El palo que abrió el agua

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El palo que abrió el agua

Un padre prueba la fuerza de sus tres hijos; cuando el tercero arranca un palo clavado en la tierra, un chorro de agua surge del hueco.

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El relato

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Un día, un hombre que tenía tres hijos se fue al monte y cortó un palo. Lo cortó él mismo, allá donde estaba, y volvió con el palo.

Ya de vuelta, clavó el palo en la tierra. Lo clavó bien clavado, hundido y derecho, hasta que quedó firme y no se movía para ningún lado. Lo dejó ahí parado, solo, en mitad de la tierra.

Entonces llamó a sus tres hijos. Los puso delante del palo y les dijo: «Vamos a ver cuál es el más fuerte de ustedes. Saquen este palo!». Esa era toda la prueba. Los tres estaban ahí, los tres oyeron lo mismo y a los tres les tocaba lo mismo: un palo metido en la tierra y las manos con que sacarlo.

El primero se acercó y lo agarró. Tiró de él con lo que tenía y no pudo sacarlo. El palo estaba bien clavado y no se movió.

Después lo intentó el segundo. Agarró el mismo palo, en la misma tierra, en el mismo hueco, y tampoco pudo sacarlo. El palo siguió ahí, parado, tal como lo había dejado el padre.

Entonces le tocó el turno al tercero. Hizo lo que habían hecho sus dos hermanos: cogió el palo y tiró. Y el palo salió.

En el mismo momento en que el palo salió de la tierra, por el hueco que quedó abierto salió también un chorro de agua. No hubo que cavar ni que esperar: salió el palo y salió el agua, al mismo tiempo.

El agua salió por donde había estado el palo. Antes de que el tercer hijo tirara, ahí no se veía agua: se veía un palo clavado en la tierra.

Por eso a este palo lo llaman Palo de Agua, con ese nombre y no con otro. Y no fue sólo aquella vez: cuando lo sacan de la tierra, sale mucha agua.

Así lo cuentan y así fue.

El palo que abrió el agua: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que parecía una prueba de fuerza terminó mostrando lo que el suelo tenía guardado.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el undécimo de los veintiún relatos que el cacique Tangrutaya Mutsu, anciano septuagenario, le contó a Gerardo Reichel-Dolmatoff y que se publicaron en 1945. Es de los más cortos del corpus: ciento quince palabras en el original, con una prueba, dos fracasos, un acierto y una fórmula de cierre. El recopilador anota que el cacique narraba de noche, recostado en su hamaca, en voz baja y lenta y en un castellano a veces confuso, y que le repitió varias veces que creía en la verdad literal de lo contado: «Mis cuentos parecen mentira a mucha gente. La gente no sabe». Este cuento termina precisamente con esa afirmación de veracidad, «Así lo cuentan y así fue», y con un dato en presente: que cuando sacan ese palo, sale agua. No es sólo un origen, es una indicación.

El comentario del recopilador a este número es una sola línea remitiendo al número 8, el del maíz. Allí escribe que el cuento del «Palo de agua» «tiene nexos seguramente con el ciclo de los cuentos del árbol de la vida», y desarrolla ese ciclo con textos cuna, katío, huitoto y karib. Es su comparación, no algo que el narrador haya dicho.

La «Etnografía chimila» de 1946 no menciona este cuento ni identifica ninguna especie con el nombre del título, pero da el marco hídrico que lo hace legible: un terreno plano y muy reciente, inundable en la época lluviosa, con grandes lagunas y pozos de agua salada, donde los pozos y cañadas que no se secan durante el corto verano son criaderos de plagas y donde «la falta de agua potable es tremenda». En un lugar así, un palo que al arrancarse deja salir agua buena no es un adorno del relato: es lo que hacía falta.

Los documentos coloniales transcritos en 2015 confirman esa escasez desde otra orilla: el visitador de 1778 exige comprobar si el paraje tiene buenas aguas antes de fundar un pueblo para los chimila, y denuncia sitios donde en verano no hay agua sino a costa de gran trabajo. La etnografía de los campos ette publicada en 2020 describe en cambio la otra agua, la que cae: es la diosa quien desencadena las lluvias, que salen de sus movimientos al bailar, y el calendario de dos temporadas secas y dos lluviosas ordena el trabajo agrícola. El estudio de 2022 sobre el motivo del gran árbol recoge el testimonio de ancianos ette sobre la ceiba primordial como un mundo en miniatura con agua y semillas dentro del tallo, y muestra que la idea de madera que contiene agua está documentada en la región. La antología de Miguel Rocha Vivas reedita el corpus como literatura ette, y el reportaje del Ministerio de las Culturas de 2024 recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo y emplea el nombre Ette Ennaka.

Lo que ninguna fuente alcanza a decir es cuál es esa planta, si el nombre sigue vivo y si alguien la usó alguna vez para sacar agua.

Resonancias con otros mitos

Dentro del mismo corpus, el otro relato del agua es «Cómo los Chimila consiguieron el agua». Allí no hay prueba ni palo: la Gran Cacica manda cavar varios pozos hondos, se pone a dormir dos veces, va sola de noche a cada pozo, dice «Vénga, agua!» y deja caer un poco de saliva, y por la mañana los pozos amanecen llenos de agua buena y dulce. Las diferencias son todas: allí el agua llega por autoridad femenina, palabra y saliva, después de trabajo colectivo y de espera; aquí llega por la fuerza de un muchacho en una competencia entre hermanos, sin que nadie la pida y sin que nadie la espere.

Fuera del corpus ette, el propio volumen de 1945 transcribe los relatos con los que el recopilador emparentó este. En «La corta del Palu-úala», de los cuna del Darién, los hombres cortan día tras día un árbol que amanece sano hasta que descubren quién lo cura de noche; y en el relato katío de Caragabí, dentro del árbol colosal llamado jenené había una inmensidad de agua con peces, y al derribarlo el tronco quedó convertido en el mar y sus brazos en los ríos. El mismo volumen cita además, siguiendo a Wassén, un cuento de las islas Palau en el que al caer el árbol sale del tronco un torrente que inunda la isla entera. En los tres casos el agua está dentro de la madera, la madera es enorme y sacarla cuesta meses de trabajo colectivo; el resultado es un mar, unos ríos o una inundación. En el cuento ette, el agua está debajo de la tierra, la madera es un palo recién cortado que sólo la estaba tapando, el trabajo es el tirón de un hijo, y el resultado es un chorro.

Hay también un testimonio ette posterior en el que la madera sí contiene el agua: en el estudio de 2022, ancianos ette describen la ceiba primordial como un mundo en miniatura que guardaba agua y semillas dentro del tallo. Es el mismo pueblo, pero es el árbol del maíz, no el palo clavado y arrancado de este relato.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este relato existe una sola versión documentada: la de 1945. La antología de Miguel Rocha Vivas la reproduce y por tanto pertenece a la misma cadena, no a un segundo testimonio. Que haya un solo registro tiene consecuencias concretas aquí: los tres hijos no tienen nombre, el padre tampoco, no se dice dónde quedaba el monte ni si el chorro siguió corriendo después, y no hay manera de saber si otra casa contaba la prueba con otro número de hijos o con otro ganador.

  2. Queda además una ambigüedad que el texto de 1945 no resuelve. El título va entre comillas, «Palo de Agua», y las dos últimas frases hablan en presente y en plural impersonal: «cuando lo sacan de la tierra, sale mucha agua». Eso puede leerse como el nombre de una planta que existe y se usa, o como la fórmula con que se cierra el origen de un nombre. Ninguna de las fuentes consultadas identifica esa especie: la «Etnografía chimila» de 1946, hecha en el mismo campo y el mismo año, no registra ningún palo con ese nombre.

  3. La única lectura comparativa disponible es la del propio recopilador, que remite este cuento al ciclo del «árbol de la vida» y lo empareja con el del maíz. Conviene decir en qué falla el emparejamiento: en ese ciclo el agua está dentro de un árbol enorme que hay que derribar, y aquí el agua está debajo de la tierra y el palo es pequeño, cortado esa misma mañana y clavado por un padre. El palo no contiene el agua: la tapa.

  4. Frente al texto heredado, esta revisión corrige varias adiciones. La ficha anterior hacía que el padre llevara el palo «hasta un lugar donde pudiera clavarlo profundamente», señalaba que no hubo burlas ni castigo, discutía si el tercer hijo era héroe o gobernante y comparaba el cuento con el de la Gran Cacica, todo dentro del Relato. Esas observaciones no están en el texto de 1945 o son comentario sobre el texto. Lo que queda es la secuencia: monte, palo, tierra, tres intentos, chorro y nombre.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Da el marco hídrico del relato: un terreno plano con lagunas y pozos de agua salada, donde los pozos y cañadas que no se secan durante el corto verano son criaderos de plagas y donde la falta de agua potable es tremenda.

  2. El motivo del gran árbol en las tradiciones chibchas

    revistas.unal.edu.co

    Registra que los ancianos ette describen la ceiba primordial como un mundo en miniatura con agua y semillas dentro del tallo, y lo compara con el árbol de otra tradición vecina que guardaba agua dulce dentro del tronco: el motivo de la madera que contiene agua está documentado.

  3. Entre la inconstancia y la incuria: la experiencia fallida de los pueblos de misión chimilas a finales del siglo XVIII en las llanuras del Caribe

    revistas.uniatlantico.edu.co

    Aporta la dimensión histórica del acceso al agua: el visitador de 1778 exige examinar si el paraje tiene buenas aguas antes de fundar un pueblo, y denuncia sitios donde en verano no hay agua sino a costa de gran trabajo.

  4. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Explica quién manda sobre el agua en el mundo ette: la diosa desencadena las lluvias, que salen de sus movimientos al bailar, y el calendario de dos temporadas secas y dos lluviosas ordena todo el trabajo agrícola.

  5. Los indios catíos, los indios cunas: ensayo etnográfico de dos razas de indios de la América española

    archive.org

    Es la fuente del relato katío que el campo de similitudes ya empareja con este cuento (pp. 23-25): Caragabí no tiene agua, la paloma y el pájaro mosca descubren a Gentzerá bañándose, y según «los más» el agua está en la concavidad de un árbol enorme y sagrado, el Genené; Caragabí y su gente lo cortan con hachas de piedra, el árbol amanece sin las incisiones del día anterior, trabajan de noche con la luz que él saca frotándose las manos, los bejucos lo sostienen hasta que una ardita, Chidima, los desenreda, y al caer brotan las aguas e inundan la tierra durante un año.

  6. Caragabi · Dachi Chiuu, nuestra lucha: la historia de la comunidad embera katío en Bogotá

    micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co

    Versión contemporánea, contada en primera persona plural por emberá katío desplazados, del mismo mito que la ficha cita del volumen de 1945: Gentserá entra al gran árbol Jenené por una puerta invisible y dentro hay un pozo de aguas azules; las hachas, primero grandes y luego de hierro, no bastan porque el árbol sana cada noche; Caragabí ilumina el bosque para trabajar día y noche, monos y ardillas lo desatan de los bejucos y, al caer, del tronco salen los mares Atlántico y Pacífico, de las ramas grandes el Atrato y el San Juan y de las pequeñas los arroyos, ciénagas y lagos.

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«El palo que abrió el agua» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El palo que abrió el agua» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El palo que abrió el agua» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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