El hombre tigre

Pacífico · Nasa - Paeces

El hombre tigre

Cazadores, ladrones y caminantes se vuelven tigres para enfrentar animales, buscar ganado o perseguir un bastón de oro.

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El hombre tigre: la entrada del relato

El relato

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Antes sí había gente tigre. No eran distintos del tigre de monte, ese que baja cuando la neblina tapa la ladera y se lleva las ovejas.

Uno de esos animales se instaló por ahí. Amanecía el corral abierto, sangre en el pasto, una oveja menos, y los rastros se perdían monte arriba. Los hombres se cansaron de contar pérdidas y salieron a buscarlo con escopeta y con perro.

Caminaron el monte entero. El perro dio vueltas y vueltas entre el rastrojo mojado, olfateando y devolviéndose; los hombres subieron hasta donde el barro se pone resbaloso y la niebla no deja ver a veinte pasos. No hallaron nada: ni el animal, ni un rastro que sirviera. Volvieron con las escopetas frías.

Entonces convidaron a un hombre tigre para que lo cazara.

El hombre no pidió escopeta ni pidió perro. Se metió al monte con una peinilla y nada más. Adentro encontró al tigre verdadero, y no lo mató de una: se puso a jugar con él. Lo dejaba venir, se le escapaba, le daba vuelta y lo volvía a esperar. El tigre aguantó un rato ese juego y después se enojó de verdad. Ahí lo mató.

Tenía mucha más fuerza que el animal, porque comía sal.

Lo sacó a rastras del monte y lo acomodó en la mitad del camino, tendido a lo largo, para que se viera bien desde lejos. Después mandó razón a las demás gentes para que fueran a traerlo.

Fueron con escopetas, por si acaso. Desde la vuelta del camino vieron el cuerpo y se pararon en seco: el tigre parecía vivo, echado como si sólo estuviera descansando. Nadie quiso dar el paso siguiente. Se devolvieron todos, camino abajo, sin mirar atrás.

El hombre tigre tuvo que salirles al encuentro y asegurarles que estaba muerto, que se acercaran sin miedo, que ya no hacía nada. Sólo entonces regresaron, y entonces sí lo cogieron.

Decían que lejos, muy lejos, todavía hay hombres tigres. Que en Cali hay. Que los blancos mismos son tigres. Y que los hombres tigres son ladrones.

El hombre tigre: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien puede volverse otra cosa consigue lo que nadie consigue, y deja de ser del todo confiable.”

Territorio

Pacífico · Nasa - Paeces

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Segundo Bernal Villa publicó esta entrada en 1953, en “Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro”, dentro del primer número de la Revista Colombiana de Antropología, como parte del trabajo del Instituto Etnológico Nacional. Estaba en Calderas desde agosto del año anterior y cuenta que preguntar por estos temas costaba trabajo: la respuesta habitual era himeto, “no sé”. Los cuentos se decían alrededor del fogón, delante de hombres, mujeres y niños que corregían y añadían, y llegaron al castellano por un mediador bilingüe, el mestizo de San Andrés que en la mayoría de las entradas firma como Marco Antonio Penkue. Como las entradas vecinas, esta no lleva nombre al pie: Bernal imprime la narración principal y, enseguida, otra modalidad numerada.

La palabra “tigre” es de uso regional histórico y cubre tanto al felino grande como a la persona transformada. Esta edición la conserva sin decidir una especie y sin traducirla a un jaguar moderno.

La sal, que en el texto explica la fuerza del cazador, es el nudo más discutido. Bernal mismo, en “Medicina y magia entre los paeces” de 1954, documenta en esas parcialidades el trasfondo que enlaza tigre, pijaos y sal: soñar tigres anuncia guaca o peste de pijao, las candelillas encarnan las almas de los pijaos, y el médico guarda dieta sin sal porque el Trueno no comía sal. Elías Sevilla Casas, en 2007, sostiene que en este corpus los hombres tigre son ladrones de ganado asociados a los pijaos que no comen sal. La entrada impresa dice lo contrario de lo que esa lectura haría esperar —el hombre tigre tenía más fuerza porque comía sal—, y la contradicción se deja a la vista en lugar de resolverse.

Sobre esa misma figura hay una discusión académica vieja. Roberto Pineda Camacho, en 2003, resume cómo Gerardo Reichel-Dolmatoff usó las fuentes páez para su teoría del chamanismo: el chamán malo se transforma en jaguar para robar o comer a la gente o a sus rebaños. Sevilla Casas objeta ese uso y cita a Nachtigall, según el cual entre los paeces la transformación del chamán en tigre sólo existe como reminiscencia mítica. Aquí se presentan como hipótesis en disputa, no como el sentido del cuento.

Queda la frase final, dicha en Calderas a comienzos de los años cincuenta: que los hombres tigre están lejos, en Cali, que los blancos mismos son tigres y que son ladrones. Es una lectura de las relaciones con los de afuera —el robo de ganado, la memoria todavía fresca de la guerra con los pijaos, la presión misionera lazarista desde 1905— y se conserva tal cual, sin generalizarla a ningún pueblo ni limpiarla. El Consejo Regional Indígena del Cauca sitúa Tierradentro como territorio ancestral nasa, y el Plan de Vida de la Asociación Nasa Çxhãçxha habla hoy por los resguardos vecinos del municipio de Páez: ninguno de esos documentos hereda esa frase de 1953.

Resonancias con otros mitos

Dentro del corpus de Calderas hay tres paralelos documentados. “Juan Chiracol” pone al tigre en el borde mismo de lo humano: una mujer sola, después de que los pijaos se comieran a su compañera, se hizo embarazar de un tigre, y el tigre cuidó al hijo y le trajo carne del monte hasta que este creció. La resonancia está en el tigre que entra a la casa y colabora; la diferencia es que Juan Chiracol no se transforma nunca: es un sat que aconseja no vender las tierras y se retira a la laguna de El Caspe.

“La candela” comparte un gesto exacto con la modalidad del páramo: en una de sus modalidades, la vieja que tenía el fuego se lo sacaba del sobaco, y Bernal anota que en Calderas se recordaba a los pijaos como seres que sacaban la candela de sus axilas. Es el mismo detalle que aquí trae el pijao del bastón de oro. Lo que cambia es el desenlace: allí la candela se reparte y funda el nombre del pueblo, aquí el oro no se alcanza.

“La niña que se volvió serpiente” ofrece el contraste de fondo. Ella cambia de cuerpo una sola vez, camino de la misa a la que no la dejaron ir, y no vuelve. El hombre tigre va y viene: caza, roba, huye, y regresa a su casa a contarlo. La transformación irreversible es una pérdida; la reversible es una herramienta.

La discusión sobre el jaguar chamánico que mantienen Reichel-Dolmatoff, Pineda Camacho, Sevilla Casas y Nachtigall se recoge en Historia y en Versiones: es una comparación entre estudiosos, no entre mitos, y no prueba parentesco alguno.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Bernal imprime aquí dos cosas distintas. Primero, la narración principal: la cacería fallida, el hombre tigre convidado, la peinilla, el juego, la muerte del tigre, la sal y el cuerpo dejado en el camino. Después, bajo el rótulo “Versión número 1”, dos bloques que no son la misma historia: uno dice que los ladrones se vuelven tigres y van a traer vacas a Garzón y Neiva, y que al regresar a su casa vuelven a ser hombres; el otro cuenta a un cazador solitario en el páramo que ve a un pijao sacando candela del sobaco y con un bastón de oro, se vuelve tigre para quitárselo, lo persigue como tres horas hasta el pueblo del pijao, escapa de sus parientes cambiando de forma dos veces, regresa al punto de partida, se lleva en una jigra el plátano asado y en su casa le cuenta a su mujer lo que pasó.

  2. Esta reescritura sigue la narración principal y deja los otros dos bloques aquí, atribuidos, porque fundirlos fabricaría un héroe que el texto no tiene: en ninguna parte se dice que el cazador del páramo sea el mismo hombre que mató al tigre. La ficha anterior los encadenaba como una sola aventura.

  3. Ni la entrada principal ni la modalidad numerada llevan nombre de quien las contó o las tradujo, a diferencia de otras del mismo artículo. La cadena documental es única: Eugenia Villa Posse reprodujo el corpus en 1993 acreditando su procedencia, y en 2023 el texto se reeditó junto a Nachtigall y Otero con un prólogo crítico que reseña Juan Carlos Orrego Arismendi; ninguna de las dos es un testimonio nuevo.

  4. Las lecturas académicas tampoco son variantes del cuento. Reichel-Dolmatoff, según el resumen de Pineda Camacho, leyó al hombre tigre páez como el chamán que se vuelve jaguar para robar o devorar; Sevilla Casas lo discute y recuerda, con Nachtigall, que esa transformación chamánica entre los paeces es sólo reminiscencia mítica. Y conviene no confundir esta página con “Juan Chiracol”, donde el tigre es el padre y el hijo nunca cambia de forma.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    repository.icesi.edu.co

    Analiza los relatos de tigre del corpus de Calderas: los hombres tigre son ladrones de ganado asociados a los pijaos que no comen sal, cita a Nachtigall según el cual la transformación del chamán en tigre sólo existe como reminiscencia mítica entre los paeces, y critica que Reichel-Dolmatoff usara estos cuentos para sostener su complejo del jaguar chamánico.

  6. El poder de los hombres que vuelan: Gerardo Reichel-Dolmatoff y su contribución a la teoría del chamanismo

    revistatabularasa.org

    Resume el uso que Reichel-Dolmatoff hizo de las fuentes páez: el chamán malo se transforma en jaguar para robar o comer a la gente o a sus rebaños, la lectura chamánica del hombre tigre ladrón de ganado que Sevilla Casas discute.

  7. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Da el trasfondo del motivo que une tigre, pijaos y sal en las mismas parcialidades: soñar tigres anuncia guaca o peste de pijao, las candelillas encarnan las almas de los pijaos, y el médico guarda dieta sin sal porque el Trueno no comía sal.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«El hombre tigre» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hombre tigre» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hombre tigre» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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