El indio Kuriruputá

Caribe · Wayúu

El indio Kuriruputá

Kuriruputá cae al defender su rebaño; sus hermanas vencen a los atacantes y un sueño con una tuma orienta la reconstrucción familiar.

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El relato

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Kuriruputá era un hombre rico. Tenía tantos animales y andaba tan bien puesto que brillaba como el sol. Su casa quedaba en Matumuy, con los corrales de los novillos y de las vacas de ordeño a un lado.

Unos kosinas salieron en busca de animales. Llegaron a la laguna de Kuitsá y allí esperaron, quietos entre los cardones, hasta que se ocultó el sol. Solo entonces siguieron su marcha. A las nueve de la noche estaban en Matumuy. Encontraron los animales encerrados, abrieron un hueco en el costado opuesto a la puerta, sacaron algunos de los mejores novillos y volvieron a cerrar la cerca.

Entre los animales había un novillo muy bravo. Corrió detrás de los kosinas y ellos huyeron.

—Mejor será dejarlos.

Abrieron entonces el corral de las vacas de ordeño y se las llevaron, pero las vacas no corrían ni querían caminar. A empujones las arriaron hasta la laguna de Kuitsá, y allí pasaron la noche.

Cuando el novillo comenzó a bramar, el dueño se despertó. Recogió los animales que los kosinas no habían podido llevarse y, como había luna, vio las huellas sobre la arena. Llamó a toda la gente, despertó a todos, pero solo vinieron las mujeres: no había más hombres.

—Yo me alistaré y seguiré atrás de los animales —les dijo.

Se fajó el revólver, cargó el rifle y se puso a la cintura tres fajones llenos de balas.

Les dio alcance en la laguna. Corrió hacia el cerro para salirles adelante y les cortó el paso. Los kosinas lo divisaron.

—Allá está. Mejor matémoslo.

Le tiraron. Las balas pasaban junto a él sin herirlo. Cuando todos hubieron disparado, Kuriruputá habló.

—Ahora tiraré yo.

Al primer disparo mató a un kosina. Mientras tanto las vacas, solas, tomaban el camino de su casa. Kuriruputá las siguió y los kosinas lo siguieron a él. Por fin uno le pegó en la pierna y le desastilló la rodilla. Apoyado en la otra pierna, Kuriruputá se volvió hacia ellos, disparó el revólver y el rifle y mató a dos. Los kosinas vieron que estaba herido y decidieron acercarse para rematarlo. Él tomó el revólver en una mano y el rifle en la otra y mató a otros dos. Le tiraron flechas iguarayo; no le pegaban. Disparó otra vez y cayó otro kosina.

Entonces, a lo lejos, aparecieron sus hermanas. Traían un rifle y un pañuelo de cuatro varas, porque creían que estaría muerto y venían a recoger el cadáver. Lo primero que encontraron fueron las vacas que regresaban; después, las huellas de sangre del hermano. Cuando dieron con él ya casi no tenía fuerzas. Le amarraron la herida de la pierna y lo llevaron a un cerrito.

Las mujeres siguieron persiguiendo a los kosinas. Estos, al darse cuenta de que eran mujeres, se dijeron:

—Vamos a cogerlas. Las tendremos por nuestras mujeres.

Marcharon hacia ellas. Pero las hermanas se armaron y cada una mató a un kosina; otros intentaron cogerlas y también murieron. Los que quedaban se miraron.

—Son muy bravas. Es mejor que huyamos.

Las mujeres los persiguieron sin darles alcance. Solo entonces volvieron a atender al hermano y lo llevaron a la casa.

Aquella noche, tendido en el chinchorro con la rodilla rota, Kuriruputá soñó que alguien le hablaba.

—Para que te sanes, trágate una contra y una tuma. Toma por mujer a una de tus criadas y abandona a la que tienes. Solamente así vivirás mucho tiempo.

Tan pronto despertó, hizo tal cual lo había soñado. Y el sueño se cumplió: Kuriruputá sanó y vivió muchos años.

El indio Kuriruputá: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien sale solo a defender lo suyo termina debiendo la vida a quienes salieron a enterrarlo.”

Territorio

Caribe · Wayúu

Caribe · Wayúu

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
11.775° · -72.225°

Ficha del relato

Contexto histórico

El cuento aparece en «Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira», que Milcíades Chaves publicó en 1946 en el Boletín de Arqueología, como el décimo de quince textos recogidos para el Instituto Etnológico Nacional. Su última línea dice que «el indio Kuriruputá murió el año pasado»: estamos ante la memoria de un hombre real, muerto hacia 1945, contada por sus contemporáneos, y no ante un tiempo de origen. Chaves parece referirse a este texto cuando en su introducción habla de «una tradición en trance de convertirse en cuento», donde «la realidad de los hechos y la fantasía del relator corren parejas» y donde el guajiro cree en el sueño «con fe de carbonero» y cumple sus órdenes. La nota de informante que cierra el bloque anterior (Juancito Iguarán, casta Pushaina, con Roberto Iguarán como intérprete) no cubre con certeza este cuento; el expediente no le asigna un narrador propio.

La vida material que describe es la de la Alta Guajira del siglo XX temprano: corrales de novillos y de vacas de ordeño, revólver, rifle y fajones de balas de un lado, flechas iguarayo del otro. Los «kosinas» que asaltan el corral no son una etnia fija. Michel Perrin explica que hasta el siglo XIX el término kusina designaba a quienes saqueaban y robaban a los guajiros vecinos, y que hoy nombra a otros indios o a wayuu pobres de zonas remotas que no criaban ganado. José Polo Acuña sitúa el fondo histórico en el siglo XVIII: los Wayúu que expandían el ganado frente a los Cocinas que defendían el territorio y rechazaban esa expansión. Weildler Guerra Curvelo señala el hurto de ganado como una de las tres causas mayores de enfrentamiento entre familias, con tres salidas posibles: abstenerse, vengarse o exigir compensación por medio del palabrero. Kuriruputá no lo toma: sale solo, con las armas.

Las hermanas que llegan con un pañuelo de cuatro varas para amortajarlo y terminan combatiendo tienen un respaldo etnográfico parcial. Clara Viviana Rúa Bustamante y otros documentan en la Media y Alta Guajira que las mujeres son en gran parte las poseedoras de los animales y que resolver conflictos por robo de ganado está entre sus funciones; ese estudio no habla de mujeres combatientes, y el cuento sí. Roberto Pineda Giraldo transcribió en 1950 una representación teatral de la guerra interclanil en la que los bandos se amenazan con tomar «a tus mujeres y a tus hijos y sobrinos como esclavos»; la intención de los kosinas de quedarse con las hermanas «por nuestras mujeres» pertenece a ese mismo horizonte.

El sueño final encaja en lo que Pineda llamó sueños «reales»: mensajes tan explícitos que no necesitan interpretación, «como una conversación entre el individuo y el espíritu» que le dice qué tomar para curarse. Dos cautelas. La primera: la contra y la tuma son remedio y joya de valor en la Guajira, y Francisco Molina Ríos lee el rojo y la represalia dentro de un orden simbólico wayuu, pero el cuento no explica la tuma; esta edición tampoco. La segunda: «toma por mujer a una de tus criadas y abandona a la que tienes» es la orden del sueño tal como la tradujo Chaves. La palabra «criada» pertenece a su vocabulario y a la realidad de dependencia que él mismo describe al hablar de castas vencidas cuyos miembros «pasan a ser sus esclavos»; no la suavizamos ni la explicamos con normas actuales. La ficha anterior había sustituido esa orden por una mediación y una deliberación con las hermanas que Chaves no cuenta.

Resonancias con otros mitos

“Los dos hermanos” es el paralelo interno más próximo: en ambos cuentos de Chaves un ataque contra el ganado y contra un hombre de la casa deja a una mujer con las armas en la mano. La diferencia está en el desenlace. Allí la hermana emprende una venganza que produce nuevas muertes; aquí las hermanas salen a amortajar a Kuriruputá, lo encuentran vivo, matan a los kosinas que quieren tomarlas y lo devuelven a su casa. “El guerrero Ipuana” comparte la guerra entre grupos y el sueño que da órdenes, pero invierte la relación: en Ipuana el castigo cae sobre quien desobedece lo soñado; Kuriruputá obedece y vive. Con “Jururiana y la gran lluvia” lo une la certeza de que lo anunciado se cumple «tal cual», aunque allí el saber es lectura del tiempo y aquí es un mensaje recibido dormido. “Umaralá” muestra al piache que dispensa contras; en este cuento la contra llega sin piache, por el sueño mismo.

Fuera del corpus, el paralelo más firme no es un mito sino una escena documentada. Roberto Pineda Giraldo transcribió en 1950 la representación teatral de la guerra interclanil que los guajiros escenificaban en sus fiestas: un homicidio, el cobro, la negativa, las arengas de los jefes («atacad bien resguardados detrás de los árboles y de los cardones») y la amenaza de tomar mujeres y niños como esclavos, hasta que las mujeres entran a llorar a los muertos. El cuento de Kuriruputá sigue ese guion casi paso a paso, pero rompe el último acto: las mujeres no llegan a llorar, sino a pelear. Que un cuento de 1946 y una representación vista en 1947 coincidan no prueba que uno derive de la otra; prueba que ambos hablan de la misma Guajira.

El guerrero al que las balas no tocan aparece en muchas epopeyas del mundo, pero aquí la invulnerabilidad dura poco: una rodilla rota basta. Esa fragilidad, más que el brillo «como el sol» del comienzo, es lo que distingue a Kuriruputá de los héroes que salen intactos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Existe una sola cadena documental. Chaves publicó el cuento en 1946; Eugenia Villa Posse lo reeditó en 1993 en «Mitos y leyendas de Colombia», tomo I, con su procedencia bibliográfica. Esa reedición no añade informante ni variante: es el mismo texto. El libro «Nosotros los Wayuu», de Alfonso Forero (1995), documenta al personaje Kuriruputá en la tradición oral, pero solo pudimos consultar su registro bibliográfico, no el texto, así que no sabemos si trae otra versión o repite a Chaves. Las demás fuentes del expediente (Perrin, Polo Acuña, Guerra Curvelo, Rúa Bustamante, Molina Ríos, Pineda) no mencionan a Kuriruputá.

  2. La ficha anterior de este sitio contaba una variante que no está en ninguna fuente: las hermanas pedían prudencia, el herido buscaba mediación, se calculaban animales y daños, y la tuma soñada se guardaba como recuerdo. En Chaves las hermanas no piden prudencia: llegan a recoger un cadáver, curan al herido y matan kosinas. Y el sueño no invita a interpretar nada: ordena tragar una contra y una tuma, tomar por mujer a una criada y abandonar a la esposa, y Kuriruputá obedece «tal cual». El Relato vuelve a esa secuencia, con sus nombres de lugar (Matumuy, la laguna de Kuitsá) y sus detalles de armas, porque son lo único documentado. Lo que se quita no es una versión rival sino una reescritura editorial.

  3. Un detalle del texto de Chaves merece nota: la última frase, «murió el año pasado», se refiere a 1945 y no cabe en un relato sin fecha; el Relato la traduce por «vivió muchos años», que es lo que el sueño prometía y lo que la frase implica.

  4. Esta ficha no debe confundirse con “Los dos hermanos”, también de Chaves, donde el robo de ganado y la muerte de un hombre llevan a una hermana a una venganza que abre nueva violencia; aquí las hermanas rescatan y el herido sobrevive. Tampoco con “El guerrero Ipuana”, donde un sueño da órdenes de guerra y el castigo cae sobre quien las desobedece. Y el nombre kosina aparece también en “El pequeño indio Kosina”, con otros protagonistas: es un término, no un mismo grupo de personajes.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
13
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Contiene el relato completo El indio Kuriruputá (el sueño que ordena al enfermo curarse tomando contra y tuma).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    repositorio.flacsoandes.edu.ec

    Reedita el corpus de Chaves, conserva su procedencia bibliográfica y lo sitúa dentro de una selección nacional de literatura oral.

  3. Sistema normativo Wayuu, aplicado por el Pütchipü’üi

    ich.unesco.org

    Explica el diálogo, la reparación, la compensación y la autoridad del tío materno dentro de clanes matrilineales.

Contraste y contexto · 10 referencias
  1. Régimen Especial de Manejo del PNN Macuira y Resguardo Wayuu

    parquesnacionales.gov.co

    Describe territorios claniles, descendencia materna, gobernanza, lugares de valor cultural y manejo concertado de la Macuira.

  2. Caracterización del pueblo Wayúu

    mng.mincultura.gov.co

    Resume territorio binacional, organización social, lengua, historia reciente y problemáticas contemporáneas del pueblo Wayúu.

  3. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema Normativo Wayuu aplicado por el Pütchipü'üi

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Documento formulado por la Junta Mayor Autónoma de Palabreros que explica, desde la propia organización wayuu, el territorio, los clanes matrilineales, la palabra, la reparación y los fundamentos mítico-históricos del sistema normativo.

  4. Nosotros los Wayuu

    openlibrary.org

    Documenta el personaje Kuriruputá en la tradición oral wayuu.

  5. Aspectos de la magia en la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Etnografía de la magia y el poder curativo de los sueños entre los guajiros, tema central del mito.

  6. Los Wayúu y los cocina: dos caras diferentes de una misma moneda en la resistencia indígena en la Guajira, siglo XVIII

    revistas.unal.edu.co

    Explica el conflicto entre quienes propugnaban la expansión del ganado (los Wayúu) y quienes defendían el territorio natural y rechazaban esa expansión (los Cocinas), el trasfondo histórico de la incursión kosina sobre el rebaño de Kuriruputá.

  7. Los conflictos interfamiliares Wayuu

    ve.scielo.org

    Señala el hurto de ganado como una de las tres causas mayores de enfrentamiento entre familias y expone las tres salidas posibles (abstenerse, vengarse en los parientes uterinos o exigir compensación vía palabrero), el dilema que Kuriruputá y sus hermanas resuelven buscando mediación.

  8. Venganza y encierro como funciones restauradoras del orden social: un enfoque simbólico-ritual del crimen en la cultura Wayuu

    revistas.ucm.es

    Analiza la represalia ejecutada por los familiares de la víctima, con elementos de color rojo, y el encierro como vía alternativa de restauración del orden: un marco para leer la herida, la respuesta de las hermanas y la tuma roja soñada por Kuriruputá sin convertirla en símbolo fijo.

  9. Rol de las mujeres de las comunidades indígenas wayuu en La Guajira (Colombia) en torno a la actividad ganadera

    dialnet.unirioja.es

    Etnografía en nueve comunidades de la Media y Alta Guajira que registra que las mujeres son en gran parte las poseedoras de animales y que entre sus funciones está resolver conflictos cuando se presenta robo de algún animal, base actual de la intervención decisiva de las hermanas sobre el rebaño.

  10. Creaciones míticas y representación del mundo: el hombre blanco en la simbología Guajiro

    biblat.unam.mx

    Explica la evolución del término kusina: hasta el siglo XIX designaba a quienes saqueaban y robaban a los guajiros vecinos, y hoy nombra a otros indios o a wayuu pobres de zonas remotas que no criaban ganado, lo que permite tratar a los kosina del relato como categoría histórica y no como etnia esencial.

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«El indio Kuriruputá» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El indio Kuriruputá» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El indio Kuriruputá» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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