El hijo de Karagabí encerrado en el árbol

Andina · Chamí

El hijo de Karagabí encerrado en el árbol

Karagabí encierra vivo a su hijo en un árbol, transforma al artesano en pájaro carpintero y deja un dedo que causa temblores.

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El relato

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Karagabí mandó a un hombre a cavar un árbol.

Le dijo que cavara el tronco por dentro, hasta dejarlo hueco como un ataúd, y que su hijo se metiera en ese árbol, pero que le quedara un dedo afuera.

El hombre cavó el árbol y el hijo se metió. Así lo dejó tapado, con el dedo por fuera.

Al hombre que hizo el ataúd, Karagabí lo volvió pájaro carpintero.

Pero el hijo quedó vivo dentro del árbol. Y cuando mueve el dedo, hay temblor.

El hijo de Karagabí encerrado en el árbol: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se guarda vivo dentro de un encierro sigue moviendo el mundo que lo rodea.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el último de los catorce relatos que Gerardo Reichel-Dolmatoff recogió en 1945 en la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, y publicó en 1953 en la Revista de Folklore. Ocupa el final de la página 165, junto a los relatos 12 y 13, y como el 13 no lleva ninguna nota al pie: el recopilador no identifica el árbol, no da el nombre del ave en emberá bedea, no propone comparación alguna y no traduce nada, porque no hay nada en lengua que traducir. Tampoco quedó el nombre de quien narró. Vale aquí su declaración de entrada: narraron en castellano, él transcribió sin cambio alguno, y no tuvo tiempo de comprender el contexto cultural de lo que recogía.

La palabra «ataúd» es del castellano de la transcripción y no autoriza por sí sola a reconstruir una ceremonia funeraria chamí; la ficha del Ministerio de Educación y la Biblioteca Nacional acredita el facsímil y el rango de páginas, y nada más.

Ninguna de las demás fuentes de la lista narra este episodio, y conviene decir qué aporta cada una y dónde se detiene. Mauricio Pardo reúne en 1986, bajo el epígrafe «Los Temblores», el único inventario comparado de las explicaciones emberá del sismo, y allí está el paralelo del dedo: en Guangul, Timbiquí, le contaron que una joven recluida demasiado tiempo en el encierro de la menarquia engordó hasta hundirse en la tierra, y que «en ocasiones llega un ratón y le muerde la mano, entonces ella mueve algún dedo y la tierra tiembla». Pardo anota que «una historia casi idéntica fué recogida por Chaves entre emberás del Chamí» y remite a la página 152 de Chaves; pero esa página es el relato «Awena», sexto de los nueve, y por el reparto que el propio Chaves declara en su página 134 pertenece a los cinco que narró Rafael Bailarín, indio katío. La atribución de Pardo no debe repetirse.

Vasco analiza «Awena» como pérdida de la ligereza que distingue a los humanos de los seres de abajo, y aporta el otro extremo del motivo del cuerpo dentro del tronco: los jenené, árboles gigantescos huecos donde vivían los bibidigomiá. Guillermo D'Abbraccio recoge una tercera explicación chamí del temblor —Karaví sostiene los nueve mundos entre tres dedos y los pasa a la otra mano cuando se cansa— tomada de compilaciones anteriores, entre ellas la de Víctor Zuluaga Gómez, donde aparece con esas mismas palabras. Cardona y Guerra documentan en el Pacífico chocoano la conversión de custodios en animales, y Ferrari documenta al carpintero como personaje nombrado en la narración dóbida viva. Ninguno registra este relato.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano y mejor documentado es «Awena», el sexto relato que Milcíades Chaves publicó en 1945 y que le narró Rafael Bailarín, jaibaná katío: a la muchacha la encierran por su primera menstruación, se demoran en sacarla, engorda tanto que hay que desestantillar la casa, se hunde con su propio peso hasta el otro mundo, y allí abajo cualquier movimiento pequeño suyo estremece la tierra. La diferencia es doble y no se puede pasar por alto: allí el cuerpo se hunde por exceso de un rito mal medido, aquí lo encierra deliberadamente un padre; allí no hay ningún artesano ni ninguna ave, y aquí el que abre la madera queda convertido en pájaro carpintero.

El segundo paralelo está en el mismo corpus de Corozal. En el relato número 11, el agua del mundo está encerrada dentro de un árbol, el jenéne, y Karagabí reúne su gente, sus hachas y ocho arditas y trabaja ocho días para tumbarlo; al caer, la raíz se vuelve el mar y las ramas más grandes el Cauca y el Magdalena. Los dos relatos ponen vida dentro de un tronco y trabajo humano sobre esa madera, pero en sentidos opuestos: allí el árbol se abre para soltar lo que guarda, aquí se cava para retener a alguien adentro. Vasco registra además, en el mismo repertorio, los jenené huecos como «cuevas de madera» donde vivían los bibidigomiá.

Un tercer eco, más lejano, está en el Pacífico chocoano: Cardona y Guerra recogen que los custodios que niegan un bien quedan convertidos en animales, Genserá en hormiga negra, Jimo en lagarto, Kumbarrá en oropéndola. El procedimiento es el mismo que convierte al artesano en carpintero, pero allí la conversión es castigo declarado y aquí el narrador no dice si lo es.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este episodio hay un solo testimonio. Nadie más lo ha publicado: ni otra transcripción chamí, ni una versión katío o dóbida, ni una reelaboración escolar. Eso significa que no hay con qué corregir sus vacíos y que cada detalle depende de una sola noche de 1945 en Corozal y de una transcripción hecha ocho años después. No se sabe por qué Karagabí encierra a su hijo, qué árbol es, si el hijo consintió, ni si los chamí de Corozal contaban una continuación.

  2. Lo que sí tiene variantes es la pregunta que el relato responde. Las explicaciones emberá del temblor son varias y no coinciden. En «Awena», que Rafael Bailarín narró a Chaves, una muchacha encerrada por su primera menstruación engorda hasta hundirse en la tierra, y desde abajo «cualquier movimiento pequeño suyo hace estremecer la tierra». En Guangul, Timbiquí, Pardo oyó lo mismo con un detalle que aquí resuena: un ratón le muerde la mano y ella mueve un dedo. María de Betania registró que el mundo tiembla porque Carabagí, que tiene la tierra en una mano, la pasa a la otra para descansar. En el alto Sinú, según Pinto, tiembla al moverse una muchacha que se hundió por comer mucho. Y en la compilación de Zuluaga, Karaví sostiene los nueve mundos entre tres dedos y los cambia de mano. En cinco explicaciones, el temblor lo produce el movimiento de una mujer enterrada o de la mano de un dios; en Río Frío lo produce el dedo de un hijo encerrado vivo por su padre.

  3. También cambia el oficio del pájaro carpintero. En todo el ciclo del hijo de la pantorrilla el carpintero corta: troza la guadua o el palo por el que el héroe sube a la luna, y con ese nombre aparece en la versión que Zuluaga transcribe del padre Pinto, donde un truenené perfora el palo, y en las dos narraciones dóbida que Ferrari recogió en 2022, donde es «señor carpintero» para Lizandro y «carpinterito» para Graciliano. En Río Frío el carpintero no corta: es hecho, y lo hacen a partir del hombre que ahuecó la madera.

  4. Conviene además no tomar el esquema de nueve mundos como si fuera la cuenta chamí. Procede de compilaciones que se apoyan en material katío; Rosa Elvira, maestra chamí del alto Garrapatas, sostiene tres.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Tejidos de transformación: oraliteratura y oralitegrafía en la memoria emberá chamí

    revistas.udea.edu.co

    Analiza relatos Chamí del Eje Cafetero y explica la transformación como principio relacional, además de rastrear mediaciones coloniales, cristianas y patriarcales.

  2. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Su apartado «b. Los Temblores» es el único inventario comparado de las explicaciones emberá del temblor, y contiene el paralelo exacto del dedo. En Guangul le narraron que una joven recluida demasiado tiempo en el encierro de la menarquia engordó hasta hundirse en la tierra y quedar en una cueva profunda, acostada con los brazos extendidos: «en ocasiones llega un ratón y le muerde la mano, entonces ella mueve algún dedo y la tierra tiembla». Pardo anota que «una historia casi idéntica fue recogida por Chaves entre emberás del Chamí» (p. 152). Registra también la versión de María de Betania en la que el mundo tiembla «porque Carabagí que tiene la tierra en una mano la pasa a la otra para descansar», y la del alto Sinú recogida por Pinto. Y trae, en el ciclo del hijo de la pantorrilla, al pájaro carpintero que troza la guadua por la que el héroe subía a la luna.

  3. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Analiza el mito de Awena (Chaves, 1945: 152-153) como el reverso exacto de lo que este relato pone en juego: la muchacha engorda en el encierro ritual, va perdiendo la ligereza que distingue a los humanos de los seres de abajo, se hunde y «cuando se mueve allí, produce los temblores de tierra». La explicación emberá del temblor sería, entonces, el movimiento de un cuerpo que perdió su lugar. Aporta también el otro extremo del motivo del cuerpo dentro del tronco: los jenené, árboles gigantescos huecos, «cuevas de madera» donde vivían los bibidigomiá, que sacaban gente de noche para comérsela, y el jenené originario que hubo que derribar para liberar el agua.

  4. Los cruces del sendero: cosmovisiones y sistema jurídico de los Emberá-Chamí

    repositorio.pucp.edu.pe

    Trae una tercera explicación chamí del temblor, distinta tanto de la de Río Frío como de la de Awena: «según los chamí, Karaví sostiene entre los tres dedos de la mano los nueve mundos (los cuatro de arriba, el del medio y los cuatro de abajo), y cuando se cansa los pasa a la otra mano, produciéndose así los temblores o los sismos». Aquí también el sismo nace del movimiento de unos dedos, pero de los de Karagabí y no de los del hijo. Añade, además, el otro relato chamí de cuerpos dentro de árboles: los burumiáes, antropófagos e incestuosos, fueron quemados vivos por Karaví dentro de los jenenés, árboles gigantes que habitaban, sin huir porque eran perezosos y dormilones.

  5. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Documenta, entre los emberá del Pacífico chocoano, el estatuto del árbol como continente de lo vivo: el jenené gigante es donde Genserá, custodia del agua, la esconde, y del árbol sagrado del agua brotan luego el mar, los ríos y las ciénagas. En esa misma serie, el castigo de los custodios es la conversión en animal —Genserá en hormiga negra, Jimo en lagarto, Kumbarrá en pájaro mochilero u oropéndola—, un procedimiento idéntico al que convierte al artesano en pájaro carpintero, y presentado sin premio ni castigo explícito como en Río Frío.

  6. La letteratura orale embera: inquietudini e oscillazioni enunciative nel mito contemporaneo

    confluenze.unibo.it

    Es el único trabajo que muestra el pájaro carpintero como personaje nombrado y variable en la narración emberá viva: al comparar dos versiones recogidas en 2022 registra que el mismo agente es «señor carpintero» para Lizandro y «carpinterito» para Graciliano, y transcribe el pasaje en que troza la guadua por la que se subía a tumbar la luna. Sirve para no tratar al carpintero de Río Frío como un detalle zoológico incidental: en el repertorio emberá es una figura que interviene sobre la madera en momentos decisivos y que cada narrador dimensiona a su manera.

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Versiones de este mito

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No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hijo de Karagabí encerrado en el árbol» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hijo de Karagabí encerrado en el árbol» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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