
Orinoquía · Mestizo
El Dominguez
Un duende diurno adopta la apariencia de personas conocidas; la sátira violenta que lo rodea se revisa críticamente.
Leer el relato
El relato
Escuchar el relato · 3 min
Pascual sirve un aguardiente y se ríe antes de empezar. El Domínguez, dice, es un duende juguetón, con piernas de alicate y figura de hombre. No espera la noche. Sale de día, pero siempre entre las sombras del monte espeso, donde todavía quedan ceibas, cedros, arrayanes y caimarones. Vivía en una ceiba de Hato Chico que se cayó hace poco. Orina los troncos, y el olor ácido los va secando.
Le dicen así porque sólo sale los domingos. Ese día la vereda de El Carmen baja al pueblo a vender algo, a comprar el mercado y a oír misa, y el monte queda solo. Entonces él se tiende en un claro a tomar la luz que le quita el frío de las tinieblas. Los martes y los jueves se esconde, y nadie sabe dónde.
No es maligno sino con quien se burla de él, y le gusta asustar a los que presumen de no creer. En las fiestas toca tiple y canta bambucos. Su hechizo es otro. Cuando se aparece en el monte, cada caminante lo ve como a su mejor amigo, como a su compadre. Una duda cruza la cabeza y una carcajada la deshace. Cada uno piensa que el compadre anda raro, pero nadie alcanza a decírselo a los otros.
La última vez, Pascual iba de baquiano delante de unos naturalistas que recorrían la vereda, con el sombrero verde, el poncho terciado y la rula abriendo trocha. El compadre de todos caminaba con ellos. Comía almendras de cacay y las desperdiciaba como el mono maicero. En cada casa donde había muchachas se oía un suspiro largo y doloroso, hambre y deseo en la misma voz, y a él le rodaban dos lágrimas. En la finca de don Hernández no quiso entrar. Los perros se fueron aullando hasta tres cuadras de distancia, y él se quedó a la sombra del árbol más frondoso, quejándose de que el sol le amarilleaba la piel.
Pascual sospechó y alcanzó a decir en voz baja que aquello le olía mal. No terminó la frase. El compadre lo abrazó, le pidió una mazorca, y el halo del duende le borró la sospecha. Alrededor quedaron unas treinta tusas mordidas.
Dicen que cuando fue hombre le cortaron las manos por lanzarse sobre una muchacha, y que murió en otro ataque. Ahora anda con esa misma hambre. Más abajo, recostado en un arrayán, se tragó un manojo de ruda, yerbabuena y albahaca para aplacar el ardor del estómago, y deliró mordiendo las hojas y el tronco. Luego estiró una mano larga y verdosa hacia la asistente de uno de los naturalistas. Ella echó a correr, rodó por el potrero de Hato Chico y llegó a salvo a la casa. El brazo se deshizo en el aire y con él la figura. Sólo quedó el viento, repitiendo que la muchacha se le había escapado.
Por eso Pascual aconseja no entrar solo a ese monte, ni siquiera de día. El Domínguez se presentará como un gran amigo. Hay que acordarse bien de que el que uno ve no es su compadre, y llevar siempre ruda, que le calma la angustia.

La enseñanza
“Lo más difícil de ver es el peligro que llega con la cara de un amigo de siempre.”
Territorio
Orinoquía · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Orinoquía
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.2° · -71.4°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
- Referencias
- 7
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero
babel.banrepcultural.org
Trae «El Domínguez» completo en las pp. 36-41: el duende diurno de piernas de alicate que sólo sale los domingos, se esconde martes y jueves, toca tiple, se hace pasar por el compadre de cada caminante y vive en una ceiba de Hato Chico; y el episodio de la excursión de naturalistas por la vereda de El Carmen. El preámbulo nombra al narrador y el lugar (pp. 3, 14-15) y en la p. 24 describe cómo se conjura a los duendes con un tiple mal afinado.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II (sección 20, Mitos del Tolima: Misael Devia, «Folclor tolimense», 1962)
flacso.edu.ec
En la entrada «El Mohán» (pp. 145-147) Devia registra que en la Vega de los Padres y en Piedras el Mohán toma la forma de cualquier pescador conocido y se mezcla en las faenas sin que lo reconozcan, hasta que los campesinos se dicen «el mechudo estuvo con nosotros anoche, compadre». Es el paralelo más exacto del engaño del Domínguez: el ser que suplanta al conocido.
- Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 18 «Los duendes»
bibliofep.fundacionempresaspolar.org
Cuenta un duende doméstico en una casa de Acarigua que llamaba a cada miembro de la familia con la voz de otro, de modo que todos acudían a un llamado que nadie había hecho; y otros duendes de monte y quebrada que asustan a quien les deja o les toma algo. Sirve de paralelo para la suplantación de lo familiar.
Contraste y contexto · 4 referencias
- Esquema de Ordenamiento Territorial de Campohermoso, dimensión cultural
repositoriocdim.esap.edu.co
Entre las leyendas del municipio registra una aparición femenina muy bella que enamora y se roba a los hombres mujeriegos y se ahuyenta con el sonido de un tiple, junto a «Los Mohanes» de las quebradas. Documenta el tiple como defensa contra seres del monte en otro municipio del piedemonte, como el que el preámbulo de Baquero receta contra los duendes.
- Colombia país de regiones, tomo 4, cap. 4 «Vida y cultura del llano»
babel.banrepcultural.org
En la p. 88 describe cómo las migraciones desde el altiplano y el interior, sobre todo en los últimos cincuenta años, poblaron el piedemonte metense con población llanera mestiza y blanca. Es el marco del narrador: un colono de Quetame asentado en una vereda de Villavicencio, que trae al monte llanero un duende con tiple, bambucos y misa de domingo.
- El desarrollo regional de Colombia: «Selva y Llanos, modelos contrapuestos»
orinoquia.unillanos.edu.co
Acredita que el autor era «escritor e historiador, asesor de Planeación de la Universidad de los Llanos», lo que explica que el episodio del Domínguez ocurra durante una salida de naturalistas invitados desde esa universidad y que el propio autor aparezca en ella.
- Del folclor llanero
bffrepositorio.unal.edu.co
En la sección «Folclor» sitúa a los duendes y espantos —la Bola de Fuego, el Silbón, la Mancarita— entre las manifestaciones del folclor llanero, junto a las oraciones contra el mal y el uso de plantas medicinales. Sirve de contraste: el repertorio llanero de sabana no trae un duende diurno de monte como el del piedemonte.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El Dominguez» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El Dominguez» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El Dominguez» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








