En un rincón del mundo donde la realidad y los sueños se entrelazan como amantes eternos, se encontraba la Autopista Norte, un sendero que parecía contener secretos tan antiguos como las montañas que lo rodeaban. Allí, en los terrenos de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, latía un corazón de misterio bajo la tierra, un pozo que respiraba leyendas y dejaba escapar susurros de oro y esmeraldas en noches de luna llena.
Se cuenta que muchos años atrás, cuando las estrellas aún conversaban con los hombres de la Tierra, la ciudad de Hunza se erguía majestuosa bajo el mando del Zaque Chibcha Quemuenchatocha. Era un soberano cuya presencia brillaba tanto como las joyas que adornaban su vestimenta, y su rostro guardaba el secreto de innumerables generaciones. Pero la llegada de los conquistadores, encabezados por Gonzalo Jiménez de Quesada, Hernán Pérez de Quesada y Gonzalo Suárez Rendón, cambió la melodía del viento. Estos hombres forjados en el hierro y la codicia se acercaron a Hunza con el olor del cambio y la ansiedad del saqueo.
Al enfrentar al noble Zaque, exigieron con palabras afiladas conocer el escondrijo de sus tesoros, de sus oros y esmeraldas. "¿Dónde ocultas el sol que brilla en tus manos y las piedras que cantan la historia de tus ancestros?", le preguntaron, ignorando que en aquel mundo la riqueza verdadera no se encontraba en objetos que se pudiesen guardar en baúles. El Zaque, testimonio viviente de la dignidad, se envolvió en un manto de silencio, tan impenetrable como la laguna de los dioses. Su silencio fue su sentencia, y así, al caer el día, la muerte lo reclamó como un amante exigente.
Mientras la vida del Zaque se apagaba como la última vela en un santuario abandonado, sus fieles guechas, guardianes y servidores, se movieron con la gracia de sombras sigilosas. Bajo el amparo de una noche teñida de dolor y lealtad, llenaron sus petacas con oro y esmeraldas, como llamadas de esperanza que negaban morir. Sutilmente las transportaron al legendario pozo, aquel que, según decían, había nacido cuando la olla de chicha se había quebrado en el acto valiente de Faravita, defendiendo la pureza de su hijo Hunzahúa.
Las riquezas se arrojaron a aquel pozo, cuyo fondo nadie había logrado vislumbrar. Las aguas, en un susurro eterno, abrazaron los tesoros, alimentando así una leyenda que crecería con el paso del tiempo, hasta convertirse en un eco que retumbaba con cada ola de viento.
A través de los años, la historia del pozo se envolvió en un manto de misterio, atrayendo la ambición como las flores atraen a las abejas. Así llegó Donato, un europeo cuyo corazón latía al ritmo de clavos de oro. En su avidez, trajo consigo máquinas resplandecientes e iniciada una odisea surcando las tierras en busca de las maravillas que, creía, yacían esperando su llegada. Sin embargo, a medida que las herramientas perforaban la tierra y la desesperación nublaba su juicio, parecía que el pozo reía en silencio, burlándose de aquellos que medían el valor de la eternidad en monedas.
El tiempo fue el maestro cruel que hizo que Donato perdiera no solo sus denarios, sino también la fe en los sueños que nunca fueron suyos. Lo que no comprendía era que lo real y lo encantado siempre habían estado presentes no solo en el fondo del pozo, sino en la esencia de lo que no se puede ver ni tocar con las manos codiciosas.
Hoy, en la Plaza de Bolívar, se habla del Pozo de Donato con un tono que mezcla risas y recuerdos de tiempos en que las riquezas caían invisibles por las trampas de la avaricia. Solo los ancianos, con sus ojos brillantes y sus rostros arrugados por la sabiduría, saben que debajo, en algún lugar bajo la piel del mundo, las aguas del pozo todavía cantan canciones de antigüedad y deseo, custodiando el verdadero tesoro jamás encontrado: el recuerdo de un tiempo en que el silencio fue más fuerte que el oro y la dignidad, la más grande de las riquezas.
Historia
El mito se origina en la narración de Hunzahúa, relacionada con la historia del conquistador español que llegó a Hunza. Durante la conquista de la región por Gonzalo Jiménez de Quesada y sus compañeros, interrogaron al Zaque Chibcha Quemuenchatocha sobre el paradero de sus riquezas en oro y esmeraldas. Ante su silencio, quien al parecer fue sentenciado a muerte, sus seguidores aprovecharon la noche para esconder los tesoros llevándolos a un pozo legendario, el cual, según la leyenda, se formó al romperse una olla de chicha en la defensa del honor de Hunzahúa. El mito resurgió años después, atrayendo la codicia de un hombre europeo, Donato, que intentó sin éxito recuperar el tesoro empleando maquinaria y trabajadores. La historia del pozo se mantuvo viva, al punto de ser referenciada en contextos actuales como una metáfora de pérdidas económicas en estafas financieras, conocidas como pirámides, refiriéndose a "Esos caudales cayeron al Pozo de Donato".
Versiones
El mito del "Pozo de Donato" presenta al menos dos narrativas distintas relacionadas con un tesoro de oro y esmeraldas asociado a Quemuenchatocha, el Zaque chibcha, durante la llegada de los conquistadores españoles al territorio de Hunza. En la primera parte de la narrativa, el mito se centra en el contexto histórico de la invasión, la captura del Zaque y la resistencia de su pueblo. Aquí se introduce la leyenda de un pozo sin fondo, donde los hombres de confianza de Quemuenchatocha habrían lanzado sus riquezas en un acto de desafío y protección al patrimonio cultural y sagrado de su pueblo, vinculado a la defensa del honor por Faravita. Este relato se distingue por su énfasis en la narrativa de resistencia y sacrificio ante la colonización, una atmósfera cargada de tensión y simbolismo indígena.
En contraste, la segunda narrativa toma un giro hacia las consecuencias contemporáneas del mito, moviéndose de un relato de resistencia a una advertencia sobre la avaricia. Aquí, el protagonista es un europeo, un tal señor Donato, quien, seducido por la leyenda del tesoro, emplea recursos significativos para drenar el legendario pozo, pero acaba fracasando. Este cambio subraya la perduración de la avaricia colonial en tiempos modernos y satiriza la ausencia de ganancias materiales a pesar de los esfuerzos, lo que se muestra en un refrán popular que conecta las pérdidas de inversiones modernas, como las pirámides financieras, con el "Pozo de Donato". La transición entre los aspectos históricos y los contemporáneos destaca cómo los mitos evolucionan para reflejar las repetidas lecciones de codicia a lo largo del tiempo.
Lección
La verdadera riqueza reside en la dignidad y el silencio puede ser más poderoso que el oro.
Similitudes
Se asemeja a mitos como el de El Dorado, donde la búsqueda de tesoros lleva a la perdición, y al mito de Midas, que advierte sobre la avaricia.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



