
Andina · Mixto
El guango
Una camilla funeraria cruza los caminos de noche y una voz obliga a recordar que ningún duelo debería cargarse en soledad.
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El relato
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Cuando alguien moría en el campo, lo llevaban al cementerio del pueblo en un guando: una barbacoa de guaduas o de varas que cargaban cuatro hombres, uno en cada punta de las dos varas. El entierro ponía en movimiento a toda la vereda, como un convite para empajar un rancho o desyerbar un lote de yuca. En la casa del difunto se juntaban los enterradores con el pantalón dominguero, entre aguardiente, lágrimas y animación. Los deudos pagaban el desayuno, el trago y el tabaco del camino y el almuerzo en el pueblo. Al regreso llegaban borrachos a comer tamal con chocolate, y más de una vez la juerga acababa en pelea, con heridos y con otro muerto. En el camino chirriaban los amarres y las maderas, y los cargadores se turnaban a cortos trechos diciéndole al que iba más cerca: «Meta el hombro, compañero».
En otros tiempos vivió un hombre huraño, avaro y mal amigo, que no prestaba un servicio ni daba una limosna. Jamás quiso cargar a un muerto. Decía que él no era carguero de nadie, y que cuando se muriera lo podían tirar a un zanjón, echarlo al río o dejarlo para los chulos.
La muerte le llegó a su turno, y murió solo, sin una oración, porque no dejaba que nadie se le arrimara. Los vecinos olvidaron los rencores, hicieron una colecta para el entierro, armaron un guango y pusieron al muerto encima. Pero el difunto pesaba terriblemente. Hicieron falta muchos hombres para levantarlo, y lo fueron llevando a tramos cortos, relevándose sin parar.
Para llegar al pueblo había que cruzar un río por un puente de madera. Con lucha llegaron al puente, pero en la mitad el peso se volvió insoportable. No pudieron sostenerlo, tuvieron que aflojar, y el guango cayó al agua turbulenta, que se lo tragó en un segundo. Tres días lo buscaron río abajo. No apareció ni el guando ni su carga.
Desde entonces anda esa alma en pena. Sale a altas horas por los caminos reales que van al pueblo y por las calles que llevan al cementerio, sobre todo la víspera de Todosanto o el día de las Ánimas. Es un muerto en barbacoa cargado por cuatro hombres, alumbrado por cuatro cirios y seguido de una procesión larga, vestida de negro, con velas encendidas, que reza en un murmullo ronco. Avanza despacio y chirría: chi-qui, chi-qui, chi-qui.
El que lo encuentra se queda paralizado a la orilla del camino. Cuando el entierro pasa a su lado, le da en la cara un aire frío, lo invade un olor a azahares y a mirto, y por encima del rezo oye una voz más honda que le ordena: «¡Meta el hombro, compañero!». Entonces siente el peso en el hombro, oye gritos y lamentos, se le va todo a negro y cae como muerto. Cuando vuelve en sí queda asustado, como sonámbulo, por mucho tiempo, y nunca más sale de noche. El guango se les aparece a los trasnochadores, a los borrachos, a los avaros y a los crueles, y a los que no se detienen ante nada con tal de hacer dinero.

La enseñanza
“Quien se niega a cargar el peso de los otros acaba echándolo sobre los hombros ajenos.”
Territorio
Andina · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 4.438° · -75.199°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Tolima · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Folclor tolimense
repositorio.unibague.edu.co
Registro del relato: el guando fúnebre que cargan los muertos por los caminos y el castigo a quien se niega a cargar a sus difuntos (pp. 75-77 de la edición de 2013).
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II
flacso.edu.ec
Segundo registro de Devia (sección 20, pp. 159-161) y la barbacoa de Juan de Dios Arias en Santander (pp. 132-134) que compara Similitudes.
- Colombia país de regiones, tomo 3: Región del Alto Magdalena
babel.banrepcultural.org
Lee al Guando como lección de solidaridad campesina en la síntesis del Tolima Grande (p. 99).
Contraste y contexto · 3 referencias
- Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué
dialnet.unirioja.es
Registra al Guando entre las leyendas reconocidas en Ibagué.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae una barbacoa del muerto como figura antioqueña y caldense (pp. 77-78), la que Similitudes cita como composición de 2004.
- Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero
babel.banrepcultural.org
Nombra al Guando entre los mitos campesinos llevados al piedemonte llanero.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El guango» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El guango» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El guango» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








