Surranabe, el gusano gigante

Andina · Chamí

Surranabe, el gusano gigante

Cuatro mellizos matan con una lanza al gusano Surranabe y una gran laguna se forma donde cae su cuerpo.

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Surranabe, el gusano gigante: la entrada del relato

El relato

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Surranabe, el gusano grande, era bastante grande y se comía hasta los hombres y los animales. Era muy bravo. Todo lo que arrimaba donde él, se lo comía, y por eso la gente de indio, todos, todos, le tenían mucho miedo.

Pero una vez lo mataron los mellizos con la lanza. Se juntaron entre cuatro mellizos y lo mataron.

En el lugar donde lo mataron se formó una gran laguna. De entonces en adelante no se encuentran gusanos grandes y ya no hay más cría de ellos: allí hay sí los gusanos pequeños.

Los mellizos sabían mucha cosa. Eran como gente de médico.

Surranabe, el gusano gigante: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que devoraba la vida de un lugar puede quedar convertido en el agua que lo sostiene.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
5.45389° · -75.7419°

Ficha del relato

Contexto histórico

Surranabe es el relato III de «Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí», de Milcíades Chaves Ch., publicado en el Boletín de Arqueología, vol. I, núm. 3, pp. 133-159, Bogotá, 1945. El texto ocupa el final de la página 147 y el comienzo de la 148, y lleva el subtítulo que el propio recopilador tradujo: El Gusano Grande.

Aquí sí hay narrador con nombre, y este corpus obliga a decirlo, porque en el mismo artículo no todos los relatos son chamí. Chaves lo aclara en la página 134: «Los nueve cuentos que a continuación transcribo, me fueron narrados, los cuatro primeros, por Nicolás Henao, indio chami […] Los cinco últimos los recogí de boca de Rafael Bailarín, indio katío». Surranabe es el tercero, de modo que es de Nicolás Henao y es chamí. Chaves da además sus datos: tenía unos treinta años, era hermano del cacique del grupo y cuñado del curandero, hablaba su lengua y un castellano defectuoso pero claro, y él mismo tradujo al castellano las palabras que pronunciaba en emberá. Dijo que le habían narrado esos cuentos cuando era joven, antes de salir de Balboa, en el entonces departamento de Caldas. La escucha ocurrió en la vereda Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, donde ese grupo llevaba unos quince años tras migrar desde Antioquia y Caldas.

La única obra que vuelve sobre el episodio es Jaibanás. Los verdaderos hombres, de Luis Guillermo Vasco, de 1985, y lo hace dos veces. Primero lo transcribe citando la página exacta, «Chaves (1945: 148) narra lo siguiente», y le añade entre corchetes una glosa que conviene no adoptar: donde el relato dice que los mellizos «eran como gente de médico», Vasco escribe «[es decir, jaibanás]». Es su lectura de antropólogo, no palabra del narrador, y se cita como tal. Después lo integra en su análisis sobre la serpiente y el agua, y ahí la laguna deja de ser un detalle final.

El nombre, además, no es opaco. En la lista de plantas chamí que Zuluaga reproduce en su libro de 1991, tomada de Edgardo Cayón y Silvio Aristizábal en la revista Cespedesia de la Universidad del Valle, la entrada AINSURRAKA se traduce «la planta sin gusanos (ain: fuera, sin; surra: gusanos)», y otras dos entradas confirman la raíz: surrajunkara, «sura: gusano», y surratupu, «leña del gusano». Surranabe lleva dentro la palabra gusano.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está dentro del mismo pueblo, en la otra punta de su territorio. En la «Historia de la culebra Jepá» que contó Clemente Nengarabe Siágama, jaibaná chamí de Risaralda, un gusanito pintado crece en un cántaro que amanece lleno de agua, pasa a un charco en Jeguadas y se vuelve una jepá que el jaibaná alimenta llamándola con un tambor, hasta que sus hijos tocan el tambor sin permiso y el agua se lo traga todo. Jaime Wasoma, en la vereda Similitó, contó lo mismo en 1991 con varios gusanitos sembrados en una totuma, y La Batea quedó como una laguna grande. La cadena es idéntica a la de Surranabe, gusano y agua, pero corre al revés: allí el gusano vive y la laguna nace de su crecimiento, aquí el gusano muere y la laguna nace de su cuerpo.

Luis Guillermo Vasco pone al lado el caso simétrico, también emberá: otros mellizos secaron el agua de una laguna donde vivía una culebra que devoraba a los hombres tirando en ella sus bastones, y la serpiente, al quedarse sin agua, tuvo que irse al mundo de abajo. Mellizos otra vez, devorador otra vez, y el agua funcionando como el cuerpo mismo del animal, pero quitándola en lugar de producirla.

El tercer paralelo es emberá y no chamí, y hay que decirlo al citarlo. Entre las comunidades del golfo de Tribugá, en Nuquí, Antonio María Cardona y Jairo Miguel Guerra recogieron la historia de la Jepá de la laguna de Boroboro, «una poderosa chamán salva al protagonista y encierra a la serpiente gigante que lo succiona todo en el fondo de la laguna». Allí el devorador queda encerrado bajo el agua en vez de convertirse en ella.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Un solo testimonio, y muy breve: Nicolás Henao lo contó una vez en Corozal, en 1945, y nadie lo ha vuelto a recoger de otra boca. No hay variante, no hay nombres para los mellizos, no hay veneno en las puntas ni espíritus convocados, y nada de eso puede añadirse sin fabricarlo.

  2. Lo que sí existe es una reaparición y una lectura. La reaparición es la transcripción de Vasco en 1985, fiel salvo dos diferencias menores respecto al impreso de Chaves: escribe «Por eso la gente de indio le tenía miedo» donde el original insiste, «por eso la gente de indio, todos, todos, tenían mucho miedo», y «sólo hay gusanos pequeños» donde el original dice «allí hay sí los gusanos pequeños». La lectura es la glosa entre corchetes con que Vasco identifica a los mellizos como jaibanás. El relato no los llama así, y la diferencia importa: «gente de médico» es lo que dijo el narrador traduciéndose a sí mismo.

  3. Fuera de esto, el corpus chamí tiene el mismo par gusano y laguna en otro lugar y con otros narradores, y por eso no se puede fundir con este. Clemente Nengarabe Siágama, jaibaná chamí de Risaralda, cuenta que un viejo encontró un gusanito pintado, lo puso en un cántaro que amanecía lleno de agua, lo pasó a un charquito en Jeguadas y allí creció hasta volverse jepá. Jaime Wasoma, en la vereda Similitó, se lo contó a Zuluaga en 1991 con gusanitos «muy bonitos, como pintados» sembrados en una totuma, y «a los pocos meses los gusanos crecieron mucho, mucho, y se volvieron unas jepás muy tragonas y entonces toda La Batea quedó como una laguna grande». Son otros relatos: allí el gusano no muere y la laguna nace del crecimiento, no de la muerte.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Caldas · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

  2. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  3. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    La fuente clave, y la única que trata a Surranabe dos veces y de frente. Primero lo transcribe citando la página exacta del original —«Chaves (1945: 148) narra lo siguiente: Surranabe (el gusano grande) era un gusano muy grande que se comía a los hombres y a los animales... Una vez se juntaron entre 4 mellizos y lo mataron con una lanza. Allí se formó una gran laguna y de allí en adelante no hay ya gusanos grandes... Los mellizos sabían mucha cosa; eran como gente de médico»— y añade entre corchetes la glosa «[es decir, jaibanás]». Después lo integra en su análisis: «En toda la mitología la serpiente jepá y otras aparecen ligadas a la producción o abundancia del agua... Surranabe (gusano grande) se comía a la gente; cuatro mellizos lo mataron y allí se formó una gran laguna. Al contrario, otros mellizos secaron el agua de una laguna en donde vivía una culebra que devoraba a los hombres, tirando en ella sus bastones». La laguna deja de ser un detalle y pasa a ser la clave: el cuerpo del devorador es agua.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Dioses, demonios y brujos de la comunidad indígena Chamí

    drive.google.com

    Da la llave lingüística del nombre. En la lista alfabética de plantas chamí que el libro reproduce (tomada de Cayón y Aristizábal, revista Cespedesia de la Universidad del Valle), la entrada AINSURRAKA se traduce como «la planta sin gusanos (ain: fuera, sin; surra: gusanos)». Surra es «gusano» en lengua chamí: Surranabe no es un nombre opaco, lleva la palabra gusano dentro. El mismo libro, en «Animales míticos o fabulosos», documenta a la JEPA o boa —«antes vivían en los charcos y atraían a sus víctimas desde dos leguas... Una especie de boa monstruo producía los remolinos desde el asiento de los ríos, tragándose todo lo que en el remolino cayera»—, que es la otra figura chamí de la bestia devoradora ligada al agua.

  2. Mitos y leyendas de los Embera-chamí

    repositorio.utp.edu.co

    Trae el único paralelo chamí publicado del par gusano-laguna, recogido de Jaime Wasoma en la vereda Similitó en 1991: unos «gusanitos muy bonitos, como pintados» aparecen bajo la lluvia, el cacique los siembra en una totuma con agua y cada recipiente amanece lleno; trasladados a un hoyo cerca de La Batea, «a los pocos meses los gusanos crecieron mucho, mucho, y se volvieron unas jepás muy tragonas y entonces toda La Batea quedó como una laguna grande». Gusano que crece, se vuelve devorador y donde queda hay laguna: la misma cadena de Surranabe, en otro lugar y con narrador y fecha.

  3. Historia de la comunidad indígena Chamí

    drive.google.com

    Muestra que estas lagunas de relato tienen dirección postal. Al describir una tumba saqueada que el autor alcanzó a documentar, escribe que está «en la vereda de Jeguadas, cerca de La Batea (sitio en donde según una leyenda, existió una laguna y vivía una gran culebra, llamada Jepa)», con nariguera de oro, ollas, alcarrazas y hachas de piedra talladas. Respalda el punto que la ficha ya hace: la laguna que queda tras la bestia es una forma del paisaje que la gente puede señalar, no un final decorativo.

  4. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Artículo del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP), en PDF abierto, que ordena los mitos emberá por función social y ecológica. Aporta un tercer caso del mismo esquema: «la historia de la Jepá de la laguna de Boroboro», una serpiente gigante «que lo succiona todo en el fondo de la laguna», junto con el relato del árbol jenené de cuya caída «brotó el mar, los ríos, ciénagas, lagunas y demás fuentes». Confirma que en el sistema emberá la criatura devoradora y el cuerpo de agua son dos estados de lo mismo, que es justamente lo que pasa con Surranabe.

  5. Panamá indígena

    salacela.net

    En el capítulo sobre los monstruos del mundo chocó (p. 265 de la edición de 1999), tras hablar de «la sierpe» o serpiente gigantesca que vive en ciertos ríos y lagunas y que, dice, se encuentra «tanto en los Catíos y Chamíes como en los Chocoes Emberáes o Noanamáes», trae a Surranabe: «una especie de gusano gigantesco que podría relacionarse igualmente con el tipo de monstruo de la serpiente gigantesca. Según la versión recogida por Milciades Chávez entre los Chamíes, este Surranabe era un gusano gigantesco que comía a los hombres y a los animales», relacionado «con unos mellizos —en este caso dos pares de mellizos— quienes logran matarlo». Es la única obra fuera de Vasco que resume el relato de Chaves, y lo sitúa dentro del repertorio emberá de serpientes gigantes de río y laguna junto a los «mellizos nacidos de la pantorrilla» que, dice, aparecen en ciertas versiones de la sierpe.

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Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Surranabe, el gusano gigante» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Surranabe, el gusano gigante» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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