
Andina · Mestizo
El pollo de las ánimas
Ritornelio trabaja esperando recibir una gallina, pero su madrastra imita voces de ánimas para asustarlo y conservar el beneficio.
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Ritornelio era el bobito del paraje de La Ladera. Su padre, el viejo Agapito, había sido un hombre rudo que lo crió a golpes y lo dejó con el entendimiento en sombras. Ahora vivía en manos de una madrastra astuta, que lo tenía a su servicio sin pagarle nada.
Cada vez que Ritornelio, cansado hasta el alma, pensaba en escaparse para Piedecuesta, la madrastra lo llevaba de la mano a la corraleja, entre las gallinas. Allí juntaba su cara con la de él y le decía con una dulzura fingida:
—¡Este pollo saraviado es para que se lo coma mi ratoncito, que tanto trabaja para ayudarle a su viejecita consentida!
Luego lo llenaba de mimos y lo abrazaba, y el bobito, como embrujado, volvía a sus tareas con la ilusión renovada. El pollo nunca fue suyo. Cuando llegaba el día prometido, la madrastra ya lo había llevado a la feria y lo había vendido con disimulo.
Si el muchacho reclamaba, ella tenía preparada otra función. Llegaba de noche con un estruendo tal que la familia corría a encerrarse en los cuartos, encendía velas y rezaba a Dios por el alboroto que se acercaba. La madrastra sabía que Ritornelio se escondía entre las faldas de la cocinera. Se ponía a golpear las puertas y a imitar las voces de las ánimas de los cuentos de miedo, lloriqueando como un alma en agonía:
—¡Ritornelio, venimos por vos a llevarte a donde el viejo Agapito!
Ese nombre bastaba. Temblando en su rincón, el muchacho le contestaba a la voz que lo llamaba desde el otro mundo:
—¡Díganle que yo me morí, más bien llévense mi pollito saraviado!
Y así volvía a empezar. Ritornelio regresaba a su servidumbre y aplazaba otra vez la huida, con miedo de que las ánimas volvieran por lo que creían suyo.
Desde afuera, los más incrédulos del pueblo miraban aquel teatro y murmuraban que tal vez todas esas historias de espantos no eran más que cuentos de los que mandan, para tener sujetos a los que obedecen.

La enseñanza
“Quien administra los miedos de otro puede cobrarle trabajo sin pagarle nunca.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.991882° · -73.051056°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 17: Enrique Otero D'Costa, «Cuento de ánimas», pp. 56-60 (de Leyendas, Minerva, 1936)
flacso.edu.ec
Es el texto que se confundió con éste y el que mejor explica su trasfondo: Otero dice que en las montañas de Santander las ánimas son seres traviesos que molestan a los campesinos sólo para corregirles los vicios, «cual cumple a madres solícitas», y lo ilustra con Laurián, curado del guarapo por una procesión de ánimas, y con ña Ulogia, castigada por coser en domingo. La madrastra de Ritornelio imita ese papel.
- Un alma en pena aparece entre los vivos: purgatorio y devoción en la segunda mitad del siglo XIX en Colombia (Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vol. 50, n.º 2)
revistas.unal.edu.co
Da el marco histórico de la amenaza que usa la madrastra: estudia la aparición de un difunto en una parroquia rural colombiana del siglo XIX y concluye que las almas en pena permanecían en la órbita afectiva de los vivos y servían para inculcar normas y principios cristianos. Explica por qué la voz de un ánima podía mandar sobre un muchacho.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas», con el diálogo de Manuel Ancízar en Los Santos, folios 137-138
flacso.edu.ec
Trae la lectura escéptica que los incrédulos de Piedecuesta hacen del teatro de la madrastra: Ancízar, ante un vecino de Los Santos que culpa al diablo de los prodigios de una laguna, responde que el diablo no se mete en eso «salvo en figura de ciertos hombres interesados en propagar semejantes consejas».
Contraste y contexto · 3 referencias
- El pueblo boyacense y su folclor, cap. 8 «Mitos, leyendas y creencias populares en Boyacá», pp. 121-122
babel.banrepcultural.org
Registra el alma en pena andina en su forma devota: el Toque de las Ánimas de San Francisco, en Tunja, donde un sacerdote difunto espera en el altar hasta que un lego se atreve a ayudarle la misa y pide comuniones por su redención. Sirve de contraste con el ánima fingida de Piedecuesta, que no pide oraciones sino obediencia.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «El Ánima Sola», pp. 53-54
archive.org
Trae la figura del vecino que presta su voz a las ánimas: el animero del pueblo, de capa negra y sombrero alón, que cada noche de noviembre recorre las casas con un farol y una campanilla pidiendo un padrenuestro por las benditas ánimas. La lámina, en forma de nota hallada en un cementerio, lo hace encontrarse con el Ánima Sola envuelta en llamas.
- Crónicas y romances (ficha editorial con sumario)
ediciones.uis.edu.co
Es la obra del cronista piedecuestano a cuyo nombre circula este grupo de relatos de espantos del municipio, y la única de ellas con ficha editorial abierta. Su sinopsis lo define como humorismo y caricatura del alma del pueblo, que es el tono de la farsa de la madrastra, pero su sumario de quince crónicas no incluye ninguna sobre ánimas ni sobre La Ladera.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El pollo de las ánimas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El pollo de las ánimas» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El pollo de las ánimas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








