AndinaMestizoEl Patón

El patón

Explora las interpretaciones del Sasquatch colombiano, un mito que refleja temor y coexistencia en las montañas de Antioquia.

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Ilustración de El patón

En las misteriosas montañas de Antioquia, un eco ancestral reverberaba entre las copas de los árboles y en los corazones de los hombres. Era el rumor de un ser mítico, una figura que habitaba entre sombras y leyendas, conocido como "El Patón". Su andar, pesado y firme como el latido de la tierra, dejaba una huella imborrable en el alma de los campesinos y un rastro tangible en los campos donde sus pies colosales pisoteaban las cosechas y los sueños.

En aquellos días, a finales de junio de 1986, un rumor se esparció desde el pequeño periódico "El Sátrapa" hasta los rincones más remotos del país. La noticia de tres ecologistas hallados muertos en la cordillera Occidental, desmembrados con una precisión que desafiaba la lógica y el estómago, provocó temor y especulación. Se habló de un Sasquatch, un monstruo foráneo que bañaba sus huellas en la sangre de Norteamérica y ahora cruzaba fronteras, haciéndose presente en el paraíso tropical de Colombia.

La explicación oficial pendía del hilo de la ciencia, tejida por el profesor Armando Bulla, que ansioso de descubrimientos que resonaran más allá del tiempo y el espacio, se dejó embriagar por la idea de capturar a un homínido gigante. Sin embargo, las gentes del lugar, que conocían bien el susurro del bosque y el suspiro de las montañas, se mantenían escépticas. "El Patón", decían ellos entre murmullos y certezas, una presencia singular, invisible salvo por las huellas imborrables de sus pies descomunales, había caminado estas tierras mucho antes que los hombres.

Elías Pérez, el primer testigo del horror reciente, relataba su historia con voz temblorosa, su mirada perdida en el infinito, como si el propio aire donde flotaban las palabras estuviera contaminado por el espanto que presenció. "No era un hombre", insistía. "No era un animal. Era algo más, una fuerza de la naturaleza tornada carne y leyenda."

Las noches en Antioquia adquirieron entonces una nueva dimensión, donde el viento parecía susurrar cuentos análogos de tiempos pasados. Aquellos que no temían al mito decidieron enfrentar a "El Patón", armados no con sabiduría ni valor, sino con la simple constancia de sus vidas que se sustentaban en aquellas tierras. Pusieron trampas, lazos colgantes que suspiraban al ser pisados. Pero "El Patón", con la ingenuidad de un niño gigante, jugaba con las sogas, balanceándose de un lado a otro, riendo con una risa que solo él escuchaba.

Una noche, ya hartos de la destrucción constante, los campesinos decidieron confrontarlo directamente. Armados de garrotes, aguardaron en silencio, ocultos tras una roca madre. Cuando el retumbar de sus pasos finalmente llegó, ya no era el miedo sino la convicción lo que los empujó hacia adelante. Sin embargo, ante sus ojos, "El Patón" no era un ser colosal y despiadado, sino una figura humana, abatida por el propio peso de su existencia.

Sus ojos reflejaban un fulgor triste, y su postura agazapada contra un árbol mostraba más miedo que malicia. Impotentes ante la humanidad inocente del gigante, los hombres guardaron sus armas, y así, sin palabra alguna, pactaron una tregua con el ser que antes temían. Comprendieron que "El Patón" no era un monstruo maligno, sino un vestigio olvidado del mundo natural, un ser que existía simplemente por existir, sin intención dañina.

Desde entonces, en las aldeas de Antioquia se canta la historia de "El Patón" no como un cuento de terror, sino como una balada del destino, una historia de coexistencia entre lo humano y lo desconocido. Los campos aún tiemblan bajo sus pasos, y los campesinos, aceptándolo como parte de su mundo, vigilan las montañas con la esperanza de que el gigante siga caminando, un recordatorio viviente de la frontera entre la realidad y la magia que siempre ha definido el alma de estas tierras.

Historia

El mito del "Patón" en Antioquia, Colombia, parece originarse a partir de relatos de un ser con enormes pies que habita en las montañas, causando temor entre los campesinos al destruir cultivos y tumbar árboles. A pesar de la descripción monstruosa y las amenazas de captura o confrontación, el "Patón" es finalmente retratado como una figura inofensiva, que camina con dificultad debido al peso de sus pies y cuyo comportamiento torpe genera simpatía entre quienes lo ven. Los campesinos, aunque inicialmente asustados y molestos, deciden no lastimarlo, sino más bien convivir con su presencia. En las versiones más modernas del mito, como las recogidas en el artículo de 1986, "El Patón" se compara o relaciona con el "Sasquatch", aunque se aclara que su esencia es menos amenazante de lo que se había pensado originalmente. Este mito refleja la tendencia a transformar un personaje temido en uno que genera empatía y aceptación entre los lugareños.

Versiones

Las tres versiones presentan variaciones significativas en la interpretación y enfoque del mito de "El Patón" en las montañas de Colombia, reflejando diferentes perspectivas y niveles de credulidad sobre el ser mítico. La primera versión aparece como un artículo periodístico semisensacionalista que narra supuestos asesinatos cometidos por una criatura conocida como el "Sasquatch colombiano". Este relato introduce elementos de horror al describir los macabros hallazgos y enmarca al Patón como un ser siniestro, con conexiones a un monstruoso Pie Grande de Norteamérica. La postura de los locales, sin embargo, es escéptica y enraizada en sus tradiciones, sugiriendo que "El Patón" no es una amenaza inherente sino un ser incomprendido o exagerado por forasteros.

En contraste, las dos últimas versiones abordan al Patón desde una óptica más benevolente y humorística. Ambas destacan la interacción ingenua y casi infantil de los campesinos con el Patón, subrayando su inofensividad y su torpeza relativa más que su carácter monstruoso. En la segunda versión, el Patón es un personaje solitario que, a pesar de causar daños accidentales, provoca la simpatía de los campesinos que lo intentan capturar, pero finalmente se ríen de él por su apariencia cómica. La tercera versión profundiza en ese enfoque al mostrar cómo los intentos de los campesinos de atrapar o ahuyentar al Patón terminan en una aceptación de su presencia como parte del paisaje, concluyendo que prefieren vivir en armonía con esta figura en lugar de enfrentarlo. En resumen, mientras la primera versión enfatiza el misterio y el temor, las dos últimas destacan la convivencia y la humanización del mito.

Lección

La convivencia pacífica con lo desconocido es posible.

Similitudes

Se asemeja al mito del Sasquatch en Norteamérica y al Yeti en la mitología tibetana.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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