El Dominguez

Orinoquía · Mestizo

El Dominguez

Un duende diurno adopta la apariencia de personas conocidas; la sátira violenta que lo rodea se revisa críticamente.

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El relato

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Pascual sirve un aguardiente y se ríe antes de empezar. El Domínguez, dice, es un duende juguetón, con piernas de alicate y figura de hombre. No espera la noche. Sale de día, pero siempre entre las sombras del monte espeso, donde todavía quedan ceibas, cedros, arrayanes y caimarones. Vivía en una ceiba de Hato Chico que se cayó hace poco. Orina los troncos, y el olor ácido los va secando.

Le dicen así porque sólo sale los domingos. Ese día la vereda de El Carmen baja al pueblo a vender algo, a comprar el mercado y a oír misa, y el monte queda solo. Entonces él se tiende en un claro a tomar la luz que le quita el frío de las tinieblas. Los martes y los jueves se esconde, y nadie sabe dónde.

No es maligno sino con quien se burla de él, y le gusta asustar a los que presumen de no creer. En las fiestas toca tiple y canta bambucos. Su hechizo es otro. Cuando se aparece en el monte, cada caminante lo ve como a su mejor amigo, como a su compadre. Una duda cruza la cabeza y una carcajada la deshace. Cada uno piensa que el compadre anda raro, pero nadie alcanza a decírselo a los otros.

La última vez, Pascual iba de baquiano delante de unos naturalistas que recorrían la vereda, con el sombrero verde, el poncho terciado y la rula abriendo trocha. El compadre de todos caminaba con ellos. Comía almendras de cacay y las desperdiciaba como el mono maicero. En cada casa donde había muchachas se oía un suspiro largo y doloroso, hambre y deseo en la misma voz, y a él le rodaban dos lágrimas. En la finca de don Hernández no quiso entrar. Los perros se fueron aullando hasta tres cuadras de distancia, y él se quedó a la sombra del árbol más frondoso, quejándose de que el sol le amarilleaba la piel.

Pascual sospechó y alcanzó a decir en voz baja que aquello le olía mal. No terminó la frase. El compadre lo abrazó, le pidió una mazorca, y el halo del duende le borró la sospecha. Alrededor quedaron unas treinta tusas mordidas.

Dicen que cuando fue hombre le cortaron las manos por lanzarse sobre una muchacha, y que murió en otro ataque. Ahora anda con esa misma hambre. Más abajo, recostado en un arrayán, se tragó un manojo de ruda, yerbabuena y albahaca para aplacar el ardor del estómago, y deliró mordiendo las hojas y el tronco. Luego estiró una mano larga y verdosa hacia la asistente de uno de los naturalistas. Ella echó a correr, rodó por el potrero de Hato Chico y llegó a salvo a la casa. El brazo se deshizo en el aire y con él la figura. Sólo quedó el viento, repitiendo que la muchacha se le había escapado.

Por eso Pascual aconseja no entrar solo a ese monte, ni siquiera de día. El Domínguez se presentará como un gran amigo. Hay que acordarse bien de que el que uno ve no es su compadre, y llevar siempre ruda, que le calma la angustia.

El Dominguez: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo más difícil de ver es el peligro que llega con la cara de un amigo de siempre.”

Territorio

Orinoquía · Mestizo

Orinoquía · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.2° · -71.4°

Ficha del relato

Contexto histórico

El Domínguez es la cuarta de las ocho narraciones que Alberto Baquero Nariño reunió en «Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero», y ocupa las páginas 36 a 41 del ejemplar digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango. A diferencia de otras piezas del libro, aquí se oye la voz del narrador desde la primera línea: el texto abre con Pascual sirviendo un aguardiente mientras describe al duende, y la descripción avanza como un diálogo, con los visitantes preguntando cómo es y por qué le dicen así.

Ese Pascual es Víctor Pascual Herrera, un campesino de Quetame, en el oriente de Cundinamarca, que llevaba unos cuarenta años en el piedemonte cuando Baquero lo escuchó. La recolección ocurrió en la vereda de El Carmen, en Villavicencio, y el propio relato se mueve por lugares de esa vereda: Hato Chico, la finca de un vecino que ofrece sancocho de gallina, el caño Buque y los nacederos del caño Maizaro. El preámbulo del libro está fechado en enero de 1991 en la finca Hato Chico.

La segunda mitad del texto enmarca al duende en una salida de naturalistas por la vereda, organizada desde la universidad regional, con Pascual de guía. Baquero puso en esa excursión, con nombre propio, a colegas y conocidos de Villavicencio, y la contó en clave de chanza. Él mismo advierte en la página 15 que las versiones del libro son su interpretación de lo que Pascual narró, con componentes añadidos para realzar el sentido. Por eso el retrato del duende, que está en boca de Pascual, pesa más que los pormenores de la excursión.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más exacto está en el Tolima. Misael Devia, en su «Folclor tolimense» de 1962, que Eugenia Villa Posse reproduce en el segundo tomo de su antología, cuenta que en la Vega de los Padres y en Piedras el Mohán puede tomar la forma de cualquier pescador conocido y meterse en las faenas sin que nadie lo reconozca. De ahí salen confusiones en que una persona parece estar en dos sitios a la vez, hasta que los campesinos caen en la cuenta y se lo dicen entre ellos: el mechudo estuvo anoche con nosotros, compadre. Es el mismo engaño del Domínguez, con la diferencia de que al Mohán lo descubren después y al duende de El Carmen nadie consigue nombrarlo mientras está presente.

Al otro lado de la frontera, en Acarigua, Carmen Pérez Montero cuenta en el capítulo 18 de «Mitos y leyendas del estado Portuguesa» un duende doméstico que llamaba a cada miembro de la familia con la voz de otro, de modo que todos acudían a un llamado que nadie había hecho. Allí se imita la voz de los de la casa. Aquí, la cara del compadre.

El propio libro de Baquero da un tercer punto de apoyo. En la página 24 del preámbulo describe a los duendes campesinos como traviesos y cuenta que se conjuran dejando sobre una mesa un tiple afinado de otra manera: el duende intenta tocarlo, no puede, rompe el instrumento y se va. El Domínguez toca tiple en las fiestas, y el remedio le calza. En Campohermoso, en la provincia boyacense de Lengupá, el esquema de ordenamiento territorial registra además una aparición seductora que se ahuyenta con el sonido de un tiple.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El libro de Baquero trae dos retratos del Domínguez, y no coinciden del todo. En la primera mitad, la voz de Pascual lo describe como un duende juguetón que sólo es malo con quien se burla de él: toca tiple, canta bambucos y se divierte haciéndose pasar por el compadre de cada uno. En la segunda, la de la excursión, aparece un ser hambriento y lloroso, con un pasado humano de agresor, que persigue a una muchacha y al que hay que calmar con hierbas. El juego se vuelve amenaza, y al final Pascual advierte que, si no se le da esperanza, el duende es capaz de degollar al visitante.

  2. El nombre también tiene dos explicaciones en el mismo texto. Pascual dice que le dicen así porque sólo sale los domingos, y al empezar insinúa, con picardía, el parecido con un doctor Domínguez que vive por allí.

  3. Dentro del libro, el duende de El Carmen se aparta además de la definición general que Pascual da en «El silbón», en la página 52: allí los duendes son caminantes nocturnos, almas sin paz y sin figura corporal, que quizá cometieron una gran falta cuando fueron humanos. El Domínguez comparte la falta y el pasado humano, pero anda de día y tiene cuerpo: come mazorcas, orina los árboles y el sol le amarillea la piel.

  4. Baquero advierte que sus versiones mezclan lo que Pascual contó con componentes propios, y la excursión, poblada de personas reales de Villavicencio, es donde más se nota esa mano.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
Referencias
7
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero

    babel.banrepcultural.org

    Trae «El Domínguez» completo en las pp. 36-41: el duende diurno de piernas de alicate que sólo sale los domingos, se esconde martes y jueves, toca tiple, se hace pasar por el compadre de cada caminante y vive en una ceiba de Hato Chico; y el episodio de la excursión de naturalistas por la vereda de El Carmen. El preámbulo nombra al narrador y el lugar (pp. 3, 14-15) y en la p. 24 describe cómo se conjura a los duendes con un tiple mal afinado.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II (sección 20, Mitos del Tolima: Misael Devia, «Folclor tolimense», 1962)

    flacso.edu.ec

    En la entrada «El Mohán» (pp. 145-147) Devia registra que en la Vega de los Padres y en Piedras el Mohán toma la forma de cualquier pescador conocido y se mezcla en las faenas sin que lo reconozcan, hasta que los campesinos se dicen «el mechudo estuvo con nosotros anoche, compadre». Es el paralelo más exacto del engaño del Domínguez: el ser que suplanta al conocido.

  3. Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 18 «Los duendes»

    bibliofep.fundacionempresaspolar.org

    Cuenta un duende doméstico en una casa de Acarigua que llamaba a cada miembro de la familia con la voz de otro, de modo que todos acudían a un llamado que nadie había hecho; y otros duendes de monte y quebrada que asustan a quien les deja o les toma algo. Sirve de paralelo para la suplantación de lo familiar.

Contraste y contexto · 4 referencias

  1. Esquema de Ordenamiento Territorial de Campohermoso, dimensión cultural

    repositoriocdim.esap.edu.co

    Entre las leyendas del municipio registra una aparición femenina muy bella que enamora y se roba a los hombres mujeriegos y se ahuyenta con el sonido de un tiple, junto a «Los Mohanes» de las quebradas. Documenta el tiple como defensa contra seres del monte en otro municipio del piedemonte, como el que el preámbulo de Baquero receta contra los duendes.

  2. Colombia país de regiones, tomo 4, cap. 4 «Vida y cultura del llano»

    babel.banrepcultural.org

    En la p. 88 describe cómo las migraciones desde el altiplano y el interior, sobre todo en los últimos cincuenta años, poblaron el piedemonte metense con población llanera mestiza y blanca. Es el marco del narrador: un colono de Quetame asentado en una vereda de Villavicencio, que trae al monte llanero un duende con tiple, bambucos y misa de domingo.

  3. El desarrollo regional de Colombia: «Selva y Llanos, modelos contrapuestos»

    orinoquia.unillanos.edu.co

    Acredita que el autor era «escritor e historiador, asesor de Planeación de la Universidad de los Llanos», lo que explica que el episodio del Domínguez ocurra durante una salida de naturalistas invitados desde esa universidad y que el propio autor aparezca en ella.

  4. Del folclor llanero

    bffrepositorio.unal.edu.co

    En la sección «Folclor» sitúa a los duendes y espantos —la Bola de Fuego, el Silbón, la Mancarita— entre las manifestaciones del folclor llanero, junto a las oraciones contra el mal y el uso de plantas medicinales. Sirve de contraste: el repertorio llanero de sabana no trae un duende diurno de monte como el del piedemonte.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«El Dominguez» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El Dominguez» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El Dominguez» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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