El hombre flaco

Pacífico · Nasa - Paeces

El hombre flaco

Un alma delgada y luminosa acompaña a un viajero borracho, evita que caiga y lo conduce de noche hasta su casa.

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El hombre flaco: la entrada del relato

El relato

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La olla era nueva y era pesada. La compró esa tarde en el pueblo, se la acomodó a la espalda y agarró el camino de vuelta cuando las laderas ya se iban poniendo azules.

Había bebido, y el camino de herradura no perdona. Los pies se le enredaban entre las piedras sueltas, la olla le golpeaba los riñones a cada tropezón y la neblina subía desde la quebrada tapándole las vueltas. La noche lo alcanzó arriba, pasando las rozas de maíz, donde el camino se angosta y a un lado se abre una zanja honda.

Allí, sentado en la orilla, había un hombre. Flaco, muy flaco. No se levantó ni se hizo a un lado cuando el otro llegó a su altura. El hombre de la olla entendió enseguida qué era lo que estaba viendo: era un alma.

Quiso seguir de largo y el pie le falló. Se fue de costado hacia la zanja, con el peso de la olla tirándole del hombro, y no alcanzó a manotear. El alma lo agarró. No lo dejó caer.

Desde ahí caminaron juntos. Se le puso al lado como si fuera un hermano, ni adelante ni atrás, al paso torcido del borracho. El hombre iba asustado, y el susto lo hacía tambalear todavía más; cada vez que se iba de lado, algo lo enderezaba y lo devolvía al centro del camino.

Y llevaba la luz. No se veía de dónde salía ni en qué mano la cargaba, pero la noche estaba clara: se distinguían las hojas mojadas, el barro con las pisadas, el filo de la zanja, cada piedra que había que esquivar. El hombre lo miraba de reojo mientras subían. Era bien blanco. Se parecía a las Madres.

En todo el trayecto el alma no dijo una palabra. Ni un saludo, ni una advertencia, ni una pregunta. Esa boca cerrada era lo más raro de todo, más raro que la claridad y más raro que la flacura.

Subieron el último repecho. Apareció la casa de bahareque, el techo de paja, el rescoldo del fogón adentro. El hombre llegó con su olla entera, sin un rasguño, sin una sola caída en toda la noche.

Y el que lo había traído ya no estaba.

El hombre flaco: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que da miedo y lo que sostiene pueden llegar en el mismo cuerpo, sin decir nada.”

Territorio

Pacífico · Nasa - Paeces

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Segundo Bernal Villa publicó este cuento en 1953, en el primer número de la Revista Colombiana de Antropología, dentro de “Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro”, trabajo hecho para el Instituto Etnológico Nacional. Llevaba en Calderas desde agosto del año anterior, con muchas interrupciones, y él mismo advierte que a sus preguntas sobre estos temas la gente casi siempre contestaba himeto, “no sé”. Las narraciones se hacían alrededor del fogón, con hombres, mujeres y niños presentes, que unas veces reían y otras callaban, pero corroboraban, rectificaban o añadían; y todo pasó por un mediador bilingüe, un mestizo de San Andrés de unos treinta y cinco años con dominio del páez y del castellano, que en la mayoría de las entradas firma como Marco Antonio Penkue y a quien Bernal describe como atinado en sus interrogaciones. Ese paso del nasa yuwe al castellano está en cada línea impresa.

Esta entrada en particular no lleva nombre al pie, ni de quien la contó ni de quien la tradujo, a diferencia de casi todas las demás; está dicha en la voz familiar del “mi papá”, igual que las entradas vecinas del mismo pliego. Lo que quedó publicado son unas ochenta palabras: la olla, la borrachera, la zanja, la mano que sostiene, la claridad, el silencio y la comparación con las Madres. No hay más.

Un año después, en “Medicina y magia entre los paeces”, Bernal trabajó con gente de las mismas parcialidades y anotó tres cosas que ayudan a situar este encuentro sin explicarlo: que el alma llega alumbrando como una vela cuando se la convoca al canto del primer gallo; que el Duende es un niño muy blanco que la Virgen dejó para proteger a los indios; y que quien anda de noche queda expuesto a los espíritus malos. Ninguna de esas páginas identifica a “las Madres” ni recoge este cuento. Esta edición tampoco le pone nombre a la aparición.

La mezcla de santos católicos y seres nasa recorre todo el material de Calderas, y el propio Bernal la deja sin resolver: anota que los misioneros lazaristas trabajan allí desde 1905 y que los relatos han cambiado con el tiempo. La edición conserva esa mezcla tal como aparece. Calderas pertenece al municipio de Inzá; la voz organizativa nasa más cercana al corpus, el Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha, habla por los diecisiete resguardos del vecino municipio de Páez, y el Consejo Regional Indígena del Cauca sitúa todo Tierradentro como territorio ancestral nasa. El Ministerio de las Culturas y la investigación sobre nidos de lengua describen un nasa yuwe vivo, con sus señales y sus sueños, que sigue enseñándose hoy: nada de eso está en el texto de 1953 y nada de eso se usa aquí para completarlo.

Resonancias con otros mitos

Dentro del mismo corpus de Calderas hay dos paralelos documentados y uno de ellos es un contraste exacto. “El hombre y el perro flaco” repite casi la misma escena —mercado, borrachera, camino de noche, un flaco que aparece— y la invierte: allí el caminante golpea primero y la aparición huye, y al amanecer sólo quedan unas flores machacadas. Aquí el flaco es quien sostiene. La diferencia no es de matiz: es la diferencia entre un encuentro que protege y uno que se responde a fuete.

“El armadillo de mina”, impreso en la misma página, comparte el motivo de la luz que no es lámpara: un animal que alumbra y cuya claridad sube hasta el cielo, visto también de noche, en la quebrada o en el camino. Pero el armadillo se puede coger, se guarda en un baúl y se vuelve oro si uno alistó la plata; el alma no ofrece nada, no pide nada y no se deja retener.

“El dalo” pone la misma luz del otro lado: allí un alma sube y llega a un palacio que enceguece con su resplandor. En este cuento el alma no sube, se queda en el camino de herradura acompañando a un vivo.

“La cabeza” y “Los animales” completan el ciclo nocturno de Calderas por el lado del peligro: la cabeza persigue por el olor hasta que canta el gallo, y los animales invisibles sólo se apartan con un bagazo prendido. Ninguna de estas coincidencias prueba copia ni origen común: son maneras vecinas de contar la misma noche.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Bernal no imprimió una segunda versión ni otra modalidad de este cuento: hay una sola entrada, sin nombre de quien la contó ni de quien la tradujo, algo que comparte con las entradas contiguas del mismo pliego y que la separa de las que sí llevan pie de autoría, como “La candela”, con cuatro modalidades atribuidas a personas distintas.

  2. La cadena documental es única. Eugenia Villa Posse reprodujo el corpus en 1993 acreditando su procedencia y advirtiendo que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración, pero para los cuentos de Calderas depende del artículo de 1953: no es un testimonio independiente. Lo mismo vale para la reedición de 2023 que reseña Juan Carlos Orrego Arismendi, donde el texto de Bernal aparece junto a Nachtigall y Otero con un prólogo sobre la objetualización de lo indígena en esa etnografía clásica. Reeditar no es volver a preguntar.

  3. Esta reescritura sigue la entrada tal como se publicó, sin nombrar a la aparición, sin explicar la comparación con las Madres y sin convertir el encuentro en castigo por haber bebido, porque nada de eso está en el texto.

  4. Dos distinciones importan. “El hombre y el perro flaco” tiene un título casi igual y no es una variante de este: allí el caminante le pega a un perro, aparece un hombre flaco con el corazón colgando, hay fuete, persecución y flores machacadas al amanecer. Y el Duende que Bernal describe en 1954 —un niño muy blanco dejado por la Virgen— es una figura de otro registro, no una versión de este relato: comparten la blancura y la función protectora, pero el cuento de Calderas nunca lo nombra.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    El mismo autor, con informantes de Calderas y un año después del corpus de cuentos, registra que el alma llega alumbrando como una vela cuando se la convoca al canto del primer gallo, describe al Duende como un niño muy blanco que la Virgen dejó para proteger a los indios, y advierte que quien anda de noche se expone a encontrarse con los espíritus malos.

  6. Un archivo de épocas etnográficas: reseña de Los indios del Cauca, una construcción etnográfica (1890-1956), compilado por Cristóbal Gnecco

    revistas.udea.edu.co

    Documenta que el artículo de Bernal Villa de 1953, fuente única de este relato, fue reeditado en 2023 junto con Nachtigall y Otero, con un prólogo que señala la objetualización de lo indígena en esa etnografía clásica.

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«El hombre flaco» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hombre flaco» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hombre flaco» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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