Jururiana y la gran lluvia

Caribe · Wayúu

Jururiana y la gran lluvia

Jururiana anuncia una lluvia peligrosa, prepara a su familia y enseña a Warir que el conocimiento también pertenece a la Tierra.

Leer el relato
Jururiana y la gran lluvia: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

Jururiana salió a recorrer las rancherías. Fue de casa en casa, entre corrales de piedra y trupillos, y en cada una repitió lo mismo: que guardaran las semillas, porque las lluvias estaban por llegar, y que juntaran todos los chivos de color negro para llevarlos a Patsuo, cerca de Puerto Estrella, donde la gente se reunía a comer.

Antes de irse dio un último aviso.

—Yo me voy a mi casa. En la madrugada caerá un chubasco que borrará por completo mis huellas.

El cielo estaba limpio y el viento soplaba seco del nordeste. Pero en la madrugada el agua golpeó la arena y, cuando la gente salió a mirar, no quedaba una sola huella del camino de Jururiana. Todo había ocurrido tal como él lo dijo.

Después anunció su propia muerte y dio el plazo: un mes. Exactamente al cumplirse el mes, Jururiana murió.

Quedó Warir, su nieto. Había aprendido a estudiar el tiempo como lo estudiaba el abuelo: la altura de las nubes, el olor del aire antes del agua, el modo en que callan las cabras cuando cambia el viento. Warir organizó una fiesta en Wawari, abajo de Puerto Estrella. Hubo carreras de caballos sobre la llanura y baile de chichamaya hasta entrada la noche.

En medio de la fiesta, los hombres quisieron saber si el nieto adivinaba de verdad o solo cargaba el nombre del abuelo. Lo encerraron en una casa oscura, tan cerrada que adentro no se veía ni la palma de la mano. Antes, sin que Warir lo supiera, habían escondido allí a un hombre llamado Maratey.

—¿Dónde está Maratey? —le preguntaron.

Warir no tanteó las paredes. Caminó derecho en la oscuridad y se detuvo en el lugar preciso donde Maratey contenía la respiración. Cuando abrieron la puerta, todos quedaron convencidos de que el nieto sabía.

La fiesta seguía cuando llegó un posta con el polvo del camino en la ropa. Traía una noticia: el nieto del cacique estaba enfermo y se iba a morir. Los hombres se volvieron hacia Warir.

—¿Es cierto?

—Su nieto está enfermo —contestó—, pero se aliviará. Será un hombre.

Y así sucedió.

Entonces uno de los que estaban en la fiesta levantó una piedra grande con las dos manos y la lanzó contra el suelo. El golpe se sintió en los pies de todos. Warir se enojó.

—No golpees a mi abuela —dijo—. La tierra es mi abuela, y de ella tengo todos mis secretos.

Nadie volvió a tirar piedras esa noche. Desde entonces, todos respetaron al nieto de Jururiana.

Jururiana y la gran lluvia: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Heredar un saber es recibir también la desconfianza de quienes quieren verlo probado.”

Territorio

Caribe · Wayúu

Caribe · Wayúu

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
12.34914° · -71.31307°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este cuento lo publicó Milcíades Chaves en 1946, en el Boletín de Arqueología, dentro de «Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira», un conjunto de quince textos recogidos para el Instituto Etnológico Nacional. La nota de informante que cierra ese bloque de cuentos de Puerto Estrella nombra a Juancito Iguarán, de setenta años, de la casta Pushaina, que no hablaba castellano, y al intérprete Roberto Iguarán, mestizo de Puerto Estrella, de cuarenta y seis. Lo que leemos pasó, por tanto, del wayuunaiki al castellano de un intérprete y de ahí a la prosa de un antropólogo; el wayuunaiki original no se conservó.

Chaves leía estos cuentos con las categorías de la antropología nacional de su época. En su introducción explica que conocer «el mecanismo de la religión de los grupos primitivos» sirve para «incorporar» una sociedad «a un credo, a una filosofía o a una nacionalidad», y presenta a Jururiana como el hombre cuyo poder de adivinación le da «lugar preferente en la sociedad» y que «se declara él mismo descendiente de la madre tierra». Palabras como «cacique», «adivinar» o «casta» son suyas, no del narrador wayuu. Roberto Pineda Giraldo, en 1950, describió desde teorías de la magia cómo el guajiro tomaba los sueños por «revelaciones del porvenir» y por hechos sociales que determinan actos colectivos; su lenguaje («primitivo», «determinista») pertenece al mismo momento.

El cuento no habla de sueños: Jururiana y su nieto «estudiaban el tiempo». Aun así, la memoria wayuu contemporánea permite entender por qué un aviso así obliga a actuar. Carmen Laura Paz Reverol, antropóloga wayuu, explica que Lapü, el sueño, pronostica sucesos sobre salud, enfermedad, vida y muerte y sirve para prever situaciones difíciles; Dalia Araujo y José Enrique Finol documentan que la mayoría de los wayuu toma acciones después de una premonición, y Nelly García Gavidia describe esos mensajes como premonitorios y prescriptivos. Barbara Kazianka registra que los muertos alertan a sus familiares en sueños y comparten conocimientos. Estas fuentes tratan la Guajira venezolana y no mencionan a Jururiana; sirven de encuadre, no de prueba.

La lluvia que Jururiana anuncia tiene, en la voz wayuu, un nombre propio. Rafael Segundo Mercado Epieyu presenta a Juya como genio fecundante que rige estaciones y constelaciones; Daza-Daza, Rodríguez-Valencia y Carabalí-Angola lo describen como ser dador de vida, y Brígida Sánchez lo sitúa como deidad masculina en pareja con Pulowi. Carrasquero y Finol asocian a Juya y a sus hermanos con las formas de la precipitación. El cuento de Chaves, sin embargo, no nombra a Juya: guardar semillas cuando el invierno se acerca es, ante todo, saber agrícola de una tierra donde el agua manda. Patsuo, Wawari y Puerto Estrella pertenecen a la Alta Guajira; los documentos del Parque Nacional Natural Macuira y del Régimen Especial de Manejo describen esa región, sus fuentes de agua y su valor cultural, pero no fijan el cuento en un punto exacto.

Una cautela editorial: la ficha anterior había añadido un sueño de lluvia y epidemia, un reparto de semillas y una abuela Tierra llamada Mma. Nada de eso está en Chaves. Esta edición vuelve al cuento tal como se publicó, con su chubasco, su muerte anunciada, su prueba a oscuras y su piedra contra el suelo.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano dentro del corpus es “El indio Pushaina”, publicado por Chaves en el mismo bloque y con el mismo informante de Puerto Estrella. Allí también una comunidad comprueba a un vidente pidiéndole que localice algo oculto (un anillo empeñado) y, cuando acierta, «lo tenían como a un gran adivino». La diferencia es de mundo: Pushaina responde desde la muerte, encerrado y temido, mientras Warir responde en una fiesta, vivo, y su saber remite a la tierra que pisa. “Umaralá” muestra el saber de un piache que cura y anuncia; en Jururiana no hay curación ni oficio ritual, sino lectura del tiempo. “Arámai” ofrece un contraste: quien prevé la escasez pide un daño que luego no controla, mientras Jururiana anuncia y deja que cada casa guarde lo suyo.

La prueba de la casa oscura tiene un eco documentado en el Popol Vuh, en la edición de Allen Christenson: los señores de Xibalba someten a los visitantes a la Casa Oscura, donde deben pasar la noche sin luz y salir enteros, y los gemelos vencen además al nombrar a cada señor sin haberlos visto. La resonancia está en que el conocimiento se prueba retirando la vista. La diferencia es de fondo: en el Popol Vuh la oscuridad es una trampa mortal de los señores del inframundo, y en la Alta Guajira es una comprobación que la propia gente organiza en una fiesta y que termina en respeto, no en sacrificio. No hay indicio de contacto entre ambas historias; solo comparten una forma de poner a prueba.

El enojo de Warir por la piedra recuerda que en varios cuentos del corpus la tierra y el agua son parientes y no escenario: Mercado Epieyu presenta a Juya como quien rige las estaciones, y Chaves anota que Jururiana «se declara descendiente de la madre tierra». Esa filiación se afirma en una frase, no en una doctrina, y esta ficha la conserva así.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Solo existe una cadena documental para este cuento. Chaves lo publicó en 1946 y Eugenia Villa Posse lo reeditó en 1993 en «Mitos y leyendas de Colombia», tomo I, conservando la procedencia bibliográfica; esa reedición no es un testimonio independiente, sino la misma voz de Puerto Estrella copiada de nuevo. Ninguna de las fuentes contemporáneas del expediente narra el episodio: Pineda, Perrin, Paz Reverol o Kazianka hablan de sueños, muertos y lluvia en general, no de Jururiana.

  2. Dentro de esa única cadena hay una irregularidad que conviene declarar. En el texto de Chaves, al describir la prueba de la casa oscura, se dice que escondieron a Maratey «para que Jururiana lo encontrara», aunque Jururiana ya ha muerto un párrafo antes. Todo lo demás (la fiesta, la pregunta del posta, el enojo por la piedra) se atribuye al nieto, así que leemos ese nombre como un desliz del intérprete o del copista y ponemos a Warir en la casa oscura. La grafía «Warir» es la de Chaves; no debe igualarse sin prueba a Walirü, figura animal de otros cuentos.

  3. La ficha anterior de este sitio contaba otra historia: un sueño de lluvias y enfermedad, vecinos que dudan, un reparto de semillas entre quienes perdieron las suyas, y una prueba en la que el propio abuelo encierra al nieto y este responde invocando a Mma, la Tierra. Esa versión venía de una lectura editorial, no de Chaves, y por eso el Relato la abandona. En el cuento publicado, la prueba la hace la comunidad en una fiesta, con un hombre escondido y un posta que trae una enfermedad ajena; la tierra aparece al final, cuando alguien la golpea con una piedra. El título «Jururiana y la gran lluvia» tampoco viene del texto, que solo menciona un chubasco de madrugada.

  4. Esta ficha se distingue de “Umaralá”, donde el saber es de un piache que cura y prescribe, y de “El indio Pushaina”, publicado en el mismo bloque y con el mismo informante, donde el vidente es un muerto que habla desde una casa cerrada. Jururiana y Warir son vivos que leen el tiempo y son puestos a prueba por su propia gente.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
15
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Compartir

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica quince relatos del corpus con nombres de informantes, intérpretes, lugares y observaciones sobre su circulación en 1946.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    repositorio.flacsoandes.edu.ec

    Reedita el corpus de Chaves, conserva su procedencia bibliográfica y lo sitúa dentro de una selección nacional de literatura oral.

  3. Aspectos de la magia en la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Documenta prácticas de piaches, sueños, enfermedad, Mareiwa, Wanurü, Jirairay, Guanurú y relatos de transformación recogidos en la expedición de 1947.

Contraste y contexto · 12 referencias
  1. El camino de los indios muertos: mitos y símbolos guajiros

    si.edu

    Registra relatos en wayuunaiki con traducción asistida por hablantes bilingües y estudia Jepira, Juyá, Pülowi, yoluja y el viaje de los muertos.

  2. Parque Nacional Natural Macuira

    parquesnacionales.gov.co

    Documenta la serranía de la Macuira, sus fuentes de agua, bosque nublado, traslape con el resguardo y valor cultural para el pueblo Wayúu.

  3. Régimen Especial de Manejo del PNN Macuira y Resguardo Wayuu

    parquesnacionales.gov.co

    Describe territorios claniles, descendencia materna, gobernanza, lugares de valor cultural y manejo concertado de la Macuira.

  4. Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People

    mesoweb.com

    Conserva relatos de creación, pruebas, gemelos transformadores, muerte y recomposición del mundo k’iche’.

  5. Ale'eya conformación de todo lo que existe: la ley de origen de la cultura wayuu

    revistas.unal.edu.co

    Desde la voz wayuu, expone a Juya' (Lluvia) como genio fecundante que rige estaciones y constelaciones.

  6. El recurso agua en las comunidades indígenas wayuu de La Guajira Colombiana. Parte 1

    scielo.cl

    Detalla cómo el wayuu concibe a Juya (lluvia) como ser dador de vida, con ritos para evocarla.

  7. Filosofía mítica wayúu

    redalyc.org

    Analiza el pensamiento mítico wayúu y presenta a Juyá como deidad masculina fecundadora en la pareja con Pulowi.

  8. Mito, concepciones del cuerpo y yonna wayuu

    redalyc.org

    Asocia a Juya y sus hermanos con las formas de precipitación pluvial y las lluvias intensas.

  9. Hacer los sueños. Una perspectiva wayuu

    entrediversidades.unach.mx

    Una antropóloga wayuu explica que Lapü pronostica sucesos sobre salud, enfermedad, vida y muerte y que el sueño sirve para prever situaciones difíciles, el mismo eje de la profecía de Jururiana y de la respuesta de Warir.

  10. Sueño y sintaxis ritual entre los wayuu: análisis de la ceremonia de asülajawaa

    redalyc.org

    Describe el asülajawaa como un rito determinado por los sueños que busca impedir el cumplimiento de premoniciones negativas y documenta que la mayoría de los wayuu toma acciones después del sueño: el patrón de sueño premonitorio seguido de preparación que estructura el relato de Jururiana.

  11. Cuando cambian los sueños: la cultura wayuu frente a las iglesias evangélicas

    ve.scielo.org

    Sintetiza que los sueños son mensajes de Lapü, premonitorios y prescriptivos, y que no soñar se vive como amenaza de muerte, lo que sitúa la profecía de Jururiana dentro de una institución onírica wayuu y no como don individual.

  12. Transformaciones en la relación entre los wayuu y Yolujaa a causa de las creencias cristianas evangélicas

    redalyc.org

    Documenta que los muertos protegen y pueden alertar a sus familiares en sueños, dando consejos o compartiendo conocimientos: un canal de advertencia familiar comparable al aviso que Jururiana transmite y prueba en su nieto.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Jururiana y la gran lluvia» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Jururiana y la gran lluvia» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Jururiana y la gran lluvia» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.