El Dominguez

Orinoquía · Mestizo

El Dominguez

Descubre las dos versiones del duende Domínguez, desde su lado juguetón hasta su compleja interacción con humanos.

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El relato

En la espesura del verde monte llanero, donde los gigantes milenarios como las Ceibas, Macanos Amarillos y Guacamayos extendían sus ramas al cielo, vivía una criatura antigua, una sombra traviesa entre las sombras de los árboles. Su nombre resonaba en los pueblos cercanos: el Domínguez, un duende de piernas como alicate y risas que arrastraban el viento del domingo.

Dicen los que saben, que el Domínguez surgía de su guarida solo los domingos, cuando las luces de la mañana se colaban entre las hojas y los pobladores descendían al pueblo en busca de provisiones y la santa misa. Era entonces cuando se deslizaba entre los troncos, buscando la tibieza del sol que atenuara el frío de su existencia nocturna. Al resto de la semana, ninguno sabía dónde se ocultaba; un misterio tan espeso y enredado como la selva misma.

Aunque de apariencia humana, el Domínguez no era malicioso, más bien un bromista, un susurro de travesura que pululaba entre las gentes crédulas. Burlaba a los incrédulos con su tiple y sus canciones de bambucos, llenando las noches de fiesta con música que resonaba desde las entrañas del bosque. En las excursiones, su aparición era el fulgor de la magia, un extraño encantamiento que lo convertía, por un instante, en el mejor amigo de aquel que lo viera, desvaneciendo cualquier reticencia con su rugiente carcajada.

Sin embargo, había algo en el Domínguez que preocupaba a Pascual y a los sabios del pueblo: su inclinación por las doncellas, por las muchachas de dieciséis a veinte años, a quienes cortejaba no con palabras, sino con la promesa en sus ojos brillantes.

Fue durante la Expedición Botánica que la presencia del Domínguez se hizo insoslayable. El Profesor Hidrobo y el Doctor Camilo Castro Chaquea, defensores de la tierra llanera, habían llegado a los terrenos generosos y verdes de Angel María Ríos, un hombre de semillas y sueños. Mientras inspeccionaban la vasta colección de árboles raros, el susurro del Domínguez rozó sus oídos: "me las como a todas", un lamento entre el murmullo de la jungla que congeló el aire a su alrededor.

Caminaban entre mujeres de ojos brillantes y risas como cascadas, guiados por Pascual, el baquiano, un hombre de poncho cruzado y rula firme en mano, que predecía sus pasos con el mismo acierto que conocía el corazón del monte. Y aunque el sol de los llanos castigaba a su paso, la promesa de una visita a Don Hernández los empujaba hacia adelante. Ahí, bajo un árbol frondoso, el Domínguez permanecía, siempre en la sombra, murmurando nostalgias del amor perdido a una almendra de Cacay.

Hubo risas y banquetes, ollas de gallinas de campo que giraban sobre leña, y el aroma del sancochito embriagaba el ambiente, cuando una mona de dieciséis veranos apareció, destellando en la llanura como sus tías antes que ella. Y fue entonces que la repetida súplica del duende surcó el viento una vez más: "me las como a todas", entre lágrimas de ruda y albahaca.

El acto se cerró cuando la dulce asistente del doctor Arias, rodó como un río desbocado por el potrero de Hato Chico, escapando de un abrazo espectral. La siniestra extremidad del Domínguez, elegida por el deseo, desapareció como el eco en la memoria de quienes la vivieron.

Cuando la calma retornó, Pascual rompió el silencio con un aviso sutil, cargado de preocupación mística: el Domínguez, ya maldito, siempre buscará lo que una vez tuvo pero jamás volverá a poseer. Se dijo a sí mismo que la serenidad del lugar no podría restaurarse sin antes contar algún día con otra expedición, una más ilusoria, más noble; donde las doncellas fueran advertidas, y las fragancias de las hierbas dulces calmaran las angustias de aquel duende que vaga perdido entre el embrujo de su deseo eterno.

Por las noches, en el susurro contínuo del llano, entre las ramas de los árboles que tanto amaba, se escucha todavía una súplica entre risas: "me las como a todas...", pero Pascual, con sus certezas molidas por el camino, asegura que ya no es el mismo. El Domínguez observa, y quizás lo que busca ya no es el recuento de pieles suaves, sino un rincón donde el corazón y el deseo descansen de una vez y para siempre.

La enseñanza

Los deseos insatisfechos pueden llevar a una existencia perpetuamente inquieta.

Territorio

Orinoquía · Mestizo

Orinoquía · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.2° · -71.4°

Contexto histórico

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Mestizo, Orinoquía · Orinoquía > Varios > Mestizo.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

La procedencia cultural está clasificada, pero la referencia bibliográfica primaria aún está pendiente de publicación en esta ficha. No presentamos esa clasificación como si fuera una cita documental.

Última revisión: 22 de julio de 2026Aportar o corregir una fuente

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