El diablo

Pacífico · Nasa - Paeces

El diablo

Un jinete negro desaparece en la quebrada de El Tablón sin dejar huellas; el viajero concluye que ha visto al diablo.

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El diablo: la entrada del relato

El relato

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Mi papá venía de Belalcázar a caballo y yo iba detrás de él. Subíamos con la tarde encima. Con nosotros venía un compadre, pero se fue quedando: traía mucha carga y el animal le andaba despacio por el camino de herradura, entre potreros y rastrojo, con el cañón abriéndose abajo.

Allí llovió un poquito y escampó pronto. Una nube que estaba abajo se fue elevando, despacio, como si alguien la levantara del río.

Tomando la bajada de El Tablón vimos que al frente salió un hombre.

Corrió mucho. Iba en un caballo negro, colimocho, y llevaba un caucho negro que se le sacudía en las piernas. Bajaba a toda carrera por la trocha mojada, sin volver la cabeza, y los cascos sonaban en la piedra suelta.

Mi papá le fue detrás. Yo me quedé arriba, en la bajada, oyendo cómo se iba perdiendo el ruido, con el agua goteando de las hojas y el caballo mío resollando.

Bajó hasta la quebrada de El Tablón y no encontró nada. En la quebrada había una puerta, ahí, entre las piedras y el agua. La empujó y no pudo abrirla. El caballo saltó.

Mi papá se bajó y miró por todas partes. Miró aguas arriba y aguas abajo, entre las piedras grandes, en el barrial de la orilla, en el monte de la otra banda. Buscó los rastros. La tierra estaba blanda de la lluvia, blanda como para guardar cualquier pisada, y no había ninguna: ni de hombre ni de bestia, ni de ida ni de vuelta. Un caballo a la carrera deja el camino abierto, y ahí no había nada abierto.

Atrás, todavía lejos, se oía venir al compadre con su carga, y el día se iba yendo sobre el cañón.

Mi papá volvió a montar y subió a buscarme. Entonces pensó que era el diablo.

El diablo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que desaparece sin dejar huella se queda con el nombre que uno alcance a darle.”

Territorio

Pacífico · Nasa - Paeces

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

La página se apoya en una entrada de “Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro”, que Segundo Bernal Villa, del Instituto Etnológico Nacional, publicó en 1953 en el primer número de la Revista Colombiana de Antropología. A diferencia de casi todas las demás, esta entrada no lleva al pie nombre de quien la contó ni de quien la tradujo, aunque el artículo suele anotar edad, dominio del castellano y la presencia de Marco Antonio Penkue, el intérprete de San Andrés con dominio del páez y del castellano a quien Bernal describe en su introducción. El texto está en primera persona y es un recuerdo de infancia: quien habla iba detrás de su padre. Eugenia Villa Posse (1993) reproduce el corpus y acredita su origen, pero para Calderas depende por completo del artículo de 1953.

La escena tiene coordenadas precisas. Belalcázar, la bajada y la quebrada de El Tablón sitúan un trayecto real, y en “Economía de los Páez” (1954) el propio Bernal describe el comercio de la parcialidad con el pueblo por esos caminos: no es una ronda nocturna, es un regreso con carga. En el mismo trabajo anota que en Calderas hay aves negras que no se comen porque se tienen por animales del diablo, y el color negro como marca diabólica. En “Medicina y magia entre los paeces” (1954) el diablo aparece dentro del pensamiento páez como lo único a lo que el Trueno teme, mientras los espíritus que ayudan a los brujos se presentan en forma de culebra, burro o cerdo.

El nombre del título pide cautela. Bernal recuerda que los misioneros lazaristas actuaban en Tierradentro desde 1905, y Adriana Mogollón López (2019) sostiene, con relatos recogidos en la zona, que el diablo cristiano no existía en la cosmovisión nasa y que hoy se le teme igual; Gloria Irias Alvarenga (2020) argumenta que la figura entró con la evangelización y fue reelaborada como imagen del terrateniente. Hugo Portela Guarín (2003), en cambio, lo enumera entre las manifestaciones con forma humana de la fuerza vital de aguas y montañas nasa, junto al mohán, el duende, la madre de agua y la viuda: un ser más del paisaje que se aparece en caminos y quebradas. Ninguna de esas lecturas está en el texto de 1953, que es más prudente que su propio título: el jinete no habla, no hace daño y no se nombra. Quien lo nombra es un hombre que bajó a buscar huellas y no encontró ninguna.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más exacto está en “El Trueno”. Allí, a un hombre que cosechaba papas en Puelbits se le aparece un viejo desconocido, feo, de sombrero de ramo; el viejo conversa, pide tierra en compañía, atrae una nube negra y hace llover a chorros, y no le importa el agua que le llega a las piernas. Sólo después, preguntando a los grandes médicos, la gente sabe que era el Trueno. La estructura se repite aquí —un desconocido, un cambio en el cielo, un nombre puesto al final—, pero las diferencias mandan: allá el visitante habla, se queda y se roba a las mujeres, y la identificación es una consulta colectiva; acá el jinete no dice nada, no se lleva a nadie y el nombre es la conclusión privada de un hombre solo en una quebrada.

Los otros encuentros de camino del corpus completan el mapa. En “El hombre flaco”, un alma blanca y callada lleva la luz y no deja caer en la zanja a un borracho. En “El hombre y el perro flaco”, un padre le pega a un perro flaco y le sale un hombre flaco con el corazón colgando. En “La cabeza”, lo que sale persigue y traspasa la quebrada hasta que canta el gallo. En “Los animales”, lo que rodea al caminante no se ve: sólo se oye en las hojas, hasta que llega una parienta con un bagazo prendido. Aparecer, perseguir, proteger, no dejarse ver: el corpus no tiene una sola categoría para lo que sale de noche.

Hugo Portela Guarín (2003) documenta al diablo entre los seres de aguas y montañas que se aparecen en caminos y quebradas, y Gloria Irias Alvarenga (2020) documenta un jinete diabólico en otra zona del Cauca. Son resonancias documentadas, no pruebas de filiación entre relatos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No hay una segunda versión de esta entrada. Bernal publica un solo texto, sin informante ni intérprete consignados, mientras que en otros cuentos del mismo artículo imprime variantes con voces distintas: tres de “La candela”, dos de “El Trueno”, una de “Santo Tomás”. Aquí sólo queda la secuencia: padre, hijo, compadre rezagado con carga, lluvia breve, nube que sube, caballo negro colimocho, caucho negro, quebrada, puerta que no abre, ausencia de rastros.

  2. El título es de Bernal; la identificación, del viajero. El texto termina con un verbo de conjetura —pensó que era el diablo— y el Relato conserva ese orden: primero la desaparición y la búsqueda inútil de huellas, después el nombre. Por eso aquí el jinete no tiene cuernos, ni fuego, ni conversación, ni intención declarada.

  3. Dos trabajos recientes recogen diablos que se le parecen sin ser variantes de éste. Gloria Irias Alvarenga (2020) transcribe un relato de cocina nasa sobre unas reses perdidas halladas junto a una roca donde había un hombre a caballo que era el diablo, con un perro grande y negro cuidando el ganado robado, pero procede más bien de otra zona del Cauca. Adriana Mogollón López (2019) recoge en Tierradentro un morro del diablo: una cueva que después de medianoche desvía el camino y hace entrar a la gente, por lo que el cabildo prohibió acercarse. Son testimonios recientes, de otros lugares y con otras tramas, y no deben fundirse con el de El Tablón. Villa Posse (1993) reedita sin aportar una cadena documental independiente.

  4. Dentro del corpus, esta página se mantiene aparte de “El dalo”, donde el diablo espera con garabatos en el camino del mundo de arriba, y de “El hombre flaco”, donde el que sale al encuentro en la noche es un alma que alumbra y sostiene al caminante.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
12
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 9 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Registra, con los mismos informantes, la figura del diablo en el pensamiento páez: es lo único a lo que el Trueno teme, los espíritus que ayudan a los brujos se presentan en forma de culebra, burro o cerdo, y la erupción de un volcán se lee como castigo de las almas de los brujos.

  6. Economía de los Páez

    revistas.icanh.gov.co

    Anota en Calderas que hay aves negras que no se comen porque se tienen por animales del diablo, el color negro como marca diabólica, y describe el comercio de la parcialidad con el pueblo por el camino que recorren los personajes.

  7. Mitología y producción audiovisual nasa

    repositorio.uniandes.edu.co

    Recoge un relato que se cuenta en las cocinas nasa sobre unas reses perdidas halladas junto a una roca donde había un hombre a caballo que era el diablo, con un perro grande y negro cuidando el ganado robado, y sostiene que esa figura entró con la evangelización y fue reelaborada como imagen del terrateniente.

  8. Lo fantástico en la oralitura nasa

    repositorio.unicauca.edu.co

    Recoge en Tierradentro el relato de un morro del diablo: una cueva que después de medianoche desvía el camino y hace entrar a la gente, por lo que el cabildo prohibió acercarse, y argumenta que el diablo cristiano no existía en la cosmovisión nasa pero hoy se le teme igual.

  9. El pensamiento de las aguas de las montañas

    journals.openedition.org

    Enumera al diablo entre las manifestaciones con forma humana de la fuerza vital de aguas y montañas nasa, junto al mohán, el duende, la madre de agua y la viuda: un ser más del paisaje que se aparece en caminos y quebradas.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«El diablo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El diablo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El diablo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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