
Andina · Pirsa
La noche de Tamaracunga
Tamaracunga viaja de Pirsa a Anserma entre auras, piedras y silbidos; la crónica convierte su noche en un ejemplo colonial de bautismo.
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El relato
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A cuatro leguas de la villa de Anserma había un pueblo llamado Pirsa. El señor de aquel pueblo tenía un hermano joven, bien parecido, llamado Tamaracunga, y a Tamaracunga le entró el deseo de hacerse cristiano y de ir hasta donde estaban los españoles para que lo bautizaran.
Entonces empezaron a venir las aves. Eran auras, esos pájaros hediondos que comen muerto, y se posaban donde sólo él podía verlas. Mandó llamar a toda prisa a un cristiano que vivía cerca. El hombre llegó, lo santiguó, y con eso el asunto no mejoró sino que empeoró: en el aire pasaban piedras que nadie tiraba, y se oían silbar.
Llegó también el hermano de Juan Pacheco, que mandaba en la villa mientras el teniente andaba en Caramanta. Los dos encontraron a Tamaracunga desmayado y maltratado, y delante de ellos lo llevaron por el aire de un lado a otro. Después, mientras estaba sentado con un vaso de vino delante, vieron cómo el vaso se alzaba solo y quedaba vacío, y al rato el vino caía otra vez dentro. Él se tapó la cara y el cuerpo entero con unas mantas para no ver lo que tenía enfrente, y así, sin que nadie le moviera la ropa ni le destapara el rostro, le metieron barro en la boca como si lo quisieran ahogar.
Decidieron llevarlo a la villa. Salieron con ellos más de doscientos indios, aunque tan asustados que no se atrevían a acercársele. En unos pasos malos del camino lo levantaron en el aire para despeñarlo y él gritó: válganme, cristianos, válganme. Lo pusieron en medio, le ataron cuerdas a la cintura, rezaron y siguieron con tres cruces en las manos. Aun así los derribaron varias veces, y en una subida se vieron en el mayor aprieto de todos.
Llegaron a la casa de Juan Pacheco. Se juntaron casi todos los cristianos del pueblo y todos vieron caer piedras pequeñas desde lo alto del techo y oyeron los silbos. Y se oía algo más: un «hu, hu, hu» rápido y recio, el mismo grito con que los indios salen a la guerra.
De ahí fueron a la iglesia, que era de paja y no guardaba el Sacramento. Antes de abrirla algunos oyeron pasos dentro. Adentro, Tamaracunga dijo que los veía con caras fieras, las cabezas abajo y los pies arriba. Cuando entró fray Juan de Santa María, de la Merced, para bautizarlo, lo tomaron y lo dejaron en el aire puesto igual que ellos, cabeza abajo. Los cristianos gritaron el nombre de Jesucristo, se santiguaron, arremetieron, lo agarraron, le echaron una estola encima y agua bendita. Siguieron los aullidos. Le dieron tantos bofetones que le arrojaron lejos el sombrero que llevaba sobre los ojos para no ver, y le escupieron en la cara una saliva podrida y hedionda.
Todo eso pasó de noche. Amaneció, el fraile se vistió para decir misa, y desde el momento en que empezó no se volvió a oír nada.
Acabada la misa, Tamaracunga pidió por su boca el agua del bautismo, y lo mismo pidieron su mujer y su hijo. Después, ya bautizado, pidió que lo dejaran andar solo para ver si todavía tenían poder sobre él. Lo dejaron. Salió con gran alegría diciendo «cristiano soy», alabando a Dios en su lengua, y dio dos o tres vueltas por la iglesia. No volvió a verlos. Se fue a su casa contento.

La enseñanza
“De quien fue convertido queda el gesto y el nombre, pero su manera de entender el mundo la escribió otro.”
Territorio
Andina · Pirsa
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Pirsa
- Referencia
- 5.23024° · -75.7879°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Pirsa · Caldas · Andina
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 19 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- La crónica del Perú, primera parte, capítulo CXVIII
archive.org
Es la única fuente narrativa del relato y el testimonio más temprano. Fecha el suceso en 1549, sitúa el pueblo de Pirsa a casi cuatro leguas de la villa de Anserma, identifica a Tamaracunga como hermano joven del señor natural, y da toda la secuencia en su orden: las auras que sólo él ve, el cristiano que lo signa, las piedras que silban, la elevación del cuerpo delante de dos testigos, el vaso de vino que se alza y se vacía, el barro en la boca bajo las mantas, los más de doscientos que lo acompañan, las cuerdas a los cintos y las tres cruces, el «hu, hu, hu» de guerra en casa de Juan Pacheco, la iglesia de paja sin Sacramento, las figuras invertidas, fray Juan de Santa María de la Orden de la Merced, la estola y el agua bendita sobre él, los bofetones y la saliva, el silencio al empezar la misa, el bautismo de él, su mujer y su hijo, y las dos o tres vueltas por la iglesia diciendo «cristiano soy» y alabando a Dios en su lengua.
- Parte primera de la Chronica del Peru, capítulo CXVIII
archive.org
Fija las grafías de época contra las que se comprueban los nombres de la ficha: imprime «Pirſa» —es decir, Pirsa, y no Pirza— y «Tamaraqunga». Confirma además que la numeración del capítulo es CXVIII, a un año de la príncipe de Sevilla.
- Recopilación de documentos para la historia del Resguardo Indígena Escopetera Pirza
resguardoescopeteraypirza.org
Es lo que permite responder qué era Pirsa. Reúne con fuente archivística citada la cadena entera: la probanza de 1552 donde «el cacique Pirsa» es el señor principal de Anserma, la lista de caciques de 1557 donde Pirsa ya es una provincia, la encomienda de 1560 a Gómez Hernández con cuatrocientos indios, el censo del oidor Lesmes de Espinosa Saravia de 1627 y el traslado de pirsas y umbras a la Vega de Supía ese mismo mes. Reproduce también el capítulo CXVIII.
Contraste y contexto · 6 referencias
- Creando posesión vía desposesión. Visitas a la tierra y conformación de resguardos indígenas en la Vega de Supía, 1559-1759
redalyc.org
Confirma de forma independiente y arbitrada el eslabón que decide la lectura del nombre: el traslado de los indios pirzas y umbras a la Vega de Supía por el oidor Lesmes de Espinosa Saravia, y el papel de esas visitas a la tierra en la formación de los resguardos que existen hoy. Sostiene que la continuidad entre el Pirsa de 1549 y el resguardo actual es territorial y no demográfica.
- Los títulos de Escopetera y Pirza
resguardoescopeteraypirza.org
Da las cifras de la encomienda de Gómez Hernández —Pirsa cuatrocientos indios, Supinga cincuenta— con su fuente, y advierte de algo que la ficha necesita: «pueblo de indios» es una división administrativa española y no una aldea prehispánica. Recoge la hipótesis de que la aldea de Pirsa estuvo en el sitio llamado Palenque, hoy El Olvido.
- Compendium Maleficarum, libro III capítulo IV
archive.org
Muestra cómo el episodio empieza a circular separado de su geografía. Guazzo promete citar a Cieza fielmente y lo reescribe: llama Inca al gobernante, convierte las auras en cóndores de los Andes, sube los más de doscientos a más de trescientos, transforma las piedras en granizo, refunde a los dos cristianos en uno solo, añade aves que intentan arrebatar y matar al hombre y cambia los bofetones por dardos blandidos ante los ojos. Confirma en cambio que la estola se le pone a Tamaracunga.
- Crónica de la Orden de la Merced en América: prosiguen hechos heroicos de nuestros misioneros mercedarios, parágrafo VIII
ec.aciprensa.com
Es la versión de la orden, dos siglos después. Asciende a Tamaracunga a «el gran cacique», atribuye su deseo de bautizarse a los sermones del padre Santa María, arma al fraile con estola y agua bendita y le hace comprimir al demonio con exorcismos expresos, hace teniente de Belalcázar a Juan Pacheco y multiplica los conversos. Unas líneas antes narra el bautismo del cacique Xamanare, su mujer y su hijo, con nombres castellanos impuestos: la misma tríada familiar, lo que la revela como convención del género.
- Investir e investirse. La conquista de América y la construcción de identidades colectivas
sedici.unlp.edu.ar
Explica para qué está el capítulo donde está. Lee el episodio como historia ejemplar interpolada que ratifica la legitimidad de la conquista como cruzada salvadora y construye la identidad del «nosotros» español como soldado de la cruz. Sostiene la advertencia de la ficha sobre la finalidad colonial del texto.
- Carnaval de Riosucio
mincultura.gov.co
Sirve para cortar una genealogía que circula sin pruebas. Describe al Diablo del carnaval como figura central de la fiesta y representación de la vida, la alegría, la amistad, la sátira y la burla, con una composición triétnica, y no menciona a Tamaracunga, ni a Pirsa, ni el año 1549. Ese silencio es el argumento.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La noche de Tamaracunga» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La noche de Tamaracunga» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La noche de Tamaracunga» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








