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El origen de la coca

La historia de Buinaima tras el gran diluvio revela el poder sagrado de la coca para restaurar la humanidad y alcanzar la sabiduría divina.

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Ilustración de El origen de la coca

Después de que las furiosas aguas del gran diluvio se retiraran, dejando tras de sí una tierra purgada y desolada, Buinaima se encontró solo. Era el único sobreviviente en un vasto y silencioso mundo, que alguna vez fue un hogar bullicioso y lleno de vida. Caminaba entre espectros de recuerdos, los ecos de risas y palabras que ahora yacían sepultados bajo el castigo de Juzíñamui, el dios supremo, que en su infinita sabiduría decidió purgar la tierra de la corrupción de los hombres.

Buinaima, con su corazón pesado por la pérdida, deseaba desesperadamente devolverle a la humanidad y al mundo el esplendor que alguna vez conocieron. En las noches de insondable quietud, invocaba a Juzíñamui, esperando que el dios, compasivo, le permitiese una respuesta, una pista sobre cómo reconstruir lo que fue destruido. Pero el cansancio vencía su propósito, y sus ojos se cerraban, cargados de un sueño que oscurecía su mente.

Decidido a encontrar la llave a los secretos del universo, se internó en el monte, recolectando la flora abigarrada en un acto casi ritual. Hojas de maraca, cacao, ñame, ortiga, yuca y otras tantas se transformaron en un polvo terroso que mambeteó con la esperanza de clarificar su mente. Pero las visiones no llegaron, y el conocimiento que anhelaba permanecía tan inalcanzable como antes.

Fue en un encuentro fortuito a la orilla de un río que su destino cambió, cuando halló la "coca de la boa". Con ella, un velo comenzó a levantarse de su percepción, y la sabiduría empezó a susurrar tímidamente en sus sueños. No obstante, Juzíñamui, aunque presente, seguía ocultándole la totalidad de lo que necesitaba para restaurar el balance.

En ese tiempo de búsqueda y anhelo, una niña nació. Buinaiño, "Madre de los Hombres", fue su nombre. Desde el primer aliento, la niña destilaba una dulzura cubierta de un manto de misterio, como si su existencia misma fuera un presagio de esperanza para el futuro.

Un día, acompañó a su madre a la chagra, la huerta donde cultivaban la sustancia de su futuro. Mientras su madre laboraba, Buinaiño, absorta en el juego, se peinó sus hebras negras, dejando caer liendres sobre el suelo generoso. De aquellas pequeñas semillas brotó una planta desconocida y poderosa: la coca, destinada a ser el puente entre los hombres y la divinidad.

Con una percepción sabia más allá de su corta edad, guardó el secreto del brote. Al día siguiente, volvió al sitio y, con los ojos brillantes de niña, observó que una pequeña mata había alzado sus brazos verdes al cielo. Se dirigió entonces a su padre, con una solicitud propia de su infancia, pero avivada por un propósito más antiguo que el mundo:

—Papá, hazme unos canastitos para cargar —dijo Buinaiño, sus palabras bañadas de una inocencia que ocultaba el designio divino.

Buinaima, complacido y sin la comprensión de lo que estaba por venir, accedió y tejió los canastos con la destreza de sus manos, alimentado por la esperanza de verle a su hija ayudar a su madre en las tareas agrarias.

Mientras las estrellas parpadeaban en el inmenso manto nocturno, y el fuego palpitaba calorosamente en el centro de la maloca, Buinaiño se acercó a su padre, trayéndole como ofrenda tres hojas recogidas de la planta de coca. Buinaima, curioso, dispuso la olla sobre el fogón, accediendo al pedido de tostarlas en nombre de Juzíñamui.

El aroma llenó la estancia; la pequeña cantidad de hojas se multiplicó milagrosamente, llenando la olla hasta rebosar, y el asombro de Buinaima no tuvo límites.

Impulsado por su hija, quién le instruyó con la sabiduría de generaciones, recogió hojas del yarumo, quemándolas para mezclar las cenizas con la coca pilada. Al hacerlo y mambear por primera vez esa mezcla sagrada, su mente se abrió finalmente, su espíritu elevándose hacia las alturas donde los secretos del universo reposaban, y donde Juzíñamui aguardaba.

—Has encontrado lo que buscabas —le dijo el dios en un eco viejo y resonante—. Con esta coca, podrás vencer el mal en la tierra y recuperar lo perdido.

Con la llegada de esta planta mágica, Buinaima se convirtió en el sabio que no solo resucitó a la humanidad, sino que la instruyó en los Bailes de Frutas, los Yuaï, para que la canción de la vida volviera a poblar la tierra. La noticia de su sabiduría y del milagro de la coca reverberó en los vientos y las corrientes, atrayendo a otros a sus puertas.

Sin embargo, el suceso no pasó desapercibido para todos. Buruziema, capitán de los búhos, movido por la envidia y el ansia de poder, urdió un plan para apoderarse de la coca. Envió a sus huérfanos, que solían ser sus seguidores más leales, a buscar la sagrada hoja.

Noche tras noche, los huérfanos llegaban a Buinaima, tentados por las historias del mundo antes del diluvio que les contaba, embelesados por la presencia de Buinaiño, y decidían quedarse para siempre bajo su tutela, olvidando su misión principal.

A la vista de esto, Buruziema, encendido por la ira y la astucia, decidió afrontar la situación por sí mismo. Sin embargo, incluso el capitán ha de rendirse ante la oratoria de Buinaima y la gentileza etérea de la hija del sabio. Durante tres días y tres noches, escuchó atentamente las escrituras del mundo, hasta que la debilidad se apoderó de él.

Buinaima, probando su rectitud, le ofreció la opción de llevarse a su hija, la dueña de la coca, pero no sin advertirle del peligro:

—Puedes llevarte a mi hija, Buruziema, pero no sucumbas a la tentación de jugar con ella ni de mirarla de soslayo, porque su encanto es como el agua, indomable y peligrosa, hasta que estés cómodo en tu hogar, rodeado por lo que conoces.

Sin embargo, en el trayecto en canoa, Buinaiño, como vástago de los cielos, jugó con las luces y sombras de su naturaleza, y Buruziema, consumido por el deseo de lo que no podía tener, miró. En ese instante, la joven desapareció, fundiéndose con la corriente cristalina del río, mientras la leyenda del mundo se reescribía.

Furioso y humillado, Buruziema regresó en busca de venganza, encontrando en su lugar una lección de humildad y la metamorfosis de su pesar en la forma de una garza que erraba y erraba en busca de aquello que había perdido.

Mientrastanto, Buinaima, habiendo aprendido de la magia de la coca, seleccionó a los más sabios entre los hombres para dejarles su legado. Aquellos cuyas mentes no lograron abrirse, se encontraron transformados por la sabiduría del viejo mundo: el que comía demasiado se volvió hormiga arriera, laboriosa y eterna; otro, que miraba con ojos grandes y vacíos, se hizo libélula, revoloteando entre el aire y el agua.

Los pájaros, el arrendajo y el pajarito azul, fueron liberados y enviados a llenar los bosques con sus historias y cantos traviesos, garantizando que el eco de las enseñanzas de Buinaima nunca desapareciera.

Así llegó la coca al mundo de los hombres, no como un vehículo del mal, sino como un regalo divino de los dioses para sanar cuerpos y corazones, para descubrir la verdad de lo desconocido y para mantener el sagrado equilibrio que Juzíñamui había restaurado después del diluvio. Buinaima fue el puente, Buinaiño la clave, y el espíritu de la hoja, el camino hacia la sabiduría perdida. Un canto imperturbable resonaba en el aire, un recordatorio imperecedero de que la divinidad y la humanidad siempre han estado, y seguirán estando, entrelazadas en un abrazo eterno.

Historia

El mito de Buinaima y la coca se origina después de un gran diluvio que arrasa con toda la humanidad, dejando solo a Buinaima como el único sobreviviente. En su búsqueda por restablecer la humanidad y devolverle al mundo su antiguo esplendor, Buinaima pasa noches invocando al dios supremo Juzíñamui. En su intento de vencer el cansancio y alcanzar el conocimiento que ansía, experimenta con diversas plantas hasta encontrar la "coca de la boa", que le permite ver más allá de la realidad.

La historia da un giro con el nacimiento de su hija, Buinaiño, llamada "Madre de los Hombres", quien juega un papel crucial al sembrar las semillas de la coca. Buinaiño guía a su padre en el proceso de tostado y preparación de la coca, lo que le permite a Buinaima alcanzar un estado de sabiduría y conexión espiritual. A través de la coca, Buinaima organiza encuentros llamados Bailes de Frutas para repoblar la tierra y compartir su conocimiento.

La coca se convierte en un elemento sagrado para los humanos, como un regalo de Juzíñamui destinado a combatir el mal, sanar y conocer. Buinaima, finalmente, transmite su conocimiento a sus seguidores, dando origen así al uso de la coca entre los humanos como un vínculo entre lo divino y lo humano, manteniendo el equilibrio y la armonía en la tierra.

Versiones

El mito presentado describe la historia de Buinaima tras el gran diluvio, donde busca restaurar la humanidad por medio del conocimiento que le otorgará la coca. Esta versión se centra en la relación entre Buinaima y su hija, Buinaiño, quien, a través de un acto casi mágico, introduce la coca como un elemento crucial para alcanzar sabiduría y restablecer el orden en el mundo. Un componente distintivo es la intervención directa del dios Juzíñamui, quien actúa como un catalizador para que Buinaima reciba finalmente la ansiada sabiduría después de numerosos intentos fallidos. Buinaiño representa una figura casi mística que parece saber más de lo que aparenta, facilitando el acceso de su padre a la planta sagrada y revelando instrucciones enigmáticas que solo al ser seguidas, liberan el poder de la coca.

En cambio, en otras versiones del mito podría alterarse la figura de Buinaiño, dándole un rol menos protagónico o modificando su interacción con Buinaima significativamente. La coca puede tener diferentes orígenes o métodos de revelación en estas versiones alternativas, pudiendo estar relacionada con otros seres o rituales complejos que no involucran la relación familiar directa presente en esta versión particular. Además, los desafíos que hace frente Buinaima contra antagonistas como Buruziema varían, con enfoques que pueden centrarse menos en el aspecto interno del conocimiento y más en las luchas externas o en la creación de sociedades renovadas. Estos cambios reflejan distintas intenciones narrativas, enfocándose unas veces en la dimensión espiritual y otras en las implicaciones sociales del mito.

Lección

La sabiduría y el equilibrio se alcanzan a través de la conexión con lo divino.

Similitudes

Se asemeja al mito del diluvio universal en la mitología sumeria y a la búsqueda de sabiduría en la mitología griega.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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