, y difieren en cómo se revela y en lo que cuesta.

  2. En la tradición boyacense que recoge Ocampo López, el alma dueña del tesoro se manifiesta como luz verdosa sobre el lugar; quiere que la encuentren porque no descansa mientras el entierro siga oculto. El peligro viene después, al abrir los cofres: el aire guardado dentro mata al que los destapa.

  3. En la Dama Verde de Caldas, según Vélez Correa, la guía es una aparición en forma de anciana de mantilla negra, que se deja ver en casas abandonadas y calles antiguas. Donde desaparece hay que cavar, porque cerca está el entierro, y al sacarlo los muertos quedan en paz.

  4. En «Folclor santandereano» (1954), Juan de Dios Arias cuenta dos maneras de fallar o de ganar. En la cueva de La Calentana, una mujer ve el tesoro por una puerta abierta, corre a llamar a su marido, y cuando vuelven la cueva ya no está. En la cueva de la loma de Buena Vista, hay que vencer a golpes al Biato, y aparece en un baúl bajo el sombrero del vencedor.

  5. En el Tolima de Devia Morales, la fortuna repentina de un campesino hace que los vecinos piensen en «algún entierro de alguna alma en pena».

  6. El relato de Jacobo reúne varias piezas: la casa abandonada de la Dama Verde, un muerto que ofrece su entierro, el silencio del que lo ve solo y el vaho de los cofres de Ocampo López. Sólo que el vaho no lo mata: lo deja ciego y rico.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Tres leyendas ganadoras y algo más… (fragmento publicado por el autor: portadilla, solapa y prólogo «Los senderos de Germán»)

    drive.google.com

    El prólogo de Niño Orozco nombra «El Reventón de Jacobo» entre las piezas del libro, junto a otras dos de tesoros y cuevas, y cuenta cómo el autor recorrió a pie durante cinco meses las veredas de Piedecuesta anotando en su bitácora lo que le contaban los campesinos.

  2. El pueblo boyacense y su folclor, cap. 8 «Mitos, leyendas y creencias populares en Boyacá», p. 129

    babel.banrepcultural.org

    Registra el precio del entierro: el aire encerrado que escapa al desenterrar los cofres mata a los hombres, y de ellos se dice que «lo flechó la plata». Añade que las almas que escondieron joyas y dinero se aparecen para revelar el lugar. Es el antecedente del vaho que deja ciego a Jacobo.

  3. Mitos, espantos y leyendas de Caldas (edición digital ampliada), «La Dama Verde»

    ellibrototal.com

    Describe a la Dama Verde, que se aparece en casas abandonadas y guía a los vivos hacia los objetos preciosos ocultos por los muertos: donde desaparece hay que cavar, y con el desentierro los muertos descansan. Es el paralelo de la casa abandonada donde una figura de negro le ofrece a Jacobo el entierro.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lo que enseñan las cuevas», cuevas de La Calentana y de Buena Vista, folios 140-141

    flacso.edu.ec

    Da dos formas santandereanas del tesoro que se revela a una sola persona: la mujer que ve el oro de La Calentana, corre a buscar a su marido y al volver no halla la cueva; y el Biato de Buena Vista, que entrega un baúl lleno de oro al que lo vence. Arias anota que así se explican fortunas que aparecen de la noche a la mañana, como la de Jacobo.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 20: Misael Devia Morales, «Folclor tolimense» (1962), «El Tunjo», folio 158

    flacso.edu.ec

    Pinta al campesino que pasa las noches «hurgando y buscando en las ruinas y casas abandonadas» en busca de entierros, y a los vecinos que atribuyen una fortuna repentina a «algún entierro de alguna alma en pena». Sitúa la casa abandonada como lugar de entierros, igual que en El Reventón.

  3. Sobre el autor (sitio de Germán Valenzuela Sánchez, «PicaPica»)

    germanvalenzuelasanchez.wordpress.com

    Identifica al recopilador del libro donde figura el Reventón de Jacobo: nacido en Piedecuesta en 1946, bibliotecario municipal y fundador de El PicaPica, dedicado a difundir el folclor local recogido de viva voz.

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«El Reventón de Jacobo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El Reventón de Jacobo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El Reventón de Jacobo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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